• No se han encontrado resultados

Puede mediar las respuestas emocionales primitivas de corta latencia y preparar a la amígdala para recibir información más sofisticada sobre la

representación cognitiva de la emoción procedente de los centros superiores, tales como el córtex prefrontal ventromedial. Kandel (1997).

Este descubrimiento cambió el “conocimiento” anterior, entonces vigente en la neurología, según el cual las señales sensoriales del ojo, del oído y otros órganos sensoriales viajan primero en el cerebro al tálamo y del tálamo al neocórtex, el cerebro pensante, a partir del neocórtex las señales son enviadas a la amígdala y de allí la respuesta apropiada se difunde por el cerebro y el resto del cuerpo.

Este descubrimiento modificó también el “conocimiento” que se tenía hasta entonces en cuanto se refiere a la relación cognición-emoción, se consideraba desde un enfoque cognitivo que las emociones estaban supeditadas a lo cognitivo; que la emoción surge luego de una evaluación cognitiva, Arnold (1960, 1970); Lazarus (1968, 1982), citados por Reeve (1996), LeDoux (1999). Con lo cual se hecha por tierra la idea que la amígdala debe depender totalmente de las señales del neocórtex.

Este solo hecho, el descubrimiento de un circuito cerebral para las emociones, que evita la neocorteza y da a la amígdala la capacidad de procesar la información proveniente del tálamo, con independencia del neocórtex, en fracción de segundos, antes que éste complete el análisis de la información y elija una opción de respuesta, basta para explicar una serie de hechos que dentro del marco de los conocimientos anteriores no podían ser explicados, por ejemplo: por qué la amígdala, como señala Goleman (1999), actúa como un centinela emocional; o por qué la amígdala, según el mismo autor, puede capturar el cerebro; por qué la amígdala no depende, para emitir una rápida respuesta, de la información del neocórtex; por qué la información

que se procesa a nivel de la inteligencia cognitiva puede llevar al control emocional, a regular las emociones y a utilizar provechosamente la energía y la información que proporcionan las emociones y a actuar en consecuencia; por qué el propio desarrollo normal de los talentos de una persona depende en gran parte del normal funcionamiento de la mente emocional; por qué el proceso de aprendizaje depende de cómo funciona la mente emocional y de cómo la persona puede controlar sus emociones; o por qué la toma de decisiones es un proceso como cualquier otro proceso humano consciente en el que interactúan la mente emocional y la cognición; o por qué la estabilidad emocional hace racionales a las personas; o por qué las emociones cuando se desbordan pueden hacer aparecer a una persona inteligente como un estúpido; y por qué la perdida de la razón o la locura es, en última instancia, un trastorno emocional, como señala LeDoux (1999).

.5. El descubrimiento de Damasio (1994), sobre el rol del circuito lóbulo prefrontal-amígdala, en la integración de los pensamientos, las emociones y la toma de decisiones. En efecto, según Damasio, también citado por Kandel (1997), LeDoux (1999) y Goleman (1997, 1998) el circuito lóbulo prefrontal-amígdala, es el responsable de integrar neurológicamente las emociones y los pensamientos. Esto significa que en la relación entre el cerebro emocional y el neocórtex o cerebro racional se construye el vínculo entre emoción y razón. Damasio (1996) descubrió que pacientes que tienen dañado el circuito zona prefrontal-amígdala evidencian una pérdida notable de su capacidad de decisión, aún cuando conservan intacto su cociente intelectual y sus capacidades cognitivas, a pesar de ello, toman decisiones desafortunadas para su vida personal, familiar o los negocios (caso Elliot, un abogado brillante que en un accidente quirúrgico al extirparle un tumor cerebral le cortaron la conexión lóbulo prefrontal- amígdala, y terminó desocupado y abandonado).

En efecto Damasio (1996) informa sobre el grave impacto en la capacidad de registrar las emociones cuando se seccionan las principales conexiones que comunican la amígdala, considerada el centro subcortical cerebral del que depende la emoción, con el área ventromedial de los lóbulos

prefrontales, el centro ejecutivo del neocórtex cerebral, afectando las capacidades emocionales de las cuales dependen la armonización entre el pensamiento y la emoción. Para Damasio la explicación radica en que el paciente no tiene ninguna sensación sobre sus pensamientos, por lo tanto carece de preferencias. Considera que las decisiones de estas personas son erróneas porque han perdido el acceso al aprendizaje emocional. Un estímulo cualquiera ya no provoca atracción ni aversión, estos pacientes han “olvidado” todas las lecciones emocionales de ese tipo porque ya no tienen acceso a la amígdala, donde está almacenado el aprendizaje emocional. La desconexión entre las emociones y la razón conduce a una situación en la que no es posible recuperar de la memoria emocional los recuerdos asociados con la valorización hecha anteriormente de la misma o de situaciones similares. Es como si se perdiera la capacidad de ponderar alternativas. El circuito prefrontal-amígdala, como punto de confluencia entre el pensamiento y la emoción, es una puerta fundamental para acceder al almacén de la memoria emocional de la amígdala donde se hallan los recuerdos asociados a emociones que se adquieren en el transcurso de la vida, más aquello que viene de los antepasados como fruto de la evolución filogenética. Como señala Zepeda (1999), Damasio, llegó a la conclusión que los sentimientos son indispensables para la toma de decisiones racionales; que la mente no está diseñada como una computadora, capaz de ofrecer una lista de todos los argumentos racionales a favor o en contra de una decisión, basándose en todas las ocasiones en que enfrenta una situación similar. Lo que hace la mente es “valorar” el resultado emocional de la experiencia previa y elegir la opción fundada en una corazonada o pálpito de lo que intuitivamente parece mejor.

Mediante el circuito cerebral amígdala-lóbulo prefrontal del neocórtex, se trasmite la información que le proporcionan las emociones generadas durante las primeras milésimas de segundo respecto a lo que se percibió, de este modo la mente racional recibe no sólo la información respecto a lo percibido sino una “opinión” basada en las sensaciones que tales percepciones producen en la persona, esta información es recibida y procesada por la

mente cognitiva, para efectos de la toma de decisiones. Al respecto, Goleman (1998) cita una investigación de Bargh (1994) que ha demostrado que en las primeras milésimas de segundo durante las cuales se percibe algo, no sólo se comprende inconscientemente de qué se trata, sino que decide si le gusta o no; el “inconsciente cognitivo” presenta a la conciencia, además de la identidad de lo que ve, una opinión sobre ello. Señala Goleman (1998):

Las emociones tienen mente propia, una mente que puede sostener puntos de vista con bastante independencia de la mente racional .46

Damasio y su propuesta del “marcador somático” y la toma de decisiones Damasio (1994), citado por Goleman (1998,1999), Kandel (1997), LeDoux (1999), plantea la hipótesis del “marcador somático” para referirse al feedback somático y visceral del organismo como las señales intuitivas que surgen bajo la forma de arranques provocados por el cerebro emocional, para guiar la acción personal, una especie de alarma automática que llama la atención con respecto a un peligro potencial a partir de un probable curso de acción a adoptar. Generalmente un marcador somático aparta a la persona de alguna elección que la experiencia le disuade, aún cuando en el momento no recuerde de qué experiencia se trata; también podría alentarla a no perder una buena oportunidad. Damasio, señala que dicha información lleva consigo “intuiciones” y que desempeña una función fundamental en las experiencias emocionales y en los procesos de toma de decisiones. En consecuencia la información proporcionada por las emociones expresadas en las sensaciones que causan en la persona lo que percibe y que se hacen presentes en la mente racional, mediante la vía amígdala-lóbulo prefrontal ventromedial, se hallan en la raíz misma de la toma de decisiones racionales.

.6. La influencia de la amígdala sobre el neocórtex es mayor que la de éste sobre la amígdala: El descubrimiento de la extensa red de conexiones nerviosas de la amígdala le permite que, durante una emergencia emocional, pueda atraer y dirigir gran parte del resto del cerebro, incluida la mente racional. De acuerdo con LeDoux (1999) la influencia de la amígdala sobre

46

GOLEMAN, Daniel. (1998). La Inteligencia Emocional. Editorial Javier Vergara Editor. Buenos Aires, Argentina, p. 39.

las zonas sensoriales de la corteza es mayor que la que ejerce ésta sobre la amígdala; esto se debe a que las proyecciones de la amígdala hasta la corteza son mucho mayores que las proyecciones de ésta hacia la primera. La amígdala además de tener proyecciones que regresan hacia las zonas corticales sensoriales desde donde recibe las señales de entrada, también se proyecta hacia algunas zonas de procesamiento sensorial desde las que no recibe señales de entrada. A través de estas proyecciones, la amígdala puede influir en las percepciones que pasan por ellas, en las imágenes mentales, en la atención, en la memoria a corto plazo, en la memoria de trabajo y en la memoria a largo plazo, así como en los diversos procesos del pensamiento superior que éstas hacen posibles, de modo tal que, cuando una persona tiene que tomar una decisión, el neocórtex ya ha recibido una opinión de la amígdala, que puede ser: me agrada o me desagrada; me gusta o no me gusta; es bueno o es malo; tómalo o déjalo; acéptalo o recházalo; es lindo (a) o es feo (a); me da miedo, me da rabia, me interesa o no me interesa; me hace bien o me hace mal; dile si o dile no; enfréntalo o escápate; etc. Es decir que los mecanismos de la cognición operan en los casos que afectan a la persona a partir de la "información y la opinión" que proyecta la amígdala hacia las zonas del neocórtex donde se generan y procesan las cogniciones.

Según LeDoux (1999) los pensamientos también pueden provocar emociones, mediante la activación de la amígdala por acción de la corteza; sin embargo no existe la misma facilidad para desconectarse voluntariamente de las emociones provocadas, lo que evidencia la mayor influencia de la amígdala sobre la corteza cuya activación emocional domina y controla el acto de pensar. Este hecho también puede tener un efecto positivo para efectos de la toma de decisiones, cuando las emociones convocadas favorecen la dedicación, concentración y persistencia en el logro de una meta.

La mayor influencia de la amígdala sobre el neocórtex o al contrario la menor influencia del neocórtex sobre la amígdala explica porqué muchas ideas y proyectos no llegan a ver nunca la luz, quedándose, sólo a nivel de la mente cognitiva, por qué no motivan una decisión que implique un

compromiso de participación personal. Muchas personas se pasan la vida imaginando cosas, sin llegar nunca a concretarlas, porque les hace falta la energía y la información proveniente de las emociones o de las “espirales como si”. Las espirales “como si” propuestas por Damasio, consisten en imaginar en ciertas situaciones cómo se sentiría determinado feedback físico si éste ocurriera. Este feedback físico “como si” puede influir en las sensaciones y en las decisiones, facilitando o evitando, hasta donde es posible, la toma de una decisión por el recuerdo que convoca la sensación de la experiencia vivida: grata o ingrata, de una decisión anterior frente a una situación similar, cuyo recuerdo se conserva en la amígdala.

.7. El control que ejerce el hipotálamo sobre el sistema endocrino: Según Kandel (1997), el conocimiento actual de la función endocrina del hipotálamo se basa en el análisis de dos tipos de control, directo e indirecto, que hicieron Ernst y Berta Scharrer y Geoffrey Harris, los primeros, con el desarrollo del concepto de neurosecreción que significa que ciertas neuronas funcionan como transductores neuroendocrinos capaces de transformar directamente la información neural eléctrica en información hormonal; y el segundo que señaló la importancia del flujo sanguíneo que conecta la hipófisis con el hipotálamo, demostrando que este nexo vascular indirecto transporta información hormonal desde el hipotálamo hasta la hipófisis. Estas dos ideas, según Kandel (1997) constituyen la base de la neuroendocrinología moderna.

El hipotálamo está conectado con el núcleo central de la amígdala, la zona de output de ésta; según el descubrimiento de Ernst y Berta Sharrer, el hipotálamo funciona como un transductor neuroendocrino, capaz de transformar directamente la información neural eléctrica en información hormonal. Con el descubrimiento de Geoffrey Harris, se demostró la importancia del nexo vascular indirecto que transporta información hormonal desde al tálamo a la hipófisis; al controlar la hipófisis controla el sistema endocrino. De este modo el sistema nervioso, vía la amígdala, el hipotálamo y la hipófisis ejerce control sobre el sistema endocrino; que es a su vez una vía a través de la cual las emociones influyen sobre la salud de las personas.

.8. Las emociones: Señala Kandel (1997) que:

Por el hecho de experimentar las emociones conscientemente, es obvio que hay un componente cognitivo en las emociones; componente que muy probablemente implique al córtex cerebral. Al mismo tiempo las emociones se acompañan de respuestas autónomas, endocrinas u esqueletomotoras que dependen de regiones subcorticales del sistema nervioso: la amígdala, el hipotálamo y el tronco cerebral ( ) Las respuestas emocionales implican necesariamente al cuerpo y sirven para prepararlo para la acción además de comunicar los estados emocionales a los demás .). Por tanto, para analizar una emoción ( ) hemos de entender no sólo cómo la emoción está representada en el córtex, sino también, el modo en que las estructuras subcorticales, la amígdala, el hipotálamo y el tronco cerebral organizan y regulan las actividades autónomas y endocrinas que median los componentes periféricos de la emoción .47

Añade Kandel (1997) que una teoría de la emoción debe explicar la

relación entre el estado cognitivo, y el fisiológico ; y enfatiza que la

evolución de las teorías para explicar las emociones han seguido este curso, así, mientras la teoría de James-Lange, se centra en el papel desencadenante que tienen las señales periféricas en las experiencias emocionales, la Teoría de Cannon-Bard, asigna a las estructuras subcorticales, el hipotálamo y el tálamo un papel decisivo en mediar las emociones a través de una doble función: aportar las órdenes motoras coordinadas que regulan los signos periféricos de la emoción y asimismo aportar al córtex la información que se requiere para la percepción cognitiva de las emociones. En los últimos años, según el mismo autor, la conducta emocional se ha ido enfocando como un producto de la interacción entre factores periféricos y centrales. Una contribución importante a este enfoque se debe a Damasio, a raíz de sus

47

KANDEL, Erick. (1997). Neurociencia y Conducta. Prentice-Hall International (UK) Ltd. Madrid, España, p. 636.

estudios en pacientes con lesión entre la amígdala y el córtex prefrontal. Kandel (1997), LeDoux (1999), Goleman (1998, 1999).

Añade Kandel (1997), que Schachter, a partir de la teoría de James-Lange, sugirió que el córtex cerebral tiene un papel activo en la transformación de las señales periféricas al construir una respuesta cognitiva a la información periférica que es congruente con las experiencias del individuo y el contexto social.

Integrando lo planteado por James-lange, Cannon-Bard y Schachter, la acción recíproca entre la amígdala, el hipotálamo, el tronco cerebral y el sistema autónomo, por una parte; y la amígdala y el córtex frontal, por otra, tiene por resultado las experiencias que se denominan emociones.

El Hipotálamo y la regulación de la emoción: Según Kandel (1997), el hipotálamo es una estructura subcortical fundamental, en la regulación de la emoción, Walter Cannon y Philip Bard en 1929 encontraron que los mecanismos neuronales claves para mantener la homeostasis se localizan en el hipotálamo y tienen dos sistemas efectores: el sistema autónomo y el sistema endocrino; asimismo, aunque representa menos del 1% del volumen total del encéfalo humano, contiene muchos de los circuitos neuronales que regulan las funciones vitales que varían con los estados emocionales: temperatura, frecuencia cardiaca, presión sanguínea e ingesta de agua y comida; pero además, como se ha mencionado, controla la hipófisis y de este modo regula el sistema endocrino.

El sistema nervioso autónomo participa en los estados emocionales: El sistema nervioso autónomo es básicamente un sistema efector que controla la musculatura lisa, del músculo cardíaco y de las glándulas de secreción externa; media en los cambios fisiológicos que acompañan a los estados emocionales, los que característicamente son: sudoración, sequedad en la boca, pesadez de estómago, respiración rápida, aumento de la frecuencia cardíaca y tensión en ciertos músculos. Dos de las tres divisiones principales del sistema nervioso autónomo son la del simpático y del parasimpático. Cannon, citado por Kandel (1997), señaló que estas dos divisiones tienen diferentes funciones en la regulación de la conducta emocional y la

homeostasis: La división del simpático dirige la reacción de lucha o huida, mientras que el sistema parasimpático es responsable del reposo y mantenimiento. En una situación de emergencia, cuando el cuerpo tiene que responder rápidamente a un cambio repentino en el medio ambiente externo o interno, el hipotálamo y el sistema nervioso simpático activan un aumento de las eferencias del simpático hacia el corazón y otras vísceras, los vasos sanguíneos periféricos y las glándulas sudoríparas, así como a los músculos piloerectores y oculares. Según Kandel (1997):

El output del sistema nervioso autónomo depende de muchas regiones del encéfalo, en particular del córtex cerebral, la amígdala y partes de la formación reticular, la mayoría de estas regiones del encéfalo ejercen su acción sobre el sistema nervioso autónomo a través del hipotálamo, que a su vez integra la información de estas estructuras en una respuesta coherente .48

.9. La amígdala media en la representación cortical y subcortical de las emociones: La amígala es la parte del cerebro más directamente relacionada con la emoción. Según Kandel (1997):

La clave para entender el papel de la amígdala es considerar sus estructuras de input y output de la información: los núcleos basolateral y central respectivamente. La amígdala está compuesta de varios núcleos que están conectados recíprocamente con el hipotálamo, el hipocampo, la neocorteza y el tálamo. Los núcleos basolaterales de la amígdala reciben una gran cantidad de información aferente de todas las modalidades sensoriales. El input sensorial procede de dos fuentes: 1) los núcleos sensoriales del tálamo, y 2) las áreas sensoriales primarias del córtex. El núcleo central de la amígdala da lugar a dos proyecciones eferentes principales: una es la estría terminal que inerva al hipotálamo así como al núcleo del lecho de la estría terminal y al núcleo accumbens; la otra es la vía amígdalofugal ventral que inerva al núcleo dorsomedial del tálamo y a la región anterior de la

48

circunvolución del cíngulo ( ) El output de la amígdala, así como el input aferente que es desencadenado por la actividad de los efectores autónomos, vuelve a las estructuras corticales para dar lugar a una experiencia emocional consciente .49

Según Martin, John (1997) los circuitos de la amígdala, intervienen básicamente en las emociones y en sus expresiones conductuales manifiestas,