LA PSICOLOGÍA DE LA RELIGIÓN
4. Psicología integrada Religión (integrativo)
1. Es posible y deseable unificar o integrar la verdad religiosa y psicológica. 2. Los descubrimientos y verdades de cada una se corresponden entre sí. 3. Los principios válidos de ambas disciplinas están en armonía.
4. La religión como manifestación social puede ser patológica pero no lo es en su naturaleza intrínsica.
5. Los valores y experiencias religiosas pueden ayudar a superar las angustias de la existencia y favorecer el proceso de maduración y crecimiento.
Ejemplos: Allport, Frankl y Guntrip
(2) MODELOS SAGRADOS. Igualmente, desde la religión (o desde los autores “evangélicos” como expresa Carter) se han usado los mismos cuatro modelos para describir la relación entre la religión y la psicología, ahora desde la perspectiva de los teólogos. Es de hacer notar que se trata de la misma estructura, aunque los contenidos sean diferentes y su desarrollo independiente.
a) El primer modelo, siempre siguiendo a Carter (Ídem, 440-443), es el antagónico. Presenta ambas disciplinas como incompatibles y, en ciertos casos, confrontadas. Afirma que hay una
diferencia radical entre lo que la Biblia enseña acerca del hombre y lo que dicen los psicólogos. Un presupuesto básico es que los descubrimientos que pueda realizar un psicólogo incrédulo no es la verdad acerca de la naturaleza humana, ya que ésta se encuentra en la revelación bíblica. Otro presupuesto importante es que la oración, la lectura de la Biblia, la "confianza en Cristo" y la "dirección del Espíritu Santo" son los recursos esenciales para afrontar la vida, con todos sus problemas. La Escritura contiene preceptos, inspiración, motivación, consuelo y todo lo necesario para alcanzar la salud mental. Por otra parte, los problemas emocionales, las crisis y los trastornos mentales son en definitiva resultado de la desobediencia a la ley de Dios. La terapia consiste en apropiarse de la gracia de Dios y llevar una vida en armonía con la voluntad divina expresada en los diez mandamientos y sus enseñanzas. Dentro de este modelo, muchos religiosos han percibido la psicología como un instrumento satánico o un campo peligroso (Whi- te, 1989, 19-20) que hace perder la fe en Dios y puede corromper la moral (v.gr., al caer en la seducción de la transferencia erótica), otorgando licencias o ciertas libertades (v.gr., aconsejando al paciente liberarse de represiones sexuales). Este modelo es sostenido, entre otros, por Adams (1973) en su manual de aconsejamiento.
b) El segundo modelo es el subordinado, el cristianismo de la psicología, donde la religión es objeto del estudio psicológico. Es la antítesis del anterior. Aunque, también afirma que existe una diferencia substancial entre la Biblia y los conocimientos científicos, empíricos y racionales, sin embargo, a diferencia del primer modelo, valora el último saber. Presupone que la razón humana es más importante que la revelación y que la psicología conoce los principios básicos de la salud mental, los procesos de la maduración y del buen funcionamiento interpersonal. Por lo tanto, los problemas emocionales y mentales sólo pueden solucionarse consultando un psicoterapeuta o aplicando las leyes que regulan los procesos del buen funcionamiento psíquico e interrelacional. Otra característica de este paradigma es que sus partidarios tienden a traducir o interpretar los textos bíblicos según su respectiva visión teórica, lo que puede significar un trasiego de conceptos y prácticas de un ámbito al otro. Así, por ejemplo, se homologa la confesión católica con el psicoanálisis, la "caída bíblica" con el complejo de Edipo o se convierte al pastor en un psicólogo (Debarge, 1970, 14-17). Esta posición ha sido adoptada por los seguidores del liberalismo teológico evangélico, como la "teología relacional".
c) El tercer modelo es el dicotómico, el "Cristianismo paralelo a la psicología". Postula la disociación entre la religión y la psicología al percibirlas como ámbitos diferentes, no susceptibles de ser integradas. Cada una es válida en su propia esfera de influencia. En la práctica, entiende que los problemas espirituales deben ser tratados por el pastor y los emocionales por el psicólogo o psiquiatra. Existen dos versiones en este modelo. La primera puede ser llamada aislacionista. Sostiene que la psicología y la religión son campos válidos por separado.“Esto es, cada una esta encapsulada y no interactúan porque sus métodos y contenidos son diferentes. Sin embargo, ambas son verdaderas, ambas deben ser reconocidas, pero permanecen separadas” (Carter, 1991, 442). Esta posición ha sido expuesta por P.Clement en 1974, en un trabajo titulado, Behavior modification of the spirit. La segunda versión se denomina
correlacionista. Intenta correlacionar los conceptos psicológicos y religiosos diciendo que expresan las mismas verdades con distintos términos. Así, por ejemplo, el superyo se lo ve como equivalente a la conciencia y la empatía al amor “agape”. Paul Meehl es partidario de esta idea, presentada en múltiples artículos.
d) El cuarto modelo es el integrativo. Valora y reconoce los aportes y campos específicos de cada disciplina, buscando asociarlas en un espacio común. No enfatiza las diferencias sino las semejanzas. Su presupuesto fundamental es que Dios es el autor de toda verdad, tanto aquellas reveladas en las Escrituras como las descubiertas por la psicología y otras ciencias. Tanto los valores cristianos como los terapéuticos son válidos. No cuestiona que un genuino cristiano puede necesitar terapia. Privilegia los puntos de convergencia y los espacios de diálogo. Propone el encuentro y el intercambio. Busca la congruencia entre la Escritura y los descubrimientos de la psicología considerando que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
Una vasta bibliografía ha producido este último modelo, entre ella la publicación de dos periódicos de amplia divulgación, el Journal of the American Scientific Affiliation y el Journal of Psychology and Theology. Otros ejemplos son, Crabb, Hulme van Kaam, Wagner, Carter & Mohline. El cuestionamiento que se formula a esta concepción es que no siempre distingue los niveles involucrados en la integración y puede caer en el riesgo de operar en forma acrítica. Se puede mezclar contenidos que corresponden a presupuestos conceptuales diferentes o intercambiar términos que son incompatibles. No sería deseable salir del encuadre teórico- práctico propio, como ocurriría si un pastor se pusiese a administrar el psicodiagnóstico de Rorschach o a utilizar el diván o, por la otra parte, si el psicólogo se dispusiese a dar un sermón con prescripciones morales en lugar de coordinar una terapia, por ejemplo. La integración adecuada tendría que respetar la cosmovisión e ideas de cada disciplina buscando los acuerdos desde las respectivas categorías teóricas básicas (v.gr., Reinecke, 1993) o situándose por encima de ellas para tender hacia la realización de actividades o investigaciones conjuntas. En este último punto, la integración aparecería como un "supra paradigma" (Opazo, 1992) que abrazaría a ambas sin perder la identidad de cada una, procurando asociarlas en esfuerzos que apunten a objetivos compartidos, como sería el trabajo interdisciplinario entre psicólogos y capellanes o el esfuerzo académico de abrir el diálogo entre diferentes escuelas, como son las Jornadas de Integración Psicológica.
Tabla 2 –
Cuatro modelos sagrados de Religión y Psicología (Carter, 1991, 437)