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La producción del conocimiento desde la perspectiva de su aplicación 36

Paralelamente a los enfoques que surgieron a partir de la sociología de la ciencia, en el campo de la economía se desarrollaron nuevas perspectivas sobre la utilización del conocimiento y el valor del mismo como herramienta de desarrollo socioeconómico. Estos nuevos enfoques pusieron de manifiesto el carácter complejo del proceso innovador y la consiguiente dificultad de explicarlo en términos del desarrollo de una serie de actividades sucesivas (Modelo lineal). Kline y Rosenberg (1986), por ejemplo, asemejaron la innovación a un proceso interactivo, en el cual el conocimiento se genera, difunde y explota a través de la vinculación de diversos agentes y gracias a la retroalimentación continua entre las diferentes etapas del proceso. Este cambio en la concepción de la innovación tuvo un impacto importante en la propia concepción del papel de las universidades, en la medida en que dejaron de ser concebidas como agentes asilados donde se daba inicio al proceso de innovación - a través de la investigación básica - para ser contempladas como espacios con la capacidad y la necesidad de relacionarse con el entorno socioeconómico.

Dos de los enfoques más difundidos, y que parten de esta visión interactiva y compleja del proceso innovador, son el de los “Sistemas de Innovación” y el de la “Triple hélice”. 3.3.1. Sistemas de innovación

El enfoque de Sistema Nacional de Innovación trata de explicar los procesos de desarrollo a la luz del análisis de los actores que intervienen en la innovación, haciendo especial hincapié en las interacciones y mecanismos de retroalimentación que se establecen entre ellos (Freeman 1987; Lundvall 1992; Nelson 1993). El primer uso explícito del concepto de Sistema Nacional de Innovación (SNI) se le asigna a Freeman (1987) en su libro sobre el caso Japonés. En esta obra se define el SNI como “la red de

instituciones en los sectores público y privado cuyas actividades e interacciones inician, importan, modifican y difunden las nuevas tecnologías”. Entre muchas otras

contribuciones se pueden mencionar las de Lundvall (1992) para el caso escandinavo y las de Nelson (1993) para el estadounidense, las cuales han favorecido el desarrollo y popularidad del concepto evidenciado en una gran cantidad de estudios descriptivos y empíricos, de los diferentes entornos que hacen parte de un Sistema Nacional de Innovación. Las obras mencionadas, subrayan la idea de que el grado de innovación de un país y, por tanto, su crecimiento potencial, dependen del desarrollo de un sistema equilibrado de producción y distribución de conocimiento. Es precisamente en este último punto donde el enfoque de SI implica más ampliamente a las universidades, las cuales son consideradas como los agentes de producción de conocimiento por excelencia. Cabe anotar que aunque las universidades cumplen funciones similares en los sistemas de innovación de la mayoría de economías industrializadas, la importancia de su papel varía considerablemente a través de los diferentes contextos y está influenciado, entre otras cosas, por la estructura de la industria nacional, así como por el volumen y la estructura de la investigación financiada con fondos públicos (Mowery y Sampat 2005).

Los estudios sobre SI se han replicado frecuentemente en numerosos países y regiones, intentando profundizar en el conocimiento de su propio sistema de innovación que les permita diseñar adecuadamente sus Políticas de Innovación, Ciencia y Tecnología (Fernández de Lucio et al. 2000). Muchas de las iniciativas públicas emprendidas, pretenden impulsar el desarrollo económico local basándose en la investigación universitaria. Estas iniciativas, contemplan por ejemplo, la creación de parques científicos, ubicados cerca de los campus universitarios, el apoyo a las incubadoras de

empresas y los fondos de “capital semilla”, así como la creación de estructuras de interfaz que vinculen a las universidades con la innovación industrial (Mowery y Sampat 2005)

La perspectiva de los sistemas de innovación se aplica a diversos niveles de agregación: Sistemas Nacionales de Innovación (Freeman 1987), los Sistemas Regionales de innovación (Cooke 1992) y Sistemas Sectoriales de Innovación (Carlsson y Stankiewicz 1995). Sin embargo, todos los enfoques comparten la idea de la naturaleza interactiva de los procesos de innovación y todos le asignan un importante rol a las universidades como actores institucionales que apoyan los procesos de innovación (Edquist 1997). De acuerdo a esta visión, las universidades pueden llegar a ser un instrumento de cambio y desarrollo económico basado en el conocimiento.

Una de las dimensiones clave del concepto de SI, hace referencia al análisis de las relaciones entre productor y usuario del conocimiento, así como el alineamiento de la financiación empresarial de las actividades de I+D hacia la financiación de la investigación académica (Pavitt 1991). En este sentido, el enfoque de los SI representa el contexto más amplio en el que se están desarrollando las transformaciones universitarias, ya que analiza los cambios en la institución en función de su interacción con otros agentes y de cómo éstos ven a la universidad, qué esperan de ella y cuánto creen que pueden o deben influir en lo que haga (Arocena y Sutz 2005).

3.3.2. Triple hélice

Un modelo alternativo para caracterizar la naturaleza cambiante de la producción del conocimiento y de las universidades en general, ha sido presenta por Etzkowitz y Leydesdorff. Estos autores proponen el modelo de la triple hélice, el cual se basa en el supuesto de que la universidad, la industria y el gobierno son cada vez más interdependientes (Etzkowitz y Leydesdorff 2000). Este hecho, implica que los investigadores deben tener en cuenta sistemáticamente las tres esferas institucionales al estudiar las dinámicas de producción del conocimiento y de la innovación. La idea central que subyace en este enfoque es que la triple hélice genera una infraestructura de conocimientos en la que las tres esferas (instituciones académicas, estatales e industriales) se solapan, cada una adoptando el papel de la otra y con organizaciones híbridas que emergen en las interfaces (Etzkowitz y Leydesdorff 1996). En otras palabras, el modelo de la triple hélice pone de manifiesto que cada institución puede asumir el papel de las otras, por lo que inevitablemente se producen cambios en las

funciones de la universidad, la industria y el gobierno. Por ejemplo, la universidad puede asumir el papel de la industria, creando una incubadora de empresas en sus instalaciones. El gobierno puede tomar el papel de la industria, apoyando estas iniciativas a través de programas de financiación y modificando el marco legal regulatorio. La industria, por su parte puede asumir el papel de la universidad desarrollando actividades de formación y de investigación, que a menudo tienen un nivel tan alto como el de las universidades (Leydesdorff y Etzkowitz 2001).

Según Etzkowitz (2003), las estrategias de desarrollo económico que se basan principalmente en el sector industrial, como en el caso de los Estados Unidos o en el sector gubernamental como en América Latina y parte de Europa se están complementando o incluso sustituyendo, por estrategias de desarrollo económico basadas en el conocimiento, sobre la base de recursos de las tres esferas. El desarrollo de organizaciones híbridas tales como las incubadoras de empresas y los parques tecnológicos, encargadas de dar valor comercial al conocimiento generado, son ejemplos claros de las relaciones triádicas universidad-industria-gobierno (figura 3.1).

Figura 3.1. Modelo de la Triple Hélice.

Fuente: Leydesdorff y Etzkowitz (1996)

La tesis de la triple hélice se desarrolla en el contexto de los modelos interactivos de innovación (ver Kline y Rosenberg 1986), y destaca que las universidades pueden convertirse en un actor decisivo y relevante en los procesos de innovación de las

Industria Gobierno

Universidad

Redes trilaterales y organizaciones híbridas

Aumento competitividad del país, basada en el conocimiento Aumento desarrollo de nuevos productos y otras innovaciones Aumento conocimiento, publicaciones, patentes, financiación

sociedades basadas en el conocimiento. De esta manera, la universidad adquiere tanta importancia como las otras hélices en el desarrollo económico de las regiones, al depender la innovación, entre otras cosas, de las relaciones que se generen con las instituciones académicas. En este sentido, los acuerdos y el establecimiento de redes entre las tres esferas institucionales proveen las bases y el soporte de los procesos de innovación basados en la ciencia, por lo que los autores recomiendan una “elaboración deliberada” de las relaciones entre las universidades y las otras hélices. Estas consideraciones implican concretamente que las universidades deben hacer compatible su misión tradicional de producción y difusión del conocimiento, con la “capitalización del conocimiento”. En este sentido, hoy en día los investigadores de las diversas áreas científicas tienden a contemplar tanto el potencial comercial de sus trabajos, como los avances teóricos y metodológicos de los mismos (Etzkowitz 1998). Estas transformaciones también implican dar paso al modelo de “universidad empresarial”, la cual, según Etzkowitz (2002), es una organización híbrida, que incorpora en un marco común la contribución al desarrollo económico, la investigación científica y la enseñanza superior. Con respecto a este último aspecto, Mowery y Sampat (2005) señalan que aunque el rol empresarial que se le asigna a la universidad puede ser válido, este tiende muchas veces a sobreestimarse y a considerarse como una función que se lleva a cabo en toda la universidad antes que en unos pocos campos de la investigación académica.

En términos generales tanto el enfoque de los Sistemas de Innovación, como el de la triple hélice comparten el énfasis en la no linealidad y la heterogeneidad de la producción de conocimientos. Ambas perspectivas rechazan la visión lineal de la innovación, caracterizada por el comportamiento aislado e independiente de las instituciones científicas, y destacan la vinculación de la universidad con otros actores sociales, como un aspecto central para el desarrollo de las economías basadas en el conocimiento. En resumen, estos nuevos enfoques lo que vienen a cuestionar es la visión fragmentada y compartimentada de la actividad científica, promulgando un escenario en el cual las fronteras entre la producción y la aplicación de conocimientos se tornan mucho más difusas. Ello implica un cambio importante para la ciencia, en general, y para la universidad, en particular, que Etzkowitz y Leydesdorff (2000) han descrito como el paso de “una frontera sin fin” (parafraseando a Bush) a “una transición interminable”. De esta forma, la investigación universitaria se desarrolla más cerca al

campo de la aplicación y las etapas siguientes están cada vez más conectadas, a diferencia de lo que ocurría en la fase previa donde los límites entre las actividades universitarias y empresariales estaban claramente identificados.

3.4. Las Relaciones Universidad–Empresa: Consideraciones