III. GÉNEROS TEXTUALES
3.1. Puntos de vista sobre los géneros textuales
Para definir un género por medio de la relación texto y contexto, los lingüistas recurren a tres criterios: el lugar de pertinencia y función social de las prácticas sociales, el plan de organización discursiva y el grado de generalidad de las propiedades. En efecto, cuando se revisa las varias investigaciones contemporáneas en ciencias del lenguaje (Adam 1999; Beacco 1992b & 2004; Bhatia 1997 & 2002; Ciaspuscio 2005b; Halliday & Hasan 1989; Rastier (1998, 2000, 2001a, 2004); etc.), aun cuando pertenecen a líneas de fundamentos epistemológicos divergentes, estudios de textos diferentes y a tradiciones culturales
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distintas, encontramos que tratan el objeto género centrándose en el análisis de las relaciones de codependencia entre las entidades discursivo-lingüísticas y su entorno externo.
En otros términos, ponen de relieve la problemática de los géneros textuales, en tanto que instituciones de habla a través de las cuales se produce la articulación de los textos orales o escritos y de las situaciones en las que éstos surgen; aunque vale anotar que unas de sus diferencias yacen en cómo conciben el contexto, la “situación” y por ende el texto. Por otro lado, coinciden en decir que la noción de género se utiliza para categorizar textual y discursivamente varias actividades y prácticas sociales, es decir, que hace parte de las formas de ritualización de comportamientos, de maneras de hacer y de decir social e institucionalmente aceptadas. Estas consideraciones pueden ilustrarse con algunas definiciones preliminares.
Iniciemos con Bakhtine (1984), cuyos escritos han sido sometidos a distintas interpretaciones. Este autor nos ofrece una referencia teórica para justificar aproximaciones incluso divergentes sobre la cuestión de género. En esta cita, encontramos enunciados los criterios que hemos mencionado:
“La richesse et la variété des genres du discours sont infinies car la variété virtuelle de l'activité humaine est inépuisable et chaque sphère de cette activité comporte un répertoire des genres du discours qui va se différenciant et s'amplifiant à mesure que se développe et se complexifie la sphère donnée. Les domaines de l'activité humaine, aussi variés soient-ils, se rattachent toujours à l'utilisation du langage. Quoi d'étonnant si le caractère et le mode de cette utilisation sont aussi variés que les domaines eux-mêmes de l'activité humaine, ce qui n'est pas en contradiction avec l'unité nationale d'une langue. L'utilisation de la langue s'effectue sous forme d'énoncés concrets, uniques (oraux ou écrits) qui émanent des représentants de tel ou tel domaine de l'activité humaine. L'énoncé reflète les conditions spécifiques et les finalités de chacun de ces domaines, non seulement par son contenu (thématique) et son style de langue, autrement dit par la sélection opérée dans les moyens de la langue - moyens lexicaux, phraséologiques i1) et grammaticaux - , mais aussi et surtout par sa construction compositionnelle. Ces trois éléments (contenu thématique, style et construction compositionnelle) fusionnent indissolublement dans le tout que constitue l'énoncé, et chacun d'eux est marqué par la spécificité d'une sphère d'échange. Tout énoncé pris isolément est, bien entendu, individuel, mais chaque sphère d'utilisation de la langue élabore ses types relativement stables d'énoncés, et c'est ce que nous appelons les genres du discours”. (Bakhtine: 1984: 265).
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Rastier (2001a, 2004), para quien el contexto es el intertexto definido por el trayecto interpretativo18 del lector de un texto, invierte la formulación clásica según la que un texto
pertenece a un género, puesto que un texto contiene las características que determinan su género, es decir, en el título, en su léxico, en su modo organizacional entre otros elementos. Y define un género de la manera siguiente:
“Le genre se définit à la fois par son appartenance à un domaine, par son contexte externe de communication (support, édition auxquels correspond un public), par son insertion dans des sur ensembles d'objets sémiotiques (le titre d'un article hérite des informations du titre de la revue ou du numéro où il s'insère) et par sa structure interne (l'article théorique n'a pas la même structure que le texte empirique). La longueur, la structure du paragraphe diffèrent selon les genres. Le genre détermine ainsi un mode de régulation du contexte interne et externe (textualité et intertextualité). Il permet enfin au texte écrit de rester compréhensible, alors même que la situation qui lui a donné naissance, ou du moins prétexte, a disparu sans retour. ” (Rastier, 2004: 125)
Para Beacco (1992, 1995a, 2004), el análisis de discurso busca articular unas formas discursivas a unos lugares de dimensiones más amplias que aquellas de una situación de enunciación, artefacto de naturaleza lingüística desprovisto de características sociales. A la noción de género asocia la noción de “comunidad comunicativa y discursiva”, lugar institucional que predispone las prácticas textuales a la vez que éstas lo estructuran:
“Dans un tout autre secteur des sciences du langage, le genre apparaît non comme un conditionnement ultime et neutre de l'écriture mais comme un trait constitutif d'une communauté de locuteurs. (…) Les genres constituent donc une typologie culturelle active en ce qu'ils permettent d'identifier les membres d'une communauté de communication sur la base de leurs prestations langagières, légitimes ou non au sein du groupe.” (Beacco, 1992b: 11)
Advierte que dadas la especialización de las actividades profesionales a la vez que las otras diversas actividades llevadas en el seno de una comunidad como fuera de ella, se presenta una multiplicación de sub-grupos, sub-comunidades con competencias y comportamientos comunicativos diferenciados y por consiguiente, unos constreñimientos textuales para
18 Un trayecto interpretativo se encuentra definido de la siguiente manera: “un parcours interprétatif est une suite
d’opérations permettant d’assigner un ou plusieurs sens à un passage ou à un texte. (Rastier, glosario-index de las
nociones, 2001a: 301)”. Recordemos que al defender una semántica interpretativa, este autor confiere al género un carácter operatorio con el fin de responder a la necesidad de construir unos bancos de datos textuales y a las exigencias de una lingüística de corpus, y por tanto, construir unas categorías semánticas adaptables al tratamiento informático.
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producir sus textos, que fluctúan entre rituales estrictos hasta otros más fluidos e incluso modificados, para responder a nuevas necesidades y/o gestiones comunicativas utilitarias (Beacco, 1995a).
Este potencial dinámico e innovador de los géneros institucionalizados para transmutarse en nuevas formas y responder a las necesidades comunicativas y discursivas, que tienen miembros de unas comunidades discursivas con el fin de adaptar sus estrategias comunicativas y cognitivas a contextos pluridisciplinarios, lo destacan otros lingüistas, convocados aquí. Por ejemplo, Bhatia (1997) lo enuncia de la siguiente forma:
“It is worth pointing out some of the important features which characterise these competing frameworks. The first one is the emphasis on conventional knowledge, which gives individual genres their integrity and all the three frameworks consider this as central to any form of generic description. The second one is the versatility of the generic descriptions, and the third one, though it may appear to be somewhat contradictory to the first one, is the propensity for innovation, which comes from the essentially dynamic nature of genre.” (Bhatia, 1997: 630)
Ahora bien, podemos avanzar que dado el fundamento epistemológico que las particularizan, cada una de las orientaciones contemporáneas aborda esta problemática de género, texto y contexto según unas líneas de reflexión que oscilan entre la tradición lógico-gramatical y la tradición retórico-hermenéutica. Según Rastier (2001a), la primera orientación, lógico-gramatical, se preocuparía más por el signo, la proposición-enunciado, el contexto como elemento extra-lingüístico y los invariantes. La segunda, la tradición retórico-hermenéutica se interesaría más por el texto en la que prevalece la concepción del lenguaje como comunicación y el sentido como una co-construcción entre sujetos socio- históricos.
Además, las orientaciones que pertenecen a esta segunda línea de pensamiento tienden más en inscribirse en una dimensión praxeológica, es decir, las relaciones entre discurso, comunicación y acción. Último motivo que podemos evocar es que a diferencia de la primera línea de pensamiento en la que el género tiende a jugar un papel secundario - lo local con las unidades textuales secuencialmente ligadas determina lo global -, la segunda confiere un papel preponderante al género en la realización textual como en su
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interpretación. Con el fin de determinar cuál orientación es más acorde con nuestro objetivo, y rigiéndonos por los tres criterios definitorios, veamos cómo algunos de ellos encaran la noción de género en su relación texto-contexto, a sabiendas de que sus teorías se enriquecen y matizan con el tiempo.
El campo descriptivo relativo a las características formales y composicionales de los géneros es sin duda el más común, y a menudo encuentra su aplicación en el mundo didáctico de la lengua materna como extranjera. Se encuentra uno de sus más representativos exponentes en la perspectiva lingüística textual19 de Adam (1990, 1993,
1997a, 1999). Este teórico la denomina “pragmática textual”, en el sentido de que es un “sous-ensemble du plus vaste domaine de l’analyse des discours”, una lingüística al servicio del análisis del discurso. Adam (1990) propone la hipótesis siguiente acerca de la noción de género:
“Mon hypothèse est que les genres sont probablement des codes “seconds” par rapport aux principes de régularité transphrastique que je choisis d’aborder. Les genres relèvent de toute façon, d’un domaine extra-linguistique”. (Adam, 1990: 49)
En su modelo teórico, se observa que al ubicar los géneros en lo extra-lingüístico, transpone los géneros segundos de Bakhtine así como la noción de “enunciado” que interpreta para designar aquella de “texto” o “secuencia textual” evacuándola de toda discursividad20. En
relación con esta concepción del género, el texto se define como “un objet abstrait
résultant de la soustraction du contexte opérée sur l’objet concret (discours)” (Adam,
19 “Pour la linguistique textuelle que je développe depuis une dizaine d’années, un texte est formé par la combinaison-
composition d’unités élémentaires et il s’agit de décrire et de théoriser une compositionnalité qui doit être approchée par niveaux d’organisation et de complexité. […] La linguistique textuelle ne prétend pas que ces niveaux d’organisation définissent à eux seuls et régissent de façon autonome l’unité interactionnelle complexe et toujours singulière qu’est un texte. […]. En d’autres termes, aux contraintes générales qui mènent des propositions à l’unité texte, il faut ajouter des contraintes qui sont, à la fois, celles de l’interaction en cours, avec ses paramètres situationnels et psychosociaux […], celles de la langue choisie et celles enfin des genres discursifs [...].” (Adam, 1999: 18)
20 Introduce la noción de “finalidad ilocutoria del macro-acto” de un texto como por ejemplo en la enunciación del
discurso lógico, o del discurso teórico-científico. Dice: La visée illocutoire globale définit tout texte comme ayant un but
(explicite ou non): agir sur les représentations, les croyances et/ou les comportements d'un destinataire (individuel ou collectif). (Adam, 1993:20). Por otro lado, podemos añadir que orientaciones como la de Adam recurren a “huellas”
lingüísticas de las operaciones enunciativas compatibles y combinables en una serie de textos que sólo colorean lingüísticamente algunos segmentos y les confieren una suerte de identidad genérica. Por ello, siguiendo a Beacco “À ce
point, le genre retombe décidément du côté du linguistique, en tant que cadre d'identification de l'investissement de la langue par l'énonciateur, par le truchement de normes d'interaction propres à une communauté communicative.”
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1990:23), definición que se ha matizado en sus últimos escritos21. En efecto, el autor (1993,
1997a, 1999, 2004, 2008) revisa levemente su pragmática textual para integrarla más a un análisis de discurso.
En Adam (1993, 1997a), precisa su concepción de texto en tanto que “configuración
ordenada de módulos o subsistemas en constante interacción”. Distingue cinco planos de la
organización textual. Los tres primeros corresponden a la organización pragmática del discurso (señalada por (A) en el esquema recapitulativo presentado abajo), que denomina “módulo de gestión de la conducta lingüística”, mientras que los dos últimos dan cuenta del texto en tanto que serie no aleatoria de proposiciones (B). La organización pragmática, responsable de la cohesión y coherencia textual, consta de tres componentes:
(i) semántico y referencial que remite a la representación de los mundos y asegura la cohesión semántica del texto (A3);
(ii) enunciativo que remite a fenómenos de anclaje de las huellas situacionales del acto lingüístico (marcas deícticas, por ejemplo) y responsabilidad enunciativa (focalización, polifonía y modelización) (A2);
(iii) ilocutorio constituido por actos lingüísticos locales portadores de valor y fuerza ilocutorias (prometer, predecir, interrogar, etc.) (A1).
En el plano textual responsable de la cohesión y conexidad, se configuran los dos otros componentes, aquellos de la estructura transfrástica y de la estructura composicional, las cuales dan cuenta de la articulación de una gramática frástica con una gramática textual (B). En el primero, la textura frástica se efectúa en el plano microlingüístico, es decir, morfosintáctico y léxico-semántico mientras que en el plano macrolingüístico, se encadenan y conectan las frases configurando la textura transfrástica (B1). Esta capa de
21 Retomemos dos citas que ilustran lo dicho; la primera en Adam (1999:32) “La linguistique textuelle a pour tâche de
décrire les principes ascendants qui régissent les agencements complexes mais non anarchiques de propositions au sein du système d’une unité TEXTE aux réalisations toujours singulières. L’analyse du discours […] s’attarde quant à elle prioritairement sur la description des régulations […] entre la dimension proprement sociodiscursive des faits de discours et les faits de langue, nous donnerons une place à la théorie des agencements compositionnels et aux outils descriptifs macrolinguistiques qui sont élaborés dans le champ de la linguistique textuelle.” Y, la segunda en Adam
(2008:30) “La formule “texte=discours-contexte/conditions de production” doit être écartée aujourd’hui pour deux
raisons. D’abord parce qu’elle laisse entendre une opposition et une complementarité des concepts de texte et de discours alors qu’il s’agissait de dire que ces deux concepts se chevauchent et se recoupent en fonction de la perspective d’analyse choisie.”
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texturas llega a constituirse el plano de las formas de la estructuración textual (B2), dando lugar a la composicionalidad de los prototipos de secuencias textuales y los planos textuales más o menos estabilizados.
En efecto, la composicionalidad de una secuencia, que sea descriptiva, narrativa, explicativa o argumentativa, concierne el periodo de un conjunto de proposiciones reagrupadas en unas macroproposiciones, las cuales, por sus estructuras prototípicas, a su vez, se reagrupan en una unidad de secuencia (Adam, 2001: 18). Por “prototípicas”, el autor refiere al esquema mental manifestado por las regularidades micro y macrolingüísticas que permiten identificar una secuencia descriptiva o narrativa. No obstante, tal como lo anota el autor, los enunciados empíricos catalogados de descriptivos o explicativos no corresponden integralmente a aquellos que los esquematizan (Adam, 1993: 29-30). Es la dificultad que siempre ha presentado el hecho de delimitar una realidad diversa y viva en prototipo o estereotipo, esto es, en un grado excesivo de generalidad.
Ahora, estas secuencias textuales se configuran en el plan del texto, la estructura más o menos canónica de un texto que nos permite identificar un artículo científico o periodístico, una receta, un manual de instrucción o un poema. Es esta configuración de unidades secuenciales que confieren a los textos su carácter de heterogeneidad a la vez que un efecto de dominante bien sea narrativo, argumentativo o dialogal. Por tanto, la organización secuencial de la textualidad en su variabilidad constituye la base de la tipología genérica para la pragmática textual (Adam, 1993: 26). Se constata a raíz de esta breve presentación del modelo conceptual del texto que, efectivamente, lo local desde los elementos microlingüísticos hasta las macro-unidades textuales determina por adición y de modo extensional lo global. A continuación, presentamos un esquema sinóptico de la topografía textual de Adam:
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Tabla 3.1. La topografía textual según Adam
Discurso (“formaciones discursivas”)
↓
Formaciones sociolingüísticas ↔Interacción social ↔acciones lingüísticas
↓
Géneros y sub-géneros de discurso
↓ Enunciados ↓ Valor y fuerza ilocutorias (actos lingüísticos) (A1) Enunciación (anclaje situacional y responsabili dad enunciativa) (A2) Cohesión semántica (mundos representados) (A3) Conexidad: Textura frástica y transfrástica (B1) Secuencialidad: Estructura composicional y planos de los textos (B2) Configuración Pragmática: coherencia y cohesión
(A)
Configuración textual: conexidad y cohesión de series
de proposiciones (B)
↓
Texto
Ahora, para Adam, el dilema es conciliar la complejidad específica de un texto y los hechos de regularidad plasmados en las secuencias descriptivas, narrativas, argumentativas o explicativas, puesto que “un texto se compone de relaciones de acciones, eventos, de
pensamientos” (Adam, 1999: 81). Su dilema yace en hablar de tipos de texto, esto es, de
géneros. Para este autor, los géneros que emanan de una formación discursiva – concepto tomado de Foucault y reelaborado en tanto que espacio de intercambio entre diversos discursos – pueden estudiarse como conjunto de enunciados más o menos estables.
Desde Adam (1990, 1992) hasta Adam (2001, 2004), el autor ha insistido en la doble necesidad de partir de la complejidad y heterogeneidad de los hechos discursivos empíricos y a la vez reflexionar sobre los prototipos. No se puede pretender, insiste Adam (2001), establecer una lista cerrada ni tampoco estable para categorizar todos los textos en tipos. En
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su acercamiento, los tipos, como lo hemos reportado, se aplican preferiblemente a secuencias textuales relativamente cortas y no a textos tomados en su conjunto22.
Por ello, los géneros empíricos se encuentran a menudo como una combinación de secuencias que corresponden a unos tipos textuales organizados según procedimientos de puesta en paralelo, imbricación, consecución y de modo jerárquico. No obstante, no se puede negar que la secuencia argumentativa o narrativa, tal como las describe Adam, no es sino un artefacto metodológico, un espejismo estructural de lo que son los textos reales, heterogéneos e híbridos, tal como él mismo tiende a admitirlo. Adam (2001: 15-16) propone para su teoría de los géneros apoyarse en cuatro principios:
(i) Admitir la extrema variedad de los géneros: a la variedad sincrónica de las diferentes prácticas socio-discursivas hay que considerar la diacrónica. Los géneros se transforman y pueden desparecer con las formaciones sociales de las que dependen.
(ii) Admitir la indeterminación de los hechos parecidos: se recurre a una definición prototípica no para excluir “casos textuales dudosos” sino para disponer de un haz de rasgos convergentes que permite reagrupar hechos semejantes.
(iii) Admitir el valor normativo de los géneros: son convenciones dependientes de dos principios a la vez complementarios y contradictorios. El primero es aquel de la identidad, calificado de fuerza centrípeta, que los determina desde la tradición, la repetición y la reproducción; por ello, están regidos por un núcleo de reglas normativas. El segundo, aquel de la diferencia, referido como fuerza centrífuga, está abierto hacia el futuro y la innovación; las reglas normativas se encuentran modificadas y adaptadas por
22 La justificación de ello se encuentra formulada en la siguiente cita: «Mon hypothèse est la suivante: les types
relativement stables d'énoncés et les régularités compositionnelles observables ne sont que des régularités séquentielles. Les séquences élémentaires semblent se réduire à quelques types élémentaires d'articulation des propositions. Dans l'état actuel de la réflexion, il me paraît nécessaire de n'ajouter aux séquences prototypiques narrative et argumentative citées plus haut que les séquences descriptive, explicative et dialogale. Je suis tenté de parler de séquences prototypiques dans la mesure où les énoncés que l'on range dans la catégorie du récit ou de la description, par exemple, ne s'avèrent généralement pas tous représentatifs au même titre de la catégorie en question. C'est par référence à un prototype narratif, descriptif ou autre, qu'une séquence peut être désignée comme plus ou moins narrative, descriptive, etc. Les textes réalisés se situent sur un gradient de typicalité allant d'exemples qui vérifient l'ensemble de la catégorie définie à des exemples périphériques, qui ne sont que partiellement conformes.» (Adam, 1993: 29-30)
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y a las nuevas necesidades de los usuarios. Además, esta fuerza centrífuga abre el texto