• No se han encontrado resultados

Protección de día y de noche

In document Don Gosset-Hay Un Milagro en Tu Boca (página 31-177)

Confesiones incorrectas

D

el mismo modo que las confesiones correc-

tas de fe producirán resultados positivos en tu vida, una confesión incorrecta producirá resultados negativos. La Biblia dice: “La muerte y la

vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21).

La derrota o la victoria, la enfermedad o la salud, están en el poder de la lengua. Jesús dijo: “lo que diga

le será hecho” (Marcos 11:23). Mira estos ejemplos de

confesiones correctas e incorrectas.

Confesión incorrecta: “Siempre me pongo peor

de mi sinusitis en esta época del año”.

Confesión correcta: “Nunca espero experiencias

negativas en ninguna época del año. No soy un cristiano en la prosperidad, sino que vivo confiada- mente por la Palabra de Dios. Mi gozo está cumpli- do por lo que el Señor está haciendo por mí. Él dijo: ‘Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumpli-

do’ (Juan 16:24). Mi gozo está cumplido: invierno,

primavera, verano y otoño, porque le pido y recibo de Él. La capacidad del Señor para guardarme en buena salud no está limitada a ciertas estaciones del

6

DG

año, porque Él ‘es el mismo ayer, hoy y por los siglos’ (Hebreos 13:8). El Señor hará por mí lo mismo cual- quier día del año”.

Confesión incorrecta: “No puedo hablar en públi-

co porque siempre me pongo muy nervioso y no puedo testificar”.

Confesión correcta: “Me niego a darle lugar al te-

mor, porque eso es darle lugar al diablo, que es el autor del temor. ‘Porque no nos ha dado Dios espíritu

de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio pro- pio’ (2 Timoteo 1:7). Estoy absolutamente libre de

todo temor, incluso del temor de hablar en público. Dios ha dicho: ‘No temas, porque yo estoy contigo; no

desmayes, porque yo soy tu Dios’ (Isaías 41:10). Ya no

me da miedo testificar en público, porque Dios está conmigo. Es el enemigo el que no quiere que hable del Señor. ‘Porque vendrá el enemigo como río, mas

el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él’

(Isaías 59:19). Cuando el enemigo ejerza su presión sobre mí, alabaré al Señor porque mi caso es Suyo. Él me dará libertad del temor y el nerviosismo sa- tánico. Dios me da confianza diciendo: ‘Ahora pues,

ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar’ (Éxodo 4:12). Dios está realmente con mi

boca para guiarme en lo que digo en público sobre Él. Por tanto, triunfo en Su capacidad”.

Confesión incorrecta: “Bueno, he conseguido lle-

gar al trabajo, pero es todo lo que puedo decir. Según me siento, no espero poder hacer mucho hoy”.

Confesión correcta: “Me niego a dar lugar a

33

completo. ‘Te has enlazado con las palabras de tu

boca’ (Proverbios 6:2). Sirvo a Dios continuamente,

así que tengo segura la liberación de esa actitud pesimista que aplasta mi espíritu y abate mi alma. ‘El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te

libre’ (Daniel 6:16). Dios es mi Libertador en cada

situación, porque le sirvo constantemente. ‘Mas a

Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús’ (2 Corintios 2:14). En mi trabajo, en mi

hogar, en mi servicio al Señor (en todo lo que haga) soy más que vencedor por medio de Cristo que me ama. (Véase Romanos 8:37). Rechazo la actitud que me deja casi incapaz de sacar mi cabeza del agua. Dios me está mostrando cosas grandes y poderosas en la vida, porque así lo ha prometido: ‘Clama a

mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces’ (Jeremías 33:3). Yo clamo

a Él; Él me está respondiendo y me está mostrando cosas grandes y poderosas”.

Confesión incorrecta: “No he sido capaz de con-

seguir ese ascenso que esperaba, pero ya me lo imaginaba, porque nunca me salen bien las cosas”.

Confesión correcta: “No creo que las fuerzas adver-

sas estén arruinando el trabajo que Dios está hacien- do en mi favor. El Señor está obrando en las respues- tas antes incluso de que yo ore: ‘Y antes que clamen,

responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído’

(Isaías 65:24). No espero fracasar, sino tener éxito. Jesús no vino para darme una vida mediocre, sino que dijo: ‘yo he venido para que tengan vida, y para

he recibido a Jesucristo como mi Señor y Salvador, tengo esa vida abundante en mí ahora. Sé que Dios está prosperando mi vida: ‘Amado, yo deseo que tú seas

prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma’ (3 Juan 2). Tengo derecho a

la prosperidad y la salud, y estoy prosperando en mi alma. Dios ha prometido bendecirme abundante- mente porque soy un dador: ‘Dad, y se os dará; medida

buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo’ (Lucas 6:38). Sí, el Señor está amontonando

mis bendiciones, porque estoy dando para Él y para Su obra. Estoy bendecido”.

Confesión incorrecta: “No me siento muy bien.

Creo que voy a tener la gripe”.

Confesión correcta: “Gloria a Dios que no vivo por

mis sentimientos, que cambian como el tiempo, sino que vivo por fe, que es vivir por la Palabra de Dios. ¿Por qué iría yo a tener la gripe cuando Jesús mismo llevó mis enfermedades y dolencias? (Véase Mateo 8:17). No voy a tener nada malo, porque Jesús sufrió todo por mí. Me resistiré a tener nada que el diablo quiera poner sobre mí. Viviré en la victoria del sac- rificio sustitutorio de Jesús. Él es la sustitución de mi pecado y de mi enfermedad. Alabo Su nombre por lo que ha hecho en mí”.

Confesión incorrecta: “Me pregunto si me volveré

a sentir bien algún día”.

Confesión correcta: “Independientemente de mi ac-

tual condición, sé que el Señor me restaurará la salud, porque esta es Su promesa en Jeremías 30:17: ‘Mas

35

ello. Dios vela para que se cumpla Su Palabra (véase Jeremías 1:12), y ‘Dios no es hombre, para que mienta’ (Números 23:19). Sé que me sentiré mejor, no porque así lo espere o lo desee, sino por Su Palabra para mí. ‘Envió su palabra, y los sanó’ (Salmo 107:20). He reci- bido Su Palabra sanadora, y le alabo porque Su Pa- labra es segura. Jesús dijo que según mis expectativas o mi fe, así me sería hecho. (Véase Mateo 9:29). Es- pero totalmente sentirme mejor porque Su Palabra prevalece en mi vida”.

Confesión incorrecta: “No sé cómo lo haré económi-

camente. El costo de la vida sigue subiendo”.

Confesión correcta: “Vivo por la Palabra segura de

Dios: ‘Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme

a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús’ (Filipenses 4:19).

Independientemente de la inflación, mi Dios suplirá todas mis necesidades. No ando en el consejo de los impíos, ni estoy en el camino de los pecadores, ni me siento en la silla de los escarnecedores. Me deleito en la Palabra de Dios; de día y de noche medito en ella. Soy como un árbol plantado junto a corrientes de agua; y estoy dando fruto. Como resultado, todo lo que haga prosperará. (Véase Salmo 1:1–3). Si el cos- to de la vida sigue aumentando, la prosperidad de Dios en mi vida aumentará. No temo a la inflación. El Señor es mi Provisión”.

Confesión incorrecta: “Sabía que hoy llovería. Siem-

pre llueve cuando planeamos algo al aire libre”.

Confesión correcta: “No me dejaré gobernar por

una actitud pesimista. Vivo con una expectativa de éxito. Independientemente del tiempo que haga,

confesaré: ‘Este es el día que hizo Jehová; nos gozare-

mos y alegraremos en él’ (Salmo 118:24)”.

Confesión incorrecta: “¿Por qué siempre tiene que

pasarme esto a mí?”.

Confesión correcta: “No espero que me suceda

nada malo. Vivo por la Palabra de Dios, la cual pro- mete: ‘No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu mo-

rada’ (Salmo 91:10). Dios me manda encomendar mi

camino a Él y confiar en Él, ‘y él hará’ (Salmo 37:5). Espero que Él me traiga buenas cosas, y no malas. Como cristiano sincero, intento caminar en rectitud delante de Él, y así Él me asegura: ‘No quitará el bien

a los que andan en integridad’ (Salmo 84:11) ¡Siem-

pre me ocurrirá algo bueno!”.

Confesión incorrecta: “Intentaré ir si las cosas salen

bien, pero el panorama no es muy prometedor”.

Confesión correcta: “Afronto la vida y sus retos

con una confesión positiva, una confesión valiente. Estoy esperando en el Señor, y Él está renovando mi fuerza. (Véase Isaías 40:31). Estoy manteniendo mi mente centrada en el Señor, y Él me está guar- dando en perfecta paz. (Véase Isaías 26:3). Espero que las cosas me salgan bien, porque me deleito en el Señor, y Él me concede los deseos de mi corazón. (Véase Salmo 37:4). Jesús dijo: ‘Ve, y como creíste, te

sea hecho’ (Mateo 8:13), y yo creo que todo me va a

salir bien. Mantendré mis citas, porque así lo creo. Rechazo las confesiones negativas de duda, temor e incertidumbre. El Señor me está dando la victoria en todas las situaciones. ‘Jehová peleará por vosotros,

37

Confesión incorrecta: “Ni tan siquiera intentaré

realizar esta tarea en concreto, porque no tengo la capacidad”.

Confesión correcta: “Lo que determina la medida

de mi capacidad es la capacidad de Dios. ‘Si Dios es

por nosotros ¿quién contra nosotros?’ (Romanos 8:31).

Dios está por mí, así que puedo hacer todas las cosas por medio de Aquel que es mi fuerza y suficiencia. (Véase Filipenses 4:13). Nunca subestimo mi capaci- dad, porque conozco la verdad, y la verdad me hace li- bre. (Véase Juan 8:32). Soy fuerte con Su fuerza: ‘diga

el débil: Fuerte soy’ (Joel 3:10). Digo confiadamente

ante una supuesta debilidad: ‘Soy fuerte; cuento con el Poderoso que da vida a mi cuerpo mortal. “El que

levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). Dios da vida a mi cuerpo

mortal ahora por medio del mismo Espíritu que le- vantó a Jesús de los muertos, porque Su Espíritu mora en mí. Por tanto, puedo afrontar cualquier tarea con éxito por Su capacidad ilimitada dentro de mí’”.

Confesión incorrecta: “Probablemente seré inca-

paz de hacer eso, ya que dudo que para entonces ya tenga el dinero”.

Confesión correcta: “No me dispondré a ser derro-

tado prediciendo fracaso. No daré lugar el pesimis- mo sobre cualquiera de los planes de mi vida. Jesús me ha dado grandes promesas sobre mi vida, pues ha declarado: ‘porque todo aquel que pide recibe’ (Ma- teo 7:8). Eso me incluye a mí. Sé que estoy recibien- do esas cosas buenas y necesarias del Señor, porque

se lo he pedido a Él. Estoy recibiendo, porque Su promesa no tiene excepciones. Estoy libre de afanes sobre el futuro, porque he depositado con gozo to- das mis preocupaciones sobre el que realmente cui- da de mí. (Véase 1 Pedro 5:7). Estoy seguro de que Dios suplirá todo el dinero que necesito con tiempo suficiente para suplir mis necesidades”.

Confesión incorrecta: “Creo que voy a tener el ca-

tarro de mi marido”.

Confesión correcta: “¿Por qué voy yo a tener el ca-

tarro de otra persona? No tengo temor a ningún catarro porque temo el nombre del Señor. ‘Mas a

vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justi- cia, y en sus alas traerá salvación’ (Malaquías 4:2). No

estoy atado al pensamiento tradicional que dice que una enfermedad debe seguir su curso en una famil- ia. Estoy sirviendo a Jesús y Él me ha asegurado: ‘Mas

a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti’ (Éxodo 23:25). La enfermedad es quitada de mí y

39

Creer

P

orque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El Padre entregó a Jesús al

mundo, a los perdidos.

Él entregó a Jesús a los hombres que le crucifica- ron. Él dio a Jesús a los hombres que hicieron una corona de espinos y la clavaron en la frente de Su Hijo. Él dio a Jesús a los hombres que le clavaron en la cruz. Él dio a Jesús a Pilato y a Caifás, un sumo sac- erdote cruel, malvado y egoísta. Extraño, ¿verdad?

El hecho nos pone cara a cara con una extraña palabra. No verás que se use así en el Antiguo Tes- tamento, y se usa en referencia a Jesús sólo unas cuentas veces. La palabra es gracia. “Pues la ley por

medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

¿Qué es gracia? Es amor en acción; amor que da; amor hecho para el que no lo merece y el indeseable. El regalo de Jesús fue un estallido espontáneo de amor. Dios lo llama gracia.

7

EWK

Ahora bien, ¿qué significa creer en Jesús? Todos sabemos que la palabra creer es un verbo. Sabemos que fe es un nombre. Creer es una palabra de ac- ción; fe es el resultado de que una persona haya actuado o creído. Creer en el sentido del Nuevo Tes- tamento, en el sentido de la revelación paulina, sig- nifica posesión: acción que termina con posesión.

Jesús nos dio la clave en Juan 6:47: “El que cree en

mí, tiene vida eterna”. En la mente del Padre, creer

es posesión, y para obtener posesión, actuamos so- bre Su Palabra. Por tanto, creer es actuar sobre lo que ha hablado el Padre.

Cuando creo en Cristo, significa que he tomado posesión de lo que el Padre me ha dado. Jesús es mío. Él es mi Salvador, mi Señor, ¡y es mi Vida! En el momento en que tomamos posesión de Cristo, nos convertimos en nuevas criaturas. Somos naci- dos de arriba. (Véase Juan 3:3).

Como puedes ver, creer es un acto de la volun- tad. Es una elección, una decisión, y significa que estoy dispuesto a darle la espalda a mi vida pasada y limpiarla, deshacerme de ella, y que deje de ser. Estoy listo para comenzar una nueva vida ahora sin ningún pasado: pasar a una nueva dimensión. Estoy listo para ser trasladado de la esfera de la muerte, la oscuridad y el pecado, a la esfera de la vida y el amor, donde me convertiré en un hijo de Dios.

Creer significa que estoy listo para tomar pos- esión de lo que Dios me dio en Su gran amor. Él me dio a Cristo. Me hizo un regalo: la vida eterna.

41

Me dio todo lo que era Cristo, todo lo que Él hizo y todo lo que es hoy.

Acepto esa verdad, tomo posesión del regalo, y miro arriba y digo: “Padre, gracias por Jesús y por el regalo de la vida eterna que viene con Jesús. Gra- cias por la remisión de todos mis pecados, por hab- er borrado mi pasado. Gracias porque ahora soy una nueva criatura. Gracias Padre, que Efesios 1:3 se ha convertido en una realidad: ‘Bendito sea el

Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo’”.

Dios me escogió en Cristo antes de la fundación del mundo (véase versículo 4), y ahora he respon- dido a ese llamado y me he convertido en su propie- dad. Ahora estoy entrando en mi herencia.

Durante todos estos años, el descanso y la paz de corazón me pertenecían, pero yo no lo sabía. El nombre de Jesús, con todo su poder y sus derechos, ha sido mío, pero nunca tomé posesión de él. Tengo una gran herencia en Cristo, pero escogí vivir en pobreza teniendo a la vista mi herencia y riquezas.

Ahora estoy tomando posesión. He vivido en de- bilidad cuando me pertenecía la fuerza. He vivido en desesperación cuando la capacidad de Dios era mía. He vivido en ignorancia cuando la sabiduría y el conocimiento del Hijo de Dios eran míos. Me pertenecían (me habían sido dados), pero ignoré el regalo y nunca le di gracias al Dador. Al menos, mis ojos están abiertos. Veo mis derechos y los tomo.

Como ves, creer es tomar posesión. Es simple- mente actuar sobre la Palabra del Padre, y eso es algo hermoso, ¿no es así? Es muy simple.

Le digo al mundo lo que soy en Cristo. Le digo al mundo que Cristo es mi Señor y Salvador. Grito con fuerza que no hay condenación para mí, porque es- toy en Cristo Jesús.

La posesión no vino hasta que hice mi gozosa confesión. Cuando la hice, todo pasó a ser mío en realidad.

No hay posesión sin confesión. La comprensión sigue a la confesión. Comienzo a actuar sobre la Pa- labra, y la posesión se convierte en algo real para mí. Luego “hago efectivo” lo que me ha dado la gra- cia. Nunca fue un problema de fe o emoción, sino un problema de no apropiarme de lo que Dios ya me había dado.

43

Grandes confesiones

L

a palabra confesión en la Biblia significa afir- mar lo que Dios ha dicho en Su Palabra. Es testificar de la declaración de la Palabra. Es testificar de las verdades reveladas en la Biblia.

Afirmaciones de verdad

Hemos sido divinamente instruidos para “retener

nuestra profesión” (Hebreos 4:14). El escritor del li-

bro de Hebreos además dijo: “Mantengamos firme,

sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). No sólo ten-

emos que retener nuestra confesión de la Palabra, sino que también tenemos que afirmar constante- mente esas cosas que Dios nos ha revelado. (Véase Tito 3:8).

Confesar es decir lo que Dios ha dicho en Su Pa- labra sobre algo en particular. Es estar de acuerdo con Dios. Es decir lo mismo que dice la Escritura. Retener tu confesión es decir, una y otra vez, lo que Dios ha dicho hasta que el deseo de tu corazón y lo

8

DG

prometido en la Palabra de Dios se manifiesten por completo. No existe la posesión sin la confesión.

Cuando descubrimos nuestros derechos en Cris- to, tenemos que afirmar esas cosas constantemente, testificarlas, ser testigos de esos hechos tremendos de la Biblia. El apóstol Pablo dijo: “Para que la par-

ticipación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Filemón 6).

Las afirmaciones de la verdad deberían salir de nuestros labios constantemente. Tenemos que reten- erlas sin vacilar. El castigo por vacilar a la hora de nuestra confesión es que nos negamos a nosotros mismos la promesa de Dios y el desenlace de la mis- ma. “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que

duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Se- ñor” (Santiago 1:6–7).

El salmista dijo: “Díganlo los redimidos de Je-

hová” (Salmo 107:2), y de nuevo: “Y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios”

(Salmo 70:4). ¿Qué cosas tenemos que afirmar con- stantemente? Afirmar las Escrituras que revelan las buenas cosas dentro de nosotros en Cristo.

Hay cientos de afirmaciones poderosas que hacer constantemente al hablar el lenguaje de las Escrituras. Por ejemplo, algunas de las cosas que tenemos que afirmar constantemente son:

Dios es quién Él dice ser. •

Yo soy quien Dios dice que soy. •

45

Dios puede hacer lo que dice que puede hacer. •

Yo puedo hacer lo que Dios dice que puedo •

hacer.

In document Don Gosset-Hay Un Milagro en Tu Boca (página 31-177)

Documento similar