• No se han encontrado resultados

115025080 Brandenstein Wilhelm Linguistica Griega

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "115025080 Brandenstein Wilhelm Linguistica Griega"

Copied!
387
0
0

Texto completo

(1)

W. BRANDENSTEIN

LINGÜISTICA GRIEGA

DITORIAL GREDOS

(2)
(3)

LIN G Ü ÍST IC A GRIEGA

La versión española de la L in g ü ís t i ca g ñ e g a del Prof. Dr. W . Brandenstein será, indudable­ m ente, bien recibida por los estudiosos de esta lengua, cuyo número ha crecido notablem ente en España durante los últimos lustros.

Esta obra es el fruto bien maduro de la soli­ dísim a preparación lingüística de su autor. Cons­ ta de dos partes. La prim era contiene una In­ troducción, un estudio del sistema fónico y una explicación de los principales fenómenos etimo­ lógicos. En la Introducción expone el autor los orígenes de la lengua griega, la unidad de las estirpes que la hablaban, los estratos lingüísti­ cos de su territorio, los sucesivos alfabetos u ti­ lizados por ella y el valor de los signos respec­ tivos, y, finalm ente, las relaciones entre los dis­ tintos dialectos en que se d ividía. El estudio del sistem a fónico, que constituye el núcleo de esta prim era parte, establece un inventario detallado de los fonemas griegos, sirviéndose am pliam ente de los modernos métodos fonológicos. Por últi­ mo, en la exposición etimológica ofrece abun­ dantísimos m ateriales com parativos d’e las prin­ cipales lenguas indoeuropeas.

La parte segunda es un estudio denso y, al mismo tiempo, claro de las estructuras morfoló­ gicas. T ras una rápida consideración de los prin­ cipios generales que rigen la formación de las palabras griegas, entra de lleno en el estudio morfológico, cuyas cuatro secciones versan, res­ pectivam ente, sobre el nombre, los pronombres, los numerales y el verbo. Tam bién aqu í son constantes las referencias a otras lenguas in­ doeuropeas. Una quinta y últim a sección está integrada por una am plia lista de verbos de uso frecuente, con el enunciado de sus formas principales.

(4)

W. BRANDENSTEIN

Ca t e d r á t i c o y Di r e c t o r d e l In s t i t u t o d e Li n g ü í s t i c a Co m p a r a d a y d e l In s t i t u t o d e Fil o l o g ía In d o- Ir a n i a d e l a Un i v e r s i d a d d e Gr a z ( Au s t r i a)

l i n g ü í s t i c a

g r i e g a

T R A D U C C I Ó N D E L A L E M Á N P O R V A L E N T Í N G A R C Í A Y E B R A C A T E D R A T IC O d e g r i e g o

f i l

EDITORIAL GREDOS M A D R I D

(5)

GRUECHISCHE SPRACHWISSENSCHAFT

(6)

© Editorial Gredos, Madrid, 1964.

N." de Registro: 3984-64. — Depósito Legal: M. 5262-1964 Gráficas Cóndor, S. A.—Aviador Lindbergh, 5.—Madríd-2. 215964

(7)

Los estudiosos de la lengua griega, cuyo número ha creci­ do notablem ente en España durante los últim os lustros, aco­ gerán con satisfacción la versión española de la Griechische

Sprach'wissenschaft del Prof. W ühelm Brandenstein. Hasta

■el presente, si se quería profundizar en el conocimiento del griego rompiendo los estrechos lím ites de las gramáticas es­ colares, apenas había, en castellano, manuales a que acudir. La Lingüística griega del Prof. Brandenstein, traducida al -español, proporcionará a nuestros estudiantes de filología ■clásica, a los futuros opositores a cátedras de lengua griega y, en general, a quienes no se contenten con un conocimiento som ero de esta lengua, un precioso instrum ento, eficaz y fácilm ente manejable, para ampliar su estudio. En poco espa­ cio, el autor ha sabido acopiar ordenadamente datos lingüís­ ticos abundantísimos, cuyo conjunto ofrece una completa visión panorámica de la estructura del griego.

El Prof. W. Brandenstein, nacido en Salzburgo el año 1898, es actualmente una de las autoridades más destacadas en lingüística indoeuropea. Desde sus tiem pos de estudiante en la Universidad de lnnsbruck, viene consagrando a este campo

(8)

8 N ota preliminar a la traducción española.

. de trabajo sus mejores esfuerzos. Si bien inicialmente se

orientó hacia la filología clásica, guiado por el latinista E. Kalinka y, sobre todo, por el helenista J. Jüthner, no tardó en comprender que su verdadera vocación era la lin­ güística indoeuropea, en lo cual influyó no poco A. WaldeΛ

que entonces (1919) enseñaba en Innsbruck, y cuyas lecciones abarcaban desde el eslavo eclesiástico hasta el indio antiguo, Por aquel tiempo estudió también avéstíco con H. R eichelt. Siguió asim ism o los cursos de orientalística y de historia antigua de C. F. Lehmann-Haupt, bajo cuyos auspicios pu­ blicó, a los veintitrés años, su prim er trabajo: «Zur altesten attischen Inschrift» («Sobre la inscripción ática más anti­ gua»), Klio, 17, 1921, 262 ss. Pasó luego a la Universidad de

Viena, donde recibió m uy hondo influjo de los fam osos lin­ güistas P. K retschm er y N. S, Trubetzkoy, y siguió tam bién los cursos de filosofía de K. Bühler y M. Schlick, doctorán­ dose el año 1925 ante estos cuatro Profesores. Fruto de sus estudios lingüísticos y filosóficos fueron diversos trabajos sobre filosofía del lenguaje. A partir de entonces m antuvo estrecho contacto con A. .Debrunner.

Dedicó luego su atención a las lenguas de Asia Menor, y de su intenso estudio del Irán nació su trabajo «Ote neüen Achám enideninschriften» ( «Las nuevas inscripciones aquemé- ntdas»), WZKM, 39, 1932, 7-97, seguido de otros escritos sobre temas afines, entre los cuales su Antiguo Persa, en colabora­ ción con M. M ayrhofer ( traducido al español por Antonio Tovar, Madrid, 1958). Por estar las inscripciones de los reyes persas generalmente redactadas en varias lenguas, estudió también el elamita, segunda lengua oficial'de la antigua Per- sia, ayudado por su amigo F. W. Konig, que es probablem ente el m ejor conocedor actual de la historia y de la lengua de Elam.

(9)

9 E n 1936, y previa presentación de más de treinta trabajos sobre lingüística indoeuropea, fue recibido en el cuerpo do­ cente de la Universidad de Graz para explicar esta asignatura; desde 1939 dirige, en la m ism a Universidad, los Institu tos de Lingüística Comparada y de Filología Indo-irania, interina­ m ente al principio, y luego, a partir de 1941, definitivam ente, como Catedrático numerario. Movilizado dudante la guerra, en la que sirvió como capitán, supo aprovechar una estancia un tanto prolongada en Bretaña para aprender el bretón, cuyo conocimiento aplicaría más tarde en sus estudios sobre toponimia céltica, por ejem plo en «Le role et Vimportance du Vieux Celtique en Autriche», Ogam, 12, 1960, 463-474. No encajaría en este lugar la enumeración completa de sus es­ critos. Baste decir que, según datos de 1961, por entonces había publicado diez obras independientes, más de cien ar­ tículos en revistas, veintiún artículos en la Enciclopedia de Pauly-Wissowa y alrededor de cien recensiones. Desde 1948 edita los Arbeiten aus dem In stitu í für vergleichende Sprach-

w issenschaft ( «Trabajos del Institu to de lingüística compa­

rada») de la Universidad de Graz, de los cuales han aparecida hasta ahora seis volúmenes. Actualm ente trabaja en la sin­ taxis de esta Lingüística griega, cuya edición original apare­ cerá, como la de la parte que ahora se publica en español, en la célebre colección Goschen, de la editorial Walter de Gruyter and Co. Esperamos poder ofrecerla tam bién a nues­ tros lectores, no tardando mucho, en la correspondiente edi­ ción española.

De esta obra puede afirmarse que es el fruto bien maduro de la solidísima preparación lingüística de su autor. Consta de dos partes, cada una de las cuales constituye un tomito de la colección Goschen; en la edición española, para que su

(10)

10 Nota prelim inar a la traducción española m anejo resulte más cómodo, se han unido ambos en un solo volumen.

La Parte I contiene una Introducción, un estudio del sis­ tem a fónico y una explicación de los principales fenómenos, etimológicos. E n la Introducción expone el autor los orígenes de la lengua griega, la unidad de las estirpes que la hablaban, los estratos lingüísticos de su territorio, los sucesivos alfabe­ tos utilizados por ella y el valor de los signos respectivos, y , finalm ente, las relaciones entre los distintos dialectos en que se dividía. El estudio del sistem a fónico, que constituye el núcleo de esta prim era parte, establece un inventario deta­ llado de los fonem as griegos, sirviéndose am pliam ente de los modernos métodos fonológicos. E l autor, que, como he­ m os dicho, recibió en su juventud profundo influjo de los Profs. K retschm er y Trubetzkoy, y que ya por los años cuarenta utilizaba la fonología para la explicación histórica de los sonidos lingüísticos ( como puede verse en su trabajo

Zur historischen Phonologie an Hand von altgriechísclien Bei- spiele («Contribución a la Fonología histórica a base de ejem ­

plos del griego antiguo»), está persuadido del extraordinario valor del m étodo fonológico, que, a su juicio, no ha podido ser invalidado, a pesar de los muchos ataques que le han sido dirigidos. Por último, en ¡a exposición etimológica ofrece ■abundantísimos materiales comparativos de las principales

lenguas indoeuropeas.

La Parte II es un estudio denso y, al m ism o tiempo, claro de las estructuras morfológicas. Tras una rápida considera­ ción de los principios generales que rigen la form ación de las palabras griegas, entra de lleno en el estudio morfológico, cuyas cuatro secciones versan, respectivamente, sobre el nom ­ bre, los pronombres, los numerales y el verbo. Tam bién aquí son constantes las referencias a otras lenguas indoeuropeas. Una quinta y últim a sección está integrada por una 'amplia

(11)

lista de verbos de uso frecuente, con el enunciado de sus form as principales, entre las que se incluyen, no sólo los tradicionalmente llamados «tiem pos fundam entales»: presen­ te, futuro, aoristo y perfecto, sino, además, el perfecto medio, el aoristo pasivo y el adjetivo verbal en -τός.

Hemos de agradecer al Prof. Brandenstein el interés extra­ ordinario que ha puesto en la revisión del original, a fin de que pudieran ser incorporados a la edición española de su

Lingüística griega los adelantos realizados en la materia des­

de la publicación de la edición alemana. Además de numero­ sos retoques de menor monta, ha introducido, en la primera parte, modificaciones im portantes en los §§ 5, 6, 1, 11, 24 y 65, siendo nuevos en esta parte los §§ 10 a, 23 a, 26 a y 41 a. E n la segunda parte ha hecho también m uy abundantes reto­ ques; los cambios más im portantes afectan a los §§ 22, 23, 25 a (parcialmente nuevo), 53, 54 y 55, siendo totalm ente nuevo el 23 a.

E n la traducción española se ha procurado, como es natural en un trabajo de esta índole, una fidelidad absoluta. Por respeto al original se ha conservado incluso la grafía utilizada por él en la transcripción de palabras de las dis­ tintas lenguas indoeuropeas. E l sistem a de transcripción ha­ bitualm ente m ,ido por los lingüistas germánicos difiere en algunos p untos del que suelen emplear otras escuelas. No obstante, se ha conservado el del original, por estimar que no causará desorientación a quienes m anejen este libro; con sólo tener en cuenta que el signo j es utilizado normal­ m ente para representar la yod, los inconvenientes quedan reducidos prácticamente a cero.

(12)

12 Nota prelim inar a la traducción española El género de las letras, que en alemán es neutro y en- francés masculino, es fem enino en español. Por eso aquí deci­ m os siem pre «la digamma», lo m ism o que «la yod» o «la sigm a».

(13)

<No se incluyen aquí las abreviaturas gramaticales de uso corriente, como sing. = singular, gen. = genitivo, aor. = aoristo, etc.). a. al. a. a. al. med. a. al. raod. alb, al. arcad. arg. arm. av. biz. bret. brit. búlg. a. cor, corc. >etr. fen. fr. germ. git. gr. gr. prim.

- alto alemán antiguo ; » » medio = » » moderno ; albanés ■ alemán ; arcadlo : argivo = armenio ■ avéstico = bizantino : bretón britónico = búlgaro antiguo corintio ■ corcirense ~ etrusco = fenicio = francés —- germánico = gitano griego = griego primitivo hebr. - hebreo hel. = helenístico het. ~ hetita hom. = homérico i. a. = indio antiguo II. = ílíada ilír. = ilírico indeur. — indoeuropeo ingl. = inglés ingl. a. = inglés antiguo

inscr. = inscripcional, inscripciones isl. a. = islandés arítiguo

lac. = laconio lat. = latín lat. a. = latín antiguo lit. = lituano mac. = macedonio micén. = micénico neogr. = neogriego panf. p. a. tes. tirr. toe. — panfílico = persa antiguo = tesalio — tirreno = tocario

(14)

14 Lista de las principales abreviaturas

SIGNOS

* ante una palabra índica que es una forma deducida.

[] significa, en casos como τά[σ]ων, que el sonido encerrado entre- corchetes tiene que haber existido en otro tiempo.

□ con un sonido o grupo de sonidos aislados, p. ej,, ζ = [z], indica la pronunciación fonética.

/ / , P- ej., /S /, significa que el archifonema es s (§ 41).

Las transcripciones de las distintas lenguas se explican en los §§ 73-80.

(15)

INTRODUCCIÓN, SISTEMA FÓNICO,

ETIMOLOGÍA

(16)

INTRODUCCIÓN

LOS ORÍGENES DE LA LENGUA GRIEGA

§ 1. E l griego es un m iem bro de la gran familia lingüís­ tica cuyas ram as se hallan extendidas por la India, Asia Anterior y casi toda Europa. En la época m oderna llegaron incluso a América, Australia y África del Sur. A las lenguas que integran esta familia se las llam a en los países de lengua alem ana, atendiendo al más m eridional y al más septentrio­ nal de los pueblos que las representan, lenguas «indogermá­ nicas» (idg.). En otros países se les da el nom bre de lenguas «indoeuropeas» *. Enclavadas en el territorio de estas len­ guas hay algunas que no tienen parentesco con ellas; así, en Europa, las lenguas turcas, casi todas las caucásicas, el fino- ugro, el vasco y las lenguas esquimales; el m altés es una lengua m ixta de italiano y árabe.

Para obtener una visión panorám ica, es necesario enume­ ra r brevem ente las distintas lenguas (grupos lingüísticos) índeur., siguiendo preferentem ente un orden geográfico: el

* Fuera de los países de lengua alemana, esta designación se hizo usual a partir de, Bopp. Es la que emplearemos aquí, generalmente en la forma abreviada «indeur.», equivalente al adjetivo «indoeuropeo» en cualquier género y número. (N. del T.)

(17)

Introducción. — § 1 indoiranio, que consta del indio (con las num erosas lenguas

m odernas que de él se han derivado), de las lenguas cafir, en el noroeste de la India, y del iranio (con el avéstico, es decir,, la lengua de Zaratustra, el persa, el osético, en el Cáucaso, num erosos dialectos paleo- y neoiránios, en Pam ir y en Afganistán, y, finalmente, el curdo); el hetita, en Asia Menor,, que sin duda form ó con el vecino lávico, el h etita de los jeroglíficos y el palaico un grupo especialm ente unido (ex­ tinguido); el armenio; el frigio (Asia Menor, extinguido); el

tracio, em parentado con el anterior (extinguido); el macedo- nio (lengua mixta, extinguida); el griego; por lo menos una lengua pregriega; el albanés; el ilírico (principalm ente en los

Balcanes y en Italia, extinguido), junto con el véneto (extin­ guido); el itálico con sus dos grupos, el latino-falisco y el osco-umbro (las lenguas rom ánicas son continuación del latín vulgar); el celta con sus ram as continental (p. ej. el galo, extinguido) e insular —ésta últim a se subdivide en dos gru­ pos, el goidélico o gaélico (p. ej. el irlandés) y el britó nico (p. ej. el cámbrico y el bretón; los bretones emigraron, a principios de la Edad Media, de Inglaterra a Bretaña). Viene luego el germánico (germánico occidental, p. ej. el alem án; germ. septentrional, p. ej. el islandés; el extinguido germ á­ nico oriental, p. ej., el gótico). El balto-eslavo form aba prim i­ tivam ente una unidad, pero se escindió pronto en báltico (lituano, letón y prusiano antiguo, el últim o de los cuales se extinguió hace 200 años) y eslavo (esl. oriental, por ej. el ruso; esl. occidental, p. ej. el checo; esl. m eridional, p. ej. eí búlgaro). En Asia central. (T urquestán oriental) hubo ade-, m ás el tocarlo (extinguido hacia fines del s. x), gubdividido en dos dialectos, el toe. A y el toe. B. Otras lenguas de la antigüedad, muy deficientemente atestiguadas, parecen h a b e r sido lenguas mixtas, con elem entos indeur. de diverso

(18)

orí-Los orígenes de la lengua griega. — § 2 19 gen: p. ej., en Asia Menor, el Ucio y el lidio; en Italia, el

etrusco y el lígur; en España, el celtíbero.

La tradición escrita de las lenguas indeur. es de antigüe­ dad y am plitud diversa. Los m onum entos lingüísticos m ás antiguos corresponden al hetita; proceden, en su mayoría, de mediados del segundo milenio a. de C., con transcripciones; de documentos aún más antiguos, que pueden retrotraerse: aproxim adam ente hasta el año 1700. El micénico utilizó la escritura llam ada «lineal B» (§ 23 a), y, por cierto, antes de la catástrofe egea. El m onum ento escrito gr. más antiguo, en la escritura gr. corriente, fue hallado en Atenas y consta de hexám etro y medio, inscritos en el llamado vaso del Dxpi- lon a principios del s. v i i i a. de C. El m onum ento literario

más antiguo es la Ilíada, cuyo autor, Homero, vivió aproxi­ m adam ente a m ediados del s. v i i i. Una de las lenguas de tra­ dición m ás tard ía es el báltico, cuyos m onum entos escritos no se rem ontan más allá de la época m oderna, y lo mismo el albanés.

§ 2. Las lenguas indeur. m uestran una m ultitud de coin­ cidencias regulares en su gram ática, en la form ación de pala­ bras, en el vocabulario y en la sintaxis, de suerte que nos vemos obligados a suponer una lengua básica de la cual tienen que haber salido estas lenguas. A esta lengua m adre se la suele llam ar «indoeuropeo (primitivo)». Puede ser re­ construida en muchos de sus rasgos esenciales. Pero en esta reconstrucción no se llega siem pre a resultados unívocos, porque los estadios más antiguos de las distintas lenguas han sido transm itidos m uchas veces demasiado deficientemente y porque ya en la lengua básica tuvo que h aber diferencias dialectales, que no se han conservado directam ente en las distintas lenguas; además, hay que contar, ya en el comienzo de la evolución de estas lenguas, con mezclas de dialectos.

(19)

D urante mucho, tiem po se creyó poder adm itir una división de la lengua básica en dos idiomas. Y es que una m itad de las lenguas indeur. m uestra la particularidad de que los so­ nidos de k pronunciados en la p arte delantera de la cavidad bucal, es decir, las llam adas palatales, han conservado el valor de k, p. ej. lat. centum (pron. k e n tu m ) «cien», m ientras que en la o tra m itad estas palatales se cam biaron en frica­ tivas, p. ej. en s, como se ve en el avéstico satgm «cien». De acuerdo con esta particularidad, se suele llam ar a éstas «len­ guas satem», y a aquéllas, «lenguas centum». En conexión con este rasgo evolutivo se encuentra otro. Las lenguas «centum» o bien han conservado totalm ente las labiovelares prim itivas, que eran sonidos velares m onovalentes que se pronunciaban redondeando al mismo tiempo los labios, po r ejem plo qw, o bien han salvado al menos la m arca labial: Μττεται. ( h < is ) «él sigue» = lat. sequitur «id», aunque con perturbaciones en algunas lenguas, entre ellas el gr. (§ 79); en cambio, las lenguas «satem» han perdido precisam ente, la m arca labial: i. a. sacate «él sigue» (§ 93; con palatali­ zación secundaria). E sta división perm ite una caracterización sencilla y rápida de una parte considerable del sistem a con- sonántico, es decir, de las llamadas guturales, aunque la «satemización» se produjo, al parecer, ya en la época de las distintas lenguas, pero lim itándose casi totalm ente a la m itad oriental de su territorio.

E n cuanto al griego, del citado ejemplo επεται. (conser­ vación de la m arca labial) se deduce que pertenece a las lenguas «centum». El micén. (§ 26 a) conserva todavía las labiovelares (*qwe > qe — τε «y»)· En la palabra caracterís­ tica que significa «cien», εκατόν, se conserva la palatal, fren­ te al L a. éatám «cien».

(20)

Los orígenes de la lengua griega. — §§ 3, 4 21 § 3. El gr. no m uestra, en general, una relación particu­ larm ente estrecha con ninguna o tra lengua indoeuropea, tínicam ente con el m acedonio pudiera ten er especial paren*' tesco. E sta lengua sólo nos es conocida por glosas, voca­ bularios y nom bres propios; además, era una lengua mixta, y la clase señorial de este pueblo hablaba sin duda gr. en la época histórica (por lo cual se le perm itió tam bién —des­ pués de una resistencia inicial— la participación en los Juegos Olímpicos). He aquí algunos ejs. p a ra la caracteriza­ ción de esta lengua: la glosa mac. άδή . ούρανός «cielo» m uestra, frente al gr. αιθήρ «luz del cielo», el cambio de

ai en a, el de dh en d (frente al gr. dh > Θ!) y el de -er

(final) en -e. El nom bre propio macedónico Βίλιτπτος, en vez de Φίλιππος, m uestra b h 'y b , etc. E stas característica^, que faltan en gr., asocian al mac. con el ilír. balcánico.

Ho m o g e n e id a d de l a s e s t i r p e s g r ie g a s

§ 4. Dónde y cómo se separó el gr. de la lengua prim i­ tiva indeur., no podemos indicarlo aún con certeza. Es se­ guro que los griegos vinieron de un país situado más al norte, en el in terior del continente; pues las palabras que· designan el m ar o lo relacionado con él son casi en su totalidad pregriegas: θάλασσα «mar», κυβερνάν (cfr. fran­ cés gouverner «gobernar, pilotar») «pilotar», etc. Es tam ­ bién seguro que las tribus griegas no llegaron a la Hélade sim ultáneam ente, sino en varias oleadas, con intervalos de: siglos. Los últim os en llegar, ya a la luz de la p ro to h isto ri^ fueron los dorios.

Sin embargo, los distintos pueblos conservaron siem pre la conciencia de que todos ellos eran griegos. Esto se debe indudablem ente al hecho de que, a pesar de las diferencias

(21)

dialectales, podían entenderse m utuam ente, y sus dialectos se asem ejaban unos a otros m ucho más que a las lenguas vecinas. El parentesco en tre el latín y el gr. sólo lo cono­ cieron los gram áticos posteriores, y más bien por razones externas. El comienzo de la Odisea lo com prendía cualquier griego: άνδρα μοι εννεπ ε, Μούσα, πολύτροπον, aunque -dijese άνέρα «al varón», en vez de άνδρα, y Μοΐσα, Mcohct o Μωσα en vez de Μούσα. Pero ¡cuánto se aleja de este «conjunto fonético la fiel traducción de Livio A ndrónico:

virum mihi, Camena, insece versütum !

Es cierto que hay casos aislados en que aum entan las dife­ rencias dialectales, como en el num eral «cuatro»: ' át. τέττα- ρ ες, jón. τέσσερες, hom. πίσυρες, lésb. πέσσυρες, beoc. -πέτ- τα ρ ες, dór. τέτορες; pero la diferencia frente a las demás lenguas es mucho m ayor: cfr., p. ej., pregr. διθύρ-(αμβος) ~ i. a. datur-(añga-) «de cuatro (miembros)», lat. quattuor, al. vier, etc.

Las características gram aticales que distinguen al griego frente a las demás lenguas indeur. (prescindiendo de su p er­ tenencia al grupo «centum», v. § 2 y § 79, 2) son las si­ guientes :

1. Las líquidas silábicas r, l están representadas p o r ocp,

O.X y, en determ inadas circunstancias,, por ρα, λ α : άρκτος

«oso» < *f kpos ,(§ 93).

2. La «semivocal» *i se convirtió en *j; esta */ causó ya en pregr. alteraciones considerables, diferentes según fuesen los sonidos vecinos. Frente a otras lenguas indeur., es ca­ racterístico del gr. solo:

a) j inicial se convirtió en espíritu áspero (δς «el qu e» :

frig. ιος, i. a. yah «el que») o bien en ζ (ζυγόν «yugo»<

Hugóm, § 93);

b ) gutural y dental sorda (aspirada) + j se convirtieron,

(22)

Homogeneidad, de las estirpes griegas. ■— § 4 23 (parcialm ente tam bién en σσ > σ ) : Φυλάττω «guardo», de

~*-kjo; rnedhios pasando por ^μέθ^ος > beoc. μ έττος, át. μέ­

σος «medio» (i. a. mádhyah, lat. medius «id.»); § 82, 4;

c) las articulaciones gj y d j se identificaron y dieron

ζ ( = zd!): μέζων «mayor», de -gjon (com par. de μέγ-ας •«grande»); Ζεύς de (i. a. dyduh «cielo»); § 82, 4;>

d ) labial -f / se convirtió en labial -f dental (έρειιτομοα

«desplumo, pelo»: lat. rapid «arrebato»); § 82, 4;

3. Oclusiva sonora aspirada se convirtió en oclusiva sor­ d a aspirada: φέρω «llevo» (φ = p ‘) < *bhérd; § 93.

4. De las consonantes, sólo se conservaron en posición final n (con frecuencia procedente de m ), r y s.

5. El tratam iento gr. del sonido s tiene, frecuentem ente,

paralelos en otras lenguas indeur.; pero, en conjunto, se dife­ rencia del de cualquiera de ellas. Así, la 5 inicial ante vocal dio en gr. h (como, p, ej., en irán.); ante nasal o líquida p rodujo la aspiración de estos sonidos (en la lengua clásica sólo conservada en s r > p ; cfr. arm. sr^>f ); s intervocálica se convirtió en h (como en irán.), para desaparecer m ás tarde

{*euso > εΰω «ardo», cfr. lat. Uro, i. a. dsdm i «id.»); tam bién

entre consonantes desapareció en gr. la s (§ 61; 85, 3).

6. De los tem as m asculinos en -a sólo quedan restos

en beocio y en algunos dialectos gr. noroccidentales, p. ej., Ό λυμ πιονίκα «vencedor olímpico»; los demás dialectos ad­ m itieron u n nominativo en -5; J Α τρείδας, frente al lat. agrí­

cola; el gen. en -as coincidiría entonces con el nom., y por

eso fue sustituido por otras form as de genitivo (p. ej. νεα­ νία ς, νεανίου «muchacho»).

7. Una nueva form ación de superlativo en -τατος. 8. Neologismos pronom inales (nueva combinación de ele­ m entos antiguos): ουτος «éste», αύτός «mismo», έκεϊνος «aquél» (jónr κείνος, lésb. κήνος, pero sin parentesco con éstos, dór. τήνος).

(23)

9. Terminaciones medias con -σθ-, p. ej. επεσθε «seguís» (¿o como en i. a. -dhv-?).

10. Un perfecto en -κ α : λέλυκ α «he soltado» (pero quizá tam bién en el sustrato indeur. del e tr .: lupu-ce «ha m uerto»),

11. Un aoristo pasivo en -θη ν: έδόθη «fue dado». 12. El acento m usical se conservaba todavía en la época clásica (conio en i. a. en los Vedas y, parcialm ente, en balt.~ esl.), pero localizado, por una regla rítm ica peculiar, en u n a de las tres últim as sílabas (la distancia entre él y la últim a m ora no puede ser de m ás de una sílaba; § 88).

13. Las demás particularidades pueden encontrarse tam ­ bién en o tras lenguas indeur., pero cada u na en una lengua distinta, de suerte que resulta p ara el gr. un conjunto total­ m ente característico: al gr. έ-κατόγ «cien» « . *kTntóm) co­ rresponde el i, a. satám, gót. hund, lat. centum. La ampliación con s- se encuentra únicam ente en indoiran., pero sólo en la palabra que significa «mil»: i. a. sa-hásram, neopersa ha-zar; la conservación de la k es una peculiaridad de las lenguas· «centum» (por eso no se da en indoiran., etc.); la evolución de m ante consonante convirtiéndose en a (ante vocal en

am ) sólo la tiene, además del gr., el indoiranio; La locali­

zación del acento en una de las tres últim as sílabas aparece tam bién en i. a. y en gót. (aquí *-tóm > *-ct). La o de la¡ sílaba final se ha conservado tam bién, p. ej., en lat. are. y en galo. El cambio de -m final en -n se produce igualmente,, p. ej., en celta, het. y frigio. Así, pues, en este ejemplo, el gr. tiene tres características comunes con el galo y o tra s tres con el i. a., dos con el lat. y otras dos con el iranio. Pero el conjunto de todas ellas sólo es posible en griego,

(24)

Los estratos lingüísticos de Grecia. — § 5 25'

LOS ESTRATOS LINGÜÍSTICOS DE GRECIA

§ 5. E n los últim os años se h an descubierto unas cuan-' tas estaciones paleolíticas. El pequeño núm ero de sus pobla­ dores no ejerció seguram ente ningún influjo lingüístico en la época posterior, ni siquiera en la toponimia.

En el neolítico hallamos, al principio, sólo poblados rús­ ticos sin fortificar. El yacimiento más im portante es Sesldo, en Tesalia. Sus habitantes procedían del borde occidental de las prim itivas culturas mesopotámicas, especialm ente del espacio situado entre Malatia y Tarsos. Es característico el1 ídolo de la m adre con el niño; por lo demás, el culto de la Magna M ater está extendido p o r todo el Egeo (en Asia Menor todavía en época histórica). Creta form a desde el principio una unidad aparte.

En Tesalia inm igraron hacia mediados del tercer milenio, al parecer de m anera pacífica, fabricantes de cerám ica de bandas, que procedían de la región del Danubio situada entre el río Theiss y la región de Transilvania. Su zona de' asentam iento quedó lim itada a un espacio reducido (cultura de Dímini); se caracteriza po r sus fortificaciones y por la casa de gran antecám ara (mégaron). Una oleada posterior alcanzó el Peloponeso. Ciertas peculiaridades artísticas, como' el dibujo en espiral, llegaron a través de las Cicladas hasta Creta. Mediante el comercio de m etales con Asia Menor, y quizá tam bién por la inmigración, se produce adem ás un influjo oriental. Asimismo, se adoptó luego la to rre vivienda m editerránea. Para esta época, llam ada edad de cobre o' época protoheládica, algunos hallazgos indican una vincu­ lación con la cerám ica de cuerda. Pero, a causa de su escasez,· apenas pueden ser considerados como signos de u na prim era1 infiltración de indoeuropeos, y menos aún de griegos,

(25)

26

Aproximadamente hacia el año 2100 a. de C. comenzó en las llanuras eurasiáticas un período de sequía que llegó a constituir una gran catástrofe clim ática y obligó a em igrar especialm ente a los criadores de ganado que habitaban en ellas (el agricultor se inclina en cambio a la colonización interior). Las repercusiones de estos movimientos de pue­ blos llegaron hasta Grecia, La edad de bronce, es decir, la época de pleno desarrollo de la m etalurgia, comenzó con la aniquilación de la cultura protoheládica. Por entonces irru m p ió en Grecia un pueblo conquistador; esta irrupción tuvo lugar a principios del segundo milenio y caracteriza el comienzo de la edad de bronce premicénica, llam ada tam ­ bién período heládico medio. El mégaron, casa rectangular de gran antecám ara, con rem ate triangular de la fachada, se construyó cada vez con más frecuencia. Las arm as carac­ terísticas de esta época eran el puñal y la espada. También se utilizaba el hacha de combate, que se atribuye general­ m ente a los pueblos indoeuropeos m ás antiguos. Los m uertos eran enterrados en tum bas de pozo. Teniendo en cuenta el hacha de combate y las circunstancias históricas generales, se ha pensado que esta ola de inm igración estaba form ada por pueblos indeur., sobre todo porque los indeur. aparecen siem pre como guerreros y conquistadores y proceden del norte. Pero los hechos no son suficientes p ara garantizar tan amplias conclusiones.

Por la m ism a época tiene lugar la penetración conquis­ tadora de los hetitas en la p arte central de Asia Menor, hacia el año 2000 a. de C. (en varias poblaciones, estratos •con fuertes señales de incendios, etc.). E n cambio, la des­ trucción de Troya II se rem onta a unos 200 años antes.

La transición a la edad del bronce m icénica (s. xv n a. de C.) se produce sin solución de continuidad, y el influjo cul­ tu ra l de la Creta m inoica es cada vez m ás fuerte; no

(26)

obs-Los estratos lingüísticos de Grecia. — § 5 27 tante, ciertas innovaciones m uestran que ha llegado al país una nueva capa de población dom inadora de origen indo­ europeo. E n las tum bas hallamos arm as de riqueza y calidad extraordinarias. Pero es decisiva la aparición del carro de combate, que era un vehículo ligero y veloz, de dos ruedas, tirado por dos caballos (aproxim adam ente por la misma época fue introducido en la Mesopotamia superior por indios procedentes de la costa occidental del m ar Caspio). Esta cultura ecuestre, que se m anifiesta principalm ente en Mice- nas, se refleja en la litada; apoyándose en ella, se suele de­ signar a las clases dom inantes micénicas con el nom bre de aqueos.

Hacia el año 1250, un nuevo período de sequía, que afectó sobre todo a la Alemania central (especialmente a los re­ p resentantes de la cultura de los campos de urnas) y a la Rusia m eridional, ocasionó nuevas migraciones de pueblos. También esta vez llegaron hasta Grecia las repercusiones de estos acontecimientos. La suntuosa cultura micénica fue p ri­ m ero sacudida por el movimiento de los «Pueblos del Mar» (aproxim adam ente desde el año 1230 a. de C.), y luego, poco después del 1200, totalm ente aniquilada por el ím petu de la llam ada «migración egea». El imperio de los hetitas en el Asia Menor central fue com pletam ente destruido por los «Pueblos del Mar», y Egipto se vio amenazado por estos m ism os pueblos. Puede suponerse que ambos acontecim ien­ tos guardan entre sí cierta relación. E n Grecia se perciben dos horizontes de destrucción, no muy alejados en el tiem­ po. La prim era devastación podría corresponder a una in­ cursión depredadora de gran am plitud, siendo en la segunda invasión cuando sé llevó a cabo la ocupación del país. Ésta, sin embargo, no ocasionó de m omento ningún cambio esen­ cial en el cultivo del arte, pues los conquistadores no tra­ jero n consigo ninguna tendencia artística propia; en la me­

(27)

Introducción. — § 6

dida en que sentían necesidades artísticas, dejaron que los pocos artesanos que habían sobrevivido a su llegada siguie­ ran cultivando una tradición m icénica residual, que p*or eso suele llam arse submicénica. Poco después, entre los siglos x i/x , se produjeron nuevas convulsiones, que dieron lugar al período geométrico. Recibe este nom bre de los dibujos geométricos que aparecen en la cerámica.

Para explicar m ejor estas alteraciones, hay que apoyarse ante todo en la lingüística. Y aquí es fundam ental el princi­ pio de que, en circunstancias iguales, la atribución de u n resto lingüístico a un estrato más reciente es m ás probable·

a priori, porque los restos lingüísticos de un pueblo m ás

joven se conservan m ás fácilm ente que los de u n pueblo m ás antiguo, los cuales tienen que pasar, por decirlo así, a través del m últiple tamiz de los siglos, y, por consiguiente, se van haciendo cada vez más escasos. De la propagación de los topónimos se puede deducir con cierta probabilidad la. zona ocupada p o r sus autores (prescindiendo de los casos en que se han recibido sufijos toponímicos de otras comu­ nidades lingüísticas).

§ 6. En apoyo de la inmigración m editerráneo-oriental (§ 5) pueden deducirse indicios lingüísticos de las siguientes consideraciones: la dom esticación de la cabra tuvo lugar en la zona m ontañosa de aquella región (Malatia, en el alto Eufrates), que fue uno de los puntos de p artid a de la men­ cionada corriente de cultura. Por tanto, h ab rá que a trib u ir sin duda a esta región el extranjerism o αιξ «cabra», así como la procedencia de este animal. Además, la com arca de Tarsos era un foco de cultivo del olivo. Las palabras griegas relacionadas con este cultivo son de origen extranjero, y sin duda fueron im portadas con la planta: έ λ α ιά (de donde lat. oliva «olivo, aceituna») «olivo», Μλαιον «aceite» (de don­

(28)

Los estratos lingüísticos de Grecia. — § 7 29 de lat. a. oltvom — oleum, tom ado de un dialecto gr. que conservaba la: digamma), etc. Estas palabras no son prés­ tamos semíticos. Por lo demás, en toda la cuenca del Medí' terráneo, a cualquier palabra cuyo origen se desconoce se le aplica la designación colectiva de «mediterránea», por ejemplo κάπηλος «tabernero, tendero» (cfr. lat. caupo «ta­ bernero»), que evidentem ente pertenece a un grado de civi­ lización mucho más reciente y, por tanto, no puede ser in­ cluida aquí.

Las fuentes egipcias designan ya hacia el año 2600 a. de C. al m undo insular del Egeo (las «Islas del Mar») con el tér­ mino hlw nw b.t, que suele leerse Haunebut. Este nombre, que en la piedra de Rosetta se traduce por «griegos», no es egipcio, y, por tanto, pudiera ser autóctono.

Los fabricantes de cerám ica de bandas procedentes de la región del Danubio se asentaron en reducidos territorios d e Tesalia y del Peloponeso; en consecuencia, apenas se po­ d rá contar con huellas lingüísticas, aunque tal vez lo sean los topónim os cuya expansión se lim ita a esta comarca.

§ 7. Los continuos influjos m inorasiáticos, que en los prim eros tiempos de la edad del bronce se im pusieron por la fuerza, pero más tarde se basaron en el intercam bio, represen tan un difícil problem a lingüístico. E n Asia Menor central se hablaba, antes de los hetitas (es decir, antes del año 2000 a. de C.), el llamado proto-hático, que fue luego empleado por los hetitas como lengua del culto. Arqueoló­ gicamente, la cultura preh etita está relacionada con la cul­ tu ra del Kubán, en el Cáucaso septentrional. Estas seme­ janzas arqueológicas se dan la mano con peculiaridades lin­ güísticas como, p. ej., una flexión nom inal a base de prefijos. Sin em bargo' h asta ahora no se h a logrado descubrir en Grecia vestigios seguros de sem ejante lengua. Es cierto que

(29)

Introducción. — $ 7

el nom bre de los Λ έ λ ε γ ε ς lleva un prefijo pluralizador Λε (cf. proto-hát. li-e- — le- como signo de plural), pues el sin­ gular era Λ έξ (: ant. caucásico *lag «hombre»). Los léleges se difundieron am pliam ente por el Egeo; pero el rey de los léleges en el noroeste de Asia Menor por los tiem pos de la guerra de Troya tenía ya un nom bre indeur., "Α λτης «Alto» (: lat. altus, esp. A lteza) o «Viejo» (: lat. adultus). Muy difí­ cil tam bién es el problem a de los topónimos en -σσ- Estos sufijos aparecen con m ucha frecuencia en la toponim ia de ambos lados del Egeo, po r lo cual su conexión es innegable. En gr., por influjo de leyes fonéticas dialectales, tenemos form as diversas; pero alguna vez encontram os nom bres con la m ism a palabra básica que en Asia Menor, p. ej. Λάρισα ocho veces en Grecia, dos en Asia Menor; además Παρνασός, Παρνασσός, Παρνησός, Παρνησσός: ttipónimos hetitas Par-

nassa-; o bien Πήδασος (en la Tróade), ΓΊήδασα (en Caria),

Πήδασος (en Mesenia). El valor lingüístico del sufijo -άσσος puede reconocerse bien en he tita; expresa la pertenencia (el dios Dattas : la ciudad D attassas). En proto-hát. hallamos un sufijo toponím ico -s; p. ej. hattu «plata» : tyattus «ciudad de la plata» : h e t. Hattusas (capital del Im perio hetita pos­ terior). El sufijo se difundió, pues, en la form a hetita y no en la proto-hática. Además, hay algunos nom bres que apa­ recen en Asia Menor y en Grecia, p. ej. el orónimo "Ολυμπος; pero el nom bre ilírico de ciudad Όλύμτεη indica que este nom bre debe ser atribuido a una ola de migración poste­ rior; se relaciona semasiológicamente con el i. a. lum pati «rompe», como el lat. rum po «rompo»: rüpes «(trozo de) roca». El cret. Μ ΐλάτος puede encontrarse tam bién en Caria (Μ ίλητος, lésb. Μ ίλλατος <■ *Μισλατος), porque el Mileto cario era u na colonia minoica, como han probado las exca­ vaciones.

(30)

Los estratos lingüísticos de Grecia. — §§ 8, 9 31 § 8. Que los griegos tuvieron que ten er fuertes contactos, con los he titas, lo indican ciertas semejanzas de vocabulario lim itadas a estas dos estirpes lingüísticas: κύπασσις, prenda de vestir, het. kupatyis, id.; ίχώρ «sangre» en el lenguaje de los dioses, het. ishar «sangre» (cfr. #e s r > £ a p «sangre», latín.

aser, i. a. asrk); άτόζομαι «aterro»: het. tyaiugas «terrible»;

οπαδός «compañero», het. fyapatis «servidor». En cambio,, los topónim os de Asia Menor en -ανδα (¡τα!) deben relacio­ narse con el plural n. luv. y het. en -anda; no tienen nada, que ver con el topónim o gr. en -ινθος y en -υν[θ]ς.

Los nom bres de persona en -εύς debemos atribuirlos a la edad del bronce premicénica. Pues los «antepasados» de los griegos micénicos llevan casi siem pre tales nom bres, como Ά τ ρ ε υ ς , el padre de Agamenón. Este tipo de nom bres no· es griego; en prim er lugar, los griegos más antiguos usan como nom bres propios, igual que la mayoría de los pueblos indeur., compuestos bitem áticos ('Η ρόδοτος «dado por He- ra»); por o tra parte, el sufijo -εύς o, más exactamente, -eu-, se incorporó al gr. como préstam o lingüístico. Además, las antiguas voces en -ευς son palabras de contenido cultural ajenas al gr. (βασιλεύς «rey»); tampoco los tem as de Ios. antiguos antropónim os en -εύς pueden explicarse partiendo· del griego. El significado de este sufijo advenedizo puede deducirse de su em pleo: [ππεύς es uno que tiene algo que ver con el ίππος «caballo»; expresa, pues, vinculación o per­ tenencia; exactam ente igual en p re g r.: Α Ιγεύς es uno q ue tiene relación con las α ΐγες «olas (del mar)», «Señor d e las Olas». El het. no posee este sufijo.

§ 9. La transición cultural desde la edad del bronce pre- micénica a la m icénica no tiene lím ites precisos (§ 5). Esto- parece indicar que la antigua clase dom inadora fue penetra­ da y absorbida pacíficamente p o r otra. Los nuevos amos e ran

(31)

Introducción. — § 9

m ilitarm ente superiores (¡carro de combate!) y, p o r consi­ guiente, im pusieron su religión y su lengua; pero los ante­ riores tenían una cultura m ás elevada. Concuerda con esto ,«1 hecho de que los griegos micénicos llevaran ya en m uchos casos nom bres griegos, aunque se sintieran orgullosos de pertenecer a estirpes de la nobleza pregriega. Por eso el an­ tepasado de Agamenón era Atreo (Ά τ ρ ε ύ ς , de Micenas), Este proceso de helenización se desarrolló en el centro, Mi- .cenas, m ás rápidam ente que en la periferia. E n Tesalia fue Neoptólemo, el hijo de Aquiles ( Ά χ ιλ λ ε ύ ς ), el prim ero en 'tener un nom bre griego, y en Itaca fue Teíémaco, el hijo de TJlises (Ό δυσσεύς)· En Atenas, en cambio, la genealogía es, ’p. ej., Egeo-Piteo-Teseo (Αίγεός-Π ιτθεύς-θησεύς). Aquí no parece que haya habido griegos micénicos (a no ser, quizá, m odestas residencias de príncipes); p o r eso Atenas tam poco figura en la leyenda heroica de Homero.

Que los señores de Micenas hablaban griego ha queda­ do dem ostrado al ser descifradas las tablillas en e scritu ra .«lineal B» descubiertas especialmente en Pilos (corte de

N éstor) y en Cnosos (Creta).

Lo mismo da a entender tam bién la tradición de la gue­ r r a de Troya como em presa griega. Con ella term ina la edad 'heroica micénica, y el recuerdo de esta época de esplendor p erduró en Asia Menor después de la torm enta egea. Final­ m ente, los textos het. del s. xiv parecen m encionar griegos -(como aqueos), p. ej. A t(ajrissijas, sin duda «Atrida», Tawa-

gaíawas = Έ τερ ο -κλέρ η ς, etc. E n esta época hubo tre s

grandes hechos. La cultura m icénica se propagó victoriosa­ m ente hacia el Este en distintos lugares, sobre todo en Mi- íeto, en Rodas y en su hinterland de Asia Menor. La colonia ,de Rodas, cuya legendaria riqueza y extraordinaria fuerza naval son celebradas p o r Homero, es probablem ente la de­ signada po r los hetitas con el nom bre «(colonia) aquea»

(32)

( Ahfyijawa). Su im portancia era tan grande que su rey tenía

la m ism a categoría que el gran rey de los hetitas y el faraón de Egipto, del mismo m odo que, más tarde, las colonias griegas del sur de Italia llegaron a ser la «Magna Grecia».

Junto con otros pueblos m arítim os, los micénicos reali­ zaron una expedición contra Egipto; las fuentes egipcias m encionan expresam ente a los ’ikw s, es decir, sin duda, loí Ά χα ιΡ οί (la vocalización egipcia de los nom bres extranjeros no indica nada sobre la calidad o tim bre, y -5 es una term i­ nación egipcia); los expedicionarios fueron vencidos hacia el año 1225 a. de C.

Como tercero y últim o gran acontecim iento debe mencio­ narse la expedición contra Troya. Hay que contar con el hecho de que las diversas hazañas de los aqueos fueron uni­ das p o r la leyenda, o al menos fueron reelaboradas por Ho­ mero, en parte por razones artísticas, p a ra su inclusión en la Iliada. Este sincretism o se deduce incluso del hecho de que Troía se llame tam bién Ilios y que la persona más im­ p o rtan te de esta ciudad lleve, además del nom bre de Parts, •el de Alexandros. Sem ejante duplicidad sólo puede com pren­ derse como fusión de dos leyendas, Hallamos cierta confir­ m ación de esto en las fuentes hetitas, según las cuales el rey Alaksandus de Wilusa, en Asia M enor m eridional, con­ cluyó un pacto defensivo con el rey de los hetitas Muwa-

tallis, jun to al cual se había refugiado (s. xiv). La leyenda

.griega dice que Alexandros de Wilios, m ucho antes de la g u e rra de Troya, había sido «huésped» del rey Μ ότυλος. Según esto, Alexandros (Asia M enor m eridional) no había tenido nada que ver, al principio, con París (Noroeste de Asia Menor), y conviene notar, además, que París es una palabra iracia, que significa aproxim adam ente «hijo».

(33)

Intro du cción .— § 10

§ 10. Sobre los pueblos de la m igración egea podemos apren der algo en las fuentes egipcias. É stas relatan que los «Pueblos del Mar (procedentes) del Norte» o bien «los Pue­ blos del N orte (que están) en medio del Mar» am enazaron a Egipto (§ 5) y en todo caso fundaron colonias tam bién en el Sur (Siria, Palestina). Además de los ya citados aqueos, son m encionados:

1. Los dnw n (tam bién d n n ), que eran, en el s. x i i, alia­ dos de los pueblos que causaron la catástrofe egea. Si los relacionam os con los dáñaos ( = Ά ρ γ ε ΐο ι del Peloponeso), tendrem os que suponer que éstos habían fundado una colo­ n ia en Siriá. Pues las fuentes babilónicas, desde el s. xiv al ix, indican que los Danuna estaban establecidos en Siria. Además, ju nto a Adán a (Sudeste de Asia Menor) se hallaron inscripciones, en fen. y en het. jeroglífico, de un rey de la ciudad de los Danuna (s. v i i i).

2. Los drdn eran ya en la prim era m itad del s. x i i i alia­

dos de los hetitas. Cuando Ramsés II habla de una victoria en el país de los drdn, es imposible que se tra te de la Dar- dania del Helesponto. Pero una p a rte de los dárdanos podía h aber fundado, con lós otros pueblos del m ar, una colonia en el sur (¿Siria?).

3. Los trs, cuyo nom bre, a causa de la grafía tw-rw-si, se lee tam bién Turuscha, habitaban en medio del m ar, al n or­ te, es decir, en el Egeo. Junto con los aqueos, atacaron a Egipto hacia el año 1225, pero fueron rechazados. Más tard e se aliaron con los filisteos y, ju nto con ellos, fueron nueva­ m ente vencidos por Egipto en la prim era m itad del s. x i i.

Suelen ser identificados con los tirsenos o tirrenos, que toda­ vía en tiem pos históricos desarrollaban su actividad en el Egeo, principalm ente como piratas. En la isla de Lemnos, que conquistaron en el s. vil, se halló una estela fu n era ria con dos inscripciones en lengua tirrena. Una parte de lo&

(34)

Los estratos lingüísticos de Grecia. — § 10 35 tirrenos emigraron, hacia el año 800 a. C., al país de los um bros, en Italia, donde su nom bre fue italizado: Tuse i ( < turs-c-j y Etrusci. De la lengua de los etruscos, que sólo se diferenciaba dialectalm ente del t ir reno, com prendem os poco. Sin embargo, apoyándonos en ella, podemos señalar en Grecia varias huellas del tirren o : una ciudad im portante de la citada isla de Lemnos se llamó Myrina; se creía que había sido fundada po r la gens Myrina. E sta igualdad de los topó­ nimos y los gentilicios era tam bién característica del etrusco. Además, había en E tru ria una gens del mismo nom bre:

¡Marina! La antigua indicación de que la Τ ετράπολις («Cua­

tro Ciudades») ática se había llamado antes 'Υ ττηνία per­ m ite relacionar este nom bre con el num eral etr. huth, que probablem ente significa «cuatro». E sta ecuación puede apo­ yarse en la noticia de que los tirrenos, efectivamente, habíari ocupado en otro tiempo un territorio en Ática. Otras huellas en el vocabulario griego pueden verse en óttuCco «llevo a casa como esposa» : etr. puia «esposa»; πρότανις «alto funciona­ rio» : etr. puruthn, purthne «id.», etc.

4. Los prst «en medio del mar» fueron llamados pelisñ m por los hebreos, y am enazaron a Egipto en tiem pos de Ram- sés II (s. x i i i ) . De ellos recibió su nom bre Palestina. De aquí resulta indudablem ente una conexión con el lugar Παλαίστ'α en el país de los cáones pelásgicos (Epiro) y una relación con los ilirios balcánicos; el arm am ento de los filisteos era sem ejante al de los hoplitas espartanos (los dorios conservan fuertes rasgos ilíricos; § 14), y la corona de juncos usada por los filisteos se encuentra tam bién en las costum bres po­ pulares del Peloponeso dórico. Las pocas palabras filisteas que han sido conservadas por el hebreo son de acuñación indeur. (padí- «dueño» = *potis, gr. ιχόσις «id.»).

(35)

§ 10 α. Los dorios (Δωριείς) en el sentido amplio de la p alabra habitaban la región de los dialectos dóricos en sen­ tido estricto y del gr. noroccidental. Fueron los últim os en llegar al país y, por consiguiente, dom inaron a griegos que hablaban otros dialectos. Se les atribuye la aniquilación de §a cultura micénica, siendo considerada la prim era etapa de

destrucción como el resultado de una incursión depreda­ dora, m ientras que en la segunda invasión se llevó a cabo la ocupación de gran p a rte de Grecia. Este doble proceso parece reflejarse en la leyenda del retorno de los Heráclidas al Peloponeso; pues la clase dom inante entre los dorios se consideraba descendiente de Heracles. Este estrato de po­ blación llegó probablem ente acompañado de algunos frigios y arm enios; cfr., p. ej., los topónim os Μί&ει,α: (Beocia), Μιδέα (Argos), con Μιδάειον en Frigia; además, 3 Αρμένιον en Te­ salia. La m ujer de Cadmo de Tebas se llam aba Harmonía, deform ación, por etimología popular, del gentilicio «arme­ nia».

§ 11. E n el vocabulario gr. hay u n amplio estrato de préstam os procedentes de una lengua indeur. desconocida, que se diferencian claram ente del griego por determ inadas leyes fonéticas. A este estrato pertenecen tam bién los topó­ nimos en - ι ν θ ο ς , -υν[θ]ς. Como tales palabras y topónim os aparecen ya en las inscripciones micénicas, p. ej. Κόρινθος, la lengud8 originante tiene que pertenecer a una época ante­

rior a la catástrofe egea. E sta lengua m uestra una m utación

consonántica, es decir, una alteración de todo el sistem a de las oclusivas, tal como se manifiesta, p. ej., en arm enio, o en ger­ mánico, o en la lengua qμe influyó en el extra-indeur. etrus- co. Hallamos en esta lengua pregr. los cambios siguientes: oclusiva sonora aspirada > oclusiva sonora; oclusiva sonora > oclusiva sorda; oclusiva sorda > aspirada. El pregr. m ues­ tra, p o r o tra parte, una disimilación de aspiradas como el

(36)

Los estratos lingüísticos de Grecia. — § 1 2 37 gr. (§ 62, 2), sólo que en pregr. se produce antes de la m u ta ­ ción consonántica, y en gr. después de la transform ación de oclusiva sonora aspirada en oclusiva sorda aspirada. La evo­ lución de las líquidas sonantes r, l > ur, ul se encuentra igualm ente en germ., m ientras que el arm . desarrolla > ar,

al, y el gr. > cxp, αλ o bien pee, λ α (dialectalm ente tam bién op, ο λ , o bien po, λο). E n cuanto a esto. cfr. ^bhrghos^>

*brghos > Ήυργος (§ 3); pero gr. ψαρκτός «encerrado», φραγ­

μός «cierre» (: al. Burg).

E ste estrato de población dio nuevos nom bres a los bie­ nes heredados de la cultura micénica, o transform ó los anti­ guos nom bres de acuerdo con su lengua. Por eso encontra­ mos térm inos como ή π λίνθο ς «ladrillo», ή άσάμινθος «ba­ ñera», ό ερέβινθος «guisante» (cfr. οροβος «guisante»: nasa- lizado ^έμβομαι «doy vueltas, me enredo»). E l térm ino con que suele ser designada esta lengua es el de «pelasgo». Pero como lo poco que sabemos de la lengua de los pelasgos no concuerda en absoluto con ésta, es m ejor llam arla «pseudo- pelasgo».

§ 12. Los atenienses conservaban una tradición según la cual, antes de su inm igración en Ática, vivían allí los pelas­

gos, que habían tenido que aprender el griego. Todavía en

tiem pos de H eródoto (s. v a. de C.) vivían en una ciudad de Tracia y en dos ciudades costeras del Helesponto algunas de estos pelasgos, cuya lengua no era entendida p o r nadie. Sin embargo, tenían que ser indeur., puesto que, según la

Ilíada, su dios principal era Zeus: ΖεΟ ανα, Δωδωναΐε,

Π ελασγικέ «¡Oh Zeus soberano, Dios de Dodona, Pelásgico!»» El nom bre Δωδώνα es de tipo ilírico, y el lugar está situado a orillas del río Δώδων (cfr. ilír. Salond, a orillas del río

Salón, en Dalmacia). Por esta coincidencia tipológica y su-

(37)

38

como ilirios. Que los pelasgos no pudieron llegar antes de la m igración egea, se deduce de Homero, que los nom bra después de los aqueos y en últim o lugar ju n to con los dorios. , Estos «divinos» (δΐοι) pelasgos no tienen nada que ver con

los «rapaces» (λησ τα ϋ tirrenos.

§ 13. Probablem ente ya en las fuentes egipcias relativas a los Pueblos del M ar se m enciona a los jonios (escribien­ do ’irw ní, en vez de los llamados en otras ocasiones, m ucho m ás tarde, ’iwn «jonios»). Pero sin duda se tra ta aquí de habitantes de Asia Menor. Lo mismo hay que decir de la mención, aproxim adam ente contem poránea de los Y m 'n en las tablas de Ras é a m ra (Fenicia septentrional); indudable­ m ente, a este pueblo se le llam a así por el grito ritu al ίή, ίή τιοαών, y por cierto con el sufijo gentilicio -αρονες, au­ ténticam ente m inorasiático m eridional (especialmente en el het. jerogl.). A la Grecia continental no llegaron los jonios gr., de una m anera general, hasta la época p ro to h istó ric a :

1. Los habitantes dóricos de Cinuria (Argólida) habían conservado el recuerdo de que antes habían sido jonios; en cambio, no sabían nada de su fondo «micénico» m ás antiguo.

2. Los atenienses, cuya lengua .form a grupo com ún con el jón., sabían aún que habían inm igrado y que, antes de ellos, dom inaban en Ática los divinos pelasgos. Sem ejante recuerdo sólo podía conservarse durante pocos siglos en una época que carecía de escritura.

§ 14. Las poblaciones gr. noroccid. y dór. conservaban todavía en tiempos históricos la conciencia de su homoge­ neidad y el recuerdo de su origen septentrional. E sto era posible porque su im nigración había tenido lugar sólo dos o tre s siglos antes de la época histórica ( = antes de la introducción de la escritura). Estos pueblos se encontraron,

(38)

Los estratos lingüísticos de Grecia. ~~§ 14 39 al inm igrar, casi exclusivamente con griegos. Del m apa de los dialectos (p. 66) puede deducirse que en el Peloponeso som etieron principalm ente a gr. del centro; en todo caso, en Acaya, p. ej., sólo se hablaba en época histórica griego noroccidental.

Tam bién los eolios de Grecia central se vieron fuerte­ m ente estrechados y se fusionaron sobre todo con griegos del noroeste, como lo indican el tes. y más aún el beoc., p. ej. tes. ΐκατι y beoc. ρίκατι «veinte» = dór. ρίκατι, en vez del gr. central (y jón.-át.) εϊκοοι. E n tre los pueblos de la clase dom inante de Grecia noroccidental sobresalieron los Φοίνικες «fenices» (que no deben confundirse con los feni­ cios). El feniz Cadmo fundó Tebas, y otro feniz llegó a ser rey de los dólopes de Tesalia. El nom bre de los Φοίνικες es transparente; está relacionado con ψοινός «rojo oscuro», como el. nom bre de los ΑΪΘΓκες : αίθός «de color tostado» (llamados así, evidentemente, por el color del pelo). Genti­ licios con esta form a de derivación sólo se presentan, por lo demás, en Grecia septentrional.

Según la leyenda, el rey de los dorios Egimio (Áigim ios) tuvo dos hijos, Dimas y Pánfilo (Dymas y Pamphylos), pero adoptó, además, uno ajeno, Hilo (H yllos); es decir, los do­ rios aceptaron en su com unidad al pueblo de los hileos (Ύ λ λ ε ΐς ), cuyo origen ilírico es manifiesto. Esto tuvo tam ­ bién repercusiones lingüísticas. E n Esparta, donde la casta dór. dominó del modo más exclusivo, había conceptos m uy im portantes relativos al Estado cuya term inología no era gr., sino ilír., p. ej. «subdivisión de una trib u (phyle) espartana» = a. al. ant. eiba «distrito». E sta palabra tendría que tener en gr. una ψ en vez de una β. El estudio de los topónim os m uestra igualm ente, que, en los dominios del dór. común, sie encuentran no pocos restos ilír., p. ej., en Laconia, el cabo Μ άλεια, cuya raíz es típicam ente ilír.

(39)

(mal-Introducción. — § 15

«promontorio») e incluso ha penetrado en el a lb .: mal «monte».

§ 15. Tam bién la denominación de los griegos proyecta cierta luz sobre la protohistoria de la lengua griega. Por el hecho de haber tenido lugar la inm igración doria siglos, después de la de los aqueos, quedó ro ta 1? conexión e n tre estos pueblos. En la época predórica hallam os varios nom ­ bres de am plitud general. En p rim er lugar, el más antiguo gentilicio, Ά χαιΓ οί (lat. Achivt). Para expresar que todas las tribus están som etidas al m ando de los aqueos, se dice luego Παναχοαοί. E n Homero aparece tam bién Ά ρ γ ε ΐο ι, propiam ente los habitantes del reino de Argos (lat. ArgíviP form ado analógicam ente sobre A chivi); éstos fueron llamados, tam bién Δαναοί (lat. Danai). Pero el nom bre m ás im por­ tan te es Π α νέλληνες, form ado sobre un gentilicio que es­ preciso suponer, * Έ λ λ α ν ε ς , que, p o r su tipo, pertenece ai dór. común (cfr. Δυμανες), pero tam bién al trac, (cfr. Ά γ ρ ια ' νες) y al ilír. (cfr. Έ γ γ ε λ α ν ε ς ). E n cuanto al desplaza­ m iento acentual, cfr. δήμος «pueblo» : πάνδημος «que abarca a todo el pueblo». En la época posthom érica se consideró· superfluo τιαν-, y quedó el nom bre 'Έ λ λ η ν ε ς, con la retrac­ ción del acento propia del compuesto (jón.-át. a. > η). Los rom anos llam aron a los helenos Graeci f — graild], nom bre derivado de la pequeña estirpe de los Γραες ( = Grai-), q u e finalmente se estableció en el Epiro; a este nom bre se añadió el sufijo gentilicio itálico -k o cfr. Tu(r)s-ci: Τυρσ-ηνοί. La denominación latina triunfó en todo el Occidente. En la épo­ ca bizantina, el griego se llam aba a sí mismo 'Ρω μαίος «ciu­ dadano del Im perio rom ano de Oriente», que sin duda se pronunciaba, como hoy, romjós; entonces 'Έ λ λ η ν equivalía

a ¡«pagano»! En el siglo xix se volvió a poner en circulación el antiguo nom bre "Ελλην (pron. élin), y 'Ε λ λ ά ς (pron. elás)„

Referencias

Documento similar

 La enseñanza, el aprendizaje y la difusión de la ciencia son procesos que determinan el desarrollo científico y tecnológico de un país; vivimos en una sociedad donde la ciencia

Luis Miguel Utrera Navarrete ha presentado la relación de Bienes y Actividades siguientes para la legislatura de 2015-2019, según constan inscritos en el

La campaña ha consistido en la revisión del etiquetado e instrucciones de uso de todos los ter- mómetros digitales comunicados, así como de la documentación técnica adicional de

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación

o esperar la resolución expresa&#34; (artículo 94 de la Ley de procedimiento administrativo). Luego si opta por esperar la resolución expresa, todo queda supeditado a que se

Se consideran aprobadas con anterioridad las materias cursadas de acuerdo con el currículo regulado por la LOE con una calificación igual o superior a 5, que tengan

Gastos derivados de la recaudación de los derechos económicos de la entidad local o de sus organis- mos autónomos cuando aquélla se efectúe por otras enti- dades locales o

Sabemos que, normalmente, las ​cookies deben ser almacenadas y enviadas de vuelta al servidor sin modificar; sin embargo existe la posibilidad de que un atacante