• No se han encontrado resultados

Mio Cid salió de Vivar, dirig iéndose hacia Burgos Así dejó sus palacios desiertos y en abandono total.]

Con los ojos llenos de lágrimas volvía la cabeza y se quedaba contemplándolos. Vio las puertas abiertas y sin candados, las perchas sin mantos ni pieles, ni halcones, ni azores mudados. Suspiró Mio Cid, porque estaba lleno de pesadumbre. Y habló comedidamente: «¡Gracias Señor Padre que estás en lo alto! Esto es lo que han urdido mis malos enemigos».

Sueltan las riendas y aguijan los caballos. A la salida de Vivar vieron volar a la corneja por el lado derecho, pero al entrar en Burgos la tuvieron a la izquierda del camino. Mio Cid se encogió de hombros y sacudió la cabeza: «¡Albricias, Alvar Fáñez —dijo—, hemos sido expulsados de nuestra tierra, pero volveremos a Castilla con honra!».

2

3

Mio Cid Ruy Díaz entró en Burgos. Iban acompañándole sesenta pendones. Salían a verle hombres y mujeres. Y en las ventanas estaban vecinos y vecinas llorando, tanto dolor sentían; de

4

15

16

Le hospedarían todos de muy buena gana, pero ninguno se atrevía por temor al enojo del rey don Alfonso. Antes de que llegase la noche entró una carta suya en Burgos con prevenciones severas y selladas con todo rigor. En ella se dice que a Mio Cid Ruy Díaz nadie se atreva a dar posada, y aquel que lo hiciere sepa de seguro que perderá los bienes y aun los ojos de la cara e incluso el cuerpo y el alma. Gran duelo tienen todos los cristianos, se esconden de Mio Cid y no se atreven a decirle nada.

[…] Pero aquí llegan doña Jimena con sus hijas a quienes traen sendas damas en los brazos. Ante el Campeador se arrodilla doña Ximena, y llorando quiere besarle las manos: “¡Campeador, en buena hora nacisteis! ¡Habéis sido desterrado por perversos intrigantes!”

“¡Favor, oh Cid de hermosa barba! Henos aquí a mí y a vuestras hijas que todavía son pequeñas de edad, acompañadas de estas damas que me sirven. Veo que estáis para iros y que habremos de separarnos de vos. ¡Aconsejadnos por el amor de Santa María!”

21

El de la hermosa barba extendió las manos y cogiendo a sus hijas en brazos las estrechó contra su corazón, porque las quería mucho. Con los ojos llenos de lágrimas y dando un gran suspiro dijo: “Doña Ximena, excelente mujer mía, tanto como a mi alma os quiero. Veis que tengo que partir, que tengo que alejarme y dejaros aquí. Quiera Dios y Santa María que todavía pueda yo mismo casar a mis hijas y aun me quede vida y ventura para poder serviros a vos, mi honrada mujer”.

28

Por todas esas tierras iban las noticias de que Mio Cid el Campeador se había establecido allí, saliendo de tierras de cristianos para ir a tierras de moros, los cuales, en las proximidades donde él se asienta, apenas se atreven a labrar sus tierras. El Cid y sus vasallos están muy satisfechos; los del castillo de Alcocer les van pagando ya las parias.

Aún era de día, el sol no se había puesto cuando el Cid mandó contar sus gentes: sin contar los peones y otros hombres valientes, pudo numerar trescientas lanzas con pendones.

45

58

Mio Cid Ruy Díaz ha vendido Alcocer y buen pago ha dado a sus vasallos, ha hecho ricos a caballeros y a peones, no queda ninguno pobre de entre todos los suyos. “Quien sirve a buen señor, alcanza buen galardón”.

[…] todos empezaron a prepararse, tomaron las armas y montaron en los caballos, vieron entonces venir por la cuesta abajo las fuerzas de los catalanes, y al fi nal de la cuesta, ya cerca del llano, mandó atacarles Mio Cid, el que nació en buena hora; los suyos hicieron esto con satisfacción empleando tan bien los pendones y las lanzas que o herían a unos o derribaban a otros. Así ha ganado esta batalla el que en buena hora nació, tomando al conde don Ramón prisionero y apoderándose de Colada que vale más de mil marcos.

Prepararon a Mio Cid don Rodrigo una gran comida, pero el conde don Ramón no apreciaba estas cosas, y aunque le llevaron manjares, él no quería comerlos y los desdeñaba siempre diciendo: “No comeré un bocado por todo cuanto hay en España; y perderé antes el cuerpo y el alma, ya que tales malcalzados me vencieron».

59

62

63

Dijo Mio Cid: “Comed, conde, alguna cosa, porque si no coméis no veréis a nadie, pero si coméis a mi satisfacción, prometo a vos que junto con dos de vuestros hidalgos os dejaré en libertad soltándos al momento.” Cuando el conde oyó esto empezó a sentir alegría: “Si hiciéseis esto que habéis dicho, Cid, tened por seguro que quedaré maravillado mientras viva”.

Una vez ido el conde, volvió el de Vivar con sus mesnadas y alegróse del maravilloso y abundante botín que han hecho; tan ricos ha vuelto

41

¡He aquí —continuó el Cid— esta bota llena de oro y plata fi na hasta arriba! Pagad mil misas en Santa María de Burgos, lo que quede dadlo a mi mujer y a mis hijas, que rueguen por mí día y noche; si yo llegase a vivir serán damas ricas.

AQUÍ EMPIEZA LA GESTA DE MIO CID el de Vivar. Mio Cid ha poblado el puerto de Alucat, ha dejado Zaragoza y las tierras de los alrededores, Huesa y todas las tierras de Montalván. Comienza a guerrear hacia la mar salada; vuelve hacia el oriente por donde sale el sol. Mio Cid conquistó Jérica, Onda y Almenara, y ya ha conquistado todas las tierras de Burriana.

64

74

Outline

Documento similar