MINERÍA Y SIDERURGIA
Fig 2.5: Reservas (Cifras del United States Geological Survey, Junio 2006)
2.5 RIESGOS: LA MINERÍA COMO INVERSIÓN INCENTIVOS
Una vez analizados los actores implicados en el particular mercado de la extracción y conversión en acero del mineral de hierro, el siguiente paso en la comprensión del marco que envuelve esta tesis, es entender el por qué de la inversión en un negocio que acarrea mayores riesgos que los que se puedan encontrar en otros sectores. En estos momentos de crisis mundial, estos mercados se muestran polifacéticos y se pueden contrastar el momento pésimo por el que están pasando los fabricantes de acero (la peor caída de la demanda desde la crisis del petróleo, con una disminución en la producción del 1,5% en 2008), con el momento de crecimiento mantenido en la explotación de mineral de hierro (incremento del 3,6% en 2008) que dura ya siete largos años. Estos contrastes, suponen riesgos en el cálculo de inversiones millonarias que deben soportar con sus ajustados beneficios, unas explotaciones que deben apuntar hacia las “best practice” del momento más que hacia un mero ahorro de
costes. Se debe entender el cómo es posible compaginar la idea del beneficio, con la idea de una minería sostenible, basada en la búsqueda de yacimientos y hacia un nuevo modelo de explotación.
La minería presenta una serie de características propias, como son el alto coste de inversión de cada nuevo proyecto, el elevado grado de riesgo y el dilatado período de maduración del capital, lo que contribuye a retraer al sector privado, inclinado a dirigir su atención hacia parcelas de beneficio más seguro. De ahí la importancia capital de una legislación que fomente estas actividades mineras.
Toda inversión en un proyecto supone una serie de riesgos. Las inversiones en proyectos mineros superan el nivel de riesgos de muchas de las posibles inversiones en proyectos industriales. A los peligros habituales, se debe añadir el del agotamiento no previsto del mineral, el de la falta de homogeneidad de la ley del mismo, la posible capacidad de sustitución del mineral por otro material con propiedades análogas, el posible cierre de la explotación por conciencia medioambiental, posibles catástrofes naturales o por negligencias humanas, cuyas consecuencias de impacto ambiental y las sanciones consecuentes arruinen el proyecto. Un posible gran descubrimiento de un yacimiento del mismo mineral puede hacer disminuir los precios en el mercado, la inestabilidad de los precios del mineral (como se comenta más adelante en el apartado 2.9 sobre la formación de los precios), una inversión con los escasos márgenes habituales debido a lo ajustado de los precios y otros posibles avatares que pueden acompañar la explotación de yacimientos.
A día de hoy, cualquiera de las principales empresas de producción de mineral de hierro, se enfrenta con una serie de riesgos reales. Se podría comenzar nombrando el riesgo en la desviación del plan de negocio debido a las fluctuaciones de los precios de las materias primas en los mercados, debiéndose éstas en multitud de ocasiones a fuerzas exógenas (las especulaciones de los “hedge funds”, los factores económicos globales o geopolíticos, el equilibrio de la oferta y la demanda industrial, las tarifas nacionales, los productos de sustitución, las crisis financieras, las fluctuaciones en la moneda, etc). También hay que considerar el agotamiento de yacimientos, que lleva a la necesidad de nuevas exploraciones, y al desarrollo de otras explotaciones (relaciones con los propietarios de los terrenos y de las comunidades vecinales, falta de personal cualificado, etc.). También pueden aparecer variaciones en la demanda de producto por los países importadores, acciones tomadas por los Gobiernos de los países donde se ubican las explotaciones, o injerencias regulatorias; falta de
alineamiento en la gestión de alguna de las sociedades en las que participa la empresa (proyectos de gran envergadura que a veces necesitan de uniones temporales), posibles sanciones medioambientales, ciertas carencias en el suministro de energía y catástrofes naturales o de operación, entre otras. (Informe BHP Billiton, 2008).
Los precios de las acciones de las compañías mineras han fluctuado más que en otros sectores y, a veces, sin presentar una tendencia clara. Esta volatilidad es un indicador del riesgo de la inversión minera.
Después de los nefastos resultados de principios de los años 80, que culminaron en la famosa portada del Business Week “Death of Mining” y de unos retornos anuales en los años 90 bastante inferiores, nos asalta una pregunta: ¿Por qué siguen insistiendo los inversores en esta actividad? Cierto es que no siguen invirtiendo tanto como lo hacían antes del “boom” de las empresas de telecomunicaciones. Los portfolios de las carteras se componen, habitualmente, de inversiones de diferentes niveles de riesgo, y en éstas, las mineras cumplen con la parte de alto riesgo, y por qué no, también con una posible alta rentabilidad. No debemos olvidar el valor refugio que suponen las materias primas en todas las posibles crisis (con la excepción en esta última crisis mundial, por el fuerte desplome que ha sufrido en sus precios el petróleo) o los altos valores de los minerales preciosos como el oro a finales de los año 70, comienzos de los años 80 y que permitieron fuertes rentabilidades por encima de la media.
En los años 80, muchas empresas petroleras decidieron invertir en empresas mineras, después de los buenos resultados debidos al alza del precio del petróleo. En aquel entonces se cuestionó mucho si tendrían la habilidad de gestionar efectivamente esos activos. Pasaban de un negocio más integrado y con una entonces falta de sustitutivos, con un alto grado de centralización en las decisiones y basado en procedimientos bastante estandarizados. Estos no fueron los requerimientos necesarios para lograr el éxito en la industria minera del momento, a pesar de las similitudes en el largo plazo, altos riesgos e internacionalización y estimables necesidades de capital. En la práctica, las técnicas de exploración en ambas eran muy diferentes, una con extensos depósitos sedimentarios y profundos, la otra necesitando de más muestras de roca cerca de la superficie y yacimientos que normalmente ocupan menos espacio que los de petróleo. La extracción de petróleo requiere de grandes capitales al comienzo del proyecto, mientras que las explotaciones mineras necesitan mayores y continuas inversiones para mantener el beneficio. Los costes de
la minería tienden a ser mayores, relativamente a sus precios, comparados con los del petróleo. Los mecanismos de ajuste oferta/demanda y su coste, son mucho menores en el caso del petróleo.
Aún a pesar de la gran producción mundial de acero, resulta interesante entender como dice S. Kesler, el por qué de la falta de “glamour” en comparación con el negocio del petróleo. La respuesta radica en los beneficios. Aunque el acero produjo algunas fortunas en los principios del XX (incluyendo la de Andrew Carnegie de U.S. Steel), desde entonces no ha vuelto a ser tan rentable como la producción de petróleo.
La recuperación en el año 2000 fue modesta y desde entonces, comienza a pensarse que la única estrategia viable es funcionar con operaciones de bajo coste, manteniendo estos costes bajo un control férreo durante todas las etapas de la minería. Se convierte así en disciplina obligada el recorte de costes de producción, a fin de sobrevivir en un ambiente agresivo y con precios de mercado debilitados. La dispersión de productores con diferentes costes, sistemas regulatorios y objetivos, las escasas barreras de entrada y las leyes anti monopolio de los países industrializados, complican asimismo las subidas de precios. También se podría tener en cuenta la posibilidad de sustitución por otros metales, materiales y tecnologías, que limitarían las posibilidades de aumentar los precios más allá de los costes marginales de producción.
Como las barreras de entrada son limitadas, el personal técnico goza de gran movilidad geográfica y ambos, equipo y tecnología, resultan disponibles, siendo lo habitual que las innovaciones para la reducción de costes se difundan rápidamente. Por tanto, ningún productor puede retener, de manera clara, una ventaja competitiva sobre los demás.
Otro problema a estudiar en los análisis de viabilidad de un proyecto de explotación minera, es la aplicación del conocimiento para averiguar la dimensión de la extracción óptima del mineral en cada período. Un problema de decisión del propietario de un yacimiento sería cómo maximizar el Valor Presente de sus flujos económicos futuros, tomando en consideración que, mientras más extraiga hoy, menos podrá extraer en el futuro. El resultado sería el enfoque marcado por la regla de Hotelling. Para seguir un patrón de extracción óptimo, el propietario debe producir en el tiempo, de manera que la tasa de crecimiento de la renta iguale a la tasa de descuento. Si la renta creciera menos, entonces, le convendría extraer mayor cantidad en el momento actual. (Oscar Pazos, Contribuciones a la Economía).