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Facultad de Comunicación y Lenguaje 

FICHA TÉCNICA DEL TRABAJO

III. PRODUCCIONES TÉCNICAS O MULTIMEDIALES

8. Un punto de partida

No podemos pretender abarcar el significado del Islam basándonos sólo en aquello que vemos en las noticias. Los titulares indican que es una religión de fanatismo, odio y opresión. Pocas veces nos muestran qué hay detrás de los ataques suicidas, las denigrantes lapidaciones y una vestimenta que no deja ver más que los ojos de quien la porta. Preguntas tan sencillas como cuántos dioses tiene la religión, quiénes pueden practicarla y cuál es el lugar donde se congregan quedan sin respuesta en la mente de personas que, sin embargo, sí se sienten capaces de comentar lo que ven en los medios.

El primer paso hacia una reevaluación del Islam y de los prejuicios que tenemos sobre el tema es ir a su esencia y revisar su historia. ¿Qué hace a un musulmán distinto de los demás? Su fe en ese único Dios, Allah; su respeto por Mahoma, a quien ven como un mensajero, un profeta; su convicción de cumplir a cabalidad con los cinco pilares. El Corán, libro sagrado, es un manual de vida. Contrario a otras religiones, los musulmanes sienten que cada palabra ahí plasmada debe ser entendida al pie de la letra, sin mayor interpretación y sin remitirse a simbolismos.

Es entonces cuando toman un papel protagónico los imaginarios. ¿Qué tanto de aquello que creemos saber sobre el Islam es cierto? Cuando una idea se comparte en una sociedad y comienza a repetirse, inconscientemente se vuelve una “realidad”. Se convierte en una afirmación cuya validez no es necesario revisar, pues se asume que es evidente. Lo han escuchado tantas veces, y de la boca de tantas personas, que es imposible que todos se equivoquen sobre lo mismo. Ahí recae la dificultad de refutar los imaginarios.

La mejor forma de controvertir un prejuicio sobre una persona es escuchar de primera mano su opinión. ¿Quién puede saber más sobre su propia vida que quien la vive? Pero cuando se piensa que una mujer puede tener temor de hablar por ser castigada se generan dudas alrededor de lo que dice. Por eso es tan valioso tener testimonios de conversas; ellas no tienen razones para mentir o engañar: llevan esa vida por elección.

Los factores que conducen a una colombiana a abrazar la fe islámica son múltiples y diversos. Cada una está motivada por razones personales que van desde un vacío espiritual hasta un interés académico. Sin embargo, ese primer acercamiento con una religión desconocida es principalmente resultado de un fenómeno: la globalización. Sin ésta, sería menos probable que las personas pudiesen entrar en contacto con las creencias, costumbres y puntos de vista provenientes de lugares remotos. Sin los avances en las comunicaciones, jamás lograrían sentirse parte de una comunidad que trasciende fronteras. El Internet, por

ejemplo, es una herramienta esencial para que las colombianas conozcan el Islam y, en varios casos, para que entablen relaciones amorosas.

La globalización ha sido presentada como una occidentalización del mundo, como una imposición de la cultura del consumo y del capitalismo. Lo cierto es que el intercambio cultural no es unidireccional y oriente también ha influenciado a los países del otro hemisferio. El crecimiento de la población musulmana en América y Europa es sólo una pequeña prueba de ello.

Un resultado de los procesos de globalización es la creciente migración alrededor del mundo y cómo esta repercute en las sociedades donde se asientan los extranjeros. Los inmigrantes árabes en Colombia, y en especial en la Costa Caribe, han logrado crear una sólida comunidad que ha realizado aportes económicos, políticos y culturales al país. Habitantes de ciudades como Barranquilla, Cartagena y Montería reconocen sus apellidos, saben cuáles son sus negocios y admiran su destreza en el comercio.

Cuando se toca el tema de los musulmanes en la ciudad, los barranquilleros no dudan en apuntar a esos almacenes de telas que manejan los árabes. Esa creencia hace parte del imaginario de que los musulmanes son, por excelencia, árabes. Por eso vale la pena repasar la historia de la llegada de estos foráneos al país. ¿Quiénes eran? ¿Cuándo llegaron? ¿Qué religión profesaban? Sólo al dejar en evidencia que la mayoría eran cristianos se puede abrir espacio en la mente de las personas para que se hagan la siguiente pregunta: si los árabes que llegaron aquí no eran musulmanes, ¿de dónde vienen los practicantes del Islam que habitan en Colombia? ¿Es posible que algunos no guarden ninguna relación con los países de oriente?

A partir de entonces se pueden tomar los elementos comúnmente asociados con el Islam y evaluar su relación con la religión. Si son inherentes a esta, deberían hacerse extensivos en toda la comunidad musulmana, sin importar el país donde se encuentre. Uno de estos temas es el de la subordinación de la mujer, el cual ha sido objeto de estudio desde hace varios años en diferentes culturas, por lo que no se puede decir que sea algo propio de los musulmanes. El machismo es común alrededor del mundo y no hay que ir muy lejos para tener ejemplos. Basta con ver las noticias colombianas para encontrarnos con mujeres golpeadas, crímenes pasionales y niñas que han sido abusadas sexualmente por sus propios familiares. Pero nadie dice que los colombianos, específicamente y en una forma notoriamente superior al resto del mundo, sean machistas. ¿Por qué los musulmanes sí?

Abordar el tema de los estudios de género es importante para comprender que los roles que se asignan a cada sexo en una sociedad no solo están dictaminados por las instituciones, en este caso la religión, sino que se construyen a partir de los significados que les atribuye la sociedad en el día a día. Es por eso que

cambian, se transforman, mutan de país a país y no necesariamente de culto a culto. Muchas de las injusticias contra la mujer que atribuimos al Islam en realidad están fundamentadas en prácticas culturales, en varios casos pre-islámicas. Entenderlo es un paso importante hacia la aceptación de la religión y de sus fieles. Además, tendemos a creer que todo lo que sucedió bajo el régimen talibán se extendió en todos los países árabes, cuando Afganistán ni siquiera es considerado como tal.

Por eso resulta relevante dar también una mirada a los árabes, en especial al papel de la mujer en esa cultura. ¿Cómo comprender la situación de la musulmana, aislada de toda influencia externa, sin entender la de la mujer en el mundo árabe? Sólo al conocer las características y roles que la cultura arábiga le asigna a cada género, de forma independiente a la fe que profesen, podemos separarlos de los dictámenes del Islam.

El tema de género no está muy desligado del de los espacios. Es cierto que a través de la historia se le ha asignado al hombre una mayor preponderancia en el ámbito público y a la mujer en el privado. No obstante, esto no implica una jerarquía de uno sobre el otro. Las actividades desempeñadas en ambos son importantes y cada día se hace más difícil determinar qué le corresponde a quién. Muchas veces he escuchado decir a mujeres en tono de broma: “¿A quién fue la bruta que se le ocurrió eso de la liberación femenina? Ahora además de encargarnos de las tareas del hogar y de criar a los hijos, debemos aportar económicamente”. No obstante, piensan que las musulmanas son mantenidas y, por tanto, sumisas.

Espero que esta reflexión, basada en el marco teórico y conceptual que la precedió, sirva como punto de partida para comprender el por qué del trabajo periodístico que les presento a continuación y para ver una realidad distinta a la que estamos acostumbrados. Desde nuestro punto de vista, los musulmanes que habitan en nuestro país constituyen un “otro” que, por sus diferencias, tiene mucho que aportarnos. Demos ahora una mirada a Allah desde los ojos de una mujer, pero no desde los de una extraña, sino desde los de alguien que fue criado con las mismas costumbres y creció bajo la misma cultura que nosotros: una compatriota.

9. La Barranquilla de Allah: entre la religión y la cultura