La sexualidad de mujeres polisintomáticas de sectores empobrecidos desde la perspectiva
II. MARCO TEÓRICO
1. R EQUISITOS PARA LA INTIMIDAD
Las mujeres mencionan algunos elementos que están afectando la intimidad sexual con las parejas y que se establecen como requi- sitos para su construcción y desarrollo:
1) El espacio físico
Es difícil contar con un espacio físico para tener relaciones ínti- mas, ya que las viviendas son pequeñas y no tienen suficiente ais- lamiento acústico. La falta de privacidad se asocia a la vergüenza de ser escuchadas por los hijos y que éstos se den cuenta de que su madre lleva una vida sexual activa. Se podría pensar que es sólo la condición de hacinamiento lo que les impide tener relaciones sin preocuparse, sin embargo, a pesar de que algunas cuentan con ha- bitaciones suficientes para todos, hacen que los hijos menores duerman en las piezas como excusa para no tener relaciones que no desean.
Siempre que voy a tener relación con mi marido estoy preocupada. No me da vergüenza, pero a veces como que siento [...] que él se apu- re y quede más tranquilo. Siempre ando con la cuestión metida de las chicas mías que me van a ver (Viviana, 30 años).
Se supone que uno tiene que tener un espacio para uno. Entonces estar ahí con mi hija a mí me da vergüenza. Le digo a él, ustedes quie- ren vivir el momento y se acabó y no piensan que los demás están ahí (Cecilia, 40 años).
Además, las mujeres piensan que sus sentimientos maternales están por sobre sus necesidades sexuales, y experimentan contra- dicciones entre éstos y sus deseos.
Cuando yo estoy con mi marido estoy nerviosa, que no me vayan a ver las niñas, que no me vayan a sentir las niñas, porque, yo no sé si será que soy a la antigua, pero no quiero que mis hijas sepan lo que tengo con mi marido. Mi hija de diez años dice que nació a donde yo me di besos con mi marido, y yo no quiero que mi hija pierda esa ima- gen porque no quiero que madure y sepa cosas que todavía no tiene por qué saberlas (Raquel, 32 años).
Ellas se quejan de que a los hombres no les preocupa ser vistos ni escuchados por los hijos, y piensan que está en la “naturaleza sexual” masculina expresarse más abiertamente. Además, algunas dicen haber escuchado a sus padres tener relaciones sexuales y querer evitar estas experiencias negativas a los hijos. Sintieron a sus madres llorar o aguantar las quejas, mientras estaban siendo forzadas.
Era una sola pieza y nosotros teníamos la cama nuestra a los pies de la de ellos. Yo sentía que mi mamá hacía sonar los dientes. Era es- pantoso (Verónica, 39 años).
2) La enfermedad
Las mujeres se excusan en sus dolores, como una forma de po- ner límites cuando no quieren tener relaciones sexuales o cuando quieren disminuir su frecuencia.
Él [el marido] sabía que yo sufría, que no dejaba que me tocara co- mo había de ser porque sufría, me dolía, me daba miedo. Como le di- go, años y años (Cecilia, 40 años).
Yo le digo a mi marido, “no, estoy enferma, no deseo”, “ya” –me dice–, “está bien” (Raquel, 32 años).
3) Los problemas y la vida cotidiana
Las mujeres mencionan diversas problemáticas que afectan se- riamente las relaciones sexuales y de intimidad con sus parejas:
La rutina
La rutina de las tareas que realizan, repetitivas y carentes de novedad, es un motivo muy mencionado para que la satisfacción sexual disminuya. Además, se sienten con poca libertad para ex- presarse espontáneamente, dado que no han sido socializadas en
la búsqueda activa de placer. Esta última conducta genera descon- fianza en sus parejas.
En cuanto a la sexualidad hemos tenido problemas, pero a lo me- jor ha sido culpa de ambos, se pierde la magia con el tiempo. Él ya cree que es un matrimonio consumado porque lleva tantos años, por- que hay hijos, entonces se pierde ese encanto. He sentido muchas ve- ces esa añoranza de sentir esa magia y ya no sentir ese matrimonio tan rutinario (Carmen, 37 años).
Las infidelidades
Las infidelidades se relacionan con una disminución de las ga- nas de tener relaciones sexuales, aunque no es una asociación que establecen las mujeres. Expresan que sienten rabia cuando están con sus parejas, pero no saben por qué, o que no pueden sentir placer porque están pensando en la otra mujer. Algunas veces se definen como “difíciles” de satisfacer sexualmente, pero no inte- gran la frustración y desconfianza que producen estas situaciones. A veces puedo estar en la intimidad con él, pero mi pensamiento no está ahí, estoy pensando, esto mismo que me está haciendo a mí se lo hace a la otra, entonces de repente como que se forma un bloqueo como de empujarlo y hasta aquí no más llegamos (Sofía, 33 años).
La sobrecarga de trabajo
Las rutinas diarias y el exceso de trabajo son grandes desgastes para las mujeres, se sienten agotadas y abusadas, y lo expresan en sus relaciones sexuales.
Levantarse en la mañana, ir a trabajar, llegar a la casa, hacer las co- sas, acostarse, que el marido la moleste y que uno no quiera nada, oja- lá por él fuera todos los días (Yolanda, 32 años).
Además, este estudio pone en evidencia la ausencia de “intimi- dad intrapsíquica”, lo cual es un requisito para poder construir y mantener vínculos de intimidad con otros.
La intimidad intrapsíquica
Los roles asignados socialmente a las mujeres dejan pocas op- ciones para desarrollar la capacidad de estar solas con ellas mis- mas, de cuidarse, de protegerse y de reconocerse. Parece ser que
ninguna entrevistada tiene tiempo para el ocio, la diversión, el descanso y los placeres, que quedan postergados y superados por la urgencia del diario vivir. Algunas plantean que cuando se dan tiempo para descansar, están constantemente pensando en qué es lo próximo que deben hacer, o son presionadas por sus parejas que les exigen cumplir con sus labores.
Las mujeres tienden a evitar los espacios de introspección, ya que las enfrentan a problemas sin resolver, a sus temores, a sus contradicciones, a sus ganas de irse, de cambiar, al miedo a la muerte, al miedo de no poder cumplir con los requerimientos de los roles, a las frustraciones con sus parejas, a la rabia de sentir que no tienen quien las ayude, las acoja, las apoye, y a la soledad.
E. Relación sexual y pareja sexual
1) El deseo y la iniciativa
Para las mujeres, la pareja sexual determina cuándo y cómo te- ner relaciones sexuales, y actúan según el mandato tradicional de la pasividad femenina. Cuando experimentan deseo, lo ocultan y esperan que el hombre tome la iniciativa.
Yo nunca lo he buscado a él, si él me busca lo hacemos, si no, no. Es raro cuando yo quiero algo. Cuando lo empiezo a acariciar, él se da vuelta porque quiere que yo le diga qué es lo que ando buscando. Me dice, “¿tenís ganas?”. “Sí”. “Y ¿por qué no me buscái?” Yo le digo porque el hombre tiene que buscar a la mujer, porque mi mamá siem- pre decía que el hombre siempre tenía que buscar a la mujer (María, 25 años).
La vergüenza frente al hecho de mostrar el cuerpo o de mostrar- se excitadas, es uno de los factores que las mujeres aluden para no tomar la iniciativa. Aprendieron de padres y madres, quienes tam- bién se avergonzaron de su propia sexualidad, a censurar sus con- ductas autoexploratorias y a reprimir cualquier expresión sexual.
Él me dice a mí: “Tú nunca tomas la iniciativa, siempre tengo que tomarla yo”; puede que yo sienta ganas con él pero para mí la ver- güenza es más grande y no me deja hablar, a pesar de que ya soy una mujer vieja ya, con años, igual me da vergüenza (Nancy, 45 años). También influye en la falta de iniciativa, el precepto social que
enseña a las mujeres a mostrar menos experiencia sexual que los hombres. Si muestran interés e iniciativa se sienten expuestas a sospechas, quejas y recriminaciones de parte de sus parejas.
Después se pasa la película que tengo otro hombre (Jacqueline, 24 años).
Él siempre me busca a mí, de verdad que yo a veces lo he buscado, pero como que se siente, no sé, sorprendido, me dice: “¡Chica qué te pasó!” (Carmen, 37 años).
Las mujeres entran en un doble vínculo que sólo pueden resol- ver mediante la anulación del deseo y, por tanto, de la iniciativa. El doble mensaje dice:
• No se debe mostrar deseo, porque las mujeres que expresan sus necesidades sexuales o muestran experiencia en las rela- ciones sexuales, no calzan con el prototipo de “buena esposa”. • Se debe mostrar deseo porque la pareja sexual se queja de no ser querida y considerada y no se está cumpliendo con una de las funciones del rol de esposa.
El síntoma puede surgir como forma para resolver este conflic- to. Una “buena esposa” debe satisfacer sexualmente al esposo, pe- ro debe esperar que él defina los términos en los que se desarrolla- rá la relación sexual. Muchas veces, se obligan a tener relaciones sexuales como acto reparatorio frente a la falta de deseo o la culpa de no estar cumpliendo satisfactoriamente el rol de esposas. El síntoma es una forma de comunicar a la pareja que existe una dis- conformidad en este ámbito, permite poner un límite a relaciones no deseadas y libera a la mujer de asumir su sexualidad, su excita- ción, su deseo o, al contrario, su no deseo.
Cuando tengo un problema con él y lo juzgo injustamente, me dan ganas de abrazarlo, que él se sienta bien y me disculpe. Tal vez no se lo pida con palabras, pero sí íntimamente hablando. No importa que yo no acabe,27yo me siento la mujer más feliz si él está bien (Lucía, 32
años).
Las mujeres creen que el cariño físico que expresan a sus pare- jas las va a llevar siempre a una relación sexual, incluso si no la quieren. Hay poca capacidad para poner límites e ir hasta donde ellas quieran. A partir de esto, de rabias no conocidas o reconoci- das, y de una mayor facilidad para expresar afecto a los hijos, de- jan de acariciar a sus parejas.
Yo nunca tomo la iniciativa. A mi guagua yo le hago cariño por- que siento que la adoro, pero con él no. De repente le hago un cariño o le doy un beso, pero es bien raro (Magaly, 33 años).
Si yo le hago cariño él cree que tenemos que tener relaciones, y a veces yo no quiero eso. Le digo que a veces yo estoy con él para que no se enoje, por darle en el gusto, porque ni siquiera tengo ganas. Él dice que yo nunca tengo ganas (Verónica, 39 años).
Las mujeres sienten que no tener orgasmos es un problema per- sonal, no vincular, lo que genera un rechazo fóbico a la relación se- xual. La pareja no es evaluada como fuente de satisfacción, por ser hombres violentos, alcohólicos, infieles, o afectivamente distantes. Sin embargo, sabemos que las relaciones de pareja son interaccio- nales, es decir, cada miembro tiene responsabilidades. Se podría plantear que, en tanto las mujeres no se apropien de su sexualidad o desarrollen su autonomía, les será difícil experimentar una se- xualidad placentera. Se sabe que sus contextos de vida no favore- cen el desarrollo de estas habilidades, pero es un camino que hay que recorrer para que no sea la enfermedad la solución a estas problemáticas.
Me costaba a mí sentir ganas de estar con él. En el momento mismo no me daban ganas y al final terminaba él y yo quedaba. Entonces co- mo que le tuve distancia, me molestaba que me tocara, me molestaba tener relaciones con él. Yo creo que ahí empezó a fallar la cosa porque ya no empecé a tenerle deseos, ya no sentía nada por él (Iris, 36 años). Como contrapartida al modelo tradicional de la sexualidad fe- menina, surgen sólo algunos relatos de mujeres que no ocultan su deseo y que ponen la iniciativa como responsabilidad de ambos. Aprecian sus relaciones sexuales y de pareja, son capaces de decir lo que quieren y reconocen que los hombres no tienen más necesi- dades sexuales que ellas.
Cuando vemos que ni él quiere ni yo quiero, nos respetamos. Así, ni yo le exijo a él ni él me exige a mí (Palmira, 44 años).
Cuando yo quiero tener relaciones con él me baño, me pongo ropa interior más coqueta, me echo colonia, por acá, por allá. Y él solamen- te con mirarme cuando yo estoy desnuda, con sostén, se excita, se po- ne ardiente, yo lo provoco y me siento así media coqueta, aunque soy media gordita yo, pero a él le encanta. Dice que sólo con mirarme se seduce al tiro (Paula, 26 años).
2) El placer sexual
Pocas mujeres experimentan satisfacción en sus encuentros se- xuales, es decir, “llegan” al orgasmo, “acaban” o “se van” según sus términos. Cuando esto sucede, las relaciones sexuales se carac- terizan por períodos largos de seducción y estimulación mutua, caricias, conversación, juegos y variación en las posiciones sexua- les.
Es una persona que me hace sentir bien en el sexo. No es brusco, es suave. Me empieza como a conquistar primero, no es llegar ya, te penetro y listo, no. Hemos experimentado de varias formas y lo he- mos comentado, es decir, qué sentiste, te molestó esto, esto otro. Nun- ca hemos tenido mala comunicación en cuanto a eso. Me encanta que me toque, que me hable por ejemplo, que me empiece a excitar (Sofía, 33 años).
Describen, además, relaciones en las que hay amor y comunica- ción. Una de las entrevistadas refiere “haberse sacado la Polla Gol28con su pareja. Lo anterior podría constituir un factor de pro- tección frente a las dificultades en el ámbito de las relaciones se- xuales, como ya se mencionó.
Él decía que los dos teníamos que tener el mismo placer, o sea, lo ideal era que ambos acabáramos en el mismo momento para que los dos quedáramos satisfechos. Eso era lo que a mí me gustaba realmen- te de él, porque él hacia que los dos sintiéramos lo mismo. Él me ense- ñaba algo que yo no sabía (Soledad, 24 años).
28. Se refiere a un concurso de apuestas de fútbol, en el que se pueden ob- tener grandes sumas de dinero como premios.
Yo creo que por eso hemos estado juntos, una porque nos com- prendemos y nos queremos y porque cada relación es distinta, cada relación que tenemos queda algo de rico (Paula, 26 años).
Las que no obtienen satisfacción sexual no experimentan orgas- mos seguido. De hecho, algunas refieren nunca haberlos sentido y/o fingir que los tienen.
Casi siempre finjo. Mejor no decirle nada porque yo sé que se va a enojar, porque cuando yo estoy así rara, me dice estás distante, qué te pasa. Entonces seguro que si yo le digo: sabes que yo no me excito cuando estoy contigo, se podría echar la película para atrás. Así que no le puedo decir (Jacqueline, 24 años).
Mi hermana que tiene dieciocho años me dice que ella sabe acabar, que es rico, y yo digo, cómo es eso, qué es lo que se siente, porque no lo sé (Raquel, 32 años).
Las mujeres fingen orgasmos para evitar problemas con los ma- ridos, y mantienen relaciones sexuales para que su masculinidad (tradicionalmente hablando) no quede en jaque. Temen decirle a sus parejas que no sienten, para no herirlos ni hacerlos pensar que se están desempeñando mal como “hombres”, o para no generar celos o sospechas de infidelidades, al ver que no están satisfechas sexualmente con ellos.
Estos últimos años, se ha adquirido cierto grado de conciencia con respecto a la importancia de la sexualidad como fuente de pla- cer. Algunas entrevistadas han dado algunos pasos hacia el ejerci- cio de sus derechos sexuales, como buscar información y ayuda a conflictos en esta área, sin embargo, predominan las prácticas más tradicionales que muchas veces se contraponen a lo que ellas ver- daderamente sienten y que las enfrentan al malestar de vivir una sexualidad poco placentera.
Una de las entrevistadas propone algunas soluciones para tener relaciones sexuales más placenteras:
No estar siempre en la rutina, hacer el acto sexual en la misma for- ma, siempre crear otras posiciones sexuales [...] jugar un poquito, pen- sar de acariciarse más, más cariños, más besitos, todo eso (Jessica, 30 años).
F. Valoración de las prácticas sexuales
Es usual que las mujeres no manifiesten tener mucha variación en las posiciones coitales, siendo las más frecuentes ella abajo y el arriba o ella arriba y él abajo. Algunas dicen tener fantasías sexua- les, pero solamente con la pareja que tienen actualmente.
La masturbación es una conducta inusual. Algunas nunca se han autoestimulado y pocas la incorporan a las relaciones sexuales con sus parejas.
Cuando era chica, cuando tenía once o doce años pero después no, yo creo que cuando somos todos chicos nos pasa, hacemos todo eso. Pero fue un tiempo, después no me gustó porque me dolía mucho el estómago. Mi mami nunca me vio, fue algo mío (Paula, 26 años).
Jamás, nunca me he masturbado, a mí no me gusta tocarme mi cuerpo, y no lo hago y él (el marido) se enoja y se da vuelta y entonces me da sentimiento de culpa (Verónica, 39 años).
La masturbación, como autoerotismo y dentro de la relación se- xual con la pareja, es un recurso importante que contribuye en gran medida a la obtención de orgasmos y placer sexual. Permite a la mujer explorar y conocer sus potenciales corporales para hacer- se cargo de su propio placer, y enseñarle a su pareja cómo propor- cionarle mayor placer sexual. Sin embargo, es una de las prácticas más inhibidas y poco integradas a la sexualidad de las entrevista- das.
G. Autoimagen sexual
Muy pocas mujeres dicen sentirse bien con ellas mismas, aun- que ser atractivas se evalúa positivamente. Si se preocupan mucho de su aspecto personal reciben una sanción social ya que son vis- tas como “vanidosas” o “provocadoras” por otras mujeres. Ade- más, prefieren pasar desapercibidas por miedo a posibles ataques sexuales y celos de las parejas.
Hay personas que a uno la molestan, pero yo no hago caso, no me llama la atención. Por qué, si yo tengo marido. Yo he compartido con gente en fiestas y he visto gente que te mira con otro motivo, pero yo lo encuentro absurdo (Cecilia, 40 años).
La autoimagen sexual de las mujeres se construye sobre la base de la visión que tienen los otros de sus habilidades y capacidades sexuales. Según ésta, la mujer tiene que estar disponible para los deseos del hombre sin considerar los propios. Algunas dicen que las parejas las “cargosean”,29 es decir, se sienten atractivas para sus maridos porque ellos parecen estar siempre excitados y deseo- sos de una relación sexual. Generalmente, cuando no están moti- vadas sexualmente se definen o son definidas por las parejas, co- mo “frías”.
H. Violencia sexual
Casi todas las entrevistadas sufren y/o han sufrido alguna ex- periencia de violencia. La mayoría creció en hogares donde exis- tieron malos tratos. Otras relatan hechos de violencia sexual en la infancia, como violaciones o abuso sexual.
En la actualidad, muchas mujeres viven situaciones en las que son agredidas física y sexualmente por maridos o convivientes. Otras no explicitan situaciones de violencia sexual, aunque men- cionan tener relaciones sexuales por obligación. Estas acciones, se- gún este estudio, también constituyen violencia
Siempre he sido comunicativa, alegre, me gusta reírme y él [el ma- rido] siempre me daba una mirada y me tenía que quedar callada, me daba miedo y si algo le parecía mal él iba y me retaba delante de