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Quer idos padres:

Aspectos como el desarrollo del habla, o en su ausencia la creación y utilización de modalidades comunicativas alternativas; la comprensión; el desarrollo de la sintaxis y la elaboración de la gramática; la creación de campos semánticos, así como la capacidad para segmentar la información, establecer intercambios, seguir turnos y dar sentido, serán unos pocos de los muchos apartados que nos preocuparán a la hora de elaborar programas de actuación, explícitos y específicos, íntimamente relacionados y adecuados a su contexto, para nuestros niños objeto de atención. Así como en otras áreas de habilidades adaptativas es importante que todos los programas que se desarrollen y apliquen incorporen a la familia de manera activa, tanto como personas del entorno del niño que han de conseguir con él un grado de comunicación y de relación funcionalmente válido y enriquecedor, como porque en las etapas intermedias de la intervención han de ser agentes de las propuestas de contacto que se incorporen en el programa. Quizá en este área y sobre todo en los dos/tres primeros años de la vida del niño es recomendable que los padres asistan a las sesiones de trabajo con el niño, observen los modelos, reciban pautas de actividad en el hogar y entiendan los aspectos básicos de las propuestas de relación, contacto y comunicación que se realicen. Esta participación de los padres, ha de ser continuada y frecuente. Lo que no excluye que el profesional distribuya y organice su asistencia y participación en función de la situación y nivel de necesidades de cada niño, de las condiciones y actitudes que se hayan valorado en la familia, así como de las técnicas o actividades que se vayan a realizar.

BUENAS PRÁCTICAS

1. Aprender a percibir las respuestas del entorno como consecuencia de las acciones propias

El niño aprende que al expresar sus necesidades, mediante movimientos, gestos, sonidos o voces, recibe respuestas de su entorno, de las personas que le rodean, que le gratifican, le aportan beneficios y le hacen sentirse bien.

(BIENESTAR EMOCIONAL)

El profesional considera los aspectos relacionales en el diseño de los programas de intervención, atribuyéndoles la importancia que tienen y procura en su práctica cotidiana favorecer y estimular en el niño la expresión frecuente de su estado emocional. Asimismo, proporcionará al niño unas interacciones ajustadas, respondiéndole con expresiones emocionales positivas y claramente perceptibles. Estas respuestas las realizará de manera clara y contingente a las emisiones del niño, de modo que se favorezca el que ese niño empiece a tener la percepción de controlar las respuestas que le dan los adultos.

2. Reconocer las señales socioemocionales del niño y responder adecuadamente a ellas

La familia aprende a reconocer las señales de los distintos estados emocionales del niño y responde a ellas de manera funcional para mantener un nivel de interacciones positivo y cubrir las necesidades afectivas del niño.

(BIENESTAR EMOCIONAL)

El profesional orienta a la familia sobre la importancia de la identificación de las señales de necesidad del niño y a valorar los gestos comunicativos que éste emite; le enseña a buscar, incitar o provocar sus expresiones

y le instruye en los modos más adecuados para inducir y asegurar las interacciones positivas. Los procedimientos para ello implican

la presencia de familiares en las sesiones de intervención,

la utilización de técnicas de apoyo como la observación dirigida, el uso de fichas o textos explicativos, la descripción de materiales recomendables, el visionado de vídeos, etc.

la evaluación mediante instrumentos específicos de registro, y

la formación a los familiares en conocimientos generales sobre la comunicación.

Las reuniones de grupos de familias específicamente convocadas para tal fin pueden ser un método eficaz y valioso para ayudar a su instrucción y orientación.

3. Interactuar con los demás utilizando códigos comunicativos

El niño dispone de un repertorio de acciones comunicativas básicas, en función de su edad y de su nivel de desarrollo que le permiten interactuar con las personas que le rodean y establecer la comunicación de manera funcional, independientemente del código comunicativo que, de acuerdo a sus necesidades, emplee.

(RELACIONES INTERPERSONALES)

El profesional utiliza cualquier situación de actividad, juego o terapia para interactuar con el niño de manera positiva y aporta estímulos de refuerzo, identificando en las acciones del niño las señales de intencionalidad comunicativa que aparezcan para aumentar su tasa de aparición. Aprovecha las distintas situaciones que se produzcan para indicar a los padres la relevancia de las señales, gestos y expresiones que el niño realice y les enseña a extenderlo en la relación cotidiana con el niño en el ámbito familiar, mediante el análisis de grabaciones audiovisuales, feedback a las familias en sesiones 'en vivo', lecturas de materiales específicos elaborados por la entidad o textos para padres en formato de guía, charlas informativas con una periodicidad semestral o trabajos específicos en "escuela de padres".

4. Aprender a expresar y reconocer códigos comunicativos

El niño se comunica con las personas de su entorno, en función de su edad y de su nivel de desarrollo de la manera más eficaz y funcional posible. Para ello aprende a utilizar señales, gestos, signos o expresiones orales que le permiten indicar sus deseos, necesidades o impresiones, a la vez que comprende las señales de las personas que le rodean. (DESARROLLO PERSONAL)

El profesional evalúa de manera continuada, utilizando instrumentos de registro y evaluación, inventarios o cuestionarios específicos, la progresión de las habilidades comunicativas del niño y desarrolla su programa de apoyo con la elección del sistema de comunicación más adecuado a su edad evolutiva y a las necesidades específicas de cada persona. Hace partícipes a los miembros de la unidad familiar de dicho sistema y les instruye para su utilización en el hogar, mediante un trabajo continuado en las sesiones comunes que se realicen o a través de reuniones periódicas de formación. Proporciona a la familia los materiales que sean precisos para la eficacia de dicha formación (p.e., glosarios de signos, pictogramas, etc.).

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5. Aprender a expresar estados de salud y bienestar

El niño sabe expresar su estado de salud o sus necesidades fisiológicas (hambre, sueño, preferencias, etc.) mediante señales comunicativas funcionales, que puedan identificar las personas de su entorno.

(BIENESTAR FÍSICO)

El profesional incluye y registra en su programa de atención aquellos elementos que permitan trabajar con el niño en el aprendizaje de un repertorio de señales discriminativas de sus necesidades y a la vez orienta a la familia a que les presten atención en las distintas situaciones de la vida cotidiana, mediante la observación de sesiones de intervención, en vivo o en vídeo, y mediante el análisis de situaciones naturales de interacción en el hogar y en otros contextos naturales, ya sea a través de observación directa por los profesionales, o de grabaciones en vídeo realizadas por las familias y posteriormente analizadas por los profesionales.

6. Aprender a expresar los deseos y necesidades

El niño aprende a expresar aquello que le guste hacer o que necesite, haciendo uso del modo de comunicación que sea más eficaz para que las personas que le rodean entiendan sus demandas y puedan responder adecuadamente a sus necesidades. Los padres del niño y personas que le rodean, aprenden a reconocer las señales y gestos que el bebé empieza a realizar para indicar sus necesidades y saben responder de manera reforzante y contingente para que el niño amplíe y aumente sus expresiones de deseo o de demanda.

(AUTODETERMINACIÓN)

El profesional incorpora en el Programa de Atención Individual el diseño de situaciones y de acciones de contacto y de relación, que permitan:

Entrenar la expresividad del niño en relación a sus necesidades, haciendo señales discriminativas más elaboradas que las quejas, el llanto o la expresión de malestar como vocalizaciones, gestos, signos o acciones sencillas. En las primeras etapas los referentes más adecuados serán en torno a la necesidad de alimentación, el sueño y las demandas de contacto o de juego relacional. En momentos posteriores, además de los aspectos comunes de la vida cotidiana, se buscará la expresión de deseos en torno al juego, a los objetos y a las preferencias sobre las actividades posibles.

Enseñar a los padres, desde el inicio de los programas de comunicación, a discriminar y comprender las señales que realice su hijo para expresar sus necesidades y deseos, entrenándoles mediante observaciones dirigidas, ejemplificaciones y material didáctico elaborado especialmente para este uso, a diferenciar las distintas expresiones que haga el niño y a responder de forma contingente.

Orientar a la familia sobre la importancia de enseñar al niño a expresar sus deseos y de facilitar que se sienta seguro y confiado para hacer demandas, creando un clima de comunicación y de confianza que más adelante permitirá entrenar su capacidad de elección entre distintas alternativas de actividad o de juego.

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7. Expresar las necesidades de la familia

La familia de cada niño que participa en un programa de atención temprana puede expresar sus dificultades y necesidades cuando dispone de unas condiciones materiales insuficientes para vivir. (BIENESTAR MATERIAL)

El profesional mantiene una actitud de respeto y de confianza que le permite realizar la recogida de información adecuada para determinar las condiciones en que se desenvuelve cada familia, preocupándose por los aspectos que puedan incidir negativamente en el progreso del niño, observando aspectos como la higiene, la aparición frecuente de enfermedades, los hábitos de alimentación de la familia o las condiciones ambientales de su hábitat. Pone en común esta información con el departamento de trabajo social para planificar de forma conjunta el modo de intervención que sea adecuado a la situación de problema o de riesgo que pueda presentar la familia.

8. Generalizar la comunicación a otros entornos sociales

El niño dispone de un repertorio comunicativo funcional que le permite mantener un grado óptimo de contacto y de relación en los distintos entornos en que se desenvuelve, desde su ámbito familiar hasta progresivamente el entorno social amplio en que vive. (INCLUSIÓN SOCIAL)

El profesional desarrolla el programa en el área de la comunicación con una secuenciación de objetivos que permite afianzar los aspectos funcionales, facilitando y promoviendo la expresividad mediante la utilización de códigos comunicativos habituales. En las primeras etapas conseguirá que el niño se pueda comunicar en su entorno familiar próximo y en la escuela cuando el niño inicie su escolarización. Instruye a los padres sobre cómo actuar y potenciar que su hijo tenga contacto con otras personas de su entorno (familia extensa, el barrio, vecindad, comercios, zonas de juego y parques, etc.). Cuando los logros en la expresión oral ( o gestual) se evalúen como insuficientes y deba utilizar sistemas alternativos de comunicación, se asegurará de que los padres realizan un adecuado aprendizaje de los métodos, disponen del material necesario y de la forma de actualizarlo y comparten con su hijo las actividades que les permiten mantener un buen contacto en su propio entorno y en un círculo social cada vez más extenso.

9. Tener derecho a un medio de comunicación

Los niños y sus familias tienen garantizadas la información y formación, de forma gratuita, durante este intervalo de tiempo, en todos aquellos sistemas comunicativos que sean necesarios para el óptimo desarrollo de la persona.

(DERECHOS)

El profesional tiene un conocimiento exhaustivo de la legislación vigente, y participa en el cumplimiento de la misma, intentando siempre abrir caminos y mejorar la condición de la persona con discapacidad.

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