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RELACIÓN ENTRE TABACO, POBREZA Y DESARROLLO

CAPÍTULO 2: TABACO, DESARROLLO Y POBREZA

3- RELACIÓN ENTRE TABACO, POBREZA Y DESARROLLO

Algunas consideraciones sobre el concepto de desarrollo en relación con la pobreza son las siguientes:

 La Carta de las Naciones Unidas (hace más de 50 años) ya reconoció la importancia del desarrollo social y la justicia como elementos indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en el interior y entre las naciones.

 El derecho al desarrollo es un derecho fundamental y una necesidad esencial del ser humano que responde a las aspiraciones de los individuos y de los pueblos a asegurarse en mayor grado la libertad y la dignidad. El goce de todos los derechos

democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales son interdependientes y se refuerzan entre sí.

 En 1995 la Declaración de Copenhague sobre el desarrollo social subrayó que el desarrollo económico y social, así como la protección del medio ambiente, son componentes del desarrollo humano sostenible y que las personas pobres deben tener el poder necesario para utilizar de modo sostenible los recursos ambientales para satisfacer sus necesidades más inmediatas y evitar el sufrimiento humano.

 El derecho al desarrollo tiene importantes implicaciones en la prevención de los conflictos armados y en la erradicación de los conflictos estructurales cada vez más globales que, como el tabaquismo, afectan a muchos países del mundo.

 En septiembre de 2000, dirigentes de 189 países se dieron cita en Nueva York en la Cumbre del Milenio, para adoptar lo que vino a llamarse la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, y en la que se enunciaban los principios y valores que deben regir las relaciones internacionales en el siglo XXI. Allí asumieron el compromiso en siete esferas (United Nations, 2000), afirmando que la salud es una cuestión central para el desarrollo y animando a los ricos a que tomen parte en la solidaridad con los pobres:

• Erradicar la pobreza extrema y el hambre • Lograr la enseñanza primaria universal

• Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer • Reducir la mortalidad infantil

• Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente • Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Todos estos objetivos del milenio guardan una relación directa con el problema del tabaco y el tabaquismo, al ser éstos, como se amplía más adelante, causantes directos de pobreza y por entorpecer directa e indirectamente el desarrollo individual, familiar y social en la totalidad de los países del mundo.

A simple vista vemos como el tabaco afecta y obstaculiza los objetivos del Milenio y vemos también que su prevención, sería sin duda, uno de los factores importantes para el desarrollo y la reducción de la pobreza.

El tabaco dificulta la satisfacción de las necesidades básicas, limita el control sobre los recursos, aumenta la vulnerabilidad y priva a los individuos de su libertad fundamental y de sus capacidades básicas y pone en peligro el desarrollo sostenible del planeta.

El tabaco impide que las personas vivan una vida larga y saludable, desdibujando cruelmente los fines a los que aspira el individuo y sus posibilidades de conseguirlos.

La solución al problema del tabaco y del tabaquismo, debe ser incluido como un objetivo más en la búsqueda de resoluciones a la pobreza y el desarrollo.

En la actualidad no tiene ningún sentido decir que el tabaco genera riqueza, o al menos habría que matizar que el tabaco genera riqueza única y exclusivamente a su industria.

Numerosos estudios e informes elaborados por profesionales y organismos expertos en la materia, han puesto de manifiesto que el tabaco genera muchos impuestos, pero éstos apenas cubren los enormes gastos sanitarios.

diagnósticas, etc…), obligan a consumir más del 17 % del gasto total sanitario. En un estudio llevado a cabo en España se demostró que sólo 6 de las más de 30 enfermedades atribuidas al tabaquismo, consumían el 78 % de los impuestos totales del año 2003, (calculados alrededor de 5.000 millones de euros) (López, 2004).

En los países en vías de desarrollo, en los que además es más patente la producción de tabaco, las consecuencias socioeconómicas son bastante más devastadoras e influyen a su vez en un aumento de la pobreza, por lo que se produce un círculo vicioso en el que a más tabaco más pobreza, y como se argumentará más adelante, a más pobreza más tabaco. Si el desarrollo humano consiste en ampliar las opciones, la pobreza significa la negación de las oportunidades y las opciones más fundamentales de este desarrollo.

El tabaco y su uso generalizado han sido fuentes de desgaste del esfuerzo humano en su aspiración al bienestar, ya que los recursos que se derraman por sus consecuencias son necesarios en todos los sitios para la mejora de la condición humana. El tabaco supone una pérdida de oportunidades hacia la calidad de vida y el bien social humano.

En el siglo XX el tabaco causó la muerte de 100 millones de personas, siendo la inmensa mayoría de los países pertenecientes al tercer mundo, y con el auge comercial, la industria del tabaco aumentó su comercio en estos paises, apoyado por la liberalizacion de mercado, donde el consumo creció en países de bajos y medios ingresos.

Muchos son los organismos y comisiones que han relacionado el tabaco con la pobreza, entre ellas la Commission on Macroeconomics and Helth (CMH)4 y el Convenio Marco de la OMS sobre control de tabaco.

El tabaco produce más de 200 billones de Dólares anuales (Barnum, 1994) como coste, cantidad suficiente para mejorar doblemente la salud en el mundo en desarrollo (WHO, 1995). Una de cada tres personas mayores 15 años fuma, y en total, una quinta parte de los 6,4 billones de ciudadanos del mundo es fumador. Uno de cada dos fumadores morirá antes de los 65 años por culpa del tabaco (Prabhat y Chaloupka, 1999). También sabemos que tres cuartas partes de los fumadores están en el tercer mundo (Guindon y Boisclair, 2000) y que allí, actualmente, se inicia el tabaco a edades tempranas (hace algún tiempo se iniciaba después de los 20). Mientras en los países desarrollados dejan de fumar 20-40%, en China y en la India la prevalencia no supera el 4% .

Cuando una nación o un país se desarrolla, goza de más derechos humanos, económicos, sociales, culturales, civiles y políticos.

Pero todos los objetivos o logros asegurados por la declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, se ven obstaculizados en parte por la acción de la Industria y por las consecuencias del tabaco.

La OMS (Organización Mundial de Salud) en 2004 presentó un informe bien documentado sobre las injusticias del tabaco y cómo afecta al desarrollo de muchas personas y países. Este documento es una de las bases fundamentales que utilizaré en los

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Un reportaje de CMH del año 2001, exige la consideración del tabaco como causante de enfermedades y pobreza especialmente en los países de ingresos bajos y considera la extensión del tabaquismo consecuencia de la globalización, alegando que el control del tabaco mejoraría la salud de un billón de los más pobres del mundo.

siguientes puntos (entre otras fuentes), para enumerar las repercusiones económicas, sociales y culturales que nos permiten relacionar de una manera clara el tabaco con la pobreza y el desarrollo.

Pero antes, comenzaré hablando de la Industria del Tabaco, porque la falta total de ética en su política empresarial y económica, constituye una de las mayores amenazas actuales al desarrollo de todos los pueblos del planeta.

3.1- LA INDUSTRIA DEL TABACO.

UNA ECONOMÍA NO ÉTICA. UNA AMENAZA AL DESARROLLO.

Suele afirmarse que los desequilibrios, las tremendas desigualdades existentes entre los seres humanos, generan conflictos, violencia. Podemos recordar, al respecto, las palabras de Mayor Zaragoza (1997): «El 18% de la humanidad posee el 80% de la riqueza y eso no puede ser. Esta situación desembocará en grandes conflagraciones, en emigraciones masivas y en la ocupación de espacios por la fuerza». También en la misma dirección afirma Ramón Folch (1998): «La miseria –injusta y conflictiva- lleva inexorablemente a explotaciones cada vez más insensatas, en un desesperado intento de pagar intereses, de amortizar capitales y de obtener algún mínimo beneficio. Esa pobreza exasperante no puede generar más que insatisfacción y animosidad, odio y ánimo vengativo».

No hay duda acerca de que los desequilibrios extremos son insostenibles y provocarán los conflictos y violencias a los que hacen referencia Mayor Zaragoza o Ramón Folch, pero es preciso señalar que, en realidad, las desigualdades extremas son

pobreza en la que viven tantos millones de seres humanos es un acto de violencia permanente.

Una violencia que, es cierto, engendra más violencia, otras formas de violencia:

• Las guerras y carreras armamentistas con sus implicaciones económicas y

de sus terribles secuelas para personas y medio…

• El terrorismo en sus muy diversas manifestaciones, que para algunos se ha

convertido en «el principal enemigo», justificando notables incrementos de los presupuestos militares, a expensas de otros capítulos.

• El crimen organizado, las mafias, que trafican con droga, armas y seres

humanos, con su presencia creciente en todo el planeta y también con un enorme peso económico, gracias a la corrupción y al blanqueo del dinero negro que es canalizado hacia empresas respetables. Los negocios legales e ilegales resultan así perfectamente imbricados y el volumen del comercio asociado a mafias se estima de 2 a 10 millardos de dólares.

• Las presiones migratorias, con los dramas que conllevan y los rechazos que

producen…

• La actividad especuladora de algunas empresas transnacionales (como la

Industria del Tabaco) que buscan el mayor beneficio propio a corto plazo, desplazando su actividad allí donde los controles ambientales y los derechos de los trabajadores son más débiles, contribuyendo a menudo con ayuda de la corrupción, del tráfico de capitales y de los paraísos fiscales, al deterioro social y a la destrucción del medio ambiente (Diamond, 2006).

Y tras todas estas formas de violencia aparece siempre la búsqueda de beneficios particulares, sin atender a sus consecuencias para los demás y, en un plazo cada vez más breve, para nosotros mismos. La misma anteposición del «nosotros» que produce, como hemos visto al hablar sobre desarrollo sostenible, una contaminación o un agotamiento de recursos que perjudica a todos, explica los conflictos armados, el crimen organizado o la falta de atención a las necesidades de quienes padecen hambre, enfermedad, carecen de trabajo…

Curiosamente se ha denominado globalización al proceso actual de acumulación de beneficios por unos pocos a costa de la inmensa mayoría. Pero no se puede aceptar que se conceda el calificativo de globalizadores, mundialistas, a quienes sólo persiguen intereses particulares, muy a menudo a corto plazo, aplicando políticas que perjudican a la mayoría de la población presente y futura.

Conviene recordar, a ese respecto, que la cifra de gasto militar mundial anual, es superior a los ingresos globales de la mitad más pobre de la humanidad. Por eso la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo, 1988) señaló que «El verdadero coste de la carrera armamentista es la pérdida del producto que se hubiera podido obtener con él. Estos gastos constituyen un gran negocio para ciertos grupos de presión que imponen la producción y exportación de armas, que defienden sus intereses sin preocuparse del uso que harán sus clientes... pero sabiendo cuál será ese uso (curiosa analogía con la Industria del Tabaco).

Es cierto que estos comportamientos, como la mayoría de los que hoy rechazamos, son la prolongación de lo que la Humanidad ha venido haciendo durante milenios. Pensemos en los continuos procesos de conquista, colonización y esclavitud.

Pero hoy dichos comportamientos, además de moralmente rechazables, ponen en peligro nuestra supervivencia como especie. El instinto de supervivencia quizás pueda explicar el «nosotros o ellos» del pasado, pero hoy exige un cambio drástico: no es posible salvarse, en la actual situación de emergencia planetaria, contra los otros sino con los otros. Y sin embargo nuestro comportamiento sigue aferrado a la búsqueda de un beneficio a corto plazo, lo que explica también la actividad de las organizaciones mafiosas y el terrorismo, dos fenómenos entre los cuales se tejen, a menudo, estrechas relaciones y que merecen hoy una atención especial.

En ambos casos nos encontramos con planteamientos particularistas y a corto plazo, con razonamientos incapaces de analizar globalmente las consecuencias de las acciones: sólo importa el objetivo propio. Y «ha de ser ahora».

No podemos dejar de detenernos en los más graves problemas que tienen las sociedades en la actualidad y que se prevé se incrementará en el futuro. Se trata de algo tan antiguo como la propia historia de la humanidad, a menudo provocado por la miseria, el mero deseo de supervivencia… o la búsqueda de beneficio a costa de otros.

Todas estas formas de violencia están interconectadas entre sí. Los problemas son globales y las soluciones habrán de serlo también, implicando desde tecnologías para la sostenibilidad, medidas educativas y medidas políticas.

Analicemos en este punto el caso de la Industria del Tabaco, pues claramente actúa en la línea de los planteamientos anteriores (cuyo comportamiento falto de ética produce beneficios económicos inmediatos y desorbitados a costa de las vidas de millones de personas y de la supervivencia del planeta a medio y a largo plazo) con el fin de justificar los motivos por los que se considera que genera violencia y amenaza al desarrollo,

La producción, elaboración y comercialización de cigarrillos constituye una de las actividades económicas más rentables. La industria del tabaco es una de las más potentes del mundo en volumen de negocio (junto con los sectores de automoción, electrónico y farmacéutico) y también en contratación publicitaria. EEUU, China y Brasil producen el 75% del tabaco consumido en el mundo. Además, EEUU es el principal exportador de cigarrillos manufacturados. Philip Morris es la multinacional tabaquera mayor de América y la mayor empresa de productos de consumo del mundo. Su cajetilla de «Marlboro» es el producto envasado más vendido en el planeta.

Los incalculables beneficios de la industria del tabaco se disparan cada día más, sin embargo su forma de proceder para conseguir dichos beneficios, encierra algunas de las mayores injusticias con las que nos encontramos a nivel internacional (Chelala, 1988).

Si bien la inmensa mayoría de quienes trabajan en las plantaciones y fábricas de tabaco, apenas pueden llegar a fin de mes, los directivos de la industria sí están muy bien pagados. En 2002, el presidente de Philip Morris / Altria, la mayor multinacional de tabaco del mundo, ganó más de 3,2 millones de dólares (USD) entre sueldo y primas (Philip Morris, 2003). Y según cierta organización benéfica británica, un cultivador medio de tabaco de Brasil, tardaría unos 6 años en ganar el equivalente a lo que el director de una de las tabaqueras más importantes gana en un solo día (y unos 2.140 años en conseguir su sueldo anual).

En España y según los datos de la Organización Común de Mercado de Tabaco (OMC) del año 1998, se producen 42 mil toneladas /año tabaco (0,4% de la producción mundial y el 12% de la Europea) altamente subvencionado por la Unión Europea (más de 20.000 millones de pesetas en 1998). Se estima que unas 75 a 100 mil familias viven de la

recortes laborales en los últimos años. El valor de las ventas anuales totales en los últimos años supera el billón de pesetas. El impuesto específico proporcional y el IVA representan más del 70% del precio de los cigarrillos, y es ingresado por el Estado. Tabacalera, participada en un 50% por el Estado, copa casi la mitad del mercado y mantiene el liderazgo con sus marcas más vendidas tanto en tabaco rubio (Fortuna) como en negro (Ducados).

La industria del tabaco se expande continuamente, el mercado minorista de cigarrillos representa alrededor de más de 300 mil millones de dólares USA y sus ganancias superan los 20 mil millones de dólares. (WHO, 1999). Las compañías pueden ser multinacionales, regionales, o locales como la Korean Tobacco Monopoly.

Y se sabe que estas compañías se unen para mejorar la precisión de su mercado globalizado, y para seguir explotándolo al margen de la ley. Así se unieron Seita (Seita y Tabacalera Merge, 2000) con la Tabacalera Española formando Altadis (al alza) y R.J. Reynolds (R.J. Reynolds Company Press Release, 1999) con La Bat y La Japonesa.

Durante las últimas décadas, la producción mundial de tabaco se ha disparado, especialmente en los países en vías de desarrollo, donde creció un 128% entre 1975 y 1998. En la actualidad se cultiva tabaco en más de 100 países. Este incremento masivo en el cultivo de tabaco, animado y en ocasiones financiado por la industria tabaquera, ha sido una de las causas de la inestabilidad del precio mundial del tabaco, que en la práctica descendió en un 37% entre 1985 y 2000.

Al mismo tiempo, las compañías tabaqueras han desarrollado distintos procesos que les permiten tanto emplear menos tabaco por cigarrillo como convertir la basura del suelo de la fábrica, tallos, polvo y otros residuos que anteriormente se tiraban en relleno

su sabor áspero, pueden emplear aún mayores cantidades de componentes vegetales de tabaco de poca calidad.

Otra iniciativa que sirve para abaratar costos para la industria tabaquera es la progresiva mecanización de la fabricación de cigarrillos. Las nuevas máquinas pueden producir 840.000 cigarrillos por hora, de modo que ahora sobran muchos trabajadores. Los avances tecnológicos significan la pérdida de más empleo en toda la industria.

Pese a no significar más que un pequeño porcentaje de sus costes generales, estos ahorros han contribuido a que la industria logre unos resultados históricos. En 2002, Japan Tobacco, Philip Morris/Altria y BAT, las tres multinacionales del tabaco más grandes del mundo, obtuvieron unos ingresos combinados de más de 121.000 millones de dólares (USD). Esto es más que la suma del PIB de todos los países siguientes: Albania, Bahrein, Belice, Bolivia, Bostwana, Camboya, Camerún, Estonia, Georgia, Ghana, Honduras, Jamaica, Jordania, Macedonia, Malawi, Malta, Moldavia, Mongolia, Namibia, Nepal, Paraguay, Senegal, Tayikistán, Togo, Uganda, Zambia y Zimbabwe.

La estrategia de la industria tabaquera refleja una concepción ejercida por igual en todo el mundo, con el objetivo de aumentar la promoción de sus productos, los beneficios, e impedir la adopción de cualquier medida importante de regulación de sus prácticas empresariales.

La industria del tabaco ha negado repetidamente las preocupaciones acerca de la salud de la comunidad científica (cuestionando de manera continuada y repetida los resultados que muestran los efectos del tabaco en la salud, de las características adictivas de la nicotina, y de los efectos de la exposición al humo de tabaco ambiental), y se ha concentrado en los «derechos» de las personas y sus «opciones» (Sweda y Daynard,

aspectos y tratan de desviar el debate público alertando sobre la restricción de la libertad individual.

Está claro que todas las empresas tienen derecho a vender sus productos, pero hablamos de algo muy distinto cuando nos referimos a un producto como el tabaco, único en su género por su demostradísima capacidad de provocar la muerte a quien lo usa de la forma prevista por el fabricante.

Sólo es necesario consultar Internet para observar las sucias estrategias de la Industria del tabaco, reflejadas en todos sus documentos secretos (que se destaparon en febrero de 1998 en el que fue el primer gran golpe legal contra esta industria, en la que se ha venido a llamar «la guerra del tabaco»). Con ellos queda al descubierto que el único objetivo de esta industria es vender cigarrillos sin tener en cuenta los enormes costos que esto supone para los fumadores, para sus familiares y para la sociedad en general.

Los documentos secretos de la industria revelaron también su estrategia a corto y largo plazo y las prácticas para frustrar los esfuerzos en materia de control del consumo de tabaco.

Algunas de sus actividades, por ejemplo, eran las siguientes: 1. Infiltración en los gobiernos

2. Obstaculización de las organizaciones internacionales como la OMS y la Organización Panamericana de Salud.

3. Creación de grupos regionales de relaciones públicas.

4. Puesta en marcha de multitud de estrategias para ganarse la adhesión de los medios de comunicación.