1.3. Objetivos
2.1.2. Responsabilidad social empresarial: desarrollo histórico
En esta perspectiva es muy difícil ubicar en el tiempo un punto de partida de las actividades de la RSE, aunque se tiene algunas investigaciones que muestran los inicios, tal como narra Carnegie (1889), quien propone el usar por primera vez el concepto, formalizar el uso de este término; otros autores, Fontaneda (2007) indica que los inicios tiene relación con la guerra de Vietnam, en fin lo más importante es que esta práctica poco a poco se iba convirtiendo en una actividad ligada al mundo empresarial.
¿Cuál será el rol de la empresa en la sociedad? Ciro Ríos (2011, p. 60) declara: “la gestión empresarial puede entenderse como correctora de las condiciones del contexto o como causante
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de ellas, como previsora de desequilibrios sociales, ambientales y económicos o como agente causal de los mismos”. Este autor considera importante el rol de la empresa en la sociedad. “la empresa es un epítome del proyecto cultural moderno” Ciro Ríos (2011, p. 18); algo tenía que suceder dentro del desarrollo de las organizaciones empresariales; ya no era sólo ganar-ganar sino ver como empresa, más allá de sus fines económicos, el desarrollo de las personas tanto internas como externas hace que el término de RSE se torne algo moderno, porque se buscaba responder la pregunta: ¿cuál es el rol de la empresa en la sociedad? Además de la generación de riqueza.
Visto de esta forma, Montuschi (2009, p. 42) menciona:
Además, debe tenerse presente que la idea misma de RSE ha sido objeto de críticas bastante importantes. A las ya mencionadas de Peter Frankental podemos añadir las del creador (o por lo menos difusor) del concepto de stakeholder R. Edward Freeman para quien la idea de RSE ha fracasado en su propósito de contribuir a la creación de una mejor sociedad, en constituirse en el eslabón perdido del capitalismo y que resultaría mejor eliminarla en el análisis de las estrategias de las empresas.
Inclusive surge la incógnita: ¿Por qué fracaso? Pues al analizar el objetivo principal de las empresas, ¿debe ser la generación de riquezas solamente o debe ir asociado con otros resultados? Al revisar esta relación se puede notar con facilidad, la estrecha relación de tres factores: la creación de empleos apreciables y significativos, en segundo término, la necesidad de producir bienes de calidad para los clientes y como resultado generar beneficios para los inversores (Montuschi, 2009).
¿Cómo relacionar estos tres factores? Para comprender se puede pensar en dos escenarios; primero: una empresa cuyo objetivo principal es generar beneficios para obtener empleos valiosos y producir bienes de calidad; segundo: una empresa cuyo objetivo principal es generar buenos empleos, donde se logre producir bienes de calidad para los clientes y que finalmente otorgará beneficios para los accionistas. En ambos casos queda demostrado que las prioridades
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son distintas, logrando sólo una ayuda para enfocar el horizonte de la empresa hacia un conocimiento de la RSE.
Cualquiera sea el caso, lo importante es tener claro que la RSE es un camino que puede llevar al éxito a muchas empresas, tal como declaran, Baltera et al. (2005, p. 17):
La experiencia, principalmente internacional, avala el hecho de que la conducción socialmente responsable construye fidelidad, enriquece la imagen corporativa y contribuye a la rentabilidad corporativa a largo plazo. En síntesis, constituye un imperativo comercial importante y las empresas líderes pueden hacer de este tema una ventaja comparativa. Por lo tanto, se espera que las empresas desempeñen un papel de desarrollo del ser humanos, Baltera et al., (2005, p. 17) declaran: “Crecientemente los consumidores y la sociedad en general esperan, e incluso algunos exigen, que las empresas jueguen un papel central en el desarrollo y el aumento de la calidad de vida de sus trabajadores, de su comunidad y del país”.
Históricamente de acuerdo con Halal (2000, citado por Baca Neglia, 2015a, p. 201): En cuanto concepto, la RSE ha ido evolucionando en función de la naturaleza y momentos evolutivos de las empresas y su relación con la sociedad, aunque no con el dinamismo esperado; su desarrollo ha ido pasando, desde un enfoque esencialista centrado en el lucro, hacia un enfoque interno funcional, para luego ingresar a un enfoque externo comunitario de minimización de impactos negativos a otro de maximización de impactos positivos. De lo antepuesto importa y por muchas razones destacar que el primero (el enfoque esencialista), está enfocado en maximizar sus ganancias y velar estrictamente por los intereses de los accionistas. El segundo (enfoque interno funcional) es una práctica en que la empresa forma programas de ayuda financiera, para programas puntuales, no llegan a establecer compromiso con aquellos que son afectados por esta institución. Finalmente, en el tercero (enfoque externo comunitario), contrariamente a los dos primeros, las empresas no se reducen a criterios económicos, sino basan sus actividades en la filantropía. Estas toman en cuentas factores sociales y ambientales en el proceso de su funcionamiento, toman en cuenta el efecto de sus acciones frente a los diversos agentes sociales y económicos con que interactúan (Kliksberg, 2006).
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Revisando el trabajo de Schwald y Malead (citados por Taquía (2007, en Peña González, 2014), se establece cuatro grandes etapas en la historia de la RSE: época empresarial (1980), época de la gran depresión (1929), época de activismo social (1965, época de conciencia social contemporánea (1980).
Estas etapas muestran cómo iba evolucionando la práctica de la RSE, con el cual se confirma lo hecho frente a estos temas, aquí la preocupación siempre era: ¿cómo hacer que la empresa cumpla un papel social responsable además de cumplir su fin particular? En este camino de conceptos y pensamientos, la RSE iba tomando cuerpo y en el ámbito empresarial en los años sesenta caracterizado por tres olas, el concepto iba tomando forma (Elkington, 2004, citado por Mora Capilla, 2013b, pp. 11 y 12), estas tres olas son:
Primera ola (1960-1980): Se empieza a exigir una reducción del impacto medioambiental y una limitación de la demanda de recursos naturales. Surge la legislación ambiental. La empresa reacciona a la defensiva, y en el mejor de los casos, cumpliendo con la ley.
Segunda ola (1980-1990): Creciente reconocimiento de que es necesario crear nuevos sistemas de producción, nuevas tecnologías y nuevos productos para garantizar el desarrollo sostenible. Se pone en evidencia que el sector empresarial ha de ser la principal fuerza motriz de este cambio. Algunas empresas empiezan a liderar el proceso hacia la sostenibilidad. Tercera ola (1990-2000): Se identifica la necesidad de que para alcanzar el desarrollo sostenible se requiere un cambio profundo en la gobernanza de las empresas, así como en todo el proceso político de la globalización. El papel del sector público y la sociedad civil adopta una importancia creciente. Las empresas se centran en creación de nuevos mercados y en generar valor.
Elkington (citado por Mora Capilla, 2013, p. 12) afirma:
La RSE surge entre la segunda y la tercera fase, y a pesar de sufrir todavía una definición ambigua y difusa, en poco tiempo ha sido capaz de integrar todos los aspectos sensibles entre la empresa y la sociedad (medioambiente, derechos humanos, seguridad, condición laboral, impacto en la comunidad, etc.) en un sólo concepto.
Todo este desarrollo muestra el interés en poner en las empresas un fin de responsabilidad social, Baltera, Díaz, & Dussert (2005, p. 20) afirma:
Los primeros pasos fueron desplegados por los Estados y la Iglesia Católica, quienes promovieron e instalaron en la sociedad de fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte, el concepto de trabajador como sujeto de derechos: derecho a un trabajo, a un salario y a un trato justo.
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Cabe considerar, por otra parte, que los Estados Unidos, con el afán de proteger su mercado laboral, decretó leyes que amparan a los trabajadores, cuyo cumplimiento forzoso le era impuesto para que las empresas practicaran en su aplicación. Por otro lado, la iglesia católica mediante su Doctrina Social llamada también pensamiento social cristiano, promovió una conciencia ética entre los empresarios (Baltera et al., 2005). Aunque el efecto de estas dos acciones se podía ver sólo a nivel interno de cada organización, sus resultados avanzaban muchos más allá de su territorio.
Sobre el cuidado del medio ambiente hasta los setentas, las empresas sólo evitaron accidentes, cumplieron las normas de contaminación, consideraban incompatible la relación de la actividad económica con el cuidado del medio ambiente. A inicios de los ochentas, se resalta la importancia la RSE, cuyo papel empresarial es trascendente en lo social (Clavero, 2002).
La Revolución Industrial casi al final del siglo XIX, facilitó el nacimiento de grandes compañías, tanto a nivel de la industria y la agricultura, quienes, motivadas por su cultura, su filosofía o su religión, asignaban en sus presupuestos fondos que eran fijados a donaciones para ser entregadas a las beneficencias, universidades y a las academias de artes, entre otros. Dichos actos fueron denominados: “filantropía empresarial”, tema que para muchos es cuestión de debate (Baltera et al., 2005).
De la misma forma desde el siglo XX, según la declaración de Baca Neglia (2015a, p. 24): Con el desarrollo tecnológico, el uso de los recursos de producción y de la maquinaria industrial, fueron cuestionadas por afectar el cuidado del medio ambiente. La preocupación ambiental ha sido decisiva en el desarrollo del concepto de RSE. La tecnología, una vez puesta al servicio de los intereses capitalistas, ha generado un mayor progreso económico y por ende una mayor atención hacia el aspecto económico (cuantitativo) por sobre el aspecto social (cualitativo). Surge así la idea de Desarrollo Sustentable, buscando conciliar el desarrollo económico con la preservación ambiental y bienestar de la sociedad.
Al respecto Montuschi (2009, p. 42) hace la siguiente afirmación:
…el concepto de RSE ha prendido muy fuerte, en particular en años recientes, en el mundo corporativo que la ha erigido en una de las estrategias más populares para mejorar su
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reputación y también para responder ante las demandas de la sociedad. Es cierto que en la implementación de tales programas se busca desarrollar ventajas competitivas, pero lograr las mismas no es cosa demasiado sencilla. No sólo aparece como condición para el éxito de los programas de RSE integrarlos en todos los niveles de las operaciones de la empresa, sino que, además aparecería como requisito ineludible adherir a las propuestas más básicas de la ética en los negocios que puedan servir de guía en la toma de decisiones en los dilemas que puedan plantearse. Además, debe tenerse siempre presente que la filantropía está en la cima de la pirámide de la RSE y llevar a cabo acciones filantrópicas no alcanza para que una empresa pueda ser calificada como socialmente responsable si tales acciones no son acompañadas por un comportamiento ético hacia todos sus stakeholders.
En tal sentido Baltera et al., (2005, p. 17) afirman:
Un elemento nuevo de competitividad que estaría en la capacidad de las empresas para incorporarse a los mercados y permanecer en ellos, lo cual depende no sólo de su tecnología, de sus procesos productivos y de su gestión financiera, sino que también de su comportamiento en materia de respeto y cuidado del medio ambiente, de la comunidad y de sus trabajadores, como personas con intereses, motivaciones, capacidades, necesidades de desarrollo y sujetos de derechos: individuales y colectivos.