• No se han encontrado resultados

El punto de partida: el interés sensible

2. CRÍTICA DE ROUSSEAU AL APRENDIZAJE DE LENGUAS, HISTORIAS, FÁBULAS Y

2.2. La educación intelectual en la “edad de naturaleza”

2.2.1. El punto de partida: el interés sensible

Las imágenes, corresponden a representaciones internas y pasivas nuestras de un objeto sensible en el mundo; mientras que las ideas son “nociones de objetos, determinadas por unas relaciones” (Rousseau, 2007, p. 147). Esta idea de “relacionar” ya supone un paso

56 más adelante en el conocimiento del ser humano, dando lugar a un “principio activo que juzga” y a operaciones tales como comparar, incluso entre varias ideas46. De aquí se sigue

que los niños, al no ser capaces de juicio -por ser de imágenes y no de ideas-, no tengan según nuestro autor “ninguna memoria verdadera” (Rousseau, 2007, p. 147), por lo cual no se da en ellos todavía ese paso de la sensación al entendimiento de los conocimientos. Por esto, retienen palabras, reflejan a la manera de un espejo las ideas de donde les vienen -del medio externo- (de aquí la aparente facilidad de aprender, Rousseau, 2007, p. 146); pero nada les queda, nada penetra, escuchan pero no entienden -captan los gestos de los emisores y sus reacciones a la repetición hecha por el mismo niño-.

No es que carezcan de alguna especie de razonamiento. No. Ellos “razonan muy bien sobre todo aquello que conocen y que se refiere a su interés presente y sensible”, ya que viven en el mundo de la inmediatez de sus necesidades; distinto al adulto que prevé y “mira siempre a lo lejos un futuro”, descuidando “el presente del que está seguro” (Rousseau, 2007, p. 108) -erróneamente y contra natura, ya que como producto de la razón es en esta previsión donde está la fuente de las miserias humanas. Hay que recordar al respecto la discusión sobre el equilibrio entre los deseos y las facultades para la consecución de la felicidad:

“[…] nuestra miseria consiste en la desproporción de nuestros deseos y de nuestras facultades. Un ser

sensible en quien las facultades igualaran a los deseos sería un ser absolutamente feliz […] ¿En qué consiste, pues, la sabiduría humana o la ruta de la verdadera felicidad? […] consiste en disminuir el

exceso de los deseos sobre las facultades, y en poner en igualdad perfecta el poder y la voluntad. […]

Así fue como la naturaleza, que dispone todo para lo mejor, lo instituyó desde el principio. De modo inmediato sólo le da los deseos necesarios para su conservación y, las facultades suficientes para satisfacerlos. Todos los demás (deseos) los ha puesto como reserva en el fondo de su alma para que allí

se desarrollen llegado el caso. […] cuanto más cerca se queda el hombre de su condición natural,

menor es la diferencia entre sus facultades y sus deseos, y está por consiguiente menos lejos de ser

feliz” 47. (Rousseau, 2007, pp. 104-105)

46“El niño percibe los objetos, mas no puede recibir las relaciones que los unen, no puede unir la dulce

armonía de su concierto. Se precisa una experiencia que él no ha adquirido, se precisan unos sentimientos que

no ha experimentado para sentir la impresión compleja que resulta a la vez de todas esas sensaciones”

(Rousseau, 2007, pp. 245-246).

47 Felicidad que en el Emilio de Rousseau es ante todo, en este mundo, para el hombre natural (p. 260), un

estado negativo que se mide por la menor cantidad de males sufridos: “El más feliz es aquel que sufre menos

penas; el más miserable quien siente menos placeres. Siempre más sufrimientos que goces; ésa es la

57 Esta forma de razonar en el niño va a ser la razón de peso -y principio epistemológico- en Rousseau para explicar por qué no es adecuado para ellos en esta edad el aprendizaje de las lenguas (Rousseau, 2007, pp. 148-149), de la geografía (Rousseau, 2007, pp. 149-150), de la Historia (Rousseau, 2007, pp. 150-153) y de las fábulas (Rousseau, 2007, pp. 154-162). No se puede hacerles considerar a los niños lo que en nada les afecta (el interés futuro, la felicidad cuando sean grandes, la estima que se tendría de ellos en el futuro según su proceder) porque no han sabido esto por vía sensible; ¡y son precisamente todos estos contenidos -ciencias de cosas- lo que se ven forzados a aprender!

Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), una de las fuentes de inspiración de Rousseau, a propósito de esta “manía enseñante y pedantesca” de los preceptores de su época, escribe en su famoso ensayo Del Magisterio:

“Nos esforzamos por llenar la memoria y dejamos vacío el entendimiento y la conciencia. Así como los

pájaros van a veces en busca del grano y lo llevan en el pico sin probarlo para alimentar con él a sus polluelos, así nuestros maestros picotean la ciencia en los libros poniéndosela en el borde de los labios

solamente, para desembucharla sin más, lanzándola al viento. […] Mas lo que es aún peor, tampoco sus alumnos ni sus hijos la asimilan ni la aprovechan (la ciencia); y así va de mano en mano con el único fin de alardear, de entretener a los demás, de contar historias, como moneda vana e inútil para todo otro

uso y empleo que no sea contar y tirar. […] Guardamos las ideas y el saber de otros y nada más. Es

menester hacerlos nuestros. […] Tanto nos apoyamos en los brazos de los demás que anulamos

nuestras fuerzas. ¿Que quiero armarme contra el miedo a la muerte? Hágolo a expensas de Séneca. ¿Que quiero tener consuelo para mí o para otro? Tómolo de Cicerón. Tomaríalo de mí mismo si me

hubieran enseñado a ello. Nada me gusta esta inteligencia relativa y mendigada” (Montaigne, 2008, pp.

173-174).

La razón de no llenar a los niños de esta clase de contenidos (palabras que llegan a sus mentes a través del estudio de las lenguas, la geografía, la historia, las fábulas, los libros), es la que subyace en la no recomendación de la lectura a esta edad. Como dirá Rousseau (2007, p. 162): “que sepa leer cuando la lectura le sea útil”, cuando comprenda sus usos, ya que los niños -de esta edad- no pueden aprender nada de lo que no sientan su utilidad en el momento presente48. Por esto es que las lecciones del preceptor, durante la

48 Sin embargo es importante aclarar que Rousseau, en su Libro III (2007, pp. 270-272) y como “tema

interesante para cualquier edad”, recomendará el Robinson Crusoe como primer libro de lectura de Emilio: fácil de ver, interesante, estimulante, primer ejercitador para su imaginación y que muestra de modo sensible a su espíritu las necesidades naturales del hombre y los medios para atender estas mismas con la misma

58 infancia, “deben estar más en hechos que en palabras; porque los niños olvidan fácilmente lo que han dicho y lo que se les dice, pero no lo que han hecho ni lo que se les hace” (Rousseau, 2007, p. 135).

Una vez sintetizada la pretensión de nuestro autor en este apartado de su texto, volvamos al orden cronológico de sus ideas (Rousseau, 2007, p. 143), en aras de abordar con más detalle sus argumentos. El texto viene hablando de una serie de precauciones que quiere dar Rousseau (a los preceptores), en el modo de dar instrucciones a los niños en caso de necesidad (es decir, excepcionalmente), ya que tales instrucciones pueden llevar al perjuicio del niño y a viciarse con malos hábitos. Tales casos de excepción aplicarían para dos tipos: 1) para los que se educan en medio de la sociedad (distinto a los educados en el retiro del campo) y 2) los que prescinden de la infancia y son hombres casi al nacer (excepción muy rara y difícil de conocer). Estos últimos parecen ser los genios o niños prodigio (tema abordado en el Libro II del Emilio). Rousseau dirá que los rasgos comunes propios de esta edad de niñez que estamos considerando, serán la vivacidad, la ocurrencia, el aturdimiento y la ingenuidad, que no son muestras de “genialidad” como lo intentarían hacer ver algunas madres con los “descubrimientos azarosos” que podrían hacer los pequeños: recordemos que en ellos no hay propiedad de las ideas. Por lo tanto, a un niño genio tendría que tratársele “según su edad y no agotarlo”, contrario a lo que hoy pudieran pensar algunas corrientes psicológicas y pedagógicas49, entre otras ciencias. Nuestro filósofo diría que hay que confirmar con el tiempo antes de adoptar métodos particulares (Rousseau, 2007, p. 146). Si se saturase, hay que dejarlo libre, según la naturaleza (Rousseau, 2007, p. 144). El “método inactivo” de nuestro autor concibe la infancia como un “sueño de la razón”.

mismo mientras el niño no pierda el interés- para enseñarle sólo lo útil para sí mismo (utilidad propia) y como ejercicio de lectura para afectarse (el ejercicio de la imaginación que lleva a ponerme en el lugar del otro) y luego, llegado el momento, saber obrar (entre otras formas, mostrando compasión por ese otro ser).

49Al respecto ver el artículo “La Sobredotación: Contextualización y experiencias pedagógicas en España” en

la contextualización histórica. <http://www.psicopedagogia.com/articulos/?articulo=444> [Consulta: 7 de marzo de 2010].

59