2. DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN
2.5 Resultados y discusión
La preocupación social por parte de las organizaciones responde a un modelo socioeconómico actual, que sustenta una necesidad infalible de las mismas por retornar de alguna manera los recursos que extrae de la sociedad para el desarrollo de su actividad, pues la reviste de una responsabilidad que se sale de los límites rentables y productivos para mantenerse a sí misma y la ubica dentro de un marco en el que el ser humano y sus relaciones cobran protagonismo. Es decir que si las personas que constituyen el grupo de
69 interés de la organización se sienten satisfechas con la acción que ésta desempeña, el valor económico de la organización se maximiza; por lo tanto, Responsabilidad Social es un concepto que liga los aspectos económicos y los sociales como aporte al beneficio tanto de los grupos de interés de la organización como de ella misma, manteniendo un margen de satisfacción descrito por ambas partes que permite por un lado, reconocer la labor de la organización dentro de la sociedad y por otro, determinar el valor de la sociedad no sólo frente a la existencia sino ante la permanencia de la organización.
Sin embargo, la perspectiva desde la cual se plantea la Responsabilidad Social Corporativa,
hace referencia precisamente a concebir un “cuerpo” que actúa para y dentro de un sistema
más amplio que lo contiene y por tanto lo regula; en otras palabras, la Responsabilidad Social Corporativa obedece a la consideración de la organización dentro del marco social como sujeto civil, concepción que la ubica aún más allá del reconocimiento de su labor ante la sociedad y del reconocimiento de la sociedad misma como un actor directamente afectado por la acción organizacional y la reviste de un compromiso filosófico que debe ser implementado desde la misma gerencia de la organización y convertirse en un eje transversal por el que se rijan todas y cada una de sus dependencias.
Así como las personas viven, regulan y orientan sus vidas de acuerdo precisamente a
diferentes “filosofías de vida”, la organización se proyecta ante la sociedad y se relaciona
con ella desde una filosofía que constituye su envergadura y la focaliza estratégicamente para cumplir satisfactoriamente con sus objetivos, sin abandonar su razón de ser y su proyección en el tiempo. Cuando se habla de Responsabilidad Social Corporativa, se habla precisamente del desarrollo de una filosofía de trabajo y de acción, en el que el compromiso de la organización con la sociedad es equivalente en una balanza al valor de la rentabilidad económica que ésta persigue.
Con el presente análisis se busca determinar si la Responsabilidad Social Corporativa es tenida en cuenta como eje de integración de la filosofía del programa Redes Empresariales Asociadas, a partir del planteamiento de la RSC como horizonte ideal en las prácticas organizacionales vinculadas a proyectos de desarrollo social.
70 Como se ha mencionado anteriormente, el programa de Redes Asociadas Empresariales describe dentro de su naturaleza el fortalecimiento organizacional, técnico y empresarial en gestión del diseño y desarrollo de producto, promoción comercial y oportunidades de negocios para microempresarios de bajos estratos. El programa impulsa la iniciativa de pequeños empresarios en la formalización empresarial y la asociación como estrategia para crear empresa.
Dentro de su cobertura existen microempresarios de estratos uno, dos y tres con dificultades de inserción económica, quienes atraviesan por un proceso educativo compuesto por una serie de capacitaciones académicas y técnicas, que tienen como objetivo lograr su sensibilización y preparación para la presentación y comercialización de un producto final, relacionado con la cadena textil-confecciones-moda de la ciudad.
Analizando de manera concreta la interacción entre la escuela Arturo Tejada (centro de capacitación de los microempresarios) y los beneficiarios del programa para la ejecución de las colecciones, la presentación de los productos y la comercialización de los mismos en un escenario de moda reconocido en el ámbito nacional como es el Círculo de la Moda de Bogotá, resulta muy interesante examinar el grado de satisfacción de los microempresarios frente al programa.
Inicialmente, se realiza de manera detallada un análisis previo de la comunidad a la que está dirigido. Aparte de los criterios que se tienen en cuenta para la selección de los participantes por parte de la Alcaldía Mayor de Bogotá, existe una evaluación minuciosa de los perfiles de estas personas, con el fin de adecuar las capacitaciones a sus vidas diarias y cumplir con éxito la intensidad horaria sin inconvenientes de deserción, frente a la disponibilidad de tiempo de los microempresarios. Nubia Ruiz, coordinadora de proyectos especiales de la Escuela de diseño y mercado de moda Arturo Tejada Cano, que las
“capacitaciones se realizaban los sábados y algunos viernes, porque para ellos venir un día aquí completo a estudiar se dificulta. Tienen que dejar a sus hijos solos y aparte los dos o tres buses que toman para llegar a la escuela, es complicado. Entonces había un problema social con ellos, pues era difícil conservar la misma cantidad de personas, que no hubiese
71 Se evidencia entonces que los beneficiarios no se tienen en cuenta como una masa indiscriminada de sujetos idóneos para la recepción del programa, sino que existe efectivamente un contacto cercano y un estudio cualitativo de la comunidad a la que está dirigido. Este factor puede estar contribuyendo desde un principio a generar confianza y proximidad entre organización y comunidad.
Julio Liévano, participante de una de las redes de chaquetería, hace referencia a la ventaja competitiva que se adquiere con el aprendizaje del conocimiento tecnológico impartido en
la escuela: “con los programas que nos dan allá los diseños se sacan muy rápido, porque se
trabaja desde uno sólo y después se saca el modelo para producir en serie. Entonces para el acabado de la chaqueta (yo que manejo cuero), se puede ver antes en pantalla cómo se ve el aplique de un material: si son taches, si es mejor solo botones, si el corte en la cremallera se presta para alguna decoración con el mismo cuero. Yo ya me compré los programas y los
trabajo en la casa con mi hijo”.
El factor educativo es indispensable en todo el proceso porque realmente las capacitaciones les permiten obtener conocimientos a los cuales no podrían acceder de manera particular por razones económicas. Dentro de los factores que resaltan los microempresarios frente a los beneficios del programa, las actualizaciones y el aprendizaje de nuevas técnicas e interpretaciones son indiscutiblemente la base que les permite ampliar su perspectiva y pensar más allá de sus límites, de crecer y posicionarse a nivel de empresa.
La implementación de tecnología con programas avanzados en diseño, les permite maximizar las ganancias, economizar tiempos y explotar talentos o inclinaciones potenciales. Los programas que se manejan para el desarrollo de las colecciones se basan en sistemas CAD/CAM, que permiten diseñar el patrón de una prenda y situarlo posteriormente sobre las telas para reducir la cantidad de material sobrante en el proceso de corte. Así mismo, les permite visualizar los modelos y observarlos de forma tridimensional para tener una aproximación al producto real, sin necesidad de malgastar materiales en prueba o reformar detalles del diseño de acuerdo a la elección de uno u otro material. De igual forma, dentro del programa se trabaja con una filosofía donde la especialización en la elaboración del producto es importante, pero independientemente de la labor o la
72 experiencia de las personas que conforman las redes, todos y cada uno aprenden a ejecutar tareas y actividades necesarias para lograr el éxito de la colección, que en definitiva es el medio por el cual se comercializan sus productos finales y se dan a conocer a posibles
compradores: “Yo antes no tenía ni idea de comercializar una colección digamos, ni
siquiera sabía cómo presentar una, porque yo en ese tema nunca me interesé, es decir, al
césar lo que es del césar y eso pues… era trabajo de diseñador, pero uno entra y cuando se
asocia para presentar en la sustentación las colecciones que se trabajan durante todos los cursos, uno aprende de todo, desde la forma como se presenta hasta la forma como se comercializa, como se produce y se manufactura y la mejor forma de darlo a conocer al
público” (Entrevista a Julio Liévano, beneficiario del programa).
Este factor es muy importante porque se generan espacios donde el tejido social se fortalece a partir de la construcción de relaciones. El mismo nombre del programa hace referencia a las redes como modelo de desarrollo empresarial y dentro del mismo esquema se trabaja con actores que se interrelacionan y comparten visiones de mundo e imaginarios que a medida que avanza el programa, van unificando en busca de un objetivo común que no es más que el de evolucionar conjuntamente a partir del desarrollo y la generación de productos que les permiten proporcionarle valor a su actividad, sentirse productivos y ser efectivamente eslabones que aportan de una u otra forma a la productividad de un sector, pero lo más importante, contribuir al desarrollo social de la ciudad.
Este planteamiento permite corroborar que la acción de la organización dentro de la comunidad se ve legitimada en cierta forma por la ejecución de relaciones públicas que permiten efectivamente la construcción de redes sociales. Sin embargo, la práctica de las mismas se lleva a cabo de manera indirecta pues no existe una descripción formal dentro de la asignación de cargos en el programa, sino que la comunicación entre los beneficiarios y los directivos se realiza de manera directa y no existe un reconocimiento concreto de los participantes hacia una punto de contacto o nodo específico que les permita realizar sugerencias, proponer iniciativas o presentar inquietudes.
Se considera necesario aclarar que, a pesar de la falta de formalización del cargo o la identificación de una persona encargada de establecer los puentes de comunicación entre
73 los directivos del programa y la comunidad, efectivamente hay relaciones sólidas construidas y existen tanto los actores como los espacios que permiten identificar un intercambio de imaginarios entre ambas partes; el problema radica en que al tener a los profesores, la coordinadora y el director del programa como canales directos de comunicación, se están desaprovechando encuentros de retroalimentación interesantes, pues no bastan las evaluaciones periódicas que se realizan para medir el nivel de impacto del programa. Es decir, el dinamismo de la red está en detrimento por la forma en que se gestiona la comunicación, pues si se mantiene en términos unidireccionales, en el momento en que uno de los actores (emisores) desaparece o no realiza su función, la articulación total de la misma se ve perjudicada.
En otras palabras, con la presencia de una persona encargada de observar de manera directa la evolución de los participantes en el programa y su vinculación permanente en todas y cada una de las actividades a desarrollar, se podrían descubrir nuevos talentos, tener en cuenta inquietudes, acuerdos o desacuerdos entre los beneficiarios y aprovechar al máximo el intercambio de información para contribuir a la mejora continua del programa.
Si se contara con un especialista en el tema, existiría la posibilidad de diseñar flujogramas que permitan identificar cabezas visibles dentro de cada una de las redes (líderes de opinión), con el fin de agilizar el proceso de aprendizaje y sensibilizar de manera más puntual a todos los participantes, desde operarios, pasando por comerciantes, diseñadores y empresarios, en las ventajas y beneficios que trae consigo el proceso de asociatividad. Uno de los factores que permite determinar el resultado del programa dentro del marco de la responsabilidad frente a la comunidad, radica en el éxito que se ha logrado con respecto al cambio de imaginarios y de percepción de los beneficiarios, lo cual evidentemente ha contribuido al mejoramiento de su calidad de vida. Alcira Parra, participante de las redes desde hace un año, describe como este proceso ha transformado su perspectiva y su visión
personal: “Yo ahora recibo más plata que antes y tengo muchos conocimientos que no hubiera aprendido sola. Ayudo más con mi familia y le he ayudado a mi marido ahorrando
para comprarnos la casa que eso si es un sueño que ni le digo (…) Yo he aprendido mucho
74 calle ni nada pero ahora me hago la ropa como ellos a uno le enseñan allá y ya sé que telas
combinan mejor y como ponerse unos zapatos de éstos con tal pantalón…”. Estos
testimonios permiten comprobar que con la puesta en marcha del programa se contribuye a la satisfacción de las necesidades primarias de los participantes, elemento esencial en la construcción de relaciones duraderas y favorables para la organización y el ejercicio de la
responsabilidad social que “implica promover el desarrollo humano de las comunidades
con que interactúa, al menos en dos sentidos: teniendo precaución para no generar impactos negativos en la sociedad o el ambiente, e incrementando la calidad de vida de las personas
y las comunidades” (Yepes, Peña, Sánchez, 2007, p.51).
De esta forma, la transformación a la que se refiere Paul Capriotti cuando habla de la ampliación del campo de acción de las compañías (donde el cambio de estatus de la empresa en la sociedad moderna puede ser considerado como fundamental), pues la empresa se introduce en la sociedad no sólo como sujeto económico activo, sino también como sujeto social actuante (1992 y 1999, p. 1), remite a la ejecución del programa y su intervención como sujeto que se interrelaciona con la comunidad y actúa con ella y para ella, a partir de la generación de procesos referentes a la vinculación social.
De acuerdo con Arturo Tejada, director de la Escuela de diseño y mercadeo de moda Arturo Tejada Cano, el reconocimiento de la labor desarrollada por los microempresarios, se ve
“recompensada con la participación en un escenario de moda, la oportunidad de negocios a través de los sistemas de marketing ferial, promoción, relaciones públicas, ruedas de prensa, teniendo en cuenta que son proyectos colectivos donde es necesaria la difusión tanto de la opinión pública como del sector especializado”. (Tejada, A. 2009, 5 de
noviembre. A partir de estos encuentros se permite entonces que las personas satisfagan diferentes necesidades de relación y pertenencia social, que les permiten reconocerse como actores importantes dentro de un proceso productivo que al tiempo que genera ganancias rentables, les permite crecer y ganar status social, que en definitiva es otro de los grandes beneficios con los que los mismos participantes se refieren al programa, como afirma
Alcira Parra “lo que a mí más me ilusiona si es poder formar un grupo de señoras así como en la escuela, que nos unamos todas con nuestras maquinas y enseñarles para que se metan
75 a los programas y aprendan como yo para poder producir al por mayor y repartirnos las ganancias (…) Mi vida ha mejorado mucho pero más la forma como veo el negocio, ¿si ve?
Ya no son las camisas que hago por ahí para ahorrarme una platica, sino mi negocio con el que quiero agrandar la producción para dedicarme a algo que me produzca más, que me ayude y me sirva y que le pueda dejar también algo importante a mis hijos”.
Dentro del programa se trabaja con una filosofía de trabajo específica denominada
“asociatividad”, definida en el convenio No. 025 de septiembre de 2007 entre la Secretaría
Distrital de Desarrollo Económico (SDDE) y la Asociación Colombiana de Diseñadores de
Moda (ACDMODA), como un “mecanismo de cooperación entre empresas pequeñas y
medianas, en donde cada empresa participante, manteniendo su independencia jurídica y autonomía gerencial, decide voluntariamente participar en un esfuerzo conjunto con los
otros participantes para la búsqueda de un objetivo común” (2007).
Los beneficios de la asociatividad son la reducción de costos, el incremento de la capacidad de producción, el establecimiento de canales propios de mercadeo y comercialización, el establecimiento de marcas que identifiquen la producción de empresas asociada, el fortalecimiento de la capacidad de negociación, el complemento de recursos y potencialidades y el desarrollo de nuevos productos y procesos.
Dentro de los factores de éxito se encuentra la visión compartida, construcción de confianza entre los participantes, el desarrollo de trabajo por proyectos, la conservación de la identidad de cada empresa y al apoyo de una red de apoyo institucional.
Inicialmente se presenta un proceso de reconocimiento en el cual la principal dificultad radica en las experiencias negativas de los microempresarios llevadas a cabo en otros momentos, que se encargan de generar incredulidad en la gente acerca de este tipo de procesos. Por esta razón es necesaria la sensibilización de los microempresarios: Arturo
Tejada opina que “la asociatividad es un proceso muy complejo y más en una cultura como
la nuestra y más en empresarios de bajos estratos, donde la cultura implica primero que
todo ganar un plano de confianza mutuo” (Tejada, A. 2009, 5 de noviembre) y explica el
proceso de manera detallada a partir de lo que denomina acciones piloto conjuntas para ganar beneficios individuales, con las cuales se combate el primer obstáculo de este proceso
76 que radica en no encontrar el camino conjunto o intereses comunes entre los microempresarios, de esta forma, se le proporciona al empresario herramientas (mercados, tendencias, formas de hacerlo, casos de éxito, etc.), con el fin de que pueda tomar la
decisión adecuada. “Nosotros les damos acciones conjuntas porque eso es un proceso:
primero hay que sensibilizarlos a todos 'miren muchachos hay que hacer charlas empresariales con el objetivo de sembrar la inquietud de la importancia que es el proceso asociado, las ventajas que se derivan'; después entonces nos toca decirles 'bueno, ¿Cómo vamos a la búsqueda un camino conjunto?'. Los empresarios en ese momento empiezan a encontrar intereses comunes, entonces si del grupo de los 150, los 200 o los 300 están los que hacen blusas, los que hacen infantil, tejeduría, pantalonería, conjuntos de sastres, uno ve que de todos esos hay 8 bluseros, 10 pantaloneros, 50 chaqueteros, etc. Son competidores, pero hay acciones donde podemos trabajar conjuntamente y podemos tener un beneficio conjunto y ganar individualmente. Si mañana entonces nos cae un pedido de 10.000 blusas, es lógico que usted como pequeño empresario no pueda hacer 10.000 blusas,
pero cinco bluseros si pueden”.
Una vez se unen las personas que conformarán las redes para llevar a cabo una propuesta y desarrollarla en búsqueda del objetivo común (que será la presentación de la colección), continúa el proceso de formación y capacitación. Continuando con la explicación de Tejada
se pasa entonces a la siguiente fase, “donde se da capacitación conjunta, entonces se
normalizan los procesos de blusas y de pantalones. Vengan les enseñamos como se diseña, como se crea, como se interpreta, como se desarrolla, como se patrona, como se manufactura, como se costea, como se lanza, como se presenta y se vende una colección.
En ese momento todos empiezan a hablar un lenguaje común”.
Después de la capacitación, se realiza la primera colección a partir de información de temporadas de moda con 18 meses de anticipación, con el fin de entregar un producto que tenga vigencia en el mercado. El director del programa afirma que durante la realización
“los bluseros y pantaloneros tienen sus productos, pero se unen y coordinan porque se dan
cuenta que unos hacen blusas y otros pantalones pero se pueden ir asociando y enviar la colección mejor armada; si el otro hace chaquetas entonces se tienen blusas, pantalones y
77 chaquetas y se vende la colección completa. Pero usted gana con sus blusas, usted con sus