MARCO TEÓRICO
2.8 Enfoque centrado en las personas
2.8.2 Relación de ayuda
Rogers (2012), describe las seis condiciones necesarias para que se establezca una relación de ayuda (p.49):
1. Que dos personas estén en contacto.
2. Que el cliente se encuentre en estado de incongruencia, vulnerabilidad o angustia.
3. Que el terapeuta sea congruente en la relación con el cliente.
4. Que el terapeuta experiencie una consideración positiva incondicional hacia el cliente.
5. Que el terapeuta experiencie una comprensión empática hacia el marco de referencia interno del cliente.
60
6. Que el cliente perciba hacia él, al menos en un grado mínimo, las condiciones 4 y 5 (consideración positiva incondicional y la comprensión empática).
La terapia generó en Rogers (1986), interés por cualquier tipo de relación de ayuda, con dicho término se refería a aquella relación donde por lo menos una de las dos partes tiene la intención de promover el crecimiento, desarrollo, maduración, mejor funcionamiento y enfrentamiento a la vida de otro (individuo o grupo) y es creada por una persona psicológicamente madura.
El cambio puede darse de la experiencia adquirida en una relación, de acuerdo con Rogers (1986), el cual menciona la hipótesis general de que, si se puede crear un tipo de relación, la otra persona descubrirá su capacidad de utilizarla para su maduración y de esa forma sucederá la transformación y desarrollo individual. Por otro lado, la relación de ayuda se caracteriza por una especie de transparencia que pone de manifiesto los verdaderos sentimientos, por la aceptación de la otra persona como alguien diferente, valioso por su propio derecho y por una profunda comprensión empática que permite observar su mundo tal como lo ve. Una vez que se logran dichas condiciones, el terapeuta se convierte en compañero de la persona en el transcurso de la aterradora búsqueda de su yo-mismo que ya se siente capaz de iniciar.
El terapeuta en esta relación percibe el yo-mismo de la persona, los contradictorios aspectos que han sido negados a su conciencia y los acepta como parte de dicha persona, la cual es concebida como un ser capaz, a través de experienciar una relación promotora del crecimiento que se mueve en las siguientes direcciones (Rogers, 1951 en Segrera, 1984):
Experienciar el propio potencial
Plena vivencia de las relaciones afectivas El agrado del yo-mismo
61 Siendo un organismo, una experiencia
El cambio constructivo de la personalidad depende hipotéticamente de tres actitudes básicas del terapeuta, las cuales se supone tienen mayor importancia que las cualidades profesionales, el enfoque u orientación terapéutica o las técnicas de entrevista. Estas actitudes son: congruencia, consideración positiva incondicional y comprensión empática del mundo fenoménico de la persona (Rogers, 1978a).
2.8.3 Congruencia
Rogers (2012), comenta que: “en el curso de la terapia, el individuo cuestiona el concepto que tiene de su yo y trata de establecer una congruencia entre aquél y su experiencia, es decir, procura realizar una simbolización adecuada…Cuando las experiencias relativas al yo son adecuadamente simbolizadas e integradas al yo, se produce un estado de congruencia entre el yo y la experiencia y el funcionamiento del individuo es integral y óptimo” (p. 38).
Dicho constructo es uno de los pilares de las condiciones necesarias para que se produzca la relación de ayuda, el terapeuta imprescindiblemente es congruente en la relación con la otra persona; es de importancia mencionar que la presencia de esta condición puede limitarse a la relación de ayuda, no puede esperarse que el terapeuta sea una persona en todo momento totalmente congruente (Rogers, 1978a).
Es índice de buen funcionamiento psíquico la mayor correspondencia entre lo que una persona percibe y lo que dice de sí misma. Que exista un alto grado de dicha correspondencia, se vaya liberando del conflicto y de la inconsistencia en la comunicación de las personas es un objetivo importante en el proceso de la relación de ayuda (Lafarga, 2013b).
62
Al mostrarse una persona como realmente es, se logra que la otra busque con éxito su propia autenticidad, de acuerdo a lo dicho por Rogers (1986), ya que mientras más auténtica sea la relación, más útil resultará, teniendo presentes los propios sentimientos, esto implica la voluntad de ser y expresar los sentimientos y actitudes propios a través de las palabras y la conducta.
De acuerdo a lo dicho por Rogers (1978b), cuando en la relación interpersonal, el terapeuta es lo que es, no tiene máscaras y fluyen abiertamente sus sentimientos y actitudes, el crecimiento personal se facilita. Tales sentimientos enviados son accesibles a su conciencia, es capaz de vivirlos, ser ellos en la relación y es capaz de comunicarlos si es apropiado; llega a un encuentro personal directo con la otra persona. Mientras más escucha con aceptación lo que ocurre dentro de su yo-mismo, más alto será el grado de su congruencia; Rogers recurre a la palabra transparencia para ayudar a describir dicho elemento. Si lo que sucede en la persona puede ser visto por el otro, si puede ver claramente a través de él, posiblemente será un encuentro significativo en el que ambos aprenderán y tendrán desarrollo.
En la relación de ayuda, el terapeuta sirve de modelo: su congruencia motiva a la persona a tomar riesgos propios con la finalidad de llegar a ser él mismo. Es de importancia respetar el estilo personal sin obligar a ponerse una camisa de fuerza metodológica que no se ajuste a su naturaleza. La congruencia está relacionada con la aceptación y la empatía (siempre la primera lleva implícita esta última), no puede darse apertura a la experiencia de la otra persona si no la hay para la propia (Lietaer, 1997).
Como seres humanos no es posible pensar que se está total y continuamente integrado en todos los aspectos y momentos de la vida, de ahí la importancia de hacer un trabajo personal propio, previamente a dedicarse a promover el crecimiento de otras personas. Como se ha mencionado anteriormente, hay que primeramente tener un autoconocimiento, ser consciente de las experiencias
63
internas, simbolizarlas y aceptarlas para no permanecer en estado de vulnerabilidad. Al tener conciencia de todo lo que implica el yo-mismo, puede haber autenticidad en las relaciones interpersonales de ayuda que se establezcan, la persona sabe lo que es, cómo es y puede mostrarlo con aceptación al otro, y con ello lo podrá acompañar en el proceso de lograr lo mismo.