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! 1.2 REPERCUSIONES AL ESTE

1.2.1 RÉPLICAS INMEDIATAS !

nes gubernamentales de esta etapa. De ahí que esbocemos el panorama político de los años 50 a los años 80: ¿cuáles fueron los grandes nombres que dominaron la escena política en estos años? Y, ¿cómo se desarticuló la hegemonía soviética en el este de Europa en virtud de una nueva construcción europea?

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1.2.1 RÉPLICAS INMEDIATAS

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Con la ruptura del Pacto de no-agresión germano-soviético, se libraron muchas batallas por ambas naciones y sus aliados. El término de la contienda se mostró desfavorable para Alemania, que se enfrentaba de este modo a su segunda derrota consecutiva en la Historia del siglo XX. Los acuerdos firmados por los máximos representantes del Reino Unido, de los Estados Unidos y de la Unión de Repúblicas Soviéticas en la conferencia de Teherán de 1943 y las cumbres de 5

Yalta y Postdam en 1945 traducen una nueva reestructuración mundial que afec6 7 -

tó, especialmente, al mapa político de la Europa central y oriental. Durante las ne- gociaciones Stalin obtuvo el reconocimiento de soberanía en territorio polaco, en Königsberg, en las repúblicas bálticas, en Moldavia, en la Ucrania subcarpática y en la parte meridional de la isla de Sajalín con el archipiélago de las Kuriles; además de otros beneficios de tipo económico. De tal manera que con la paz se dibuja un nuevo panorama internacional que poco o nada tiene que ver con la Eu- ropa de 1918.

Una vez admitida la presencia soviética en estos países, subyace, no obs- tante, el problema de las relaciones intergubernamentales entre el centro, Moscú, y los países satélites. La política moscovita obedece a dos principios básicos: una

En dicha conferencia se reunieron el 28 y 29 de noviembre de 1943 Churchill, Rossevelt y Stalin

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para discutir la cuestión alemana y la ratificación de los países occidentales, la anexión de los Es- tados bálticos a la URSS, así como el aborto del proyecto británico de creación de un nuevo frente en los Balcanes.

Se reúnen del 4 al 11 de febrero, las grandes potencias para fijar en primer lugar el futuro des

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membramiento de Alemania, tratar seguidamente el establecimiento de una nueva frontera polaco- soviética occidental y la creación del Comité de Lublin con el objetivo de preparar a las elecciones que darían lugar al nacimiento de un nuevo Estado polaco.

Del 17 de julio al 2 de agosto se reunieron las grandes potencias con el objetivo de completar los

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acuerdos de Yalta. En esta conferencia se redactaron los tratados de paz con los antiguos aliados de Alemania y se trazaron las grandes líneas de la política internacional. Siendo, además, ratificado el acuerdo de Yalta sobre las nuevas fronteras occidentales de la URSS.

política de defensa que permita defender sus fronteras occidentales y una política de difusión ideológica que permita asegurar la adhesión y lealtad al Partido y al sistema no sólo de los militares –principio codificado en la Conferencia secreta de 1947 -, sino también de la población civil. Asimismo, y siguiendo con el clima 8

internacional, se pone en funcionamiento un sistema de esferas de influencia entre las potencias vencedoras que culminó con la firma en 1955 de un pacto que aspi9 -

raba a « crear un sistema de seguridad colectiva en Europa, basado en la partici- pación de todos los Estados europeos, con independencia de su régimen social y político, que les permitiría unir sus esfuerzos en el interés de asegurar la paz en Europa » (Martínez de Sas, 1999: 61): el Pacto de Varsovia. Con este pacto se tra- ta no sólo de dar respuesta a la política armamentística en auge de la Alemania federal, sino también de soldar y reforzar los lazos entre los diferentes países so- cialistas. Además, esta voluntad interventora del gobierno de Moscú pone de ma- nifiesto su interés en la creación de nuevas alianzas en oriente a través del recono- cimiento del Estado de Israel en 1948 y el apoyo a la revolución china en 1950.

La impronta dejada por la segunda guerra mundial no se limita, no obstan- te, a los cambios operados en la política internacional que atribuye a la URSS un nuevo papel protagonista, sino que, además, se trata de una empresa que, por su amplitud en el tiempo y en el espacio, lega un territorio cuyo paisaje desolador puede ser descrito a través de las palabras del historiador Piotr Wandycz:

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l’Ukraine, la Biélorussie, la Pologne, les Pays baltes, la Hongrie, pays où s’était déroulée la guerre, et où des villes entières, comme Varsovie, Minsk et en grande partie Budapest gisaient en ruine, où l’industrie était détruite et la culture avait subi des pertes presque irrécupérables […]. Le nombre de victimes tombées aux combats, assassinées, suppliciés dans les camps atteignait plusieurs millions: un habitant sur cinq en Pologne, un sur six en Ukraine et presque un sur dix en Lituanie et en Lettonie. Le nombre de la population juive, qui avait son taux le plus élevé dans cette partie de l’Europe, diminua vertigineusement suite à l’Holocauste (Wandycz, 2004: 563).

Dicha conferencia tuvo lugar del 22 al 27 de septiembre de 1947 en Szkalarska-Poreba. En ella

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se acordó la creación del Servicio de Información Comunista, más conocido como el Kominform, y se adoptó el principio de lealtad total a la URSS.

Dentro de la esfera de influencia soviética y, como señala Taibo, « al amparo de la presencia mi

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litar del Ejército Rojo, se encontraban la parte oriental de Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. Durante un período breve de tiempo fueron también objeto de ocu- pación el norte de Corea y el de Irán, junto con Manchuria. Dentro de la esfera de intereses de la URSS se insertaban también dos países que habían sido liberados por las guerrillas locales: Yugos- lavia y Albania. Dos últimos Estados, Finlandia y Austria, gozaban de independencia aun cuando en términos internacionales sus movimientos estuviesen limitados por los intereses de la URSS » (Taibo, 2010: 177).

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Un territorio devastado, en efecto, tanto desde un punto de vista económico y ma- terial como humano. Las estimaciones difieren, pero, siguiendo el estudio de Tai- bo podemos afirmar que « probablemente murieron siete millones y medio de miembros de las fuerzas armadas, entre seis y ocho millones de civiles » (Taibo, 2010: 171) de entre los cuales debemos destacar la masacre étnica que sólo en Po- lonia, por ejemplo, representa casi el 90% de la población judía, pues de los casi tres millones que allí vivían, sólo sobrevivieron cien mil (Wandycz, 2004: 563).

Por ello, con la paz llegaron las políticas de recuperación tanto político- económicas como demográficas de antes de la guerra y la imposición de medidas draconianas. Éstas fueron aceptadas por las poblaciones civiles que, tras los cinco años de guerra, estaban desgastadas y dispuestas a permitir cualquier cambio que abriese las puertas a una mejora en la calidad de vida (Bogdan, 1982: 400). Según estas necesidades básicas se mantuvo una política laboral estricta, basada en san- ciones y castigos, con la que se pretende evitar el bajo rendimiento, el absentismo y el alcoholismo; a la vez que se crea un sistema de desplazamientos laborales en función de las necesidades del Estado. En lo que a la reconstrucción del tejido in- dustrial y agrícola se refiere, debemos poner de relieve que no se desarrolla con la adquisición de nuevos instrumentos, sino que sólo se modifica la base organizati- va. En agricultura, por ejemplo, se pone en funcionamiento un sistema de produc- ción muy rígido basado en la colectivización de las tierras, y enfocado en acabar con la privatización en estos países. Se trata, en efecto, de implantar el modelo de las cooperativas agrícolas o kolkhozes soviéticas para controlar la producción en la red de países satélites de la URSS. Para la historiadora Marie-Claude Maurel, citada por el especialista en historia comparada del mundo comunista y en historia de la sociedad civil Jean-François Soulet:

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la collectivisation n’est en réalité qu’un volet d’une politique plus large qui cherche à limiter le développement de l’exploitation paysanne, en l’enserrant dans un dispositif de contrôles et de contraintes. C’est une politique ‘anti-paysanne’ qui, sous couvert de lutte de classes, frappe l’ensemble des exploitants (Soulet, 2006: 76).

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Junto con la instauración del sistema, la colectivización de las tierras y el estable- cimiento de cotas de producción que más apuntan a una finalidad de control social que económico, se pasa a la nacionalización de bancos, comercios, minas, trans- portes e industrias. Todos estos cambios permitieron una rápida recuperación de los territorios así como el desarrollo urbanístico de enclaves importantes, promo-

viendo sobre todo el éxodo rural. Se inicia así una reestructuración que, por una parte, deja de lado la producción para el consumo, lo que se traduce en una pro- ducción insuficiente de productos de uso común, y, por otra parte, pone de mani- fiesto una radical alteración del tejido social.

Los cambios demográficos de la posguerra, además, están orientados por el sistema de reorganización de la población impuesto por la URSS. En un primer momento se pasa a la deportación de la población alemana instalada en territorio soviético y, seguidamente, se impone el desplazamiento masivo de los pueblos minoritarios en el interior mismo de un Estado como medida ya sea de repobla- ción, de represión o incluso de expulsión de las llamadas minorías nacionales . 10

De este modo se implantan una serie de movimientos migratorios forzados que, aunque en su mayoría respetan las fronteras de los Estados fijadas definitivamente en la Conferencia de París de 1946-1947 y coinciden en gran medida con las fron- teras establecidas, se realizaban en unas condiciones deplorables. Según Bogdan, « il serait plus juste de parler de véritables déportations. Des millions d’hommes, de femmes et d’enfants ont ainsi fait, le plus souvent à pied et en plein hiver, des parcours de plusieurs centaines de kilomètres dans le plus total dénouement » (Bogdan, 1982: 392). La impronta y la repercusión social de estas medidas se tra- ducen en el surgir de un sentimiento de desarraigo que deja huella no sólo en la experiencia individual, sino también en el imaginario colectivo previamente afec- tado por un contexto de guerra.

Asimismo, los cambios demográficos de la posguerra se presentan favora- bles a la rusificación y la democratización de la instrucción pública en los países satélites de la URSS. Las medidas tomadas a partir de 1946 como la multiplica- ción de escuelas gratuitas y laicas, la creación de bibliotecas y centros culturales o la reorganización de las Universidades públicas presentan algunos ejemplos. Eran medidas a favor de la divulgación científica, de la promoción de la cultura y de la formación técnica y profesional de los ciudadanos, que también acarrearon una imposición política, cultural y lingüística que se traduce en un sentimiento de des- pojo identitario, tal y como podemos observar tras la lectura de algunas de las obras de las autoras que enmarcan nuestro corpus de estudio.

Surgen así, en este contexto difícil de evaluar tanto desde un punto de vista moral como psíquico, un gran número de testimonios que reflejan esta trágica si-

Se trata de minorías étnicas o religiosas en el interior del Estado en el que han sido incorporadas

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con las nuevas fronteras, sin ser, no obstante, aceptadas por dicho Estado, provocando así un sen- timiento de opresión en estas minorías y el sentimiento de exaltación nacional en las mayorías (Bogdan, 1982). De tal manera que podemos afirmar que se trata de un complejo engranaje del tejido social que ha sido modificado paulatinamente según el destino de la Historia.

tuación. Agota Kristof , por ejemplo, refleja en su relato autobiográfico 11

L’Analphabète su experiencia vivida y pone de manifiesto las paradojas de la His-

toria:

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Quand j’avais neuf ans, nous avons déménagé. Nous sommes allés habi- ter une ville frontière où au moins le quart de la population parlait la lan- gue allemande. Pour nous, les Hongrois, c’était une langue ennemie, car elle rappelait la domination autrichienne, et c’était aussi la langue des militaires étrangers qui occupaient notre pays à cette époque.

Un an plus tard, c’étaient d’autres militaires étrangers qui occupaient no- tre pays. La langue russe est devenue obligatoire dans les écoles, les au- tres langues étrangères interdites.

Personne ne connaît la langue russe. Les professeurs qui enseignaient des langues étrangères: l’allemand, le français, l’anglais, suivent des cours accélérés de russe pendant quelque mois, mais ils ne connaissent pas vraiment cette langue, et ils n’ont aucune envie de l’enseigner. Et de toute façon, les élèves n’ont aucune envie de l’apprendre.

On assiste là à un sabotage intellectuel national, à une résistance passive naturelle, non concertée, allant de soi (Kristof, 2000: 22-23).

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Con su testimonio, Agota Kristof esboza las pinceladas de un escenario impuesto por las esferas políticas sin tener en cuenta a la población civil. Una experiencia que, tal y como estudiaremos en la tercera parte de esta tesis, se ve igualmente reflejada en la obra de Albéna Dimitrova y de Rouja Lazarova.

Estas medidas fueron seguidas, además, de otras muchas cuyo objetivo principal era el de garantizar el buen funcionamiento del dispositivo político fun- dado por Stalin y vigilado por el Ejército Rojo. De ahí que las transformaciones políticas en la Europa del este se produjesen a una velocidad vertiginosa entre 1944 y 1948 y no se tardase en implantar constituciones inspiradas en la Constitu- ción soviética de 1936. Tal y como señala Bogdan, « toutes ces Constitutions in- diquaient sous une forme ou sous une autre que la démocratie populaire était

Agota Kristof (1935-2011) pertenece al amplio archipiélago de las xenografías francófonas. De

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origen húngaro, se exilia en Suiza desde 1956 donde aprenderá la lengua francesa de manera auto- didacta. En su obra pone de manifiesto su experiencia de desarraigo cultural y el tema del doble. Para mayor información sobre la obra de esta autora léanse los artículos de Margarita Alfaro: Gé-

mellité, dédoublement et changement de perspectives dans la trilogie d’Agota Kristof: Le Grand Cahier, La Preuve, Le Troisième mensonge (2011) y Escribir en la frontera. Exilio y escritura en la trilogía de Agota Kristof: Le Grand Cahier, La Preuve, Le Troisième (2007).

‘l’État des ouvriers et des paysans travailleurs’ et la plupart d’entre elles mention- naient clairement le rôle dirigeant du Parti communiste » (Bogdan, 1982: 437); es decir, que estas constituciones expresaban, por una parte, la adhesión ideológica al Partido y, por otra, traducían la voluntad staliniana de crear un sistema dictado por el proletariado.

Al control de los ocho nuevos hermanos soviéticos, era necesario implan- tar, paralelamente, un sistema de represión que garantizase el buen funcionamien- to del sistema. De tal manera que desde 1948 se constituye un proyecto se seguri- dad nacional que en Alemania del este era conocido como Stasi, en Rumanía como Securitate o en Polonia como Bezpieka. Asimismo, desde 1945 se reagrupa- ron a los adversarios del régimen en Goulags o campos de trabajo forzados, que en Bulgaria ascendían 86 y 422 en Checoslovaquia, por ejemplo. Se trata de un mecanismo que se inserta en la política del terror vivida tanto en los Goulags como en las calles, pues se invita a cualquier individuo a desvelar todo lo que han ocultado a los diferentes mecanismos de seguridad y denunciar así los actos con- trarios al régimen de los que han sido partícipes activa o pasivamente. Para la es- pecialista Iréna Talaban en esta situación los civiles, prisioneros o ciudadanos li- bres, serán transformados en un primer momento en robots y « on cherchera en- suite à en faire des bourreaux. En quelques mois, chacun pourra faire subir à son compagnon ce qu’on lui a fait subir. Victime et bourreau à la fois, chacun sera seul dans l’horreur et tout témoignage deviendra impossible » (Soulet, 2006: 74-75).

La clara radicalización de las medidas tomadas por el Partido se observan, sobre todo, a partir de 1947 cuando empiezan las nacionalizaciones de empresas y fábricas alemanas, la implantación de un sistema de colectivización agraria y pla- nificación para los países de Europa del este, la intransigencia en la persecución de colectivos religiosos mostrando especial intolerancia con la Iglesia católica, y la inversión masiva en armamento. Para ello, la introducción de modificaciones se hacía necesaria tanto en el sistema jurídico y administrativo, como en el ámbito de las relaciones comerciales entre países satélites. En Bulgaria, por ejemplo, además de la firma del tratado Comecon en 1949 , el Partido comunista pone en funcio12 -

namiento un dispositivo de represión que active « les Tribunaux populaires, con- forte ses positions au sein de la police et de la Sécurité d’État, exige l’épuration de l’armée […], des ministères de l’Intérieur, de la Justice et de l’Éducation, et ob- tient le jugement des notables ordres dictés aux procureurs » (Soulet, 2006: 55). De tal manera que desde sus orígenes la URSS pone de manifiesto su especial in- terés en el territorio búlgaro, pues tal y como afirma Bogdan:

Se trata de un organismo de control creado para la economía de los países del antiguo bloque

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soviético. Este mecanismo puso de manifiesto la dominación soviética y la imposición arbitraria de la producción en los países miembros del bloque utilizando un sistema de autarquía.

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[La Bulgarie] était d’abord un pays slave de tradition russophile depuis l’époque de son indépendance. En outre, elle avait une tradition révolu- tionnaire qui s’était manifestée en 1919-1920 à la fois dans le cadre du mouvement agraire et par l’existence d’un Parti communiste dont le Se- crétaire général Georges Dimitrov était une des figures les plus marquan- tes du mouvement communiste international. Grâce au Front de la Patrie qu’ils avaient formé en juillet 1942, les Communistes avaient pris la di- rection des mouvements de Résistance avec la collaboration de certains agrariens comme Nicolas Petkov et de sociaux-démocrates. Lorsque le 8 septembre 1944 les troupes soviétiques pénétrèrent en Bulgarie, le Front de la Patrie déclencha dans tout le pays une insurrection générale et s’empara du pouvoir dans la nuit suivante (Bogdan, 1982: 401).

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Estas medidas se implantaron en el conjunto del territorio controlado por la URSS para asegurar el éxito de la alianza y de la instalación de los prefectos comunistas pautados por Stalin.

Podemos afirmar, por consiguiente, que el período staliniano representa un mecanismo de control de la URSS en materia económica y política de cada uno de los países miembros del bloque soviético. De ahí que se trate de un período con- vulso no sólo desde un punto de vista interno, sino también en el ámbito de la po- lítica internacional, ya que las medidas tomadas por Moscú no fueron compartidas sin cuestionamiento por Occidente. Se inicia así el período conocido como la gue-

rra fría, poniendo de manifiesto que el fin de la guerra no siempre significa la ins-

tauración de la paz. Este cambio en el clima político, que produjo la ruptura de la alianza creada durante la guerra entre potencias, es fruto, fundamentalmente, de las diferencias existentes entre el sistema liberal y el sistema socialista. Para un