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Riqueza, privilegio y poder: parámetros de un sistema

3. La sociedad romana imperial

3.1 Riqueza, privilegio y poder: parámetros de un sistema

Privilegio, riqueza y poder son tres claves básicas de cualquier sis­ tema social, pero en el mundo romano estas tres categorías consti­ tuían además tres niveles bien diferenciados de la escala de valores de la sociedad romana tradicional. Si a nivel provincial las diferen­ cias entre unas élites y otras, entre unas regiones y otras, fueron li­ mándose mediante la progresiva romanización de los provinciales, a nivel global la sociedad romana imperial tendió claramente hacia la polarización en dos grupos sociales que, a falta de una term ino­ logía apropiada — puesto que la clasificación tradicional entre ho­

nestiores y humiliores es más bien una realidad tardía— , se ha

convenido en identificar como grupos superiores e inferiores. El privilegio diferenciaba claramente a los ciudadanos (cives de cualquier condición: romanos, latinos) de los que aún no lo eran

(peregrini, cualquiera que fuera su estatuto jurídico: indígena, ex­

tranjero, liberto o esclavo).

La riqueza tenía al menos dos connotaciones: una, como valor en sí mismo, con independencia de su naturaleza (agraria, artesa­

nal, comercial) o la forma de conseguirla (propiedad, producción o venta); la otra, como valor vinculado estrechamente con la digni­

tas, la honra y otras virtudes cívicas.

Finalmente, el poder político venía a ser la consecuencia de la pertenencia a los dos niveles anteriores, pero restringido solamen­ te para las élites de la ciudadanía privilegiada y rica. Por otra parte, como la dedicación a la política era considerada una forma de ocio (otium), los miembros de las clases dirigentes (a nivel impe­ rial, provincial, m unicipal) eran generalm ente sólo los grandes propietarios y no simplemente los ricos. Esto hizo que el poder po­ lítico fuera controlado generalmente por un reducido número de fa­ milias romanas, itálicas o provinciales que no se amplió, sino al contrario se restringió progresivam ente a medida que avanzaba el Imperio. Por ejem plo, Alfoldy ha demostrado que, en la época antonina (138-180), todos los senadores conocidos e hijos o nietos de ex cónsules llegaron a desem peñar el cargo «de forma casi he­ reditaria» como m iembros de la nobilitas, es decir, que contaban entre sus antepasados a algún miem bro de rango consular.

Por su parte, las élites provinciales a menudo emulaban los comportamientos y actitudes de la aristocracia imperial mediante la financiación de juegos, honores al em perador o a miembros de la fam ilia imperial, levantamiento de estatuas e inscripciones y, con frecuencia también, estrechaban sus relaciones con otras familias del grupo dirigente mediante vínculos matrimoniales.

3.2 ¿Estructura piramidal?

La sociedad rom ana en general y, particularm ente, la sociedad imperial podría representarse mediante una estmctura piramidal com puesta por estratos ordenados según criterios diversos, pero en la que, en todos los casos, el em perador y la familia imperial ocu­ parían siempre el vértice. Tampoco parece discutible que a la clase senatorial, reconocida jurídica y socialmente como prior digni­

tas, le conesponderían asimismo los primeros estratos atendiendo

tanto a su carácter minoritario como a su condición tradicional de élite dirigente del Imperio. Pero como dentro del ordo senatorius había grados que distinguían claramente a un simple senador de los que ostentaban rango pretorio o consular, el criterio de ordena­

3. La Roma impérial

miento social por ordines resultaba insuficiente, puesto que el sis­ tema político romano imperial permitía que, en ocasiones, un ciu­ dadano de una clase social más baja pudiera ocasionalmente de­ sem peñar cargos p o lítico s g eneralm ente reserv ad o s para los miembros de las clases más altas y, en consecuencia, el sistema de prom oción social dejaba abierta la posibilidad de que cualquier ciudadano pudiera aspirar a ocupar la cim a de la escala social (ic f Apéndice E). Las mismas posibilidades se abrían a ciudadanos — e incluso no ciudadanos como los libertos im periales— que, sin pertenecer a los estamentos privilegiados, por su excepcional riqueza o experiencia lograban el apoyo o favor de la aristocracia romana. Pero quien verdaderamente rompe la estructura piramidal en estratos (horizontales) es el ordo equester que, considerado tra­ dicionalm ente como secundo dignitatis ordini, experim entó un desarrollo tal que, en el siglo m, acabaría ocupando los puestos de responsabilidad política — m ilitar y civil— hasta entonces m ono­ polizados por los miembros de la clase senatorial. Este desplaza­ miento político se tradujo en una progresión evidente en el interior de la escala social hasta el punto de que se demostró que no era preciso ser senador para ocupar incluso el trono imperial. No obs­ tante, senadores o ecuestres en la cima del poder reprodujeron el modelo social que habían heredado de sus predecesores, caracteri­ zado por la aplicación del principio aristocrático al sistema de or­ ganización social y por la jerarquización social en térm inos de poder, riqueza y privilegio. En cualquier caso, los estratos inferio­ res corresponderían a los ciudadanos infra ordinum, es decir, cuyo único privilegio aparente era la civitas frente a aquellos que aún no la poseían. Aunque este criterio pueda parecer obvio tratándose de la sociedad romana, debe tenerse en cuenta que los cives romani formaban todavía una minoría privilegiada en 212 cuando el em ­ perador Caracala decidió am pliar la ciudadanía a todos los habi­ tantes libres de las ciudades del Imperio. Por tanto, al menos hasta esa fecha la divisoria estatutaria entre ciudadanos y no ciudadanos era clara, ocupando estos últimos los estratos más bajos de la pirá­ mide social altoimperial, correspondientes a un grupo social hete­ rogéneo formado por peregrini indígenas, extranjeros, libertos y es­ clavos. Pero este grupo no siem pre fue tan num eroso com o a menudo se supone, por lo que su ubicación espacial en la base de la pirámide social puede ser cuestionada al menos en térm inos

Historia de ia Roma antigua

cuantitativos como aparente mayoría social, que con seguridad no lo fue — salvo excepción— si se excluyen del mismo otros m iem ­ bros de la sociedad no incluidos expresamente en ninguno de los estratos anteriores, esto es, los niños y las mujeres, cuya condición social es apenas adscribible a los grupos y clases constitutivos de la acusada jerarquización social romana.