EN EL MUNDO DE MINDFULNESS
19 Rosenberg, L (98): Breath by breath, Boston: Shambhala, p 16 8 170
El LADO B
Éste es un tema que tal vez causará cierta polémica. Hay que aclarar que lo que se planteará a continuación es un punto de vista personal y que puede no ser compartido por muchos. Sin embargo, nos parece importante abordarlo. Hace unos días recibimos por correo electrónico una invita ción para participar de un «taller basado en mindfulness para mejorar el rendimiento y la eficiencia en el trabajo». Prome tía «dejar de desconcentrarse, enfocarse mejor en el trabajo y así aumentar la eficiencia y productividad». En palabras simples, el planteamiento del curso era algo así como «dejará de desconcentrarse pensando en tonteras, por lo que podrá trabajar más y mejor».
Esto nos parece francamente lamentable. Quien consi dere que la práctica de mindfulness es una simple herramien ta para volvernos más eficaces y productivos, trabajar más y por ende, ganar más dinero, no entiende nada de qué se tra ta esto. Aun peor, está generando confusión en las personas. Es importante realizar estas aclaraciones, ya que la práctica de mindfulness está tomando una popularidad insospechada, lo que también tiene su lado B.
Es fácil caer en lo que el reconocido maestro zen esta dounidense David Loy ha llamado M cM indfulness, hacien
L A V I D A ES A H O R A
do una analogía entre la comida rápida y la tergiversación que implica vender mindfulness como si fuera una aspirina. En un interesante artículo que escribió junto a Ron Purser, publicado este año en el H ufftington Post20, hace una ácida crítica a quienes desvirtúan la práctica de mindfulness ven diéndola como una mera herramienta para lograr ciertos objetivos: desde aumentar la productividad de trabajadores estresados hasta reducir la presión arterial de un enfermo coronario. Sin embargo, la práctica de la conciencia plena no fue creada para adaptarnos y mantener el statu quo. No está orientada a disminuir el estrés de modo que podamos rendir más y mejor. No fue diseñada para adaptar a nuestros hijos a vivir en un mundo hiperestimulado y desconectado, haciendo las veces de un Ritalín políticamente correcto.
Estos autores plantean la importancia de no olvidar el sentido original de esta práctica. La atención y conciencia que se cultivan implican también un compromiso ético con toda nuestra sociedad. M indfulness no es un agente que apunta a adaptarnos o anestesiarnos ante lo que considera mos injusto o poco ético. No busca hacernos tranquilos y felices para mantener un sistema basado en el consumo y la inconsciencia. Por el contrario, el cultivo de la atención ple na muchas veces trae consigo el reconocimiento de aspectos que no nos gustan de la sociedad en que vivimos, junto con la conciencia respecto a nuestra propia responsabilidad en ello, motivándonos a asumir un compromiso ético y social.
Por eso, si en algún momento usted se interesa en cono cer un poco más de qué se trata la práctica de m indfulness y decide realizar un taller, antes de decidir cómo y con quién comenzar, es recomendable que averigüe sobre la práctica y la formación de las personas que imparten los cursos que le
2 0 En www.huffingtonpost.com/ ron-purser/beyondmcmmclfulness_b_3519289. html
A D E N T R Á N D O N O S E N E L M U N D O D E M I N D F U L N E S S
interesa tomar. La práctica del facilitador es esencial, ya que la experiencia de mindfulness no puede leerse en un libro, sino que debe vivirse personalmente.
En lo concreto: ¿qué podemos hacer ante el peligro que implica el lado B que surge de la popularidad de esta prácti ca? ¿Debemos quedarnos paralizados y no hacer nada? No. Desde nuestro punto de vista, hacer eso sería como tener la vacuna contra el sida y no compartirla con nadie. Mindfulness es una poderosa medicina, necesaria para el mundo actual, por lo que vale la pena trabajar por hacerla llegar a cada vez más personas. Pero es necesario hacerlo con cuidado y respe to por su sentido original.
¿Qué podemos hacer las personas que trabajamos en esto para evitar los peligros que describimos? ¿Qué pueden hacer las personas que se interesan por practicar mindfulnessi A quienes integramos la práctica de mindfulness en nuestro trabajo, sólo nos queda practicar y basar en nuestra propia experiencia lo que compartamos con los demás. No pode mos transformarnos en una especie de «policía mindfulness» que fiscalice quién lo está haciendo bien y quién no. Eso sería absurdo, además de imposible. Por lo demás, ¿qué au toridad tenemos para hacer algo así?
Sin embargo, sí podemos velar por la calidad y autenti cidad de lo que entregamos. Y eso se basa en mantener nues tra práctica viva. Es nuestro deber ético seguir practican do siempre, y no pensar que porque leimos todos los libros habidos y por haber, o por practicar arduamente en tantos retiros, llegamos a cierto lugar en el que ya no necesitamos hacerlo. Sigamos trabajando siempre, ojalá con la guía de algún maestro reconocido en el cual podamos confiar, que nos ayude a despejar las dudas y confusiones que abundan en este camino. Continuemos practicando con compañe ros con quienes podamos compartir nuestras inquietudes y
L A V I D A E S A H O R A
encontrar el aliento para seguir. Por otro lado, si usted se interesa por conocer la práctica de mindfulness, es recomen dable que averigüe sobre las personas que ha elegido para que lo guíen.
Es importante que tenga en mente que un facilitador siempre lo invitará a practicar y descubrir por sí mismo las respuestas a las preguntas que se hace, porque ha vivido la experiencia de sentarse, practicar e ir aclarando sus propias dudas. No tratará de darle la respuesta «correcta» a todos sus cuestionamientos, ni menos revelar verdades absolutas. No pretenderá dar respuestas teóricas, abstractas o metafísicas a lo que le sucede. Tampoco buscará venderle la práctica de
m indfulness como la panacea para lograr ser más productivo,
o como la solución perfecta para transformar a su hijo en un paladín de la conciliación. Tampoco se planteará como un maestro, pues no lo es.
No se confíe en títulos rimbombantes ni en grandes currículos. No importan los títulos académicos si es que la persona nunca se ha sentado a practicar. Después de todo, ¿usted trataría de aprender a nadar con un instructor que sólo ha leído libros de natación?
CAPÍTULO 2