CUATRO
El verdadero descubrimiento, es ver como las cosas cambian cuando se sale del miedo.
SALIENDO DEL MIEDO.
Las muestras del despertar.
Hay muchas auto-realidades de la mente racional que el ser humano tiene que superar y de entre ellas una, que es el miedo al miedo, y valga la redundancia esto es así, ya que esta actitud amenazante nos determina el carácter ante la vida, confinándonos a los designios de la turbación, de ahí que cuando nuestra vida es magnífica, nos angustia la idea de que pueda suceder algo malo que nos cambie nuestro estado de dicha, en pocas palabras, nos aterra pensar que todo va demasiado bien, sorprendiéndonos; es como si viviéramos sumergidos en un sueño extraordinario que puede acabar en cualquier momento, o fuera de aquello más imposible, de ahí que nuestra mente racional siempre nos induce a pensar que algo falla, diciéndonos que no nos confiemos porque la suerte puede cambiar en cualquier momento; puede dar un giro de trescientos sesenta grados.
Mirándolo con deteniendo resulta extraña la manera de pensar que tenemos ¿cierto?; quizás forme parte de alguna creencia filosófica, religiosa, moral, que nos haga sentir que no
merecemos tal privilegio, o quizás forme parte de la dualidad tan evidente en la que nos movemos. (En esos instantes que pensamos de este modo, verdaderamente ya estamos haciendo que cambie esta realidad de felicidad en desdicha), y bien, sea de la manera que fuere, estos son los juegos enredados de la mente y así se comporta en nosotros.
Empezamos por no estar tranquilos, o por no estar seguros, de hecho entran de lleno todo tipo de dudas, y peor aún, nos cuestionamos pensando si merecemos tanta prosperidad, creyendo en algún nivel de nuestro razonamiento que no es normal tanto bienestar, que algo no debe estar funcionado correctamente, es irónico. (El estado natural del hombre es la felicidad), así que susurramos en voz baja diciendo: no lo diremos muy alto no sea que nos cambie la suerte; yo lo llamo angustia gratuita, en sí es una energía antinatural y ajena a tu esencia, pero a lo largo de nuestra vida y en muchos momentos, todas la personas solemos sentir este tipo de desazón alguna que otra vez, sobre todo cuando tenemos miedo y no confiamos en nosotros mismos. El miedo estremece nuestra consciencia y habitualmente se instala fuertemente en nuestros tres chakras inferiores, y en el primero que está unido al hueso coxal se convierte en fatiga y confusión de roles; en el segundo chakra, que se encuentra por encima de los genitales, el miedo se convierte en actitudes defensivas, en desordenes respiratorios, en espasmos musculares; y en el tercer chakra que se encuentra sobre unos dos dedos por encima del ombligo, el miedo se convierte en preocupación, en ansiedad, en ideas obsesivas, en alergias de todo tipo, en azúcar en sangre, en desordenes digestivos y así en un sinfín de patologías características de los efectos del miedo que tanto nos cuesta reconocer que tenemos, ¿verdad?, ¿te ves reflejado, o en alguna ocasión te has identificado con alguno de estos
SALIENDO DEL MIEDO
síntomas?..., hay un mensaje que se esconde detrás de cada síntoma que sufre nuestro cuerpo físico. Pero no solo la información emocional del miedo se instala en estos chakras, sino que también indirectamente en los restantes ya que están interconectados; el chakra del corazón, el de la garganta, el denominado tercer ojo y el corona se ven afectados por todos los bloqueos y disfunciones de nuestro cuerpo cuando no entendemos como utilizamos energéticamente esta reacción, ya sea de miedo, disfunciones emocionales, emociones toxicas, amargura, enfado etc…, que no hemos liberado. Personalmente se nos ha olvidado sonreír a la vida. Tengo la sensación cuando salgo a la calle, que la alegría se ha perdido entre los pensamientos, problemas individuales y caminos de la ciudad y son muy pocas las personas que te encuentras que se esboce en su rostros una sonrisa de paz o de alegría interior, parece que la vida es demasiado amarga para, incluso sonreír. ¡Qué lastima!, Empecemos a sanar por ahí, quizá si cambiáramos e hiciéramos un esfuerzo por sonreír, iluminarse, seguro que empezaríamos a sanar. ¡Fijaros que simple!
Estamos de acuerdo en que todos y por leve que haya sido el momento, hemos estado de algún modo bajo el dominio de esta onda de forma; el miedo, y este es muy codependiente, por eso, a menudo buscamos culpables para justificar nuestra infelicidad, y tendemos a camuflarlo para poder eximirnos de nuestra culpa y seguir con las pautas del juego que trae consigo el miedo; los reproches, el victimismo etc… de ahí que posiblemente juzguemos a nuestros padres, juzguemos comportamientos de los demás hacia nosotros, juzguemos a nuestra pareja dentro del fracaso amoroso, y así podría continuar con muchas más demostraciones, ejemplos de vida, porque todo esto forma parte de una lista interminable
que son y pertenecen a los síntomas típicos que habitualmente van de la mano directamente del miedo.
Simplemente, cuando nos empeñamos en buscar culpables a cada uno de nuestros males, nos bloqueamos emocionalmente. Cuando nos sentimos frustrados, aparecen muchas emociones como la rabia, el miedo o la impotencia, que pueden estrechar nuestra necesidad de amor, y aquí es donde empieza verdaderamente el problema.
En muchas ocasiones (diría en casi todas), la búsqueda de la verdad implica enfrentarse al miedo cara a cara, sobre todo al miedo más enraizado, el miedo interior, el miedo que no queremos ver, el que nos paraliza a la hora de dar el salto más importante dentro de la propia consciencia, y por supuesto, especialmente cuando te encuentras con él, te topas de lleno con tus propias limitaciones. Una de las razones por las que tememos al miedo, es porque hemos estado durante mucho tiempo condicionados por él, y este ha ejercido un importante control sobre la mente humana, porque es desde la mente desde donde brotan todas nuestras proyecciones erróneas acerca de la evolución.
Pero cuando este se apodera de nuestra vida y avanza sigilosamente hasta el punto que es visiblemente aparente y evidente, es cuando verdaderamente reaccionamos ante él, y queremos poner una solución efectiva a la realidad, una solución que nos saque del estado recurrente y laberíntico del que nos negamos a salir en su día, y ahora no encontramos el camino de salida por el estado de confusión que tenemos ante nosotros. Pero para reconciliarse con el pasado, para salir de ese estado conscientemente, hay que permitirse sentir todas las emociones y aceptar lo que nos pasó, admitiendo nuestra parte de permisividad ante cualquiera de esas situaciones, con la disposición de comprender, de perdonar y de amar cada una de
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las antiguas convicciones que nos llevaron al fin a poder admitir el miedo en nuestro día a día, para finalmente poder sacudirnos todos esos estados emocionales que no nos dejaron, o no nos dejan ver más allá de la realidad.
Los miedos, sean del tipo que sean, nos han alcanzado siempre, y desde luego son la llave para abrir la puerta a los bloqueos energéticos que nos estancan e interrumpen nuestro fluir dentro de la salud y la armonía, pero por desgracia y mal que nos pese, gracias a ellos también podemos descubrir los fantasmas interiores, que desde luego se disfrazan de infinitos rostros diferentes, pero yo os aseguro que siempre tenemos el poder de vencerlos. ¿No es maravilloso pensar que nosotros con un simple pensamiento podemos traspasar el temible miedo?