A
unque la apropiación —una estrategia usual en la fotografía y en el arte— ha abierto muchas posibilidades estéticas, visua- les, poéticas, narrativas, filosóficas, conceptuales, etc.; puede escandalizar e incluso ser criminalizada, es una práctica ampliamente difundida. Utilizando Internet —como el archivo más amplio de imá- genes/fotografías—, hay quienes basan su trabajo artístico únicamente en la apropiación. Mis fotografías pueden ser utilizadas total o parcial- mente para la creación de nuevos trabajos visuales, sin recibir ningún tipo de gratificación alguna. Tal vez el solo hecho de que algo mío haya causado el impacto suficiente para ser reutilizado, me gratificaría. Pero si la reutilización de esa imagen lucra más de lo que yo recibo como remuneración, ¿cómo cambiaría entonces mi opinión? ¿Qué opinión podría yo tener, si yo también utilizo en mi práctica imáge- nes, fotografía, sonido y video, creado total o parcialmente por otras personas? Así, el presente es un remix, donde poco o nada es exclusi- vamente original.* Rafael Garrido (Estocolmo, Suecia, 1976). Artista multimedia, con estudios en la
Universidad de Estocolmo Konstfack. Terminó su postgrado en 2012. Ha estado vinculado con la fotografía desde el comienzo de sus estudios artísticos en Ecuador. Actualmente trabaja y reside en Estocolmo.
La apropiación como método o herramienta creativa puede bien caer dentro de la provocación, pero tiene además cualidades muy resca- tables en un mundo saturado, intoxicado e inundado de imágenes, donde todo puede caer en la gran «licuadora del remix» y la discusión de lo original. En esta saturación y flujo es difícil distinguir la autoría de una imagen o foto que bien puede pasar desapercibida o no. Pero ¿cuánto es necesario que uno, como ente artístico, pueda, necesite o sienta afectar o transformar una imagen para que esta tome la forma, intención y narrativa de uno? Eso es ya cuestión de cada uno; pero hay la posibilidad de que —por no tener el cuidado o la audacia suficiente como apropiador— el autor se sienta perjudicado, lo que concluiría en los juzgados. Más adelante citaré un caso que ha revuelto el tema de la apropiación y ha hecho de este tema un tanto más sensible.
Por otro lado, la utilización de la red como archivo fotográfico equival- dría a la utilización de cualquier otro archivo; bien sea para hacer un comentario o crítica institucional o remover algún hecho cuya docu- mentación esté olvidada en los polvorientos archivos físicos, subsue- los fríos, bodegas silenciosas. Siendo entonces la red el archivo más amplio y libre, que permite su utilización y/o apropiación de imáge- nes ahí almacenadas de manera libre; hacer uso de estas imágenes para fines artísticos es cuestionable pero no por eso abolido. Veo yo con interés esta práctica como alternativa estética, narrativa, además atrac- tiva por la inmensa cantidad de material disponible para el beneficio lucrativo de uno.
Con lo que me cuestiono si es necesario tomar fotografías para llamarse artista/fotógrafo, o si es necesario tener una cámara para exponer fotografías. Definitivamente todos pueden tomar fotos y en segundos echarlas a la red (tal vez para llamarse fotógrafos). La fotografía, como todas las ramas creativas, trata de llevar la disciplina tan lejos de la práctica tradicional que resulta, por último, convirtiéndose en otra subdisciplina, o generalmente en híbridos poco asociables
con su contexto histórico, tradicional; vanguardias necesarias hasta cierto punto. ¿Qué sería del arte o de la fotografía si no fuese por la apropiación? ¿Qué sería del arte si Hitler hubiese sido artista exitoso? Si bien me confunde, también me satisface a veces no saber todas las respuestas; eso encuentro atractivo y del mismo modo me inquieta, y tal vez hasta me puede llegar a provocar, así como las tendencias artís- ticas, cuasi alquímicas de transformación, de lo mundano a lo precio- so, de lo horrendo a lo bello, de lo cotidiano a lo insignificante. Aquí vale aclarar que los adjetivos opuestos son utilizados de modo subje- tivo y abiertos a interpretación; ya que depende de qué lado de la es- tética esté uno enfocado. Me pregunto por qué una fotografía tomada por un fotógrafo X no se da por acabada tan solo porque no fue firmada —enmarcada si es el caso—, aunque —cual posta— sigue aún cargan- do potencial comunicativo, poético o narrativo. El potencial utilizado con la táctica se precisa considerando que esta imagen X entra en la paleta artística de X persona; como si fuese un color a ser mezclado y usado. Es así como se carga con otra historia u otra mitología. Se transforma de todos modos en una nueva narrativa única, totalmente desvinculada, descontextualizada de su contenido original, aumentada en subjetividad, dejando de ser una imagen cerrada, volviéndose una imagen abierta, recargada de nueva poesía, requiriendo otra rutina de gimnasia mental. Hay quienes dicen que la apropiación pertenece a los vagos; seguro que eso no entra dentro de la definición de lo que arte es o no es. Más bien, considero que es el poder del aula blanca, llámesela galería, el que logra transformar, subjetivizar, embellecer y elevar los precios de todo lo que en ella entra.
Recientemente estuve en una exposición del fotógrafo y artista alemán Wolfgang Tiellman, donde algunas de las muchas habitaciones de la exhibición se asemejaban a distintos casos investigativos, estilo laboratorio, o «mind-maps», llamados «Estudios de la verdad» (Truth Study) o «El último periódico» (The last newspaper). Aunque Tiellman
es considerado más un fotógrafo a tiempo completo, me llamó la atención una sala donde había recortes, fotografías, fragmentos, incluyendo texto de periódicos y revistas de toda índole, aparentemente coleccionados durante mucho tiempo, expuestos sobre mesas tipo mostrador, bajo vidrio —yo había trabajado en fundar periódicos antes, en la serie de los «Soldados» (1999)—. Él se considera un adicto a los periódicos y los ha recopilado desde la infancia. Considera que un periódico o diario contiene la esencia de todo el mundo. Entre los años 2002 y 2004, una visión más clara del mundo en que vivimos surgió, después de que los años 90 parecieron una década menos cargada políticamente. En su frustración e ira con estos eventos, pasó mucho tiempo leyendo los medios de comunicación y pensando en todas estas afirmaciones distintas a la verdad, «la gran verdad»; que fue la justificación perfecta detrás de toda esa violencia y guerras. Considerando que todos los problemas que el mundo enfrentaba en esos momentos partían de la ambición humana por adueñarse y poseer la verdad absoluta. Aunque estas mesas no daban una imagen clara, ya que también eran composiciones intuitivas y libres que cambiaban en cada exposición, existía un juego interesante entre factos y abstracción total. Tiellman creaba estos mapas de ideas de recortes como muchos habrán hecho y tendrán en las paredes, donde cada uno crea su lógica interna (a propósito de alquimia visual).
Pero si tomamos los casos contemporáneos que rozan la línea de lo legal con lo ilegal, tendríamos tal vez que retroceder cien años para incluir al «readymade» duchampiano. Me atrevo a especular y compa- rar la apropiación o el giro que el arte ha tomado con él; por ejemplo, el urinario, obra icónica de su producción. Duchamp no afectó a la producción artística de nadie y tampoco afectó las ventas de urinarios de la compañía que los producía. Hasta ahí con lo tácticamente incó- modo, ya que se trata de cómo se ejecuta lo que se hace; y también de «salirse con la suya». ¿Cómo uno puede abrir la percepción y el modo de ver las cosas y otro puede volverlo ilegal? Tal es el caso del artista
Richard Prince, que fue enjuiciado junto con su galerista por el fotó- grafo Patrick Cariou. El caso contra Prince se debió a que se apropió de fotografías que Cariou había tomado de los rastafaris en Jamaica (Yes Rasta) durante un período de seis años. Prince admitió haber utilizado hasta 40 fotografías de las que Cariou había tomado; expli- có que las fotografías eran aburridas y que las transformó en pinturas interesantes. La noticia provocó comentarios cálidos entre los exper- tos sobre derechos de autor, en fotógrafos, en artistas de collage, en pintores que han utilizado imágenes apropiadas y en genios del open
source (‘fuente abierta’). Según algunos, parece que el gran error de
Prince fue haber tenido éxito y que el copyright fuera una herramienta conveniente para la redistribución de una parte de su riqueza. Pero el caso fue que Prince vendió sus pinturas por miles de dólares mientras Cariou las vendía por cientos. ¿Celos? Según entiendo en este tipo de apropiación se debe demostrar los daños causados al perjudicado. La apropiación de material ajeno para bienes personales es un delito y eso todos lo saben, es plagio, piratería, etc. Todos o muchos cometen probablemente crímenes de piratería o plagio de alguna u otra mane- ra. En el caso de la apropiación dentro del arte fotográfico, para con- textualizarlo, es cuestión de táctica creativa, donde el autor de la nueva obra es expuesto y, por ende, es más susceptible a ser condenado. Uno de los factores que me atrae de la apropiación como tendencia artística es la irreverencia del acto. Los iconos son más fáciles de reconocer, por ende vender y lucrar. Por eso, si piensas empezar en el negocio de la apropiación, empieza con iconos, la irreverencia es mayor, tiene un mensaje crítico claro y no te olvides de transformarlo, por más poco que sea.
Hay fotografías muertas que reviven —como aquellas de casos criminales no cerrados— que, si no fuera por personas creativas, curiosas, investigadoras, morirían en el vacío del olvido. Están por lo tanto haciéndole un favor a la imagen, trayéndola de nuevo a la vida;
resucitando la imagen con otro cerebro, por así decirlo. Una narrativa Frankenstein, en la que la combinación o nueva vida que tome, bien pueda también volverse contra su creador. La apropiación es retomar el discurso donde el anterior lo dejó. Guy Debord escribe «Las ideas se mejoran, el sentido de las palabras participa en ello. El plagio es necesario, el progreso lo implica» (1983). Algo similar sucede con el conocimiento en general; este siempre depende de otro conocimiento ya desarrollado; luego encuentra su propio contexto, creciendo y permitiendo que el círculo se desarrolle, se repita y se expanda. La utilización de imágenes colectadas de la red, imágenes anónimas, de personas/autores, en muchos casos anónimos, imágenes de viaje, reportajes, imágenes que en la mayoría de los casos pasan desaperci- bidas, o han hecho ya su trabajo informativo y se han añadido a la can- tidad de imágenes informativas o de desastres de la humanidad; todas estas, en general, son parte del cúmulo de imágenes que se almacenan en Internet. Pero cuando el artista colecciona (y no creo que este sea el único método posible, pero utilizo como referencia ya que menciona- ré unos casos a continuación) y crea un collage de estas imágenes con un fin específico, un mensaje, una narrativa poética específica, todas estas imágenes cobran otro significado. No tendría sentido pedir per- miso a todas las miles de personas de las que uno ocupa sus imágenes. Con respecto a la utilización de la red como base de archivos —pa- sando de la fotografía al video-arte—, destaco el trabajo de la artista sueca Nicola Bergström Hansen, quien hace uso casi únicamente de imágenes o información de la red, utilizando libremente su conteni- do y adentrándose en archivos a veces ominosos, creando narrativas y críticas sociales, con temáticas relacionadas con la violencia. En su video Over the rainbow (Sobre el arcoíris, 2012), parte de la banda sonora es originalmente de la película clásica El mago de Oz —en la que al personaje principal, Dorothy, se le pide ir a algún lugar donde no pueda causar ningún problema; ella se pregunta si existe tal lugar y
estalla en una de las canciones del mundo del cine más famosos: Over
the Rainbow—. En el video, la misma canción está interpretada por la
Banda Brass BAE Systems, la gigantesca industria de armas que es en parte propiedad sueca. El video contiene imágenes de una tormenta de noticias de tierras lejanas, donde los aviones de combate y los cielos azules no siempre están asociados con los festivales. Los textos que están integrados en la composición son campañas tipo slogan de los fabricantes de armas de Saab AB y comercialización de BAE Systems. Los textos transmiten la posición de la industria de armas sobre su propia contribución a un medio ambiente seguro y protegido, utili- zando fotos de guerras. Estas imágenes apropiadas de varios sitios de noticias o reportajes de guerra, independientemente de lo que los fo- tógrafos tuvieron que pasar para tomar estas fotos y traernos a todos lo último en información sobre los conflictos mundiales, son utilizadas, no para perjudicar a los fotógrafos sino para, junto con este material y el metafórico uso de la música, crear una crítica al sistema bélico de un país, que no puede tomar una posición neutral en lo que los conflictos a nivel mundial concierne.
Siguiendo esta línea, el trabajo de Penélope Umbrico vendría a ser el gran apóstrofe y la personificación del verbo apropiación de imágenes de la red. Como venía contando en párrafos previos, depende de la cantidad alterada que un artista haga a una imagen/ fotografía para llamarla propia. La producción de Umbrico es netamente basada en fotografías tomadas de Internet, y poco o nada las altera, sino más bien fragmenta su contenido, sin revelar la información original de cada fotografía.
Este tema tiene repercusión sobre mi trabajo como fotógrafo, pues cuento con un blog en el que publico mis fotografías sin protección alguna (sellos de agua o tamaño/resolución del documento). Ahora trato, a modo de conclusión, de reflexionar esta temática desde mi propia práctica, ya no como apropiador sino como afectado. Me
gustaría verlo como un halago, en el supuesto caso de que me llegara a enterar de que un artista ha tomado una imagen mía y ha creado una nueva narrativa a partir de su propia realidad y universo. Que haya sabido tener la paciencia de afectar la fotografía o imagen. Hay una gran diferencia entre plagio y apropiación. El segundo es el uso de un sistema orgánico en constante expansión, desarrollo y flexibilidad. La posición de Umbrico, que también ha caído víctima de lo que se podría llamar reapropiación, demuestra más la omnipresencia del concepto de apropiación. Habrá quienes crean que la apropiación de la inmaculada creación de algún artista es pecado, falta de creatividad, vaguedad y crimen, pero también afirmo que se trata de táctica, gusto estético, verbo retórico y actitud. No creo que haya perjuicio económico debido a la apropiación; y si es así, pues que empiecen los juicios —si hay leyes que apliquen—.
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ibliografíaDebord, Guy, (1983). Society of the spectacle, Black & Red, Detroit.
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uenTesvirTualesselfselector.co.uk/2010/11/15/interview-with-wolfgang-tillmans/ www.artnet.com
nicola.se