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Terrenal y Celestial

La tumba y la muerte y el infierno ya no mas retienen a sus cautivos. La Tierra al romper su cadena,

el océano rugiente, de su profundo lecho, al llamado de Miguel, entregan a sus muertos,

entonces viene el juicio, y el destino final del hombre – su destino más allá de la tumba.

Hay tres resurrecciones ge-nerales reveladas al hombre sobre la tierra: una de estas es ya pasada, y las otras dos son

futu-ras.

La primera resurrección gene-ral se llevó a cabo en conexión con la resurrección de Je-sucristo. Esta inclu-yó a los Santos y Profetas de ambos hemisferios, de Adán hasta Juan el Bautista, o en otras palabras, todos aquellos que murieron en Cristo antes de su resurrección.

La segunda se llevará a cabo dentro de pocos años del tiempo presente, y será inmediatamente seguida por la venida de Jesucristo, en poder y gran gloria, con todos sus Santos y Ángeles. Esta resurrección incluirá a los antiguos Santos y a los Santos de los Últimos Días – todos aquellos que han recibido el Evangelio desde la primera resurrección.

La tercera y última resurrección tendrá lugar después de los mil años, y abarcará a toda la familia humana no incluida en las anteriores resurrecciones o traslaciones.

Después de que el hombre sea levantado de los muertos será juzgado de acuerdo a sus obras y recibirá el galardón, y será consignado a la esfera, exactamente correspondiendo a sus acciones, y a las preparaciones o cualidades que posee.

En la primera resurrección, aquellos levantados dejaron la tierra y ascendieron, o fueron transplantados en lo alto, con el resucitado Jesús, a las mansiones glorificadas de su Padre, o a algún sistema planetario ya redimido y glorificado. Las razones para abandonar así a la tierra son obvias. Nuestro planeta estaba todavía en su estado rudimentario, y por lo tanto sujeto a la regla del pecado y muerte. Fue necesario que continuara así, hasta que

llegue el tiempo cabal de la redención, fue por lo tanto enteramente inadecuado para ser la residencia de hombres in-mortales.

Pero en la

resurrección que se aproxima y en conexión con la gloriosa venida de Jesucristo, la tierra experimentará un cambio en sus aspectos físico,

clima, suelo, producciones, y en su gobierno político, moral y espiritual. Sus montañas serán niveladas, sus valles exaltados, sus pantanos serán drenados y se convertirán en saludables, mientras que sus ári-dos desiertos, y sus regiones polares heladas, serán redimidas y se convertirán en templadas y fructíferas.

La opresión y superchería sacerdotal, la tiranía e idolatría llegarán a su fin, desa-parecerán la oscuridad e ignorancia, la guerra cesará, y el dominio del pecado, y la tris-teza y la muerte darán paso al reinado de la paz, la verdad y la rectitud.

Por esta razón, y para cumplir ciertas promesas hechas a los padres, los primeros y los Santos de los Últimos Días incluidos en las dos resurrecciones, y todos aquellos que han sido trasladados, recibirán una herencia sobre la tierra y edificarán y mejorarán la misma durante los

mil años.

Las naciones

paganas, también, serán entonces redimidas, y serán exaltadas al privilegio de servir a los Santos del Más Alto. Ellos serán los labradores, los viñadores, los jardineros, constructores, etc. Pero los Santos serán los propietarios de la tierra, los propietarios de todas las haciendas, y otras cosas pre-ciosas, y los reyes, gobernantes y jueces de la tierra.

Al multiplicarse los hijos de los hombres en estos tiempos pacíficos, un sistema cuidadoso y sabio de agricultura será rápidamente desarrollado y extendido sobre la superficie de toda la tierra; su superficie completa será al cabo como un jardín de Edén, siendo cultivados los árboles de vida, y sus frutos por todos disfrutados. La ciencia, y las artes ornamentales y útiles serán también grandemente extendidas y cultivadas. El instrumento finamente afinado de muchas cuerdas, los órganos melodiosos de la voz humana, serán entonces adaptados a la poesía y los sentimientos igualmente puros y refinados, y expresarán melodías y cantos de santo gozo, calculadas para purificar y fundir cada corazón en amor, y para llenar cada alma con afinidad mutua y éxtasis de unión celestial.

El conocimiento geográfico, la historia, astronomía, matemáticas y navegación, serán gran-demente difundidas y consolidadas. Ferrocarri- les y líneas telegráficas serán universalmente extendidas, y los poderes del vapor, u otros medios de comunicación serán llevados al más alto

grado de perfección. Así todas las naciones serán asociadas en una gran hermandad. Una teocracia universal constituirá el cuerpo político. Un Rey reinará. Una ciudad santa será la capital. Un templo será el centro de adoración. En suma, habrá un solo Señor, una Fe, un Bautismo, y un Espíritu.

Un equitativo, justo y útil interés comercial, fundado sobre la

necesidad y conveniencia de intercam-bio mutuo de productos, formará también otro importante lazo de unión. La minerología será grandemente desarrollada, y su conocimiento exten- dido. Sus tesoros escondi-dos serán desarrollados, y el ora, la plata y las más

bellas y preciosas piedras serán los materiales de construcción de uso más común, y compondrán los utensilios y mobiliario de las habitaciones del hombre.

La tierra y el hombre así restaurados y exaltados, no serán todavía perfectos en el sentido celestial de la palabra, pero serán considerados, en la luz de la eternidad, como ocupando una posición intermedia y todavía progresiva entre las etapas de la naturaleza.

La carne, huesos, venas, nervios -todos los órganos- todas las partículas del cuerpo celestial, deben ser avivadas, llenadas, rodeadas con ese divino y santo elemento, que es más puro, más inteligente, más refinado y activo, dador de luz y vida, que ninguna otra substancia en el universo.

Cada órgano debe ser restaurado y adaptado a su uso perfecto y natural en el cuerpo celestial.

La mente inmortal del filósofo griego,

de nuevo con carne y huesos y nervios combinados, cerebro y corazón inmortales

-todo inmortal,

harán como al principio, un alma viviente.

El hombre, así adaptado a todos los gozos de la vida y el amor, poseerá los medios de gratificar sus órganos de la vista, el oído, el gusto, etc. y poseerá, mejorará y gozará las riquezas de los elementos eternos. Los palacios, la ciudad, los jardines, las viñas, los frutos de la tierra, el oro, la plata, las piedras preciosas, los siervos, los carros, caballos y jinetes son para su uso; también los tronos y dominios, principados y poderes, fuerza, majestad, y un eterno incremento de riquezas, honores, inmortalidad y vida eterna son suyas.

Es, en un

sentido subordinado, un dios, o en otras palabras, uno de los hijos de Dios. Todas las cosas son suyas, y es de Cristo, y Cristo es de Dios. Tal es el gran Milenio. Y tal es el hombre celestial, en su progreso hacia la perfección. Junto a la gloria peculiar de lo

celestial, muchos grados de recompensa adaptados a una casi infinita variedad de circunstancias, grados de progreso, conocimiento,

responsabilidad y conducta.

El estado final del hombre, a través de varias y casi infinitas graduaciones y recompensas, adaptadas a sus cualidades y logros, y medidas en la escala de la exacta justicia y misericordia, pueden ser concebidas o expresadas bajo tres grandes ramas, o esferas principales:

Primero. La Telestial, o cielo menor, tipificado por las estrellas del firmamento.

Segundo. La Terrestre, o cielo intermedio, tipificado por la Luna. Tercero. La Celestial, o tercer cielo, de la cual el Sol del firmamento es su tipo. Los requisitos que califican y preparan a las inteligencias, para estas diferentes esferas o recompensas, son todos de una importante

consideración, y muy dignos de la atención sincera de toda persona. Estos diferentes reinos o grados, y su felicidad comparativa, y que personas son candidatos a cada grado, son revelados en una manera más concisa, clara, lúcida y hermosa, en una de las visiones de nuestro gran Profeta y fundador. Completaremos por lo tanto este capítulo con la inserción de dicha VISIÓN.

SECCIÓN 76

Visión manifestada a José Smith el Profeta y a Sidney Rigdon en Hiram, Ohio, el 16 de febrero de 1832 ( History of the Church , 1:245–252). Al anotar esta visión, el Profeta escribió como prefacio: “A mi regreso de la

conferencia de Amherst, reanudé la traducción de las Escrituras. Según las varias revelaciones que se habían recibido, era patente que se habían quitado de la Biblia muchos puntos importantes relacionados con la salvación del hombre, o que se habían perdido antes de que se recopilara. Parecía de por sí evidente, a juzgar por las verdades que quedaban, que si Dios premiaba a cada uno de acuerdo con las obras hechas en la carne, el término ‘cielo’, al referirse a la morada eterna de los santos, tenía que incluir más de un reino. Consiguientemente...mientras traducíamos el Evangelio según San Juan, el hermano Rigdon y yo vimos la siguiente visión” ( History of the Church , 1:245). Fue después que el Profeta hubo traducido Juan 5:29 que se recibió esta visión.

1–4, El Señor es Dios; 5–10, Los misterios del reino serán revelados a todos los fieles; 11–17, Todos saldrán o en la resurrección de los justos o en la de los injustos; 18–24, Los habitantes de muchos mundos son engendrados hijos e hijas para Dios por medio de la expiación de Jesucristo; 25–29, Un ángel de Dios cayó y se convirtió en el diablo; 30–49, Los hijos de perdición padecen condenación eterna; todos los demás logran algún grado de salvación; 50–70, Se describen la gloria y el galardón de los seres exaltados en el reino celestial; 71–80, Aquellos que heredarán el reino terrestre; 81–113, El estado de los que se hallarán en la gloria telestial, en la terrestre y en la celestial; 114–119, Los fieles podrán ver y comprender los misterios del Reino de Dios mediante el poder del Espíritu Santo.

1 ¡ Oíd , oh cielos, escucha, oh tierra, y regocijaos, vosotros los habitantes de ellos, porque el Señor es Dios, y aparte de él no hay Salvador!

2 Grande es su sabiduría,

maravillosas son sus vías, y la magnitud de sus obras nadie la puede saber.

3 Sus propósitos nunca fracasan, ni hay quien pueda detener su mano. 4 De eternidad en eternidad él es el

mismo, y sus años nunca se acaban. 5 Porque así dice el Señor: Yo, el Señor, soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin.

6 Grande será su galardón y eterna será su gloria.

7 Y a ellos les revelaré todos los

misterios, sí, todos los misterios ocultos de mi reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré saber la buena disposición de mi voluntad tocante a todas las cosas pertenecientes a mi reino.

8 Sí, aun las maravillas de la eternidad sabrán ellos, y las cosas venideras les enseñaré, sí, cosas de muchas

generaciones.

9 Y su sabiduría será grande, y su

conocimiento llegará hasta el cielo; y ante ellos perecerá la sabiduría de los sabios y se desvanecerá el

entendimiento del prudente. 10 Porque por mi Espíritu los

iluminaré, y por mi poder les revelaré los secretos de mi voluntad; sí, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera al corazón del hombre. 11 Nosotros, José Smith, hijo, y Sidney Rigdon, estando en el Espíritu el día dieciséis de febrero, del año de nuestro Señor mil ochocientos treinta y dos,

12 fueron abiertos nuestros ojos e iluminados nuestros entendimientos por el poder del Espíritu, al grado de poder ver y comprender las cosas de Dios, 13 aun aquellas cosas que existieron

desde el principio, antes que el mundo fuese, las cuales el Padre decretó por medio de su Hijo Unigénito, que estaba en el seno del Padre aun desde el principio,

14 de quien damos testimonio, y el testimonio que damos es la plenitud del evangelio de Jesucristo, que es el Hijo, a quien vimos y con el cual

conversamos en la visión celestial. 15 Porque mientras hacíamos la

traducción que el Señor nos había designado, llegamos al versículo

veintinueve del quinto capítulo de Juan, que nos fue revelado así:

16 Hablando de la resurrección de los muertos, concerniente a los que oirán la voz del Hijo del Hombre:

17 Y saldrán; los que hayan hecho el

bien, en la resurrección de los justos; y los que hayan hecho el mal, en la resurrección de los injustos.

18 Ahora, a causa de esto nos

maravillamos, porque nos fue revelado por el Espíritu.

19 Y mientras meditábamos en estas cosas, el Señor tocó los ojos de nuestro entendimiento y fueron abiertos, y la gloria del Señor brilló alrededor. 20 Y vimos la gloria del Hijo, a la

diestra del Padre, y recibimos de su plenitud;

21 y vimos a los santos ángeles y a los que son santificados delante de su trono, adorando a Dios y al Cordero, y lo adoran para siempre jamás.

22 Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! 23 Porque lo vimos, sí, a la diestra de

Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

24 que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.

25 Y esto también vimos, de lo cual damos testimonio, que un ángel de Dios que tenía autoridad delante de Dios, el

cual se rebeló en contra del Hijo Unigénito, a quien el Padre amaba y el cual estaba en el seno del Padre, fue arrojado de la presencia de Dios y del Hijo,

26 y fue llamado Perdición, porque los cielos lloraron por él; y era Lucifer, un hijo de la mañana.

27 Y vimos; y he aquí, ¡ha caído, un hijo de la mañana ha caído!

28 Y mientras nos hallábamos aún en el Espíritu, el Señor nos mandó que escribiésemos la visión; porque vimos a Satanás, la serpiente antigua, sí, el

diablo, que se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo;

29 por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados.

30 Y vimos una visión de los

sufrimientos de aquellos a quienes hizo la guerra y venció, porque la voz del Señor vino a nosotros con estas palabras:

31 Así dice el Señor concerniente a todos los que conocen mi poder, y han llegado a participar de él, y se dejaron

vencer a causa del poder del diablo, y niegan la verdad y se rebelan contra mi poder.

32 Estos son los hijos de perdición, de quienes digo que mejor hubiera sido para ellos no haber nacido;

33 porque son vasos de ira,

condenados a padecer la ira de Dios con el diablo y sus ángeles en la eternidad; 34 concerniente a los cuales he dicho que no hay perdón en este mundo ni en el venidero,

35 habiendo negado al Santo Espíritu después de haberlo recibido, y habiendo negado al Unigénito del Padre,

crucificándolo para sí mismos y exponiéndolo a vituperio.

36 Éstos son los que irán al lago de fuego y azufre, con el diablo y sus ángeles,

37 y los únicos sobre quienes tendrá poder alguno la segunda muerte;

38 sí, en verdad, los únicos que no serán redimidos en el debido tiempo del Señor, después de padecer su ira. 39 Porque todos los demás saldrán en la resurrección de los muertos,

mediante el triunfo y la gloria del

Cordero, que fue inmolado, que estaba en el seno del Padre desde antes que los mundos fuesen hechos.

40 Y éste es el evangelio, las buenas nuevas, que la voz de los cielos nos testificó:

41 Que vino al mundo, sí, Jesús, para ser crucificado por el mundo y para

llevar los pecados del mundo, y para

santificarlo y limpiarlo de toda iniquidad;

42 para que por medio de él fuesen

salvos todos aquellos a quienes el Padre había puesto en su poder y había hecho mediante él;

43 y él glorifica al Padre y salva todas las obras de sus manos, menos a esos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre lo ha revelado. 44 Por tanto, a todos salva él menos a ellos; éstos irán al castigoperpetuo, que es castigo sin fin, castigo eterno, para reinar con el diablo y sus ángeles por la eternidad, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga, lo cual es su tormento;

45 y ni el fin de ello, ni el lugar, ni su tormento, ningún hombre lo sabe; 46 ni tampoco fue, ni es, ni será revelado al hombre, salvo a quienes se hacen participantes de ello;

47 sin embargo, yo, el Señor, lo manifiesto en visión a muchos, pero en seguida lo cierro otra vez;

48 por consiguiente, no comprenden el fin, la anchura, la altura, la

profundidad ni la miseria de ello, ni tampoco hombre alguno, sino los que son ordenados a esta condenación. 49 Y oímos la voz decir: Escribid la visión, porque he aquí, éste es el fin de la visión de los padecimientos de los impíos.

50 Y otra vez testificamos, porque

vimos y oímos, y éste es el testimonio

del evangelio de Cristo concerniente a los que saldrán en la resurrección de los justos:

51 Éstos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre, y fueron bautizados según la

manera de su sepultura, siendo

sepultados en el agua en su nombre; y esto de acuerdo con el mandamiento que él ha dado,

52 para que, guardando los mandamientos, fuesen lavados y

limpiados de todos sus pecados, y recibiesen el Santo Espíritu por la imposición de las manos del que es

ordenado y sellado para ejercer este

poder;

53 y son quienes vencen por la fe, y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles. 54 Éstos son los que constituyen la Iglesia del Primogénito.

55 Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas; 56 son sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria; 57 y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fue según el orden del Hijo Unigénito.

58 De modo que, como está escrito, son dioses, sí, los hijos de Dios. 59 Por consiguiente, todas las cosas son suyas, sea vida o muerte, o cosas presentes o cosas futuras, todas son suyas, y ellos son de Cristo y Cristo es de Dios.

60 Y vencerán todas las cosas. 61 Por tanto, nadie se gloríe en el hombre, más bien gloríese en Dios, el cual subyugará a todo enemigo debajo de sus pies.

62 Éstos morarán en la presencia de Dios y de su Cristo para siempre jamás. 63 Éstos son los que él traerá consigo cuando venga en las nubes del cielo para reinar en la tierra sobre su pueblo. 64 Son los que tendrán parte en la

primera resurrección.

65 Son quienes saldrán en la

resurrección de los justos.

66 Son los que han venido al monte de

Sión y a la ciudad del Dios viviente, el lugar celestial, el más santo de todos. 67 Son los que se han allegado a una hueste innumerable de ángeles, a la asamblea general e iglesia de Enoc y del Primogénito.

68 Son aquellos cuyos nombres están

escritos en el cielo, donde Dios y Cristo son los jueces de todo.

69 Son hombres justos hechos

perfectos mediante Jesús, el mediador del nuevo convenio, que obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre.

70 Éstos son aquellos cuyos cuerpos son celestiales, cuya gloria es la del sol, sí, la gloria de Dios, el más alto de todos, de cuya gloria está escrito que tiene como símbolo el sol del

firmamento.

71 Y además, vimos el mundo

terrestre, y he aquí, éstos son los de lo terrestre, cuya gloria se distingue de la gloria de los de la iglesia del