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Punto cinco – Relaciones intrarregionales e internacionales

Desde que se firmó la rendición incondicional de Alemania el 17 de julio de 1945 en Potsdam, el mundo ha cambiado mucho. Lamentablemente, no para una condición de paz perpetua, como deseó el filósofo Immanuel Kant, no para el desarme, ni siquiera para la disminución de la miseria y de la pobreza. En este tiempo, de poco más de medio siglo, los últimos 25 años ha sido especialmente ricos en desafíos, cobrando de los líderes mundiales la construcción de un nuevo orden internacional, o sea de nuevas condiciones de lo que se llamó gobernabili- dad global.

Toda vez que las experiencias con ALALC, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, creada el 18 de febrero de 1960, en Montevideo, con ALADI, Asociación Latinoamericana de Integración, creada el 12 de agosto de 1980, en la misma capital del Uruguay, para sustituir a ALALC, y con la Comunidad Andina, creada el 26 de mayo de 1969, por el Acuerdo de Cartagena, no han resultado exitosas, se pretendió reinventar la integración regional en América del Sur. Un primer paso fue la firma de la Declaración de Iguazú, del 30 de noviembre de 1985, entre Argentina y Brasil. El segundo y definitivo marco de creación del Mercosur ocu- rrió en el 26 de marzo de 1991, con la firma del Tratado de Asunción, al cual se sumaran Paraguay y Uruguay para la formación del Mercado Común del Sur.

Circunstancias históricas han dado a los sudamericanos la oportunidad de experimentar en la primera década del siglo XXI condiciones de cooperación jamás ocurridas en periodos ante- riores. Esto permitió que, junto con fuertes resistencias internas a la región e internacionales, se avanzara hasta la creación de la UNASUR2, la Unión de las Naciones Suramericanas, que comenzó a formarse a par tir de la Declaración de Cuzco, del 8 de diciembre de 2004, y se completó con el Tratado Constitutivo, del 23 de diciembre de 2008, en Brasilia.

En términos de una nueva arquitectura de las relaciones regionales y de enfrentamiento de los retos del desarrollo de la región, UNASUR es el acontecimiento más significativo de la historia local desde la independencia política de los países suramericanos en el siglo XIX. Algunos datos permiten evaluar el potencial del destino común de sus miembros.

2. Forman parte de UNASUR: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay, Venezuela. México y Panamá tiene estatuto de observadores. Se quedarán fuera de UNASUR la Guyana Francesa, que es un departamento de ultramar de Francia y las Islas Malvinas, Georgia del Sur y Sándwich del Sur que se encuentran bajo dominio británico.

Ya es realidad en UNASUR:

• El Consejo de Defensa Suramericano, creado en la Cúpula Extraordinaria del 15 de diciembre de 2008.

• El Banco del Sur, lanzado formalmente en Buenos Aires, en la reunión del 9 de diciem- bre de 2007 y con fecha para comenzar sus operaciones en este año de 2010.

Son metas de UNASUR:

• Un mercado común:

Con eliminación de tarifas para productos no sensibles hasta 2014 y para productos sensibles hasta 2019.

• Infraestructura de integración regional:

Con el proyecto “Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)”, que tiene, de inmediato, como objetivos principales, el corredor bioceánico y el año energético suramericano.

• La libre circulación de personas con la creación de la llamada “área de libre residencia con derecho al trabajo”.

Es parte del proyecto de integración suramericano la creación de una moneda común, objetivo para no perderse en el horizonte de la historia. Argentina y Brasil han dado un paso importan- te en ese sentido cuando en 2009 han consensuado que el comercio bilateral entre los dos paí- ses puede firmarse en moneda local, huyendo de esta forma a las imposiciones macroeconó- micas del dólar.

UNASUR sería un proyecto perfecto si fuéramos ingenuos y no consideráramos los enor- mes obstáculos a vencer para que se pueda logar una América del Sur unida, justa y demo- crática. Sabemos con José Mar tí que “quien dice unión económica,” dice mucho más, por lo menos “dice unión política”. Integración económica e integración política son los dos pies con los cuales tenemos que caminar. La carretera que nos llevará a la independencia com- pleta, con superación de la miseria material, de la exclusión social y política, con paz y liber- tad, es larga y llena de dificultades, pero tenemos algunas ventajas comparativas a considerar. Tenemos un potencial energético, que puede ser lo más grande del mundo si se considera las formas de energía renovables, tenemos agua dulce, tenemos biodiversidad, tenemos

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Nuevas bases para las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe

Países Población Área PIB PIB por

miembros millones 1.000 km2 millones habitante

de US$ US$

(2008) (2008)

UNASUR 12 386 17.715 4.224.900 10.995

tierras cultivables, tenemos recursos minerales, tenemos una extraordinaria proximidad lin- güística, tenemos vocación por el diálogo, somos un ejemplo de zona de paz, sin armas ató- micas, por fin, tenemos una población joven, llena de esperanza y disposición para mejorar sus condiciones de vida.

Hacer del consenso logrado en América del Sur una meta para toda la región de América Latina y el Caribe se presenta como la tarea más urgente y más desafiadora para nosotros como miembros de una comunidad aún más amplia, la Comunidad Internacional. Lograr realizar el ideal de la integración con desarrollo sostenible es la contribución más importante a la que podemos aspirar.

1. El relativo fracaso de la estrategia regionalista de la UE

El apoyo a la integración regional y subregional ha sido uno de los objetivos prioritarios que ha guiado las relaciones de la Unión Europea (UE) con América Latina desde prácticamen- te la década de los ochenta del siglo XX, inspirando tanto el diálogo político y la coopera- ción, como las relaciones comerciales a través de la firma de sucesivas generaciones de acuerdos de cooperación. Este apoyo a la integración ha sido, igualmente, el que ha marca- do la estrategia regionalista que la UE lanzó a mediados de los años noventa, en concreto, en 1994, por el Consejo de la UE y, especialmente, a través de la Comunicación de la Comisión “UE-América Latina. Actualidad y perspectivas del for talecimiento de la asocia- ción”, de 23 de octubre de 19951, y que, con algunas variaciones, ha venido caracterizando las relaciones birregionales hasta el presente. Ha sido, también, la base sobre la que se lanzó en la Cumbre América Latina y el Caribe-UE (ALCUE) de Río, en 1999, la Asociación Estratégica Birregional.

Esa estrategia ha descansado en tres grandes líneas, que pretendían apoyarse mutuamente: a) el diálogo político birregional y subregional; b) la cooperación regional y subregional, orientada principalmente a apoyar la integración; y c) la firma de acuerdos de asociación, orientados, tam- bién en principio, al apoyo a la integración.

La mencionada estrategia, más allá de descansar en el éxito de la propia experiencia integrado- ra europea, que se pretendía exportar a América Latina, respondía, en una medida importante, a los movimientos que en materia de libre comercio había empezado a realizar Estados Unidos,

1. Esta estrategia pretendía principalmente promover un diálogo político ampliado y la conclusión de acuerdos de cuarta gene- ración, que abriesen la puerta al establecimiento de áreas de libre comercio con los mercados emergentes de Mercosur, Chile y México, este último integrado ya en el TLCAN, mientras que para los países centroamericanos y andinos, menos atractivos económicamente y con menores niveles de desarrollo, se ofrecían acuerdos de tercera generación, ayuda finan- ciera y el Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG)-drogas (Arenal, Celestino del: “Los acuerdos de cooperación entre la Unión Europea y América Latina (1971-1997): evolución, balance y perspectivas”,Revista Española de Desarrollo y Cooperación,nº 1 (1997), pp. 111-138.

La nueva arquitectura de integración en ALC