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Reconstruir y transformar vidas desde el pensamiento crítico

3. REFERENTES TEÓRICOS

3.6 Reconstruir y transformar vidas desde el pensamiento crítico

Todos pensamos, de eso no hay duda, es una actividad o proceso natural; sin embargo, el pensamiento tiene unos niveles o categorías, las cuales hacen de nosotros seres humanos sostenidos solamente desde la inferencia, o seres humanos con capacidad de discernir, tomar decisiones, argumentar y criticar. Dewey en Lipman (1992) refiere la idea de un pensamiento que reconstruya y así transforme la filosofía en una actividad intelectual. Por su parte, Vygotzky en el mismo autor, plantea que el desarrollo del pensamiento no es posible sin el lenguaje, entendido como el medio de comunicación social ligado al desarrollo de la inteligencia.

Matthew Lipman es un filósofo, educador, lógico e investigador estadounidense líder de la filosofía para niños, la cual pretende promover el pensamiento por sí mismo en los niños y niñas, desde la enseñanza generalizada de la filosofía. Su teoría sobre el pensamiento crítico propone de manera práctica la redefinición de la filosofía en el aula. A partir de ella, se busca que los niños y niñas sean críticos, con capacidad de dialogo y reflexión, los cuales desarrollen razonamiento con base en valores para formar una sociedad más democrática y

pensante. Lipman (1992), orienta a los educadores, desde un texto de recomendaciones y actividades a desarrollar, hacia una forma de enseñanza basada en la indagación.

Para Lipman (2001), los alumnos cotidianamente se ven en la necesidad de emitir juicios, pero ellos no han sido preparados desde la escuela; este hecho hace que reciban conocimientos desde cualquier contexto de forma acrítica.

El producto del pensamiento crítico para este autor son los juicios, los cuales se pueden conceptualizar como la formación de opiniones y conclusiones, como la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones. Considera pues que juicios como estos no son brindados desde un salón de clases. Si lo relacionamos con la realidad colombiana, por ejemplo, nos damos cuenta que es evidente que no estamos fortaleciendo procesos de pensamiento crítico en nuestros niños, todo lo contrario, hacemos una educación donde la memoria es el eje central y no exista búsqueda de la verdad; seguimos con el imaginario de llenar al niño de conocimiento, proveerlo de todas las herramientas y colocar barreras para que establezca aprendizaje por sí mismo, piense por sí mismo. Un juicio es un producto de actos hábilmente ejecutados, orientados por procedimientos apropiados.

Un pensamiento crítico es un pensamiento hábil, pero dichas habilidades en sí mismas no pueden ser definidas sin criterios – dice Lipman-; el hecho de que el pensamiento crítico se base en criterios ya nos sugiere su fundamentación y estructuración. Los criterios son razones valiosas que podrían tener aceptación pública, los usos competentes de las razones establecen objetividad en el uso de las razones. Como se había mencionado, para que un pensamiento crítico tenga lugar, se requiere de tres preceptos fundamentales; debe estar basado en

criterios, debe poder ser un pensamiento autocorrectivo y debe ser sensible al contexto. Los criterios en los que se basa un pensador crítico constan de validez, evidencia y consistencia. La mejora del pensamiento de los estudiantes dependerá de las habilidades que utilicen para identificar y citar buenas razones para las opiniones que sostienen.

Cuando Lipman plantea que el pensamiento es autocorrectivo, dispone algunos indicadores que soportan esta idea. Se pueden considerar los siguientes: sitúa los errores en el pensamiento del otro y en el propio, clarifica las expresiones vagas, pide razones y criterios cuando no se han dado, identifica inconsistencias en la discusión, señala supuestos no válidos, se cuestiona sobre los correctos procesos en una investigación. Además, el pensamiento crítico al ser sensible al contexto, sugiere que tenga el reconocimiento de las circunstancias irregulares del entorno, las limitaciones que presente, configuraciones a nivel global y evidencias insuficientes. Cuando se fortalece este pensamiento en nuestros estudiantes -solo por nombrar el ámbito educativo como promotor-, se puede lograr una transformación en la sociedad, entendiendo que el maestro no es el poseedor total de conocimiento, y, a su vez que, los niños y niñas se pueden autoconstruir, a partir del encuentro con el otro, el dialogo y la toma efectiva de decisiones.

Por su parte, Freire, considera al pensamiento crítico como una actividad mental específica para comprender el mundo y la actividad pedagógica, en el sistema educativo el currículo, desde esta perspectiva, no debería verse como un conjunto de saberes aislados, sino como un proceso de intervención de todos los sectores implicados en él. Este pensamiento debe ir orientado hacia la libertad. Para Freire, la realidad es el punto de partida del acto de conocer, y los y las estudiantes, así como los y las docentes deben dejar de ser objetos pasivos en la

sociedad estática y dogmática, para convertirse es sujetos responsables capaces de conocer y crear su propia historia.

Enseñar no es la transferencia de conocimientos como lo propone la educación bancaria, en la cual se deposita conocimiento en las personas, enseñar es crear las posibilidades de la construcción de conocimiento o su producción. Por ello Freire se pregunta si en el sector educativo, los docentes dialogan con los niños, niñas y adolescentes, y de ser afirmativa la respuesta, cuál es la manera de hacerlo. Desde este punto de vista, es claro que todavía queda mucho camino para la formación de pedagogías que sitúen al estudiante en el centro, es decir, que se piense el aprendizaje desde ellos y no sobre ellos, el currículo desde la propuesta freireana parte de la construcción de los propios participantes en el proceso de enseñanza- aprendizaje, los niños, niñas y adolescentes como forjadores de pensamiento, con participación activa desde los escenarios educativos.

Algunas de las implicaciones del pensamiento crítico de Freire se relacionan con la necesidad de coherencia, según la cual se debe superar los contenidos y dar voz a las y los estudiantes, lograr una activación ética, exigir en los y las docentes un rigor en su metodología, entender que el ser humano es rebelde por naturaleza y por ellos tiene derecho a expresar el desacuerdo que le pueden generar las injusticias, la opresión, la tiranía, el mal gobierno, entre otras cosas.

Lipman como exponente esencial en la teoría de pensamiento crítico, creativo y cuidadoso, en su texto “el lugar del pensamiento en la educación” (2016), ofrece un amplio conocimiento sobre la importancia de estos tres pensamientos en la vida de los niños, niñas

y adolescentes; para Lipman, el resultado del pensamiento crítico son los juicios. En este texto, define el pensamiento crítico desde la postura de algunos autores (que no nombra), como un proceso mental, las estrategias, las representaciones que usa la gente para resolver problemas; también como aquel pensamiento razonable y reflexivo que se centra en decisiones; no obstante, el autor considera que las definiciones son insuficientes pues los resultados de la definición son estrechos y sus características son vagas.

Lipman (2016) refiere que el pensamiento crítico debe ser aplicado, por lo cual no se trata solamente de un proceso, sino que, además se trata de desarrollar un producto lo cual significa conocer, entender y comprender algo, pero además usar ese conocimiento para producir un cambio razonable. Así mismo, el pensamiento crítico es hábil y responsable porque hace un buen juicio; presenta tres características básicas: se basa en criterios, es autocorrectivo y es sensible al contexto.

Al decir que debe basarse en criterios, se debe partir de la definición de criterio el cual es visto como <<regla o principio usado en la formación de un juicio>> (Lipman, 2016 pp. 34). Por ello, existe una conexión entre pensamiento crítico, criterio y juicio. Los estándares, leyes, reglas, regulaciones, principios, supuestos, normas, métodos, requisitos, entre otros, son considerados instrumentos de la racionalidad que cuando funcionan dentro de un proceso de investigación, se hace de manera dinámica y crítica. Como los centros educativos y las universidades son lugares de investigación –refiere Lipman- los instrumentos deben ser defendibles; las notas se basan en criterios, los estudiantes exponen razones, etc. Algunos de esos criterios se plantean desde la comparación, de acuerdo a lugares, espacios, temáticas o con un estándar ideal. El segundo aspecto es que el pensamiento crítico es autocorrectivo, lo

cual quiere decir que podemos pensar sobre nuestro propio pensamiento, pero no puede quedar solamente de esta manera, pues la metacognición tiene la misma idea y no se habla necesariamente de pensamiento crítico. Según C.S. Peirce (1931-1935 citado en Lipman 2016), lo más característico de la investigación es que su objetivo es descubrir la debilidad y rectificar lo erróneo en sus criterios. Allí es cuando la investigación se vuelve autocorrectiva.

De acuerdo a esta idea, Lipman (2016) plantea la importancia de convertir una clase en una comunidad de investigación, pues mejora el clima moral, los miembros toman conciencia de su propio pensamiento y tratan de corregir sus métodos. Finalmente, el pensamiento crítico debe ser sensible al contexto. Existen algunas regularidades que pueden ser universales e intercontextuales, pero hay otras particulares y específicas del contexto. Cuando el pensamiento es sensible al contexto, debe tener en cuenta las circunstancias y condiciones excepcionales o irregulares, las limitaciones espaciales, las configuraciones globales, la posibilidad de existencia de evidencias atípicas y la posibilidad de que algunos significados no sean iguales de un contexto a otro y no se puedan aplicar. (Lipman 2016). Para que exista un pensamiento crítico, que se piense con miras a la transformación de un “algo”, éste debe ser basado en criterios, autocorrectivo y sensible al contexto, en el cual finalmente se planteará el cambio.

Una meta de la educación es librar a los estudiantes de hábitos mentales que no son críticos, que no cuestionan nada, para poder desarrollar de mejor manera la habilidad de pensar por sí mismos, descubrir su orientación en el mundo y desarrollar su propio conjunto de creencias acerca del mundo. Para este filósofo, todo niño debería ser alentado a desarrollar y articular su propio medio de ver las cosas. Este autor ha sido fundamental en el desarrollo

de la presente investigación, no solo porque su perspectiva y trabajo se encaminan hacia el objetivo planeado, sino porque sus argumentos han estado basados desde el trabajo con niños y niñas.

En muchos trabajos investigativos, se encontró que el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo iba encaminado hacia jóvenes y adolescentes, limitando las capacidades presentes en nuestros niños y niñas, no obstante, Lipman, hace la invitación a los docentes a cambiar sus prácticas de educación tradicional por medio de la filosofía para niños a través de libros y manuales para docentes que enseñaran a pensar.

El dialogo es el único medio posible para debatir, cuestionar, y hacer asumible aquello que ha sido objeto de indagación y búsqueda a partir del interés de la persona. Ir más allá del contenido, traspasar las barreras del pensamiento memorístico y automático establecidos por una educación tradicional y plantear una enseñanza que le dé sentido a la razón.

Renán Vega Cantor (2008), presenta un artículo reflexivo desde una colonización del pensamiento en la historia colombiana. En su texto plantea tres puntos clave a partir de los cuales se da y se sigue dando existencia a las situaciones de inequidad social y violencia. Por una parte, refiere que Colombia tiene la desgracia de ser un país rico y termina además siendo una paradoja que un país con tanta diversidad cultural, riqueza natural y biodiversidad, sea uno de los países más injustos del mundo; el terrorismo del estado – refiere Vega – hace de nosotros, ciudadanos pobres.

La privatización, el poder de los partidos políticos y la existencia de grupos monopólicos han hecho de este un país desigual. Por otro lado, se refiere a la impunidad de las clases dominantes, asesinatos de líderes, campesinos, defensores; desaparición forzosa, entre otras atrocidades; su tercer punto clave, es un cuestionamiento hacia las anteriores situaciones y es ¿qué puede hacer el pensamiento crítico? El autor conlleva a la reflexión sobre un pensamiento crítico que sirve para cuestionar las mentiras que se repiten, diseñar alternativas e incentivar a pensar por sí mismos y, además que en un país como el nuestro se logre un pensamiento anticapitalista llegando desde la crítica a la raíz del problema, no conocer por conocer, sino con una finalidad, una reconstrucción.

Es por ello que es coherente anhelar un cambio desde las instituciones educativas, formar un pensamiento crítico en nuestros niños y niñas, que desde temprana edad sean capaces de discernir.

Como lo manifiesta Lipman (1992) “Si queremos adultos que piensen por sí mismos, debemos educar a los niños para que piensen por sí mismos”. La transformación inicia con nuestros niños y niñas, no podemos esperar a que crezcan para fomentar en ellos la crítica, es un poco limitante el hecho de intentar el fomento de estas habilidades que permitan una transformación del contexto, del sistema, en jóvenes universitarios, tal vez quede algo en ellos, sin embargo, si desde niños les brindamos las herramientas necesarias para que “no coman callados” tendremos niños que cuestionen, argumenten, tomen decisiones que consideren favorables y lo más importante, trasformen una sociedad.