2. CRÍTICA DE ROUSSEAU AL APRENDIZAJE DE LENGUAS, HISTORIAS, FÁBULAS Y
2.2. La educación intelectual en la “edad de naturaleza”
2.2.5. Prohibición rousseauniana de los libros antes de los 12 años
Cuando Rousseau critica los libros y la lectura como “azote de la infancia” (2007, p. 162) y demora lo más posible el acceso de Emilio a tales, ello no quiere decir en modo alguno que los rechace, como tampoco intenta destruir la cultura en el Discurso sobre las ciencias y las artes. Lo que quiere decir Rousseau es que si se le presentan prematuramente al niño textos ya elaborados, juicios establecidos y abstracciones que no comprende, se le encierra en un mundo prefabricado en el que sólo pensaría por intermedio de los demás67. Si las sensaciones, que son los primeros materiales del conocimiento, son sustituidos con libros, no se está aprendiendo a pensar, “sino aprender a servirse de la razón de otra persona, aprender a creer mucho y no saber nada” (Palacios, 1999, p. 43).
No son libros ni palabras, precisamente, lo que conviene a la sensibilidad del niño. Desde que este comienza a distinguir los objetos, se interesa por todos ellos y es conveniente que los que se le muestren sean lo más variados posible, con objeto de estimular las operaciones infantiles; las sensaciones se convierten en ideas (cuando hay relación de unas y otras experiencias) y es importante que las primeras sean ricas y abundantes (para poder establecer mayor cantidad de relaciones entre sí). A lo largo del desarrollo del niño, es necesario basar la enseñanza en la observación y la experimentación; que el niño realice todas las experiencias que estén a su alcance, y lo demás que lo halle por inducción; Rousseau prefiere que el niño ignore lo que no puede describir por sí mismo
66Además, considera Rousseau lo siguiente: “En el caso de que tal experiencia sea peligrosa, en lugar de
hacerla uno mismo se saca su lección de la historia (pp. 358-366). Cuando la prueba no tiene secuelas, conviene que el joven se exponga a ella. Luego, por medio del apólogo (fábula con intención moralizante), se
compendian en máximas los casos particulares que conoce” (Rousseau, 2007, p. 368).
67 Montaigne en el anteriormente citado ensayo, Del Magisterio, dice al respecto, a través de esta bella
alegoría lo siguiente: “Harto nos parecemos a aquel que, teniendo necesidad de fuego, se fue a buscarlo a casa
del vecino y, hallando allí uno grande y hermoso, quedose allí calentándose sin acordarse ya de llevar un poco para su casa. ¿De qué nos sirve tener la panza llena de carne si no la digerimos? ¿Si no se transforma en nosotros? ¿Si no nos aumenta ni fortalece? (2008, pp. 174-175).
70 antes de que se lo descubran los libros con sus letras (“el niño que lee no piensa, no hace más que leer; no se instruye, pues solo aprende palabras” (Rousseau, 2007, p. 171)), o los maestros con sus palabras (el niño “aprenderá más en una hora de trabajo que con un día de explicaciones” (Rousseau, 2007, p. 183)).
“Los libros son permitidos, siempre y cuando no hagan lo que suelen hacer, que es que nos privan de una experiencia auténtica del mundo porque funcionan como intermediarios entre nosotros y el mundo” (Schaeffer, 2002, p. 123). La lectura no es un fin en sí, sino que debe iniciarse en el momento oportuno -que puede ser muy diferente de un niño a otro-68. Es este movimiento, en efecto, el que da sentido a la lectura, y es en la medida en que se lo toma en su origen para seguirlo a lo largo de su desarrollo, como surge en el niño el deseo de leer.69
En síntesis, Rousseau crítica las fábulas por moralizantes; las historias porque son ajenas a las experiencias que puede tener el niño, de las que puede aprender según su experiencia de referencia; y los libros, tanto cuanto el niño se encuentre preparado para su lectura, porque de lo que se trata es que la educación y la enseñanza puedan ser asimiladas e interiorizadas por Emilio. Podemos afirmar que Rousseau está pensando en una educación que aproveche, que pueda ser asimilada y sobretodo que Emilio pueda apropiársela, por eso el Emilio de Rousseau redunda en ejemplos de enseñanza acerca de la ciencia y de lo moral, por ello la obra es rica en ejemplos con experimentos que promueven una pedagogía activa, porque de lo que se trata es que el niño haga vida lo que va aprendiendo. Este modo de proceder para Rousseau es el mismo para la enseñanza de la ciencia como para la enseñanza de la moral, para que tenga la idea de propiedad o de justicia, ideas que tendrá por los experimentos previamente diseñados por el maestro. Esta
68“[…] es preciso que (el niño) aprenda a leer cuando la lectura le sea útil; hasta entonces sólo es buena para
aburrirle. […] Dad al niño ese deseo (de aprender), luego olvidaos de vuestros escritorios […] El interés
presente: he ahí el gran móvil, el único que lleva con seguridad y lejos.” (Rousseau, 2007, p. 162).
69Cfr. Soëtard, Michel. Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina
Internacional de Educación), vol. XXIV, Nºs 3-4, 1994, págs.435-448. Disponible en:
<http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Rousseau/index.asp> [Consulta: 11 de mayo de 2011].
71 pedagogía activa propone un aprendizaje y enseñanza que cuenta con el desarrollo de las capacidades del niño, muestra de ello es que concibe el libro (el Emilio) de acuerdo a unas etapas del desarrollo evolutivo, que hemos venido presentando en este trabajo.
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CONCLUSIONES
La filosofía de la educación de Jean-Jacques Rousseau, en el conjunto de sus escritos -de contenido filosófico, antropológico, político, moral y religioso-, principalmente en su obra pedagógica por excelencia, Emilio o De la educación, alberga toda una propuesta crítica con respecto a los métodos y contenidos educativos del XVII y XVIII. Es más, inaugura un nuevo tiempo para la educación, pues esta obra es considerada la raíz y la fuente de todos los modelos de Escuela Activa, de Escuela Nueva, por el énfasis que hace en poner al niño en el centro del hecho educativo. Esto constituye un giro copernicano en lo que respecta a una concepción y práctica educativa.
Rousseau plantea la oposición entre naturaleza y sociedad y lo hace, por un lado, destacando la bondad natural en el niño y por otro destacando el vicio de la sociedad. Ante esta dicotomía propone como salida la educación, de ahí que este trabajo redunda en explicar qué significa la educación negativa como un preservar al niño de los vicios de la asociación: recibiendo una educación aparentemente marginado de la sociedad se prepara para vivir como un ser libre en sociedad.
Critica el descuido de la educación moral, por el resurgir de la vanitas que proporcionan las ciencias y las artes, por el relajamiento de nuestras costumbres, por la búsqueda de comodidades, que nos parece que en el pensamiento de Rousseau, constituye un alejamiento radical del estado natural o de bondad natural. Como dice él mismo, el hombre se ha alejado tanto de esa bondad originaria que le es propia a lo humano, que la propia bondad natural en el hombre es irreconocible70.
Nuestro trabajo sobre el Emilio es una reflexión sobre el camino intermedio que propone nuestro autor para que recuperemos un estado de naturaleza a través de la educación, del desarrollo, del despliegue de lo mejor de las fuerzas naturales del hombre,
70cfr. Rousseau, 1982, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, p.
73 pero para lo sociedad. Creemos que fue tal la fe de Rousseau en que esto se podía conseguir, que por ello nos presenta a su Emilio como un tratado de educación, escrito bajo la premisa de un niño imaginario, pero con las condiciones ideales que posee la propia educación: de formar un carácter, encaminarlo hacia la virtud, que es en últimas el fin de la educación en el Emilio de Rousseau.
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