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Resumen/Las consecuencias psicosociales del paro

In document Mente y Cerebro 21 - Pubertad (página 78-80)

Esa línea de investigación se inició hace unos años. Los resultados no sólo confi rmaron el peor estado de ánimo psí- quico de los parados, sino que mostraron también los impresionantes efectos de recuperación tras la incorporación a un nuevo puesto laboral. Se mejoraron los valores en seis de los ocho indicadores incluidos entre los básicos para la salud psíquica; por ejemplo, sentirse satisfe- cho con la propia vida. También subían el estado de ánimo y la autovaloración en cuanto se había encontrado un nuevo puesto de trabajo.

En cualquier caso, estos resultados permiten hacer declaraciones sobre el “promedio de los trabajadores en paro”, pero no nos faculta para emitir pronós- ticos sobre un desempleado en concreto. La dimensión realmente vivida de carga psíquica varía de un sujeto a otro. En parte, depende de la situación vital de cada individuo. Es comprensible, pues, que el despido laboral signifi que algo distinto para un padre, de treinta años y única fuente de ingresos en la familia —que además tiene que pagar la casa propia— que para un hombre de 59 años que puede contemplar el despido como una incorporación anticipada a la jubilación. El grupo de población de edad media es el más afectado por las consecuencias psicológicas del paro, ratifi can las investigaciones.

También hay diferencias en razón del género. El promedio de las mujeres se manifi esta de forma menos drástica que los hombres en cuanto a las cargas que acarrea la pérdida del puesto de trabajo. Los motivos son varios; por un lado, el paro libera a las madres de la doble carga de profesión y familia; por otro, las mujeres pueden concentrarse en los hijos y en el hogar sin merma de su prestigio social. Además, las mujeres disponen, con mayor frecuencia que los varones, de una densa red social fuera del trabajo. En caso de necesi- dad cuentan con la ayuda de amigos y familiares.

Resueltamente manos a la obra Reviste particular interés el grupo de personas al que no parece inmutarles ni siquiera el paro de larga duración. Los primeros que se dedicaron a estudiar ese segmento sorprendente de parados fue- ron, a principios de los ochenta, David Fryer y Roy Payne, en la Universidad de Sheffi eld. Frente a su situación exis- tencial, esas personas no sólo mantienen la calma, sino que saben también sacar provecho del tiempo del que disponen y se comprometen por ejemplo con car- gos no retribuidos en organizaciones altruistas o en la política.

En ellos no resulta fácil reconocer en sentido estricto características peculiari-

dades de la personalidad del parado. Sí por sus intensas actividades propias, la autogestión efectiva y numerosos intere- ses fuera del ámbito laboral. En pocas palabras: en el espectro de sus metas vitales el trabajo retribuido no ocupaba un valor alto. Según cabía presumir, la pérdida del trabajo no les arrojaba a la miseria y ni siquiera pasaban apuros económicos.

En resumen, la pérdida del puesto de trabajo no debe vivirse como una catás- trofe personal. El que lo sepamos supe- rar y la forma de conseguirlo dependerá de nuestros recursos, entendiendo por tales las relaciones sociales de apoyo, nuestro optimismo, nuestra capacidad de aguante y de resistencia al estrés y de nuestras reservas económicas.

Los parados que se autoinculpan por la pérdida de trabajo sufren más que los que consideran el despido una consecuencia de la mala situación de la coyuntura económica. Y a la inversa: el peligro de las depresiones disminuye con la convicción de encontrar un nuevo puesto de trabajo si uno se lo propone y esfuerza. Así, el paro se queda en un mero episodio en el curso de una biografía laboral estable. Para otros, en cambio, el paro constituye el camino que lleva al descenso social y la salida defi nitiva del sistema de trabajo.

No sólo el que se encuentra en paro es víctima de la situación; también lo sufren el cónyuge y los hijos. De acuer- do con una opinión muy extendida, la nueva realidad familiar repercute en el rendimiento escolar. Los resultados del segundo estudio de Pisa en el ámbito comparado de los estados federales ale- manes confi rman que hay un porcentaje mayor de escolares de las “clases so- ciales altas” que continúan sus estudios de segunda enseñanza.

Después de la reunifi cación alema- na remitió la natalidad en la antigua Alemania comunista. De ahí algunos deducen la existencia de una estrecha relación entre inseguridad económica y la disposición a traer niños al mundo. En el ámbito angloamericano, abundan

2.

POBRE O RICO. En el siglo XIX

el paro masivo obligó a la población hambrienta a emigrar (ilustración de la

izquierda). Aunque hoy, en los países

desarrollados, la falta de trabajo no va vinculada forzosamente a la pobreza, persisten sin embargo los efectos devastadores de esta situación sobre la psique.

las investigaciones que establecen una relación entre el paro de larga dura- ción y el riesgo de separación conyugal. Igualmente se dan con más frecuencia en las parejas los casos de desempleo conjunto, o paro de los dos miembros. Es posible que aquí se trate sólo de una relación causal aparente que radique en el trasfondo formativo de los miembros de la pareja, generalmente similar, o en la situación del mercado laboral de una región.

Con todo, las investigaciones confi r- man una observación ya hecha por los científi cos sociales en Marienthal: el paro refuerza, en una relación, las ten- dencias preexistentes. Si las relaciones se mantenían intactas, la nueva situación moviliza el potencial social de apoyo, mientras que en los casos problemáticos se agudiza la crisis.

Rendimiento e inseguridad laboral La pérdida del puesto de trabajo no es el único problema que suscita el interés de la ciencia. En muchas empresas, el miedo a perder el trabajo —la inseguri- dad laboral— ha prendido entre los tra- bajadores. Se acusa de preferencia entre los que empiezan a ejercer la profesión con contratos temporales, así como en los empleados de sectores sensibles en el contexto económico y en los trabaja- dores cuyos puestos se ven amenazados por dislocación empresarial o por una reducción sistemática de plantilla.

El miedo y los síntomas generales de estrés aumentan signifi cativamen-

te entre los que tienen un puesto de trabajo inestable, fenómeno similar al de los parados. Quedó comprobado en un estudio escandinavo, realizado entre 1997 y 1998. Abarcaba unos 6000 traba- jadores con contratos fi jos con alrededor de 2800 de plazos limitados, de ocho ciudades fi nlandesas. Otras investiga- ciones desenmascaran la pretensión de que la amenaza del despido discipline a los empleados y los motiva para que rindan más y mejor. Brendan Bur chell, de la Universidad de Cambridge, de- mostró ya en 1994 que se producía un aumento, y no una disminución, de las bajas laborales en las empresas en pe- ligro de cierre.

A primera vista un tal comporta- miento parece paradójico: ¿Por qué los empleados no se esfuerzan más por conservar su puesto de trabajo? Sólo hay que contar con un compromiso te- naz de los empleados si el trabajador, individualmente considerado, se halla convencido de que así podrá infl uir en las decisiones sobre el personal de la empresa. Pero en general predomina la tendencia a distanciarse psíquicamente del empresario. Ante una potencial re- ducción de plantilla, disminuye de for- ma drástica el sentido de pertenencia a la empresa.

Cuando no se sienten culpables de su baja laboral y se reconocen comprome- tidos con su puesto de trabajo durante largos años, la amenaza repentina de despido la perciben como una lesión de su “contrato psicológico”. Por tal

debe entenderse una suerte de constructo mental que parte de un mutuo y justo toma y daca entre el patrón y el obrero y constituye la base de una relación de confi anza entre ambos. Si la parte contraria rompe el contrato, el empleado reacciona con una retirada de la confi an- za o incluso con una dimisión interior. Se ve a sí mismo liberado de sus obli- gaciones con respecto al compromiso contractual y se desprende emocional y mentalmente de la vinculación con su puesto de trabajo y la empresa.

En los últimos decenios el avance de la técnica y la reestructuración global del mercado de trabajo en los países desarrollados han desencadenado un cambio de hondo calado que no sólo deja huellas en el plano económico, sino que afecta también, de manera creciente, a la salud psíquica de am- plios sectores de la población. Se des- conoce qué aspectos del paro y de la inseguridad en el puesto de trabajo son determinantes en los efectos negativos en la psique.

Persiste abierta la cuestión de si los efectos evidenciados radican en las pérdidas económicas y en los miedos existenciales o si, por contra, resultan críticos los factores sociales (contactos con los compañeros y reconocimiento de la comunidad). De lo que no cabe duda es de que los poderes industria- les y políticos deben responsabilizarse de la salud económica de sus países, por supuesto; pero también deben preo- cuparse del bienestar psíquico de los ciudadanos.

ALOIS WACKER, catedrático de psicología social en la Universidad de Hannover, dirige el departamento de documentación para la in- vestigación del paro.

ARBEITSLOSIGKEIT. T. Kieselbach y A. Wac- ker en Lexikon der Psychologie, vol. I, págs. 114-120, Spektrum Akademischer Verlag; Heidelberg, 2000.

STRUKTURWANDELINDER ARBEITSWELTUND

INDIVIDUELLE BEWÄLTIGUNG. Dirigido por M. Kastner y J. Vogt. Pabst; Lengerich, 2001. ERWERBSLOSIGKEIT, URSACHEN, AUSWIRKUN-

GEN UND INTERVENTIONEN. Dirigido por J. Zempel, J. Bacher y K. Moser en Psy-

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THE SOCIAL COSTS OF UNDEREMPLOYMENT. INADEQUATE EMPLOYMENTAS DISGUISED UN-

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Bibliografía complementaria Los parados de larga duración pueden caer en una suerte de espiral infernal,

según describieron en 1995 Dieter Ullich y Petra Strehmel. Se hunden en un abismo compuesto de varios círculos viciosos reforzados a sí mismos en los planos de la acción, la emoción, la cognición y la motivación.

ACCION: Los afectados se tornan pasivos y apáticos tras los intentos fallidos de superación a través de numerosas solicitudes de trabajo infructuosas. EMOCION: Hay una necesidad evidente de tratar de regular positivamente el propio mundo de los sentimientos, por ejemplo, dándose ánimo a uno mismo. Pero si no cambia nada en la situación laboral, los conatos de superación re- percuten negativamente y llevan a cargas emocionales cada vez de más hondo calado.

COGNICION: La expectativa de encontrarse en el futuro desamparado o lejos de conseguir el éxito se confi rma en el sentido de un pronóstico cumplido y consiguientemente reforzado.

MOTIVACION: La experiencia de que el compromiso profesional no le protege a uno del despido lleva a una “mentalidad de empleo precario”: el afectado rebaja sus pretensiones con respecto a la profesión y, en el caso de comenzar un nuevo trabajo, apenas se identificará con la empresa en un principio.

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