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El Departamento, la Ciudad de San José de Cúcuta y el Municipio de los Patios, en particular para afrontar los retos de la Apertura Económica, necesitan desarrollar la infraestructura mínima requerida para este propósito: vías de acceso a la ciudad, desde el interior del mismo Departamento y el País hasta las salidas por los puntos más cercanos hacia los puertos marítimos del Lago Maracaibo.

San José de Cúcuta y el municipio de los Patios, necesitan un puerto terrestre y aéreo y una malla vial que visione la ciudad a largo plazo. En ninguno de los municipios de Norte de Santander se podrá desarrollar una importante actividad industrial o comercial, si no existen carreteras o si estas están en pésimo estado. La Provincia de Ocaña nunca ha tenido el contacto comercial que debería tener con San José de Cúcuta, y el municipio de los Patios, pués aún su carretera está en proceso de pavimentación y a los pueblos de occidente ricos en productos

agrícolas y minerales, no les es rentable extraer estos por los fletes que significa el transporte sobre caminos de herradura. De otro lado se necesita invertir en el recurso de la competencia, más importante: El recurso humano. En un Departamento en donde el 54,8% de la población no tiene ningún nivel educativo o ha ído a la primaria escasamente y solamente el 4.2% tiene acceso a la Universidad. Cifras que nos permiten concluir que el reto del desarrollo regional es una tarea doblemente difícil.

La Apertura Económica en la ciudad de San José de Cúcuta y el municipio de los Patios, ha afectado al pequeño y mediano comerciante, pués buena parte de estos han tenido que cerrar su negocio y dedicarse a otras actividades. El desempleo generado de la actividad comercial formal, ha sido parcialmente cubierto por la informalidad del comercio, el empleo poco productivo y el subempleo.

La Apertura Económica ha beneficiado a los grandes importadores de vehículos, acero, productos agrícolas y a los exportadores de carbón, calzado, confecciones y otros productos. Ese gran intercambio comercial no ha beneficiado, ni irrigado capital, ni generado fuente importante de empleo para la ciudad. Y no es porque en la ciudad no

existan las personas con vocación comercial, de hecho el origen de la creación de San José de Cúcuta, fué el comercio y esta es una actividad natural de los habitantes, e inherente a la ciudad, por su estratégica posición geográfica. La escasa o nula participación de los comerciantes Cucuteños, en la economía de escala del comercio internacional, tiene su única justificación en la carencia de los recursos de capital y de crédito del sector financiero, a los cuales sólo tienen acceso una pequeña minoría del interior del país. Todo lo anterior lo ratifica una de las recomendaciones elaboradas en el estudio realizado por la firma consultora Monitor "Probablemente los inversionistas más inclinados para participar en este modelo, sean empresas transnacionales y grandes grupos privados nacionales con los cuales se puedan hacer alianzas estratégicas".

El gran reto histórico que se nos plantea a los residentes Cucuteños y Patienses, a las universidades de la región, a la Alcaldía de San José de Cúcuta, a la Alcaldía de Los Patios a todas las personas y asociaciones involucradas en el comercio, principal actividad de los dos municipios, es profundizar sobre el comportamiento económico y social del sector y construir entre todos una alternativa, que partiendo de recoger la identidad cultural de la región sea capaz de dinamizar la actividad

comercial de la ciudad haciéndola menos pendular, menos informal y menos dependiente de la economía venezolana.

Con la implementación y puesta en marcha de un nuevo modelo de acumulación en las décadas del 50 y 60 de sustitución de importaciones, el desarrollo industrial progresivo y la ampliación de la gama de productos exportables, el Estado colombiano pretendía cerrar la brecha del subdesarrollo. En la misma forma en que lo hacían los demás países de América Latina y con una visión completamente diferente a la elaborada por los países del Sudeste Asiático.

En ambos continentes el propósito era el mismo. El desarrollo de la industria Nacional con una fuerte protección arancelaria.

Había que cambiar el patético entorno circunstancial del sector productivo; dejar de ser un país monoexportador, en ese entonces el café representaba el 40% del P.I.B, no existía un sector empresarial e industrial con posibilidades de desarrollo y vocación exportadora. Además en 1960 el 3.2% de los propietarios ocupaban el 60% del área agropecuaria y el 88% de los propietarios se amontonaban en el 17% del área.

Después de casi 30 años de proteccionismo y de intervención del Estado en favor de la industria, el resultado no puede haber sido en Colombia, más catastrófico: bajos niveles de crecimiento y desarrollo de la industria nacional, aumentó en las exportaciones que pasaron a representar en la década de los 80 el 20% del PIB, pero como resultado de la exportación de productos primarios no procesados o recursos naturales sin ningún valor agregado, es decir como resultado de algunas bonanzas en diferentes sectores.

Con el agravante de haber pasado de una deuda externa en 1960 de 2.000 millones de dólares a 18.000 millones de 1990. Cifras de endeudamiento que no estaban representadas, ni siquiera, en un aumento significativo en la redistribución del ingreso o en una amplia cobertura de servicios, llegando a niveles críticos en la década de los 80 representado esta el 40% del PIB. En el sector agropecuario, después de 30 años de conatos de reforma agraria, en 1991 según los mismos datos del INCORA, el 1.3% los propietarios tenían el 48% del área agropecuaria, mientras que el 83% de propietarios se reducirán a un 16% del área agropecuaria. Es decir, seguía existiendo una fuerte concentración de la propiedad agraria.

En consecuencia el modelo de acumulación generó fuertes desequilibrios a nivel competitivo en las empresas colombianas, que no habían desarrollado, ni potenciado la innovación y la tecnología. La industria colombiana que era escasa e incompetente, durante todos estos años (60-90), tuvo un mercado interno cautivo y asegurado.

La lógica de la estrecha relación entre el Estado y el sector productivo dueño del capital, generó la exclusión política, económica y social de la inmensa mayoría, que dió como resultado el aumento de la violencia del narcotráfico, que se convirtió en la única posibilidad de ascenso social en la sociedad colombiana y de otro la violencia de la Guerrilla como respuesta a la exclusión política y social de los sectores dominantes.

Esta explosiva situación, en todos lo órdenes, que desordenó hasta los patrones culturales y los más elementales valores, convirtió la década del 80 y principalmente a finales de esta, aparentemente, como el punto máximo de la crisis institucional y del régimen político, carentes de credibilidad y legitimidad, factores que empezaron a presionar profundos cambios en el plano local y con respecto al plano internacional.

Si bien es cierto que el paradigma del nuevo modelo de acumulación ya se había implementado en otros países : Gran Bretaña con Margareth Teacher y Ronald Reagan en E.E.U.U. El propósito de esos países, al igual que en Chile que estaba inserto en el modelo, era reducir el fuerte déficit fiscal.

En Colombia durante la década del 80, además de los factores internos mencionados, existía una fuerte presión de los organismos financieros multinacionales y principalmente del F.M.I. para abrir la economía a la competencia internacional.

En ese orden de ideas el Gobierno del Presidente Betancourt hace algunos intentos de reforma política del régimen, descentralización y reforma cambiaria, el gobierno de Virgilio Barco da los primeros pasos hacia el nuevo modelo de acumulación y el gobierno de César Gaviria Trujillo en la cúspide de la crisis, trata de recomponer el régimen político, modernizar el estado e internacionalizar la economía colombiana, entrando en forma definitiva y con las herramientas necesarias, en el modelo Neoliberal, dejando a las fuerzas del mercado el control de las relaciones económicas e incluso sociales, sentando las bases teóricas y la política pública para la modernización del aparato

productivo, en concomitancia con la descentralización Administrativa y la reducción del estado.

De acuerdo a lo anterior las zonas de frontera y en especial la ciudad de San José de Cúcuta se vieron enfrentadas a un nuevo reto, el de la apertura económica, que debería haber llegado a la par con la implementación de una importantísima política pública previamente trazada, cual era la del desarrollo de la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria necesario para la dinamización de la apertura.

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