Experiencias educativas compartidas
COMPONENTES DE UNA ADAPTACIÓN CURRICULAR INDIVIDUALIZADA (A.C.I.)
6.3. EL PROCESO DE ELABORACIÓN DE UNA A.C.I.
6.3.3. La propuesta curricular.
El tercer componente de cualquier ACI lo constituyen los objetivos, contenidos, metodología y evaluación que proponemos para el alumno o alumna en cuestión, cuestiones que ya abordamos, con cierta profundidad, en trabajos anteriores (Glez Manjón y otros, 1993 y Gª Vidal, 1993) por lo que remitimos al lector interesado a los mismos. Ahora centraremos nuestra atención en los principales problemas que nos encontramos en la elaboración de los mismos.
El primer problema que observamos lo constituye el hecho de que cuando se elabora la propuesta curricular para un alumno, se realiza desde una perspectiva errónea, ya que se suele tomar como punto de partida las dificultades y características del alumno y no el currículum ordinario. De esta manera, suele ser habitual plantearse: ¿Cuál es curriculo adecuado para este alumno? en lugar de ¿Qué parte del curriculo de su grupo-clase puede compartir este alumno?; para a continuación plantearnos ¿Cómo podemos/debemos complementar la parte del curriculo que va a compartir con sus compañeros? Como puede observarse sigue pesando mucho la perspectiva centrada en déficit.
Esta perspectiva es la que favorece un pensamiento tan erróneo como habitual como es pensar que la ACI es del alumno y no de las diferentes áreas curriculares. Es decir, cuando se realiza una propuesta curricular individual, lo que se tiene que hacer es ADAPTAR EL CURRÍCULO, no adaptar al alumno.
El segundo problema, derivado del anterior, tiene que ver con la utilidad de las propuestas curriculares que se suelen hacer en las ACIs al uso; así, es normal encontrarnos con propuestas curriculares individuales que tienen la misma relación con la práctica educativa que las Programaciones de Aula; y ya sabemos la utilidad que suelen tener dichas programaciones en nuestra tradición pedagógica. La poca, o nula, relación de las propuestas curriculares individuales provoca no pocos "malentendidos" que llevan a numerosos alumnos a realizar casi permanente actividades de coloreado, picado y recortado o, en el mejor de los casos, de actividades que no tienen ninguna relación con las que realizan sus compañeros de clase.
En este sentid o, cree mos que para constr uir ACIs coher entes y útiles (que orient en a los profe sores sobre el "qué hacer") resulta del todo imprescindible relacionar la propuesta curricular individual con las prácticas educativas al uso, es decir, con las actividades cotidianas del grupo-clase. Para ello, puede resultar conveniente el dividir la propuesta curricular en dos partes, claramente diferenciadas (Glez. Manjón y otros, 1993 y Gª Vidal, 1993):
a) Propuesta Curricular de Ciclo: donde se establezcan de manera sintética y clara las líneas generales respecto a los elementos curriculares de cada área del ciclo que cursa el alumno/a.
b) Propuesta Curricular de Actividades: donde aparezcan, de manera inequívoca, las actividades (tipos) que el alumno va a ejecutar de manera "integrada" y cuáles va realizar de manera "segregada".
Sin restar importancia a la propuesta de ciclo, entendemos que la relación con la práctica educativa va a venir determinada por el segundo de los elementos indicados. Así, deberíamos indicar con claridad en esta última qué actividades realizará en común con sus compañeros (Compartidas), cuáles realizará este alumno de manera particular, pero dentro del contexto del aula (Específicas), cuáles realizará de manera segregada, ya sea con el profesor de apoyo o en el ámbito familiar. Así, partiendo de un listado de las tareas y actividades que resultan habituales en cada área/ciclo (que siempre son un número relativamente reducido), deben irse decidiendo (cómo mínimo deberían participar en dicha decisión el profesor "ordinario" y el profesor de apoyo) en que "forma" se van a implementar cada una de ellas, en coherencia con las decisiones antes tomadas, especialmente en relación con la propuesta de servicios educativos.
Y el tercer problema que observamos no tiene relación con la propuesta en sí misma, sino con la elaboración/selección y formulación de los elementos que van a componer la propuesta curricular de ciclo, que en muchos casos convierten la confección de dicha propuesta en un proceso complicado, tedioso, y casi imposible de cumplir. De esta manera, nos encontramos con situaciones como las siguientes:
a) De una parte, en la selección/elaboración de los objetivos y criterios de evaluación, se suelen cometer dos errores: de un lado, discusiones "profundísimas" sobre la terminología a usar en su formulación (p.e.: entre conocer, reconocer, identificar, localizar, etc.), y de otro, la redacción de innumerables objetivos/criterios que hacen que inleibles las propuestas. En nuestra opinión, los objetivos y criterios de una ACI no tienen porque ser diferentes, ni en número ni en formulación, a los que componen las propuestas curriculares de los diferentes ciclos o cursos.
b) Y de otra, en el establecimiento de la metodología a seguir, que suele dar lugar, en las ACIs, al desarrollo de saberes enciclopédicos sobre los principios de constructividad y de interactividad. Y nosotros nos preguntamos: ¿La interactividad y la constructividad no eran principios del aprendizaje de todos los alumnos? ¿Es que la Programación de Aula no se ha hecho teniendo en cuenta dichos principios. ? Es obvio, que en una propuesta curricular individualizada sólo es necesario que aparezcan los elementos metodológicos específicos, no los de carácter general, como pueden ser los agrupamientos más recomendables, los materiales a usar,