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RELECTURA DE DIARIO DE GUERRA DE SIMONE DE BEAUVOIR EN EL CONTEXTO DE ESTUDIOS VISUALES

María Eugenia Rabadán Villalpando

[Universidad de Guanajuato]

He llorado profunda y largamente; cuando me he lavado los ojos y me he arreglado la cara para bajar a cenar y a pasar un rato en el Dôme, he experimentado una extraña sensación: me he visto a mí misma <entrando en el Dôme con los ojos todavía hinchados de las lágrimas>, me ha dado tanta sensación de apremio…, parecía la típica mujer de los tiempos de guerra. Y era yo. Desde el fondo del tiempo y del espacio he pensado: <Me está ocurriendo a mí>, y algo de mí es- capaba de la historicidad. Era existencial pese a que también era el desdoblamiento de una loca.1

Simone de Beauvoir

E

ste trabajo propone analizar, en el contexto de los estudios visuales, el Diario de guerra de Simone de Beauvoir, particularmente, con objeto de pensar cómo se ha alterado para siempre la forma de leer a partir de la digitalización de las imágenes.

Los estudios visuales –derivados de la historia del arte, la cinematografía y, entre otras disciplinas, de la literatura– tratan, preponderantemente, de analizar el punto de inflexión sucedido con la diseminación de las imágenes a través de los nuevos medios. Se ocupan también, desde la década de los años noventa del siglo pasado, de cómo la cultura y sus pro- cesos de conservación han comenzado a digitalizarse y, en ese proceso, cómo las imágenes –al dejar de ser objetos, como solían ser: negativos, película…– comienzan a ser algorit- mos, información codificada, señales que, por tanto, son susceptibles de ser transmitidas o

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diseminadas mundialmente en un solo instante a través de las redes mundiales o las imáge- nes hertzianas. Este fenómeno modifica significativamente la visualidad de toda la cultu- ra –incluida la literatura–.2 En ese preciso contexto nos preguntamos en qué medida la vi- sualidad –a partir de los nuevos medios– está cambiando nuestro modo de ver la cultura. Cuando leemos, por ejemplo, el Diario de Guerra, parece vívidamente que, guiados por el relato de Simone de Beauvoir, habitamos París: “Subimos por la rue Rennes –dice de Beauvoir–. Hay un bello claro de luna, diríase que el campanario de St. Germain-des-Pres es el de una iglesia de campo…”. Estas palabras están dispuestas para dar significación del lugar que, en un momento preciso, atraviesa Simone de Beauvoir. Cada lector construye mentalmente un cuerpo de imágenes parisinas a partir de la lectura, pero también a partir de las imágenes gráficas, pic- tóricas, fotográficas o cinematográficas que tenga de la Ciudad de las Luces, con relación a su imaginación. Imaginamos a partir de la lectura, pero nunca sabremos completamente lo que Si- mone de Beauvoir veía cuando declarada la movilización en Francia el 1 de septiembre de 1939 y escribe: “Veo una mujer que intenta mantener la serenidad con los ojos llenos de lágrimas.”3

La relación de la lectura con las imágenes varía según el contexto histórico. Apenas se dise- minan las fotografías a mediados de siglo xix la mirada deja de ser solo pictórica y gráfica. “Hoy

día –afirmaba Alberto Giacometti– en casi todos los pintores, si quieren hacer paisaje, lo ven a través del impresionismo (la última versión pictórica valedera del mundo exterior es el impre- sionismo).” Cuando Giacometti afirma esto la visión es ya fotográfica y cinematográfica –com- parable con la de Simone de Beauvoir– y, por tanto, nunca se podría volver a ver directamente lo natural como lo habían hecho los pintores previos al impresionismo. En ese sentido es de su- poner que la lectura previa a la diseminación de las imágenes digitales difiera de la que hacemos cuando estamos formados visualmente en las redes mundiales en las que imágenes, sonidos y textos son códigos susceptibles de ser transmitidos a cualquier sitio en cualquier momento.4 En

2 James Elkins, Visual Studies. A Skeptical Introduction. Margaret Dikovitskaya, Visual Culture. The study of the Visual after the Cultural Turn. Nicolas Mirzoeff, Una introducción a la cultura visual.

3 Simone de Beauvoir, op. cit., p. 12.

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consecuencia, desde cualquier punto en que sea leído el Diario de Guerra, se podrá ver simul- táneamente París en directo mediante webcams5 o, particularmente, la Rue Rennes en tiempo real a través del circuito cerrado de cámaras de tránsito vehicular,6 o ver imágenes de Versalles, o el campanario de St Germain-des-Presen, mapas digitales de la Tierra, en la red mundial.7 Por tanto, lo que ahora pueda seri maginado a partir de la lectura no será como lo acostumbrado antes de que los medios deviniesen en nuevos medios. La visualidad y visión han variado enor- memente desde 1990, año de la edición de Diario de guerra con la que ha sido trabajado este papel. Esta obra de Simone de Beauvoir se compone de siete cuadernos que tratan sobre cómo ha- bitaron París del comienzo de la Segunda Guerra Mundial del 1 de septiembre de 1939 al 29 de enero de 1941, cuando, exhausta, da por acabado el conflicto.8 A manera de epílogo, veinte días antes de terminar, hace una reflexión sobre la tensión de lo individual y lo social, lo psicológico y el sentido metafísico trascendente; y la conceptuación existencialista con la que Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre concebían su vida y su muerte, y que es importante considerar para la comprensión de toda la obra:

La obra comienza el día en que Alemania declara la guerra a Polonia, seguido del día de la declaración de Francia e Inglaterra y la movilización inmediata de Jean Paul Sartre:

5 En línea: http://www.playawebcams.com/webcams/fotos-playas_Paris.php?var=379 (con acceso el 20 de mayo 2013) 6 En línea: http://www.sytadin.fr (con acceso el 20 mayo 2013)

7 En línea: http://picasaweb.google.com/lh/photo/KSI_iLWaZMJtTfRiCvoDGQ (con acceso el 20 de mayo 2013) 8 También trata viajes como los que en esa época hizo a Bretaña –del 20 de septiembre al 5 de octubre– y a Alsacia para ver

a Sartre en Nantes –la ciudad a dónde André Bretón y Jacques Vaché igualmente habían sido movilizados en la primera guerra mundial–. 9 Simone de Beauvoir, op. cit., p. 363.

la idea existencial –afirma la autora– de que la realidad humana no es otra cosa que lo que hace de sí misma, aquello hacia lo que trasciende. De ahí la trágica metafísica del fascismo: no sólo se trata de ahogar una expresión, sino que niega absolutamente el ser, confunde lo humano con su aspecto animal, biológico.9

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Diario de guerra es, fundamentalmente, un paisaje parisino. La obra tenía el propósito de analizar la vida cotidiana en tiempos de guerra y, aunque un día -20 de febrero de 1940– pensó que solo podía reencontrar a la gente en su presencia o en la acción presente, en el pensamien- to presente;11 cuatro meses después –30 junio de 1940– creyó en que habría un “después” para poder vivir juntos ella, Sartre y Bost, y adquirió el cuaderno y tinta para escribir las últi- mas tres semanas del diario y dejarlo anotado “para el futuro”. Entonces ella había vuelto a París en plena ocupación y era el tiempo de escribir entradas que trataban la ciudad vacía, la presencia alemana, la escasez y la desesperanza. Pero mientras ese tiempo llega, Simone de Beauvoir cotidianamente trabaja, lee, vacaciona, asiste a los conciertos, al cine y escribe. Es- cribe en los cafés de París más que en lugares cerrados como su habitación o en la biblioteca. Quizá a ello se debe que la ciudad esté visualmente tan presente en su obra y particularmente sitios como el Café de flore –el mismo del círculo surrealista–, el Capoulade y Les Deux Ma- gots en St-Germain-des-Prés con sus figurillas chinas en los costados de la columna central:

Apenas me he pedido un café cuando un chico –un cliente que está en el bar con el Paris-Midi– grita: <Han declarado la guerra a Polonia>. La gente se dirige hacia él y hacia los quioscos, pero el Paris-Midi no ha llegado. Me levanto y corro hacia el hotel a esperar a Sartre. La gente aún no se ha enterado y, como siempre, sonríe por la calle. En el hotel no hay un alma, subo, leo Marianne-Magazine para pasar el rato. Gradualmente la evidencia se impone: es la guerra. Salgo otra vez, varias personas tienen el París-Midi y les pido que me dejen ver los titulares.10

La mañana otoñal es tan bella que parece el regreso feliz de las vacaciones; el boulevard Réaumur, les Halles, el olor de las zanahorias, y las coles… Hago un alto en el Dupont de St Michel y empiezo a escribir. […] Como, voy al Dôme y escribo cartas […] Le escribo desde un café de los bouleva- res y luego desde aquí […] Creo que podré trabajar pero no en mi habitación, sino en un café.12

10 Ibidem, p. 11. 11 Ibidem, p. 292. 12 Ibidem, pp. 15-16.