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Restauración para la venida del día milenario

¡Oh mística Babel, grande ha sido tu reino! Que crueles pecados siguieron tu curso.

El velo es roto, tu misterio revelado.

Ángeles gritan en angustia y Dios tu condena ha sellado. Las naciones de larga y triste noche,

están despertando ahora para eterna luz.

Volviendo a la iglesia gentil, encontramos la ciencia de la teología con todos sus milagros, poderes, visiones y sueños, ángeles, revelaciones, profetas, sanidades, etc. Donde quiera regocijo, nada de sus poderes les fue disminuido en su transmisión de ju-díos a gentiles.

Las ramas silvestres al ser injertadas en el tronco antiguo y bueno inmediatamente participaron de la raíz y fecundadas del doméstico árbol del olivo y en esta forma fue producido el fruto natural. Pero Pablo, el gran Apóstol de los gentiles, en sus escrituras a los Romanos les amonestó para guardarse de caer de la misma manera que antes los judíos lo habían hecho.

Dijo él: “Si Dios no perdonó a las ramas naturales tomad precaución, porque él tampoco perdonará a vosotros”. Juan el Apóstol también predijo el resurgimiento y predominio universal de un cierto místico poder, una “Babel de confusión espiritual o religiosa”, en breve “la misteriosa Babilonia, la grande, la madre de las rameras y abominaciones en la tierra”.

Este poder regirá el gobierno entre las naciones; los reyes y gobernantes de la tierra estarán borrachos con el vino de fornicación, los comerciantes de la tierra se volverán ricos por medio de la abundancia de sus delicadezas.

Este poder, conforme al profeta Daniel y el Apóstol Juan: “Consumaría los santos del Más Alto, cambiaría los tiempos y las leyes. Se emborracharía con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús, destruyen al poderoso y santo pueblo, hacen guerra contra los santos y los vencen”, hasta que un tiempo sea establecido.

Todas estas profecías y muchas otras antes dichas, la suerte de la iglesia gentil, su destrucción de la tierra y la consecutiva declinación y cesación de la ciencia de la teología, de sus poderes y bendiciones en el mundo gentil.

En conexión con esas predicciones, tenemos la mas positiva declaración profética de las Santas Escrituras concernientes al trastorno

y entera destrucción de estos mismos místicos poderes por los cuales había hecho guerras contra los santos.

Sus juicios puestos delante como lo mas terrible, mas que los que acontecieron en Jerusalén, plagas, pestes, espadas, terremotos y flamas de fuego causarán el fin de sus existencia.

Entonces se anunciará el reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo. Entonces los Santos del Más Alto tomarán el reino y el poder del reino de todo el cielo. De esta manera estarán para revivir los antiguos poderes y bendiciones, el conocimiento y sabiduría de la ciencia de la Teología.

En el cumplimiento de las anteriores predicciones, la ciencia de la teología decli-nó y pasó entre los gentiles, justamente en proporción como la iglesia o los santos del Más Alto fueron combatidos y no oídos. Por años, siglos, edades, no había habido voz de los cielos entre los gentiles, al igual que tampoco entre los judíos. Ellos habían caído antes en el mismo ejemplo de incredulidad, no obstante la precaución de su gran apostolado.

Ningún profeta gentil se ha levantado y emitido su voz, ningún ángel benévolo les había ministrado a ellos.

Ninguna visión del Señor, ninguna contestación.

Ningún sueño inspirado, ninguna voz, ninguna sanidad de los cielos, ni la revelación había abierto el silencio de la obscura

media noche que había cobijado a las naciones.

¡Oh, si tal voz, tal visión, tal profeta, hubiera ocasionalmente abierto en adelante, con el testimonio de Jesús, el espíritu de profecía!, su testimonio hubiera sido des-preciado por la masa de gente llamada cristiana, su voz silenciada con la muerte o él mismo y sus seguidores habrían sido destruidos o desterrados de la sociedad para vagar en las montañas, bosques, cavernas o desiertos de la tierra, o en otra manera, obligados a arrastrar una existencia en la soledad del calabozo.

Edades, siglos, habían pasado. ¡Oh que sufrimientos, que tortura, que ríos de lá-grimas, que océanos de sangre, que gritos y lágrimas en la tierra, que plegarias en el cielo!

“¿Cuánto tiempo, Oh Señor, Santo y verdadero, no juzgarás y castigarás a ellos que habitan la tierra?”

El fuego consumió, la espada devoró, la artillería del infierno rugió.

Los diablos inmensamente crujieron los dientes. Viudas y huérfanos lamentaron, los cielos lloraron,

los Santos oraron y la justicia se horrorizaba.

La misericordia, retirándose, vertía una lágrima de sangre. Ángeles comienzan a tirar de su reluciente espada,

Protesta sobre protesta, reformación sobre reformación, revelaciones, luchas, esfuerzos de todas clases, han sido una y otra vez intentados en vano. La ciencia de la Teología con todas sus llaves y poderes, una vez perdida, jamás pudo en solidaridad con el antiguo testimonio profético, ser restaurada ni a judío ni a gentil, hasta cuando el tiempo llegara. El tiempo de la restauración de todas las cosas, las cuales Dios ha hablado por boca de sus santos profetas desde el principio del mundo.

El tiempo en que un poderoso “ángel volando por en medio del cielo teniendo el evangelio eterno para predicarlo a las naciones que habitan la tierra, a cada nación, tribu, lengua y pueblo”.

El tiempo del juicio para la misteriosa Babilonia, el tiempo del cumplimiento de los gentiles. El tiempo del injerto otra vez de los judíos y

todas las ramas naturales de Israel.

Entonces y no antes pudo esta ciencia, las llaves, los poderes de teología, ser restaurados al hombre, Ningún individuo o conjunto humano podrá obtener o restaurar de nuevo las llaves de la ciencia. Un poderoso ángel tendría las llaves de esta ciencia para los últimos días. Un poderoso ángel estuvo para restaurar las llaves del antiguo Sacerdocio, apostolado, poderes y bendiciones. Una voz de los cielos gritó para revelar el tiempo y envió hasta lo último el grito “Salid fuera de aquí pueblo mío, para que no seáis participantes de sus pecados y para que no seas participantes de sus plagas. Porque sus pecados han rechazado al cielo y Dios ha recordado sus iniquidades”.

Todas las obscuridades de la edad media, todas las supercherías o tiranía de cada edad, desde la matanza de los Apóstoles, todas las opresiones, persecuciones o abusos de poder, todas las extravagancias y ociosidades en un lado y todos los sufrimientos y miseria de los afanosos millones de mortales en su anhelo de confortar su espíritu, toda la ignorancia, las supersticiones y errores, divisiones, contenciones, que han transpirado con el nombre de “cristianismo” hasta el presente tiempo, han sido el resultado de la declinación y pérdida de las llaves y poderes de la ciencia de Teología o falta de atención a ellas cuando existieron en la tierra.

Si el mundo cristiano llegara a conseguir cualquier considerable grado de conocimiento,

poder o unión en progreso religioso hasta que descubran su pérdida de esta ciencia, se vuelvan

conscientes de la

necesidad de su

restauración y den la bienvenida a un mensajero que viene en el nombre del Señor con una comisión de los cielos y con las llaves encargadas por los ángeles de Dios, una dispensación universalmente

proclamada en todo el mundo, con poder y señales siguiéndole, comisión apostólica, una restauración del reino y la Iglesia, y don de Dios, y el todo consumado por la gloriosa restauración de Israel y Judá en su propia tierra y al verdadero redil de Dios, junto con la segunda venida del Mesías y todos sus Santos con Él, para destruir la misteriosa Babilonia, y reinar en la tierra. Tales son los asuntos, tal es el remedio para los pasados y presentes pecados.

Capítulo IV

La ascención, progreso, declinación y pérdida de la