§ 17. Que el alfabeto gr. procede del fenicio, se deduce de las siguientes realidades, que pueden com probarse en la
tabla de la página 47:
1. Grandísima semejanza de los signos. Aquí hay que tener en cuenta que ciertas letras gr. tienen m ayor parecido con los signos de un alfabeto fen. m ás antiguo, es decir, el .del rey Eliba'al (hacia 900 a. de C.), por ej. la zeta y la eta, m ientras que algunas tienen m ayor afinidad con otro más m oderno, el del rey Mesa£ de Moab (hacia 842 a. de C.), -p. ej. la kappa y la my. Pero estas form as aparecen tam bién en el alfabeto local de Sam aría (hacia 865 a. de C.). Éste m uestra ya en la sade, frente al alfabeto de Mesa‘ (m ás mo derno), un adelanto que tam bién recogieron los griegos; lo rmismo hay que decir de la pocu (digam m a). Así, pues, la base
fue u n alfabeto local, m ás próximo al de Sam aría que a cualquier otro. Según esto, la época del préstam o debe si tuarse, más o menos, hacia el año 875 a. de C. El lugar en que se realizó sería alguna com arca en que griegos y fenicios desarrollaban relaciones comerciales especialm ente intensas, es decir, u na de las islas m ás .m eridionales; la m ayor pro babilidad parece estar a favor de Rodas, puesto que Chipre tiene su propio alfabeto (v. § 23) y, por tanto, no en tra en consideración.
2. Igual ordenación de los signos en el alfabeto; no cono cemos la del fenicio, pero sí la del hebreo, lengua vecina y em parentada con él.
3. El valor fonético de los signos h a perm anecido apro xim adam ente igual. Pero los griegos introdujeron una me jo ra im portante, al crear signos vocálicos (totalm ente desco nocidos por el alfabeto fenicio), aprovechando algunos que quedaban sin empleo, como los de ’alef y cain p ara repre sentar la a y la o; o bien al convertir un signo en dos, mo dificándolo : así tom aron la p como digam ma y, además, sacaron de ella, m ediante una pequeña modificación, la Y, a lo cual les movió sin duda tam bién el parentesco fonético en tre w y u. E sta im portantísim a innovación de los signos vocálicos venía im puesta por cierta necesidad Pues con una escritu ra puram ente consonántica es imposible reproducir palabras como εάω, o diferenciar otras como άνά, έν, όνω, •ίχινέω.
4. Amplia coincidencia de los nom bres de las letras. Estos nom bres son, evidentemente, palabras indicadoras, que no nos h an sido transm itidas po r el fenicio, pero sí por el hebreo, em parentado con él, y por el etíope, de suerte que podemos reconstru ir parcialm ente las form as fenicias. En los casos en que conocemos la form a fenicia, como sucede con la rho y con la my, resu lta claro que esta form a ha sido
la base del nom bre gr. de la letra (v. la tabla y las notas correspondientes). Estos nom bres son palabras que, en p arte, pueden reconocerse claram ente, y p o r eso causan en griego una im presión totalm ente extraña.
§ 18. En la Grecia arcaica se usaban varios alfabetos,, que han sido divididos por K irchhoff en cuatro grupos fu n dam entales. No se corresponden con las regiones dialectales griegas. Así, en el territo rio de habla jónica, se usaron, según, las comarcas, tres alfabetos distintos. K irchhoff caracterizó los tipos con colores y los registró así en su m apa. Desde entonces se suelen denom inar estos alfabetos según los colo res de Kirchhoff.
Los distintos tipos se distinguen por la elección de un signo dife rente para 5 y por la adición posterior de las letras Φ, X , Ψ . En el alfabeto verde faltan aún por completo las letras adicionales; por consiguiente, representa la fase más antigua. Su dominio territo rial reconocible ( — ¿dominio residual?) era Creta, Melos y Tera; para Corinto hay que admitirlo por razones teóricas (comercio con el sud este, etc.). En la segunda fase se crearon algunos signos para las aspiradas que aún faltaban [pc] y [k‘]; para [te] (theta) había ya un sustitutivo en cierto modo utilizable, el té p fen, «enfático». La pht recibió una forma única; en cambio, para la j i se inventaron dos for mas, por analogía con los dos signos de k (kappa y qoppa) entonces aún usados; pero el alfabeto azul (principalmente en el territorio jón.'át.) sólo usaba la forma X o + , y el rojo, únicamente ψ. En la tercera fase se añadieron signos para las africadas, porque no eran una simple suma de dos sonidos. Esta innovación se desarrolló de tal modo que en el territorio azul oscuro (costa occidental de Asia Menor) la ψ sobrante fue utilizada como Ψ, y la same})., que hasta entonces· permanecía sin empleo, se usó como El alfabeto rojo empleó el segundo signo de la ji (X), que, por lo demás, no se utilizaba en su territorio, para la xi (ξ), y no creó ningún signo de psi.
E n gr. era relevante la diferencia en tre vocales largas y breves. E sta distinción tenía especial im portancia en los
-Los alfabetos y los valores de los signos. — § 18 45 sonidos e y o, incluso p o r razones gram aticales, p. ej. έκών m . : έκόν n. «gustoso». Por eso el alfabeto tuvo que ser com pletado en esta dirección. Los diversos territorios llega ron a soluciones distintas. De entre éstas, las form as milesias alcanzaron más tarde una difusión general. Aquí, el signo p ara é nació, por decirlo así, espontáneam ente, pues la héta ( — H) se había convertido en eta por la psilosis jónica. El caso de la o se resolvió con una notable modificación de la O, creando así la Q. Finalm ente, se inventó en Asia Menor, como últim o signo, la T; representa la africada ps, que sólo existía aquí y que en otras partes se había convertido en ss o bien en tt. Este signo se empleó tam bién como num ero y se m antuvo en la serie (valor 900).
La distinción entre kappa y qoppa, es decir, entre el soni do de k anterior y posterior, no tenía interés p ara el griego (§ 39), y p o r eso fue abandonada muy pronto, om itiéndose la qoppa.
Al ser introducido en Atenas el alfabeto milesio m ediante u.na reform a de la escritu ra el año adm inistrativo 403/2, sur gieron algunas dificultades, sobre todo porque el nuevo alfa beto no tenía h (¡psilosis jónica!). Por eso se inventó, par tiendo por la m itad la antigua H; un nuevo signo, que con •el tiem po se simplificó h asta form ar el espíritu áspero ('). Es preciso distinguir claram ente entre este espíritu y el espí ritu suave. E l espíritu suave es, po r su origen, la o tra m itad de la H; pero no constituye ningún signo fonético, sino que ■servía únicam ente p a ra sep arar las palabras escritas, en los casos en que podía h aber confusiones. Este espíritu no se •escribió sistem áticam ente h asta la época bizantina; anterior m en te se usaban, según los casos, otros medios; en los textos d e las inscripciones altoarcaicas encontram os como separa
dor de palabras un signo compuesto por dos o tres puntos superpuestos. E ntre los demás signos de puntuación, que
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fueron desarrollados sobre todo p o r los bizantinos, hay dos que se distinguen de los usados por nosotros: el signo de interrogación (;), que es el resto de una ζ, p rim era letra de la palabra ζήτησίς «pregunta», y el punto alto (·), usado in distintam ente como dos puntos y como punto y coma, y llam ado colon (κώλον) «miembro», p. ej. de u n período). La κόμμα ( = incísum ) es propiam ente un trozo cortado (de κόπτω «yo corto») e indica que term ina una p arte de la frase, m ás pequeña que cuando se pone colon.
N o t a s a l § 19
1 Rey Eliba'al, hacia el año 900 a. de C. 2 Samaría, 865 a. de C. 3 Rey Mésac, 842 a. de C.
4 Primero de derecha a izquierda (¡como aquí!); más tarde, boustro-
phedón («volviendo como los bueyes al arar»); en Atenas, de izquierda1
a derecha desde el 550 a. de C.; en Creta, desde el 400,
5 Colores: v. = verde, ac. = azul claro, ao. = azul oscuro, r. = rojo. 6 Reforma miles, de la escritura: M. = letra mayúscula, capital, un cial o cuadrada; m. = letra cursiva, minúscula.
7 En jónico, γ εμ μ α ,
8 Casualmente sólo atestiguada en la época más antigua.
9 En la época clásica se llamaba el signo sl = e; E ψιλόν es un nombre bizantino, creado para marcar la diferencia frente a a i, que entonces sonaba igual. Cfr. B ψιλόν.
10 Sólo documentado como signo numeral. En la época bizantina se le llamó στίγμα, porque la forma cursiva de este signo se parecía, mucho a la ligadura cursiva de στ. Puesto que la digamma ya no se- escribía en jón, oriental, y sin embargo el signo se mantuvo en la serie- de los números, el empleo de letras como signos numerales parece ser anterior a las inscripciones más antiguas. Los milesios fueron los pri meros en atribuir valor numérico a las letras.
11 Recurso de época moderna.
12 En eól. δίγαμ μα «doble gamma», por el aspecto de la letra ma yúscula.