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Un recorrido por la morada de Neptuno

In document Los movimientos en el planeta tierra (página 30-32)

Según la mitología romana, Neptuno, hermano de Júpiter, era el dios de los mares. Impetuoso, inestable, iracundo, podía provocar desde terribles tormentas, sismos y tempestades hasta las olas más tranquilas y pacíficas, con solo agitar su tridente. Temible y caprichoso, nadie se atrevía a provocarlo, fue el arquitecto de las costas, siempre escoltado por sus fieles caballos. Podía arrancar trozos de montañas para crear acantilados o dejar suaves playas con abrigadas bahías para que jueguen sus delfines, con solo pasar la mano por el litoral.

A través de estos relatos mitológicos, el ser humano buscaba encontrar res- puestas a los fenómenos naturales, interpretar el universo y encontrar explicación a la realidad. Eran explicaciones arbitrarias, donde lo sobrenatural estaba presente. Los fenómenos catastróficos o propicios, eran atribuidos a los inestables estados de ánimo o voluntad antojadiza de los dioses.

El orden natural necesita explicaciones y respuestas más racionales. La cam- paña realizada por la corbeta real británica HMS Challenger en 1812, es considerada

Los movimientos en eL pLaneta tierra ConseCuenCias de La GeodinámiCa GLobaL como la primera investigación oceanográfica con un “sello” científico por las evi-

dencias concretas que obtuvo. A bordo de la misma, un grupo de científicos reco- rrió durante 3 años, 120.000 km. Surcaron los océanos Atlántico, Pacífico, índico y Antártico. El informe resultante de esos años de investigación, contribuyó con grandes aportes sobre el conocimiento de la salinidad, temperatura y densidad del agua de mar. Se obtuvo una idea más precisa de los fondos marinos y de las gran- des cuencas oceánicas. La expedición descubrió la fosa de las Marianas y demos- tró la existencia de la dorsal mesoatlántica. Realizaron medio millar de sondeos en aguas profundas, cientos de dragados y catalogaron aproximadamente 4.700 especies nuevas de vida marina, recogidas a más de 5.500 m de profundidad.

El nombre de esta expedición fue inspiración para denominar al transborda- dos espacial Challenger y al abismo ubicado en el extremo sur de la fosa de las Marianas, en el Pacífico. El Challenger es el punto más profundo medido en el océano. El primer registro de profundidad fue de 8.184 m. Unos 75 años después, la parte más profunda de la fosa fue medida mediante sondaje por eco, estimando una profundidad de 10.900 metros. Estudios posteriores, usando sonar, determi- naron la profundidad actual en 10.923 metros con una presión 1095 veces mayor a la de la superficie terrestre. En el 2012, el director de cine canadiense James Cameron, se convierte en el primer hombre en descender sin acompañantes, a 10.898 m dentro del abismo a bordo del Deepsea Challenger. Durante seis horas permaneció solo, acompañado únicamente por sus sentimientos, alejado de la humanidad entera, observando y filmando por primera vez, uno de los puntos más desconocidos, más profundos, oscuros y solitarios de la Tierra.

El hombre ha logrado realizar mayor número de misiones espaciales para explorar y conocer el universo, que expediciones oceanográficas para conocer las profundidades de los océanos de su propio planeta. Cameron describe aquellas profundidades como “un paisaje casi lunar… desolado… alienígena…”.

La medición de las profundidades oceánicas y el reconocimiento de la for- ma o la topografía de la superficie submarina dio origen a la batimetría (bathos: profundidad; metros = medida). Las primeras sondas utilizadas fueron muy sim- ples y rudimentarias: pesos atados a largos cables que se bajaban hasta el fondo marino, los que muchas veces se untaban con grasa para obtener muestras del suelo. Las mediciones eran puntuales, bastante imprecisas ya que dependían de los movimientos del barco, las mareas o las corrientes marinas que podían afectar los cables lanzados. Sin embargo, no fue sino hasta la década de 1940, durante la segunda guerra mundial que se desarrolló el sonar, lo que permitió los primeros sondeos acústicos del fondo oceánico. La onda de sonido se emitía hacia el fondo

y el tiempo que tardaba en recorrer el agua, rebotar y volver, es lo que informaba la profundidad real. En la actualidad se usan sonares de barrido ancho, con lo que pueden cubrirse un abanico de 180°, facilitando el mapeo de los fondos oceánicos.

La investigación oceanográfica, recién comenzó a desarrollarse científica- mente a partir de 1945, los océanos Atlántico, Ártico, Pacífico e índico fueron intensamente estudiados. Los resultados de aquellas investigaciones demostra- ron que, a pesar de que grandes áreas del fondo oceánico son extensas llanuras, relativamente planas, existen también regiones extremadamente elevadas y de muchos kilómetros de extensión, que constituyen las mayores “cadenas monta- ñosas” del globo terrestre. 

El geólogo norteamericano Harry Hess, fue durante la Segunda Guerra Mun- dial, comandante de un barco que transportaba tropas por el Pacífico. Aprovechó esta situación, para estudiar en detalle el fondo marino, mediante el análisis de mapas realizados con sonares. Llegó a la conclusión, que el fondo del océano no era una región tranquila e inmóvil, teniendo en cuenta las investigaciones realiza- das a fines de 1950 por su amigo, el geofísico Maurice Ewing

Ewing, con otros científicos del Observatorio Geológico Lamont de Nueva York, habían realizado una expedición para cartografiar la Dorsal Mesoatlántica. La describieron como una extensa cadena de montañas cuyo origen son las mis- mas entrañas de la Tierra, situada exactamente en el centro del Océano Atlántico. Ésta dorsal oceánica posee un conjunto de volcanes en actividad, un estrecho valle y un escarpado en el centro, a lo largo del cual se registran frecuentes sismos submarinos. A partir de 1950, la cantidad de conocimientos adquiridos teniendo en cuenta estudios paleomagnéticos y sismológicos, posibilitaron plantear las primeras hipótesis globales para interpretar las distintas partes de la corteza, el origen de los continentes, el vulcanismo y los terremotos. Para esa época se ha- bían descubierto las anomalías paleomagnéticas en los fondos oceánicos, había evidencia sobre su posible expansión y se bosquejaba un modelo de la existencia de un supercontinente.

En 1962, Hess propone que es el propio fondo oceánico el que se mueve, em- pujando las placas tectónicas y por lo tanto, modificando la distribución continen- tal. Determina que el fondo se expande continuamente, a través de las dorsales oceánicas, mediante procesos dinámicos divergentes que desplazan las placas tectónicas lentamente en direcciones opuestas, alejándolas poco a poco.

El precursor de esta teoría fue el naturalista alemán Alfred Wegener, quien mostró evidencias paleontológicas y geológicas, publicadas en 1915 en “El origen de los continentes y de los océanos”, pero esto no fue suficiente para convencer

Los movimientos en eL pLaneta tierra ConseCuenCias de La GeodinámiCa GLobaL a los colegas de la época, que simplemente ignoraron sus ideas. Fue Hess quién

fundamentó la deriva continental a través de su trabajo de investigación llamado

Historia de las Cuencas Oceánicas publicado en 1962. Robert Dietz, un año antes, había publicado una teoría semejante denominada “Expansión del piso oceánico”, pero en el ambiente científico Hess ya era conocido como el autor de tal hipótesis. Lo notable es que ambos llegaron a desarrollar la misma idea de modo indepen- diente y con fundamentos.

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