El primer psicólogo importante fue Sigmund Freud, que investigó la naturaleza instinti- va del ser humano, el inconsciente. El segundo fue Carl Gustav Jung que explicó la psi- que de una manera mucho más compleja: el subconsciente, los arquetipos ( Anima, Animus, etc.) y el mundo de los sueños. El tercero en la lista fue Roberto Assagioli que
definió al ser humano como una entidad espiritual y que, a comienzos del siglo XX, era el único en afirmar que todo ser humano tiene una voluntad libre que lo capacita para ayudarse a sí mismo. Esto hizo que fuera atacado, perseguido, denunciado, encarcela- do y también pasado por alto por muchos psicólogos posteriores.
Bruno y Louise Huber fueron colaboradores personales de Assagioli durante tres años en Florencia y allí aprendieron su método psicológico. De ahí que la psicosín- tesis sea la base principal del método Huber y aparezca en muchas áreas de éste. Esto se ve en diferentes postulados básicos como:
- «Debemos desarrollar una psicología propia para cada persona...», frase de Roberto Assagioli que Bruno Huber llevó más lejos:
- «... y la reconocemos en el horóscopo individual».
- «La voluntad central libre, el yo superior, se encuentra en el centro del horóscopo». - «Todo ser humano tiene una tarea de desarrollo individual».
- «El único objetivo aceptable es incrementar la libertad de la persona».
7.1. El huevo de Assagioli
Esta representación conceptual contiene todas las áreas del ser humano investigadas hasta 1940 y muestra la voluntad del individuo, de dónde viene y cómo actúa. A partir de la luz del yo superior, en el núcleo de la personalidad surge la luz de la conciencia (el yo) que, animada por una tarea indi- vidual, dirige los acontecimientos de la vida de la persona.
1. Inconsciente profundo 2. Inconsciente medio 3. Inconsciente superior 4. Campo de conciencia 5. Yo (yo consciente) 6. Yo superior 7. Inconsciente colectivo
El modelo conceptual de Assagioli divide la personalidad en tres zonas del incons- ciente que no deben confundirse con los tres niveles de cuerpo, psique y mente, pues cada una de estas zonas tiene los tres niveles. Además, el inconsciente colec- tivo (que Jung situó exclusivamente debajo) se define como rodeando a toda la per- sona, pues las imágenes guía colectivas que provienen de arriba entran en el incons- ciente superior y no son lo mismo que los arquetipos del inconsciente profundo. La psicología astrológica contempla al yo con su campo de conciencia como una uni- dad móvil que puede trasladarse de un planeta del yo a otro a la velocidad del rayo. Esto sucede mediante la capacidad de identificación con uno de los tres centros del yo de los tres niveles de la existencia. Normalmente no nos damos cuenta cuando cam- biamos de uno a otro porque continuamos siendo el yo consciente. No obstante, desde el punto de vista psicológico, en cada actividad y en cada parte de la personalidad que se muestra hacia fuera participan y son observables los tres niveles.
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7.2. El yo del ser humano
El yo se confirma a sí mismo mediante actividades conscientes simultáneas, conse- cutivas o paralelas en los tres niveles (corporal, psíquico y mental). Primero se refuerza mediante la confirmación real de sus efectos en el entorno y aspira a satis- facer sus diferentes necesidades: seguridad, existencia, poder, éxito, amor, libertad... Una vez que estas necesidades están saludablemente cubiertas, empieza a plan- tearse cosas más elevadas, a formularse preguntas sobre el sentido de la vida, a ocuparse de cuestiones inexplicables o invisibles y a interesarse por las verdades espirituales. Así se abre una puerta de acceso a dimensiones superiores que están relacionadas con los tres planetas espirituales. Lo llamamos «ámbito de acceso a la espiritualidad» un espacio al que sólo podemos acceder cuando el yo tripartito ha logrado un cierto grado de integración de la personalidad.
Este proceso tiene lugar una y otra vez en la vida pues, con la edad, la personalidad se expande cada vez más. Siempre surgen nuevas necesidades, deseos y conoci- mientos que el yo debe integrar en la personalidad. Y, una y otra vez, pasan el exa- men de los planetas espirituales con su efecto intensificador y, a veces, tremenda- mente poderoso.
7.3. El crecimiento del yo gfd gfd
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Cuando traspasamos nuestros límites crecemos momentáneamente pero después debemos regresar a nuestro nivel real. El peligro de creer que hemos cubierto el ideal es muy grande y con el tiempo sabemos que después sigue el desmoronamiento de la personalidad. Sencillamente debemos admitir que no hemos alcanzado el nuevo ideal. De esta manera el yo se vuelve cada vez más humilde y nosotros vamos tomando con- ciencia lentamente de las imágenes guía o de los ideales que nos impulsan.
Los tres planetas espirituales intentan constantemente que nuestro yo tome concien- cia de sus dimensiones proporcionándonos visiones, ideales, intuiciones, experien- cias repentinas y sucesos imprevisibles. O bien intensificando e hinchando demasia- do su correspondiente yo. La forma en que manejemos esta situación es una indica- ción clara del grado de fortaleza de nuestro yo. Esto es lo que normalmente sucede pero si purificamos nuestro yo siendo auténticos con nosotros mismos e intentando obtener un conocimiento cada vez mayor de nuestra personalidad, las cosas no tie- nen por qué suceder así. No es necesario destruir el llamado «pequeño yo» ni des- hacerse de él: si se hace grande y voluminoso, se vuelve más transparente.
Los planetas espirituales nos conducen al altruismo porque no tienen ego. Los efec- tos negativos se producen sólo por la resistencia de nuestro yo inmaduro.
7.3.1. El desarrollo de Urano a Saturno
En la conciencia saturnina aspiramos a tener un mayor control y una mayor seguridad. Urano nos da unos conocimientos y una comprensión de las cosas que nos hacen sentir más seguros. A veces, intuitivamente, sabemos cómo funciona una persona o una cosa y, en cierto modo, podemos predecir qué pasará. Sabemos exactamente qué pensará el otro y decimos algo para que cambie su forma de pensar y actúe de otro modo. Así contro- lamos la situación y podemos manipular a los demás hasta que las situaciones creadas se complican y se producen fallos.
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Repentinamente, todo se descubre y peligra la falsa seguridad que habíamos crea- do con nuestro intelecto, una seguridad surgida de la ilusión de que teníamos todas las respuestas. Quizás, esporádicamente, hayamos percibido mucho antes a Urano diciéndonos que pronto se produciría un gran estruendo. Pero sólo le hacemos caso después de varias experiencias dolorosas (aprendemos del dolor). Esto significa que Saturno, que siente el dolor y el shock, ha madurado. Para esto debemos mejo- rar nuestra comprensión de la diferencia entre la lógica de la experiencia y el saber de una intuición. Es algo parecido al hecho de que cuando conocemos muy bien a alguien, solemos saber lo que piensa pero, a veces, verdaderamente podemos leer su pensamiento.
Antes de sacar conclusiones definitivas, un Saturno maduro siempre se asegura
de contrastar sus suposiciones o intuiciones con la realidad. De esta manera afron- ta el riesgo de estar completamente equivocado pero no debe sufrir ninguna situa- ción de descalabro total.
Mediante la intuición, Urano lleva a Saturno de la seguridad externa a la seguridad interna y le abre nuevas dimensiones. Urano ayuda a Saturno a superar los miedos mediante la unión con lo más grande, aportando más fluidez.
7.3.2. El desarrollo de la Luna a Neptuno
Con la conciencia lunar aspiramos a lo que nos resulta agradable y simpático. Neptuno nos da la capacidad de entrega y una profunda comprensión de la naturaleza de nuestros sentimientos, lo que nos permite amar (o ser amados) más intensamente. A menudo, creemos amar completamente a una persona sin conocerla suficientemente y nos imaginamos lo maravilloso que podría ser vivir juntos. Nos volve- mos desinteresados y aparentemente nos identificamos por comple- to con ella, comprendiéndola totalmente y dándole todo lo que le gusta o necesita. Hasta que pequeños detalles empiezan a hacernos ver que, en realidad, la otra persona necesita cosas diferentes de las que pensábamos y le podíamos dar.
Poco a poco crece en nosotros el sentimiento de que, en realidad, esa persona no nos ama pero lo reprimimos una y otra vez hasta que nos resulta innegable. El amor desaparece y nos quedamos dolorosamente solos para percibir de nuevo nuestros deseos y necesidades. Muchas veces hemos creído satisfacer los deseos del otro sin darnos cuenta de que, en realidad, lo que hacíamos era proyectar nuestros deseos no expresados. Aprendemos a diferenciar entre los sentimientos que damos a los demás por amor y los momentos en que realmente fluye el verdadero
amor.
Una Luna madura mantiene el equilibrio entre dar y tomar porque ha aprendido a percibir correctamente sus deseos y a expresarlos. De esta manera mantiene el flujo de sentimientos en movimiento y respeta las oscilaciones del estado de ánimo en las que el amor está presente unas veces más y otras menos.
Neptuno quiere que la Luna tenga experiencias místicas que le proporcionen una profunda alegría que no dependa de otras personas ni de las circunstancias exter- nas. A través del amor divino, Neptuno da a la Luna un sentimiento de seguridad que se percibe como luz y sintiéndose amado interiormente.
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7.3.3. El desarrollo del Sol a Plutón
Con el Sol aspiramos al autoconocimiento, la autonomía y el control de la personalidad. Plutón nos recuerda que somos un ser divino y a través de la visión interior nos muestra cómo sería el ser humano perfecto. A veces sentimos una energía enormemente intensa en nuestro interior con la que nos sen- tiríamos capaces de cambiar el mundo. Entonces tendemos a exagerar y afirmamos poder hacer cosas que, en realidad, no podemos hacer o ser de una manera que, en verdad, no somos. Asimismo tenemos también la capacidad de ver en el interior de los demás y reconocer sus motivaciones.
Para no tener que reconocer nuestras insuficiencias, ponemos de manifiesto las motiva- ciones erróneas y los fallos de los demás. Después tenemos consideración y tomamos las precauciones necesarias, pero si nos decimos: «Prefiero no decirlo, de lo contrario se derrumbará», en realidad nos estamos poniendo por encima de los demás. El bumerán regresa dolorosamente cuando nos damos cuenta de que los demás no nos toman en serio y que las cosas son diferentes a como querríamos. O cuando descubren que tan sólo estábamos fanfarroneando. Esto nos hace más humildes y más sinceros a la hora de presentarnos ante los demás, pero no debemos caer en el error de hacernos más pequeños de lo que realmente somos. Esto sería otro de los efectos subliminales de Plutón, que quiere mostrarnos que sólo somos una parte del Gran Todo.
Un Sol maduro acepta la responsabilidad por toda la personalidad, describe las capacidades y los puntos débiles de ésta objetivamente y declara sus propósitos de manera precisa (publica su tarifa). Soporta bien estar a veces «fuera de la fila», estar solo o no formar parte; esto ya no le supone un derrumbamiento y raras veces se deja influenciar por los demás.
Plutón le da al Sol la confianza en su propia grandeza, su propia fortaleza y lo esti- mula a crecer más allá de los límites del intelecto. Plutón le enseña a concentrarse en lo esencial y a integrar la voluntad personal en la Voluntad divina.
7.4. La botella de Huber o el ánfora
El ánfora muestra la constitución del ser humano y del cosmos en el que éste se de- sarrolla. En la parte abombada está la personalidad con sus tres niveles y fuera sólo está el espacio físico y mental. Nacemos con un cuerpo que, mediante la percepción sensorial reconoce el entorno y debe aprender a dominar el mundo físico. También nacemos con un cuerpo mental que irradia conciencia y debe aprender a conocer el mundo del pensamiento.
A través del registro mental consciente de las percepciones corporales (sensaciones), en el centro surge una valoración subjetiva de si la experiencia ha sido buena-agrada- ble o mala-desagradable para nosotros. Cuando somos pequeños, el ánfora es como un tubo de ensayo en el que la parte abombada va tomando forma a medida que vamos teniendo experiencias. Las vivencias desagradables, a menudo dolorosas e incluso traumáticas, que se repiten permanecen en el cuerpo convirtiéndose en emo- ciones. Éstas son difíciles de controlar porque se encuentran por debajo del nivel de conciencia y actúan automáticamente como los impulsos que sirven para la autocon- servación. Las emociones están controladas hormonalmente. Lo que, como máximo, podemos hacer con ellas es reprimirlas o evitar el suceso que las desencadena.
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Las experiencias elevadas al nivel de conciencia que hemos recibido, reflejado o acep- tado se convierten en sentimientos. Los sentimientos sí podemos manejarlos y cambiar- los con el pensamiento, de ellos surgen las imaginaciones, las fantasías y los deseos. Las emociones y los sentimientos son pues espacios interiores subjetivos que surgen en el ser humano allí donde el espacio mental se encuentra con el espacio físico. Este mundo interior que también se conoce como psique o cuerpo astral no existe en la naturaleza. Es una creación de la raza humana, que contiene un gran potencial en posi- bilidades creativas pero que también ocasiona muchos problemas como la proyección y la fascinación. Éstas suceden, gráficamente hablando, porque la Luna pendula hacia fuera y en la pared de la botella experimenta una distorsión. El yo lunar, el polo de con- tacto en nosotros, proyecta sus sentimientos en la pared de sus límites individuales, simbólicamente en la pared del ánfora que lo refleja todo de forma borrosa.
En realidad la Luna debería permanecer en el medio del ánfora, pues los tres yo cuel- gan de una especie de cuerda que se llama el hilo de la vida o la chispa divina, median- te la que están permanentemente unidos entre sí. Cuando la Luna se sale de esta línea central, Saturno, que como pesa de plomo debería tensar la cuerda, se ve sacado de su seguro punto de anclaje en el vértice inferior del ánfora y tiene miedo. Como conse- cuencia, toda la personalidad se siente insegura y surgen las emociones. Cuando el Sol se orienta en algún tipo de pensamiento fanático o en autoridades externas, también se sitúa fuera del centro autónomo y se produce el mismo efecto.
El desarrollo requiere que alineemos los tres yo y, de este modo, podamos estar en el centro de nuestra personalidad antes de avanzar por el estrecho camino del cue- llo de la botella, que normalmente está cerrado con un corcho. El inicio de la mar- cha por este camino lo puede desencadenar Neptuno mediante el amor o Urano, ampliando nuestros conocimientos y abriéndonos las puertas a nuevas dimensio- nes. La aspiración de saberlo todo, de comprender lo inexplicable conduce al ser humano al estudio de diferentes métodos esotéricos, orientaciones religiosas y téc- nicas de meditación. Todas estas disciplinas tienen, en realidad, la misma meta: cre- cer por el hilo interior para convertirse en un ser humano perfecto. Pero para lograr- lo debemos tener mucha conciencia de los cosmos interior y externo, y aprender que no somos una parte aislada del Gran Todo.
El otro camino es el antiguo camino del místico que conduce directamente desde la naturaleza emocional a Neptuno. La percepción de que existe un ser divino inmen- samente grande lleva a la persona a la entrega emocional total y al autosacrificio. La individualidad se disuelve, trasciende sencillamente porque el proceso pasa por encima del pensamiento. A esto también lo llamamos extasiarse, estar en el Nirvana, colocarse... Por debajo de Neptuno, la pared del ánfora tiene una zona permeable, lo que indica la posibilidad de ir más allá de los propios límites y perderse.
Ambos caminos fracasan porque el estado de conciencia alcanzado no se vive comple- tamente y no puede ser llevado a la realidad. Plutón, el tapón de la botella nos empuja una y otra vez hacia abajo hasta que aprendemos a comprender el plan (la cuerda del hilo de la vida) que nos ha obligado a encarnarnos. Entonces tenemos una visión de la tarea interna que debemos llevar a cabo en esta vida y empleamos las tres fuerzas de la personalidad para realizar nuestra contribución creativa a la evolución.
La transformación de la personalidad tripartita para la realización de las imágenes guía espirituales se trata en el curso S1 - Psicosíntesis astrológica.
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Instituto de Psicología Astrológica
Cuestionario de autoevaluación. Nombre: ___________________________________
1. Los planetas del yo - correspondencias:
2. Otras capacidades de los planetas del yo: (3 ó 4 conceptos distintos de los anteriores)
g
: _____________________________________________________________________f
: _____________________________________________________________________d
: _____________________________________________________________________3. ¿En qué zonas están mejor los planetas del yo y cómo se llaman?:
Dibuja primero las líneas que delimitan los diferentes espacios, indica los
planetas y describe los tres espacios según el modelo de familia.
4. ¿Qué significa en el modelo de familia la ausencia de aspectos entre
d
yg
?:__________________________________________________________________________
5. ¿Qué planetas pueden corresponder a las siguientes personas?:
Abuelo : __________ Primo: _________ Abuela: _________ Hermana: ___________ Tía: _______ Tío: _______ Prima: _______ Hermano: _______ Hermanos: ________
6. Reglas generales para determinar el planeta del yo más fuerte:
1. _______________ 2. _______________ 3. _______________ 4. ________________
7. ¿Qué planeta espiritual activa a cada planeta del yo?:
g
: ____________________f
: ____________________d
: ____________________ ACurso B4 Cuestionario © A P I E d i c i o n e sB4 La personalidad
Planeta Descripción del yo Nivel de la existencia Modelo de familia AC DC IC 3 2 12 11 9 8 6 5 MC© A P I E d i c i o n e s