3. LA INVESTIGACIÓN: RAZÓN Y CONTEXTOS
3.2. LA INVESTIGACIÓN Y SUS BASES HISTÓRICO-CONTEXTUALES
3.2.2. La universidad colombiana: raíces y estructura trasplantada
3.2.2.2. Realidad trasplantada, compleja y cambiante
La trasplantación tanto de la universidad colonial como de aquellas humboldtiana y
napoleónica, engendradas y elaboradas desde el contexto socio-europeo, hacia Latinoamérica, revela procesos complejos por los cuales ha pasado la universidad que hoy tenemos, en términos de cambios constantes, prácticas de imitaciones y esfuerzos por elaborar su propia identidad.
En Colombia, la historia de la ciencia y de la investigación, aunque “apenas en su fase inicial” (Melo, 2015) puede ser dividida o distinguida a partir de hitos claves que caracterizaron
momentos históricos y se establecieron a lo largo del tiempo como referencias a través de los cuáles se puede leer y comprender mejor el desarrollo del saber sistematizado en el país.
Para Melo (2015) estos hitos se han construido a partir del choque de la cultura y de los conocimientos españoles con los saberes indígenas que aquí estaban, generando la destrucción de estos últimos y la imposición de los procedimientos europeo-occidentales, en lo relacionado con el cuidado con la salud, la forma de construir viviendas, la vestimenta, la organización social, la relación con lo religioso y otros aspectos. Un primer hito fue el hecho que las universidades, que en un determinado momento estaban concentradas exclusivamente en formar al abogado y al sacerdote, no cargaban consigo la responsabilidad o la necesidad de formar científicos, sino más bien conocedores técnicos del saber dogmático (legal y teológico) dispuesto por la cultura europea, más conservadora para este fin.
Un segundo hito, siguiendo al mismo autor, fue la llegada y el trabajo de José Celestino Mutis en 1761 quien, como médico del virrey, trajo:
La medicina de la época, la física, la cosmología copernicana y newtoniana y la matemática moderna. El mayor impacto de la actividad se logró mediante la organización de la
Expedición Botánica, en la cual un puñado de criollos pudo hacer un ejercicio de práctica científica moderna, al participar en el esfuerzo por recoger y clasificar la flora y la fauna locales, así como por conocer la geografía del país (Melo, 2015).
Considerando el tema de la ilegitimidad de la universidad trasplantada desde Europa, Gómez & Vivas (2015) afirman:
Fue una institución trasplantada al Nuevo Mundo con el propósito de imponer unos modelos de conocimiento, inventados en Europa, sobre otros inventados en América y, de esta forma, garantizarles la pervivencia en el poder a las élites sociales herederas del hispanismo (págs. 19-20).
Ya en lo relacionado con la universidad moderna, es decir, luego de la fundación de la Universidad de Berlín y de la propuesta napoleónica de organización universitaria, es necesario decir que los elementos históricos que caracterizaron los contextos de su época en el viejo continente no son factores distantes de lo que pasaría en los siglos siguientes en Latinoamérica. La trasplantación de la estructura, de las ideas y conceptos de los modelos universitarios
humboldtiano y napoleónico, desconociendo las diferencias contextuales y los desafíos típicos de las regiones, sin duda fue el factor que más fuertemente caracterizó al proceso de elaboración de la universidad actual. En este sentido, no se trata simplemente de explicar el contexto complejo en que se encuentra la universidad y la investigación que ahí se desarrolla, sino de comprender lo conservado y lo transformado a lo largo de su historia (Silva, 2006, pág. 195).
El concepto de la universidad implantada en la Prusia del siglo XVIII fue transferido a
Latinoamérica por medio de las ideas republicanas e iluministas y se ha desarrollado en medio de tensiones y luchas por el poder y control; la estructura académica local, así como ya había
ocurrido con el modelo colonial, se mantendría fiel al esfuerzo de seguir copiando modelos extranjeros de estudios e investigación y, en consecuencia, avanzaría poco en la construcción de una mayor autonomía epistemológico-académica.
En este punto es necesario recordar que cuando nombramos a la universidad republicana, además de hacer referencia al sistema de gobierno y a la institución universitaria vigente en el contexto de los países independientes, se quiere también indicar aquella institución de educación superior inspirada a partir de las ideas de la ilustración. En otras palabras, los movimientos republicanos de inicio de la primera mitad del siglo XIX estaban conceptual y fuertemente relacionados con los principios de la Revolución Francesa, los cuales, a su vez, correspondían a la materialización política y social del iluminismo (Abbagnano, 2000, pág. 536), línea filosófica igualmente fundamental en los debates prusianos de finales del siglo XVIII, que produjeron, entre miles de publicaciones y debates, además del famoso texto de Immanuel Kant, ‘Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?’, el documento ‘Sobre la organización interna y externa de la instituciones científicas superiores en Berlín’, trabajo síntesis de Wilhelm von Humboldt sobre la fundación de la universidad de Berlín, ícono de la universidad moderna, por lo menos en lo referente a la centralidad de la investigación.
En este sentido, entre el modelo universitario pensado desde los debates alrededor de la universidad alemana y aquellos desarrollados a partir del gobierno napoleónico, la universidad republicana colombiana, incluso en nuestros días, y siguiendo la tendencia latinoamericana, ha vivido una especie de esquizofrenia académico-administrativa, toda vez que, por un lado,
reconoce la importancia y el valor de la investigación, pero, por otro lado, dedica muchas más horas y recursos en formar profesionalmente a sus estudiantes con el fin de ubicarlos
laboralmente21.
Otro aspecto importante a confirmar es que el proceso de cambios y transformaciones, al cual aquí hacemos alusión, está relacionado con las estructuras internas de la nueva universidad que necesitaba lidiar con dos necesidades centrales: aquella de trasplantar conceptos y procesos desde el viejo mundo al nuevo, y la de adaptarse continuamente a los intereses de los poderes políticos y oligárquicos que siempre buscaron controlarla y ponerla a su servicio.
Dicha situación transformó a la universidad en un espacio de luchas de control interno y de búsqueda de apoyo político externo, disminuyendo la atención dedicada al trabajo fundamental de observar, analizar y debatir la sociedad que la rodeaba, proponer respuestas a sus principales cuestiones y avanzar en la profundización de los saberes.
De acuerdo con esto, las palabras de Gómez & Vivas (2015) nos ayudan cuando afirman que: Durante los más de doscientos años de vida republicana, nuestras universidades se han
obsesionado con el vasallaje a la escritura (Vivas, 2009) y a las novedades tecnológicas trasplantadas desde Europa a América; vale decir con el consumo de productos ya terminados y con la repetición de teorías ya comprobadas. La subordinación de nuestras formas de pensar y de vivir a las letras y a las invenciones técnicas, ambas recetas preestablecidas por Europa, ha significado un pathos de dependencia cultural permanente que beneficia solo a quienes
21 En nuestros días, por ejemplo, dicha esquizofrenia se revela cuando los órganos de control de los gobiernos exigen, por un lado, formación técnica profesional y generación de profesionales en sintonía con el mercado laboral, y, por otro lado, cuando visitan a las universidades con el fin de clasificarlas, otorgándoles títulos de alta calidad o denominaciones similares, las evalúa, entre otros factores, por la fuerte producción investigativa, por su presencia en revistas internacionales, por el impacto social de sus procesos investigativos.
controlan la circulación de ideas y de mercancías. Por eso, empresas y universidades
coincidieron desde sus inicios en América en intereses económicos e ideológicos (pág. 21). A finales del siglo XVIII e inicios del XIX, el país, concentrado en el tema de la autonomía política, se encontró en un proceso de paralización de las grandes iniciativas científicas. Dicho estancamiento se da, en primer lugar, por la concentración del pensamiento y de los recursos en la conquista de la independencia, en segundo lugar, luego de la independencia, la paralización es resultado del debate entre los diversos grupos y tendencias político-ideológicas de la joven nación, sobre cómo establecer los rumbos de su historia y, por ende, de sus universidades (Melo, 2015).
Entre 1850 y 1862, como otro hito nuclear a añadir en este proceso, el país vio desarrollarse la Comisión Corográfica, el evento más importante de la historia de la geografía en Colombia en el siglo XIX y sin duda uno de los hechos más significativos de la disciplina en el país. La
Comisión Corográfica logró por primera vez compilar la carta general del país, algo que había sido uno de los deseos más firmes de los gobernantes de la naciente república desde principios de la década de 1820 (Melo, 2015).
Las dificultades para seguir trayendo a investigadores extranjeros, los pocos recursos
destinados a estas iniciativas, la baja preparación de los docentes, la falta de buenos laboratorios, y la poca importancia dada a la ciencia, eran algunas de las dificultades que ocasionaron que Colombia, en los primeros años de independencia, no avanzara tanto como se deseaba.
En los eventos científicos ocurridos en la primera parte del siglo XX, así como en los hitos indicados anteriormente, se puede ver fácilmente que no hubo un proyecto de nación que llevara a la búsqueda sistemática, constante y organizada del saber científico. Fueron, más bien,
específicos y puntuales y, si bien podían generar algunas publicaciones y producciones
académicas de relevancia, no desarrollaban procesos de crecimiento y continuación de proyectos de producción científica.
La Comisión Científica Nacional, creada por la Ley 83 de 1916, el Instituto de Biología, (1945), el Instituto de Botánica (1936), el Instituto de Ciencias Naturales (1940) y otros
organismos nacidos en esta época, confirman el esfuerzo por crear instituciones relacionadas con la investigación, pero con los mismos problemas de falta de apoyos adecuados y de articulación interinstitucional que pudieran generar continuidad y avance en la práctica y en la producción científica del país.
Los hechos ocurridos en el siglo veinte, especialmente en su segunda mitad, han influenciado directamente el panorama que hoy tenemos en lo relacionado con la investigación en Colombia. Buscaremos ahora profundizar en dicha influencia a partir de algunos eventos nucleares en este proceso como lo son el contexto y la creación de Colciencias, la publicación del Decreto Ley 80 de 1980 y de la Ley 30 de 1992 y el debate actual alrededor de la importancia de las ciencias humanas para la universidad y para la sociedad.
El año de 1968 ha marcado la historia de la ciencia y de la tecnología en Colombia debido a la creación de Colciencias. Alrededor del tema Becerra y Restrepo (2015) afirman:
En 1967, de acuerdo con las recomendaciones formuladas en ese sentido durante la reunión de Punta del Este, se realizó en Fusagasugá el Primer Seminario sobre Ciencia, Tecnología y Desarrollo, que recomendó al presidente Carlos Lleras Restrepo crear un fondo especial con personería jurídica para apoyar financieramente las investigaciones científicas y un organismo ejecutivo del más alto nivel. Por el Decreto N° 2869 de 1968 se creó el Fondo Colombiano de
Investigaciones Científicas ‘Francisco José de Caldas’ (COLCIENCIAS) y el Consejo Nacional para el Fomento de la Ciencia y la Tecnología (p. 16).
Los objetivos fundacionales de Colciencias, indicados en el mencionado Decreto del 20 de noviembre de aquél año, en su párrafo 2°, eran:
a) Asesorar al Gobierno Nacional en la formulación y ejecución de la política científica y tecnológica;
b) Rendir concepto sobre los planes y proyectos que sean sometidos a su consideración por el Gobierno Nacional;
c) Formular recomendaciones al Gobierno Nacional en relación con el desarrollo de la ciencia y la tecnología;
d) Asesorar al Gobierno en sus relaciones con Organismos Internacionales y con otros países. e) Aconsejar las medidas necesarias para asegurar el óptimo aprovechamiento
de los profesionales y expertos existentes en el país y el retorno a Colombia de científicos y técnicos nacionales, y
f) Estudiar los asuntos relacionados con la política de integración latinoamericana en el campo de la ciencia y la tecnología y presentar al Gobierno las recomendaciones pertinentes
(COLCIENCIAS, 2015).
La creación de dicha entidad, es necesario decir, obedece y está relacionada con una secuencia de hechos socio-políticos de gran repercusión en Latinoamérica, cuyas conexiones se pueden encontrar cuando recordamos lo que significaron para estos países los años sesenta y setenta en términos de sistemas de gobiernos, relaciones con los Estados Unidos, intervenciones militares y políticas, control de los medios de comunicación, de la construcción cultural y del saber en general.
Hechos como el establecimiento del sistema político cubano entre 1958 y 1959 y la reacción estadunidense a esta situación; la guerra fría que desde ahí se intensifica dando origen a medidas de represión militar y política en lo relacionado con los otros países de la región; la implantación de los gobiernos militares en Brasil (1964), Argentina (1976), Uruguay (1973), Chile (1973), Perú (1968), Paraguay (1954), Bolivia (1964), y otros; son algunos de los ejemplos que
confirman la situación de sospecha y control que se vivía en la región en este momento, lo que inevitablemente alcanzaría también los ambientes universitarios y académicos.
A este contexto político de fuerte impacto se suman las iniciativas a nivel de pensamientos, acuerdos y convenios, dictados por la fuerza económica estadunidense que se disponía a ayudar a vencer la pobreza y la dependencia regional por medio, básicamente, de apoyos financieros abultados y sistemas de endeudamiento de los diversos países.
El discurso de John Kennedy, el 13 de marzo de 1961, en donde “echó las bases doctrinarias de sus tareas con el subcontinente atrasado llamado América Latina” (Gómez & Vivas, 2015, pág. 78) por medio del programa Alianza para el Progreso; la Carta de Punta del Este, resultado de la reunión promovida por el gobierno de Estados Unidos y realizada en esta ciudad en agosto de 1961, con 21 delegaciones representantes; el Plan Decenal de Educación, anexada a esta Carta, asumido en su totalidad por la UNESCO en el mismo año y muy bien acogido por el gobierno de varios países en Latinoamérica, incluso el colombiano; el informe coordinado por el asesor de la UNESCO, Rudolfh Atcon, en donde se establecen el análisis, las propuestas y las recomendaciones para la educación superior en el continente, apoyando, entre otras cosas, la privatización integral de la universidad Latinoamericana y la eliminación de la representación estudiantil de sus consejos; son todos hechos que indican dicho esfuerzo norteamericano en tornar más dependiente de sus estructuras a los países de la región.
En este sentido, el contexto del nacimiento de Colciencias era un contexto de tensión, búsqueda de control, intereses internacionales y combate a las ideas diferentes a aquellas de los gobiernos más fuertes económica y militarmente.
Pasados casi 50 años y luego de varios cambios marginales al núcleo central de la primera propuesta, los objetivos del “Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación – Colciencias” indicados en su página web son:
a) Crear una cultura basada en la generación, la apropiación y la divulgación del conocimiento, y la investigación científica, la innovación y el aprendizaje permanentes.
b) Definir las bases para formular anualmente un Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
c) Fundamentar y favorecer la proyección e inserción estratégica de Colombia en las dinámicas del sistema internacional que incorporan el conocimiento y la innovación y generan posibilidades y desafíos emergentes para el desarrollo de los países y sus relaciones
internacionales, en el marco de la sociedad global del conocimiento.
d) Articular y enriquecer la investigación, el desarrollo científico, tecnológico y la innovación con el sector privado, en especial el sector productivo.
e) Propiciar el fortalecimiento de la capacidad científica, tecnológica, de innovación, de competitividad y de emprendimiento, y la formación de investigadores en Colombia.
f) Promover el desarrollo y la vinculación de la ciencia con sus componentes básicos y aplicados al desarrollo tecnológico innovador, asociados a la actualización y mejoramiento de la calidad de la educación formal y no formal.
g) Integrar esfuerzos de los diversos sectores y actores para impulsar áreas de conocimiento estratégicas para el desarrollo del país, en las ciencias básicas, sociales y humanas, de acuerdo con las prioridades definidas en el Plan Nacional de Desarrollo.
h) Fortalecer el desarrollo regional a través de los Consejos Departamentales de Ciencia, Tecnología e Innovación y políticas integrales, novedosas y de alto impacto positivo para la descentralización de las actividades científicas, tecnológicas y de innovación, integrado a las dinámicas internacionales.
i) Definir y alinear los procesos para el establecimiento de prioridades, asignación,
articulación y optimización de recursos de toda clase para la ciencia, la tecnología, la innovación y el resultado de estos, como son el emprendimiento y la competitividad.
j) Fortalecer la capacidad del país para actuar de manera integral en el ámbito internacional en aspectos relativos a la ciencia, la tecnología y la innovación.
k) Promover y fortalecer la investigación intercultural, en concertación con los pueblos indígenas, sus autoridades y sabedores, destinado a proteger la diversidad cultural, la biodiversidad, el conocimiento tradicional y los recursos genéticos.
Sin embargo, los objetivos elocuentes de ayer y de hoy se chocan con algo concreto y determinante: la inversión de Colombia en investigación y desarrollo sobre el PIB a lo largo de los años. En Gómez y Vivas (2015, pág. 149), citando a Colcultura, 1978, encontramos que dicha inversión en el año 1972, pocos años después de fundada Colciencias, era de 0,14% del PIB.
Entre 2005 y 2015 en cuadro es lo siguiente:
2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015
0,153% 0,149% 0,177% 0,193% 0,190% 0,189% 0,203% 0,219% 0,273% 0,251% 0,239%
Ello muestra la poca importancia y la condición de control y sumisión en que se encuentran las posibilidades de avanzar en materia de desarrollo investigativo. Una vez más las
universidades se encuentran en medio a una tensión cuyas características revelan un
desequilibrio entre las necesidades sociales y las condiciones dadas por el poder público para el desarrollo y avance de la ciencia. O, lo que es más grave, entre esta falta de apoyo y la exigencia de calidad por parte del mismo gobierno que no facilita el caminar, pero exige que se haga el camino.
Las consecuencias de este tipo de política son muchas y van desde la falta de apoyo
económico a los investigadores y grupos de investigación de las múltiples áreas del saber, hasta la elitización de los doctorados de las universidades públicas y privadas, debido a las bajas condiciones ofrecidas para su desarrollo y por el precio de matrícula que son llevados a cobrar los que están interesados en construir el camino de investigadores.
Esta ausencia o presencia a medias del poder público, ha tenido iniciativas puntuales a través de comisiones ad-hoc para análisis y estudio de la situación y por medio de leyes y decretos. El Decreto 80 de 1980, por el cual se definen los principios y se fijan las normas que regulan la Educación Post-Secundaria o Superior, intenta solucionar tal problemática en el ámbito de este nivel de estudios y, por lo menos, intenta profundizar un debate desde adentro del país sobre el tema, poniendo sobre la mesa las cartas fundamentales y generando con ello reacciones de académicos e investigadores. En este sentido Figueroa y Jiménez (2002) afirman:
La inoperancia del Estado en cuanto a su papel de dinamizador de políticas que ordenaran el caos social en el campo educativo, tiende a modificarse hasta bien entrada la década del setenta. La educación se comienza a percibir como un problema prioritario. Con una serie de normas que anteceden a los años setenta, el Estado pretende nacionalizar la educación
primaria y secundaria, pasando la responsabilidad al gobierno central. Sin embargo, es apenas en los años de 1979 y 1980 cuando el Estado lleva a cabo una propuesta normativa, más o menos clara en el campo docente (con el Decreto 2277 de 1979 se crea el estatuto docente) y en la educación superior con la Reforma Universitaria de 1980 (Decreto-Ley 080 de 1980) (p. 232).
Es así como la ausencia de recursos y la exigencia de calidad, aliadas a la presencia legal retardada y poco debatida desde las necesidades reales de los actores principales, generando desarticulaciones entre los varios niveles de educación, son posturas que se mantienen a la orden