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RESCATE Y COMPORTAMIENTO

SITUACIONES DE EMERGENCIA

15. RESCATE Y COMPORTAMIENTO

“No hay amor mas grande que éste: dar la vida por sus amigos” SAN JUAN. 15,13.

La heroica afición por participar en rescates y emergencias se ha con-vertido en la actualidad, en una especialidad. Como tal, requiere de la capacitación psicológica y física correspondiente, junto a sólidos conocimientos de primeros auxilios. Estas condiciones previas, exigen de una selección del personal que integra estos grupos.

Al momento de rescatar a una persona debemos tener presente la variable tiempo, pero no en términos cuantitativos exclusivamente, sino que también cualitativos. En la guerra, el rescate es contra el tiempo, sin tomar en consideración, por lo general, la calidad del rescate. Es cierto que el traslado es muy importante. En un principio, la preocupación en esta materia estuvo centrada en instruir sólo

físicamente a los integrantes de grupos de rescate y en tomar medidas tendientes a evitar riesgos. Pero la experiencia nos muestra que esto es insuficiente e incluso peligroso. EI personal de rescate debe estar entrenado a través de prácticas con y sin aviso previo, realizadas en forma gradual y progresiva, controlando y

observando la reacción de los participantes. Sólo así podremos descensibilizar sistemáticamente a los socorristas frente al miedo. Esto no significa que se pretenda realizar una actividad con imprudencia sino, muy por el contrario, con seguridad y control. Es innegable que en los últimos años se ha creado conciencia al respecto y no se perciben las catástrofes como una quimera. Hoy, quiero

motivar al lector a través de estas líneas para que evitemos desgracias,

capacitando psicoló-gicamente a la población. El resultado que se obtenga será humano, social y económico.

15.1 PREVENCION Y SEGURIDAD.

“Antes me preguntaba por el objeto de vivir... ahora, estar vivo me parece una razón suficiente”

J.F

Actualmente, en salud, se habla de los programas de prevención primaria, y se les define como el conjunto de medidas tendientes a evitar que una patología ocurra. Por ejemplo, si quisiéramos bajar las altas tasas de tifus, salmonellas o

infecciones digestivas, tendríamos que –modificar- la costumbre de regar los árboles con agua potable y las verduras con aguas servidas. Así evitaríamos los cuadros mencionados o al menos bajaría su prevalencia. Pues bien, un programa de prevención primaria en Psicología de la Emergencia supone adoptar medidas de seguridad y capacitar en forma teórica y práctica a las personas. Teórica, con el conocimiento de los diversos fenómenos psicológicos y físicos que ocurren cuando tenemos miedo o angustia. Práctica, teniendo la experiencia, el control y la

desensibilización necesaria frente al peligro. Sólo de esta manera podremos adquirir un conocimiento orgánico, procedural en esta materia. Otra vez sostengo que muchas desgracias ocurren más por el descontrol de las personas que por el fenómeno que causó la emergencia.

Hace algunos años me tocó concurrir a un llamado de incendio en el sector alto de la capital en donde inofensivamente se inflamó una estufa a parafina en un 2° piso, frente a la caja de escalera. Una niña de 16 años se descontroló y lanzó el artefacto por la caja de la escalera, generando automáticamente un tiraje impresionante que envolvió las dependencias con fuego. Esto llevó a la menor a lanzarse del 2° piso al patio. Resultado, fractura de una pierna. Si hubiera reaccionado con calma, habría evitado este lamentable desenlace.

Pero a veces los Socorristas, por no estudiar el lugar de la emergencia, pueden cometer errores, similar al que ocurrió en la localidad de Avellaneda, zona del gran Buenos Aires, en Argentina:

En forma ilegal, una empresa derramó un compuesto de cianuro en el sistema cloacal. Éste, reaccionó con los ácidos presentes en el líquido cloacal y se formó una atmósfera rica en cianuro de hidrógeno (ácido cianhidrico). El cianuro de hidrógeno, un tóxico letal, ingresó a una vivienda a través del desague cloacal, debido a la ausencia de un “sifón” o “trampa de gases”. Una vez en la casa mató en forma instan-tánea a sus cuatro ocupantes. Alrededor de una hora después de lo ocurrido, un conocido de las víctimas llega a la casa a visitarlos. Llama a la puerta en forma reiterada y nadie le responde. Utilizando el teléfono de un vecino llama a una empresa de asistencia médica privada ubicada a 3 cuadras del domicilio y su vez también informa del caso a los bomberos de la zona.

En primer lugar llega la ambulancia. El camillero y el médico fuerzan la puerta de entrada. Al ingresar a la casa inmediatamente entran en estado de coma a causa de la inhalación de cianuro de hidrógeno. El chofer de la ambulancia al ver esta situación, corre a rescatarlos y también resulta afectado. Los tres mueren en forma instantánea.

Dos minutos más tarde llegan los bomberos y el primero en descender de la unidad intenta reanimar al chofer que se encuentra tendido en la vereda mediente respiración boca a boca. Este bombero resulta intoxicado. El jefe de la unidad al percatarse de la situación ordena de inmediato aislar la zona y la evacuación de los ocacionales transeúntes presentes en lugar. Luego, equipados con autocon- tenidos, ingresan a la casa y comprueban la muerte de sus cuatro ocupantes y de los tres miembros del servicio de medicina. (*).

Este ejemplo nos demuestra que ante el desconocimiento de las situaciones que nos toca enfrentar, debemos optar por la máxima protección, luego evaluar la situación y a continuación actuar.

15.2 FASES DE LA EMERGENCIA.

Cuando enfrentamos una situación de emergencia, ineludiblemente pasamos por varias etapas que es preciso conocer. La primera de ellas es la de “alerta”. De un estado de reposo pasamos bruscamente a un estado de energía y activación. Esta etapa será la base y el punto de partida de nuestro cometido. En ese instante debemos comenzar a economizar energía para contar con la cantidad suficiente que garantizará nuestro eficaz desempeño. La segunda etapa la llamaremos heroica y comienza cuando llegamos al lugar de la emergencia (incendio, derrumbe, etc.); percibimos y reconocemos la naturaleza de la situación y actuamos con nuestras energías redobladas. El organismo tiene más recursos de los que uno se imagina. Una vieja sentencia sostiene que: “la necesidad crea el órgano”. Esto mismo les ocurre a los miembros de un grupo de rescate en cualquier situación. Luego viene el momento de camaradería, en la cual nos regocijamos por haber cumplido. En términos psicológicos es una defensa maniaca frente a lo ocurrido. Estamos contentos: ¡cumplimos!, pero esto no termina ahí. Surge una tercera etapa, la denominamos de desilusión, que en términos psicológicos corresponde a una depresión. En este instante recono- cemos las pérdidas humanas y materiales. Es en este momento cuando se debe pasar a la cuarta etapa del plan: la evaluación. ¿En qué consiste?. Luego de una emergencia, es fundamental, analizar el contenido. Al respecto, y como de costumbre, lo hacemos en una pizarra y con la siguiente metodología.

(*) Revista Médica 1863 N° 36. - Julio 1998

Toda intervención debe ir precedida del “me parece que...”, “me dió la impresión...”, etc. Con esto evitamos un quiebre de la relación del grupo y le damos la posibilidad a nuestro interlocutor de opinar, evitando de este modo las culpas y el desprestigio. Adquirir repu-tación es difícil. Perder la imagen frente al grupo es muy fácil. Esto es muy similar a la analogía que establezco entre el tiempo que demora la construcción de un inmueble y lo que demora un incendio en consumir lo logrado.

Al respecto recuerdo la siguiente historia: “En una ocasión una señora le preguntó a un sabio si el comentario que había expresado había provocado algún daño a la persona aludida y en caso de ser así, preguntó, cómo podría repararlo. El sabio le respondió: Toma esa gallina, camina un kilómetro, sácale las plumas una por una y vuelve. La señora hizo la tarea y al cabo de un par de horas volvió y le preguntó al sabio... ¿y ahora qué hago?. El sabio, mirándola, respondió: vuelve a caminar el mismo kilómetro y colócale todas las plumas a la gallina, la señora replicó: ¡No se puede!. Pues bien dijo el sabio, tampoco se puede reparar lo que tú haz comentado”.

En la evaluación se debe considerar las diferencias individuales de los integrantes del grupo de rescate.

“Después de que el barco se hundió, todo el mundo sabe cómo se hubiera podido salvar”