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Salud emocional y factores que inciden en ella

In document terapia reCONSTRUCTIVA (página 83-97)

“El verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en cambiar de punto de vista.”

En la antigüedad, las ciencias como las Matemáticas, la Medicina, la Astro- nomía, la Filosofía y la enseñanza, se estudiaban y transmitían al mismo tiempo que otras áreas relacionadas con aspectos mágicos como la influen- cia de los astros en el comportamiento humano y el manejo de las plantas. Todo el conocimiento estaba en manos de una sola figura que era el ma- go, sacerdote, santón o hechicero del lugar, y cuando una persona estaba enferma se le trataba en su totalidad cuerpo-mente-alma, sabiendo que si algo afectaba a una de las partes, automáticamente las otras también estarían dañadas. Ahí tenemos a nuestros grandes sabios de la antigüe- dad: Paracelso, Hipócrates, Aristóteles, Pitágoras, Platón, Sócrates, Leonar- do DaVinci, etcétera, todos ellos poseedores de cualidades excepcionales y reconociendo el alma como parte fundamental del Ser. Hasta el siglo XIX la medicina era una sola sin hacer distinción entre la moderna –científica- alópata– y la tradicional (holística).

Los avances de la biología, la farmacoterapia, la robótica y nuevas tecnolo- gías, hacen que a partir de ese momento se separe el estudio y tratamiento de la mente por un lado y el cuerpo físico por otro como si fueran elementos totalmente disociados, y no sólo llega ahí sino que día a día se va adentrando más en la especialización técnica y científica, y van emergiendo nuevas sub- especialidades para ir centrándose más en un órgano concreto o parte de él hasta llegar a especialidades tales como es la actual medicina celular.

Consecuencia de todo esto ha sido el alejamiento del concepto de un TODO a través de un interés creciente en el detalle, y por ello la medicina conven- cional se convierte en una ciencia fría y distante donde lamentablemente hoy en día se habla del paciente de la habitación 304 sin conocer, en mu- chos casos, ni siquiera el nombre de la persona que ocupa este espacio. Viniendo de una familia en donde han habido profesionales del mundo de la medicina científica, me he visto involucrado y debatiendo en innume- rables ocasiones sobre este aspecto, llegando a reconocer algunos de mis familiares inmersos en esta línea, que tenía razón en cuanto a ese distan- ciamiento que yo reprocho de la medicina alópata, poniendo como justifi- cación que lamentablemente hay demasiados enfermos y muy poco tiempo para poderles dedicar, y por esta razón en muchas ocasiones se prefiere no

conocer a profundidad el entorno de los pacientes para no sentirse dema- siado involucrado en sus emociones y vivencias.

Quiero dejar claro que el objetivo de las dos medicinas es el mismo: la recu- peración de la salud de los pacientes. Si bien, los caminos son diferentes. Así, la medicina científica se centra siempre en el plano físico y visible, su impulso es el racionalismo Cartesiano y focaliza su trabajo en la supresión de los síntomas que presenta en cada momento el paciente por la vía más rápida sin llegar al origen de los mismos y sin conceder al enfermo la po- sibilidad de asumir un rol activo que le permita responsabilizarse de su propia enfermedad y su actitud ante la vida. Es una medicina sintomática y paliativa, contempla el cuerpo humano desde esa visión que propondría Descartes en el siglo XVII en la que los cuerpos vivos son máquinas similares a relojes, la visión mecánica del Universo.

Este mecanicismo ha permitido grandes avances técnicos gracias a la in- vestigación biológica y fisiológica, pero tiene como contrapartida que el paciente se sitúa en esa posición pasiva donde “se deja que le hagan” y tras un largo desfile de ir de especialista en especialista, los médicos le diagnos- tican y le dicen, en el mejor de los casos, lo que tiene; lo clasifican, hacen un pronóstico de su enfermedad donde poco puede hacer el paciente –salvo ponerse en sus manos–, y al final ellos le irán marcando las pautas para la eliminación de los síntomas.

Para ello, esta medicina científica ortodoxa trabaja sobre los órganos, teji- dos, células… se sirve de la cirugía para extirpar aquello que considera está interfiriendo el buen funcionamiento del conjunto del organismo, inventa prótesis y órganos artificiales para sustituir las partes dañadas de nuestro cuerpo, descubre nuevas vacunas y utiliza la farmacología para que los pro- ductos químicos actúen en el organismo.

Sin embargo, a medida que van apareciendo nuevos fármacos y vacunas para combatir ciertas enfermedades, vemos cómo van apareciendo otras nuevas; unas veces a manera de reacciones adversas como consecuencia de los efectos secundarios de los medicamentos, y otras debido a toxinas procedentes del medio ambiente en el que estamos inmersos, donde los alimentos tienen demasiados agentes químicos. Nuevos virus y bacterias más agresivas y resistentes a los antibióticos, aparecen incesantemente. Se ha erradicado la peste, el sarampión, la difteria, la viruela, la lepra, la tu- berculosis, pero sin embargo emergen con toda su morbosidad enfermeda- des como el ébola, el Sida, nuevas formas del cólera, la hepatitis ‘C’ y ‘E’, el SARS –Síndrome Respiratorio Agudo Severo–, la encefalopatía espongifor- me bovina y su transmisión al hombre, numerosas enfermedades de origen

autoinmune y neurológicas, así como intolerancias y procesos alérgicos que se manifiestan en la piel o se traducen en desórdenes digestivos.

Toda esta amalgama de síntomas, síndromes idiopáticos –de etiología des- conocida– y trastornos múltiples, desbordan a la comunidad científica que se queda sin respuestas en muchos casos. En los últimos 20 años se han descubierto nuevos gérmenes productores de nuevas enfermedades, y se estima que en los próximos años aparecerán 200 nuevas bacterias que afec- tarán a la salud humana. La medicina no deja de investigar ni un minuto. Como dice Aldous Huxley: “La investigación de las enfermedades ha avan-“La investigación de las enfermedades ha avan- zado tanto, que cada vez es más difícil hallar a alguien totalmente sano”. La realidad es que el porcentaje de enfermos en el mundo, en relación a la población, sigue siendo el mismo. Si no se enferma de una cosa, se enferma de otra. Quizás estamos intentando tapar con cinta aislante una manguera de riego en mal estado, de forma que a medida que tapamos en un sitio se abre un agujero nuevo en otra parte sin llegar a tomar la medida más adecuada que sería ir a cortar la llave de paso del agua.

La medicina holística, por su parte, tiene una visión más global e integra- dora, tratando de aliarse con el síntoma y buscar qué nos está queriendo decir. Investiga la manera de interpretarlo e intentar descifrar qué se escon- de detrás de él para saber realmente lo que de verdad nos está ocurriendo. Se mantiene cercana a la persona que en esos momentos está sufriendo y trata de que el paciente incorpore lo que realmente le falta para estar sano sin etiquetar con una denominación clínica el padecimiento de la persona. Se valoran los aspectos mentales como determinantes, ya que se consideran indicadores de la reacción mórbida; o dicho de otra manera, nuestro modo de responder a agentes patógenos, nuestra constitución y los anteceden- tes familiares, marcan las líneas de predisposición a padecer determinados trastornos. Así, con nuestro modo reaccional, nos inclinamos ante determi- nadas enfermedades y, curiosamente, en la práctica clínica se comprueba cómo, por poner ejemplos, las humillaciones añejas tienen predilección por manifestarse en la piel, mientras que las personas muy tímidas suelen tener dolores de estómago frecuentes o las personas tristes padecer enfermeda- des de vías respiratorias.

La actitud de la Medicina Holística ha sido siempre mucho más abierta, tolerante y cercana al individuo, y trata al conjunto del Ser en todos los niveles. Le interesa cómo vive el afectado su enfermedad, por eso huye de las clasificaciones. En esta medicina no hay diagnóstico ni clasificación, se evitan las etiquetas porque no existen dos enfermedades iguales, como no habrá dos personas ni tratamientos iguales.

Y ahora la pregunta es: ¿Cuál de las dos medicinas es la mejor? Es evidente que las dos formas de enfocar la curación son necesarias y deben caminar de la mano hacia una misma dirección, tratando de sumar esfuerzos para el avance y beneficio de la humanidad; para ello, es necesario que la medi- cina científica baje del pedestal en el que muchos de sus colectivos y pro- fesionales se posicionan, y no quiera seguir manteniendo la exclusiva de la credibilidad y la totalidad del poder en sus manos, e intente comprender a la otra medicina sin establecer por ello una caza de brujas. ¿Qué le asusta realmente? ¿Nos recuerda esto algo de la historia que hemos visto en las páginas anteriores? ¿Por qué no mirar a países como China, Alemania, Fran- cia o Inglaterra? En ellos existe una cultura médica en la que conviven estas dos formas de acercamiento sin esa rivalidad y descalificaciones que obser- vamos en otros países; ninguna pretende ser la única sino que los esfuerzos deberían dirigirse a complementarse.

Cada día es mayor el número de médicos que se cuestionan la efectividad de ciertas maneras de trabajar que realizan en su profesión; debemos tra- tar de quitarnos las medallas distintivas de ganadores de nada para bajar al terreno de la colaboración que será la única vía de potenciar el bienestar en este planeta. Afortunadamente cada vez hay más equipos multidiscipli- narios trabajando en algunos hospitales o centros privados que unen sus esfuerzos, conocimientos y todos los recursos que están a su alcance en función de cada una de sus especialidades en beneficio de sus pacientes. De ese modo muchos médicos o psiquiatras recomiendan técnicas como la Acupuntura, Reflexología, Reiki, Shiatsu, Naturopatía, Bioenergética o Terapia Regresiva Reconstructiva a pacientes que consideran, obtendrían buenos resultados eliminándose efectos indeseados por una medicación muy potente y que lejos de conseguir “eliminar”, lo que hace es añadir en- fermedades nuevas a otras zonas del cuerpo, haciendo cada vez más com- plejo su tratamiento.

Si observamos lo que está ocurriendo en los últimos años, cada vez más gente está volviendo a repoblar aquellos lugares que antaño se despobla- ron para ir a las grandes urbes. Mucha gente ha entendido que el sistema de vida y los valores que se apreciaban en las grandes ciudades no se adap- taban a la realidad de sus necesidades interiores, creándoles un estrés con- tinuo y un malestar generalizado que poco a poco les estaba produciendo un daño irreparable. Pero han sabido cambiar este ritmo de vida, dejar atrás sus puestos de trabajo –en algunos casos como ejecutivos de grandes empresas– para volver a los espacios libres de polución e integrarse y vivir en la naturaleza. Del mismo modo, podemos observar que muchas per- sonas están acudiendo nuevamente a la medicina tradicional, quizás para

sentirse más acogidas y entendidas por crear un espacio donde se les per- mite una vía de diálogo a través de la que pueden expresar sus sentimien- tos, sin miedo a ser reprochados o censurados por ello. En la actualidad, se calcula que más del 75 por ciento de la población ha acudido alguna vez a este tipo de medicina, ya que la oficialmente reconocida les estaba fallan- do y no les da respuestas a sus necesidades. Las personas necesitamos que nos escuchen, sentirnos acogidas y más cuando nos sentimos enfermas. Si estamos tratando de explicar a nuestro médico familiar un cierto dolor que nos acompaña en determinadas ocasiones y lo asociamos, por ejemplo, a una reestructuración en nuestra empresa o a un problema sentimental, y en ese momento se nos saltan las lágrimas, es muy probable que el pro- fesional nos remita al psiquiatra sin hacer comentario alguno, con lo que nuestro malestar aumenta y nos sentimos extraños porque lo primero que pensamos es: ¡Qué mal debo estar cuando me manda al psiquiatra! ¿Me estaré volviendo loco?

¡Por favor! Siga el consejo del título de una película de A. Amenábar... Abre

Carecería de todo sentido el que una persona que observa humedad en su casa se limitara a llamar a un pintor para que diera una mano de pintura encima de la pared, sin más, ya que tarde o temprano, al no conocer el ori- gen real que ha ocasionado esta humedad, volvería de nuevo a aparecer. Lo correcto sería picar esa pared o subir al tejado de la casa para encontrar el origen de todo eso y descubrir que, quizás unas tejas levantadas por donde se filtra el agua, han provocado el daño en la pared de nuestra habitación. Hasta no llegar al tejado, descubrir la causa y repararla, la pared no cesará de filtrar la humedad y por muchas capas de pintura que pretendamos dar, tarde o temprano el problema volverá a surgir.

¿Es más importante nuestra casa que nuestro cuerpo? ¿Por qué entonces nos conformamos con intoxicarnos con infinidad de medicamentos con el único fin de bloquear los síntomas sin preocuparnos de buscar su origen? No sería cuando menos cuestionable preguntarnos: ¿Qué está sucediendo con una persona que en pocos años ha sido intervenida quirúrgicamen- te en reiteradas ocasiones, y observar cómo detrás de cada solución a un problema aparece, de manera automática, otro nuevo? Ya existe hasta un término –yatrogenia– para hacer referencia a estas patologías producidas como consecuencia de una mala actuación farmacológica. ¿No cree que cuando menos esto nos debería causar un poco de tristeza?

Nuestra creencia es que el cuerpo sólo informa de la situación real de la mente, recuerde el comentario que hacía Platón: “Si quieres sanar tu cuer- po, cuida bien tu alma”. Los síntomas sólo nos sirven como llamada de aten- ción para indicarnos que algo está fallando dentro de nosotros. Si en su coche se enciende una luz roja o anaranjada que tiene un dibujo de un depósito de gasolina, no desconecta ese fusible sino que sabe que es una ayuda para indicarle que el depósito de gasolina ha entrado en la reserva y deberá reportar lo antes posible antes de que su vehículo le deje tirado en mitad de la carretera. Esto parece obvio y sin duda tacharíamos de chiflado a aquél que viéramos que golpea con un martillo esta bombilla para librar- se del problema, pero yo le pregunto ahora: ¿Cuántas bombillas rompemos a lo largo de la vida de nuestro coche interior? ¿No le parece paradójico que debiendo ser lo más querido y apreciado por nuestra parte, lo maltratemos

de esa forma? Sería interesante que todo el mundo empezara a tomar con- ciencia de cómo a diario están maltratando a su cuerpo, mente y espíritu, y lo más triste es cómo somos capaces de acostumbrarnos a ello.

La enfermedad somatizada es la que llamo “el aviso” o la enfermedad con minúsculas, ya que pienso que es consecuencia de otra mayor que es la que denomino ENFERMEDAD con mayúsculas o enfermedad emocional. Comienza a susurrarnos levemente y si no le prestamos atención, entonces termina llamándonos a gritos.

Para exponer mi visión de la salud y la enfermedad, primero deberemos hablar del concepto de salud. Este es algo más que la ausencia de enferme- dad. Tal como refiere la Organización Mundial de la Salud: “Es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de la enfer- medad o debilidad”. La salud es relativa a cada individuo y se mide mejor en términos de la habilidad de una persona para comprender su potencial de disfrutar de la vida, con debilidad o sin ella.

El concepto de vitalismo es la base de todas las terapias holísticas y está en función de esa habilidad para resistir la enfermedad; de ese modo el cuerpo sano tendrá una mayor resistencia, pero la manifestación de la enfermedad también se considera una indicación de la respuesta vital del cuerpo ante esos agentes patógenos.

Desde el punto de vista de la Terapia Regresiva Reconstructiva –TRR–, la enfermedad es consecuencia de procesos emocionales no resueltos que ge- neraron energías que se encuentran estancadas en diferentes partes de nuestro cuerpo físico y tarde o temprano desembocan en síntomas que afectan, tanto al equilibrio psíquico como físico de la persona. Para ilustrar- lo, he incluido un dibujo del proceso de manejo de las emociones, al que he denominado “Rueda del bienestar y la salud”.

Figura 2

Nuestra mente desarrolla mecanismos inconscientes de defensa ante estí- mulos que proceden del exterior y que nos desestabilizan. Algunos de estos mecanismos de defensa son:

La represión es un proceso psicológico por el cual ciertos impulsos o 

al inconsciente por resultar inaceptable. Por ejemplo: la represión del deseo de venganza hacia un padre agresivo.

La racionalización se produce cuando buscamos de un modo incons- 

ciente razones que justifican deseos y actitudes pero sin violentar nuestros principios ético-morales. Por ejemplo: un sujeto realiza crí- ticas y humillaciones constantes hacia otra persona, dando “razones justificadas” descubriendo más adelante que siente una fuerte envi- dia hacia el otro.

La proyección consiste en atribuir a otra persona u objeto los defectos, 

sentimientos o deseos que no se quieren reconocer en uno mismo. Por ejemplo: una persona considera egoísta a otra porque no puede acep- tar ser consciente de que él/ella es egoísta.

La introyección ocurre cuando se pierde la capacidad para identificar 

y expresar los propios deseos porque son sustituidos por los del otro. Por ejemplo: uno de los miembros de una pareja decide que van a ir de vacaciones a un lugar determinado, al otro miembro le produce gran ansiedad porque sus deseos quedan anulados satisfaciendo úni- camente los del primero.

La conversión se produce cuando una carga emocional reprimida se 

traslada como síntoma somático. Por ejemplo: una persona tiene que hablar en público y de forma súbita se queda afónica.

La regresión como mecanismo de defensa inconsciente es cuando hay 

un retorno del comportamiento hacia un modo más antiguo de satis- facción. Por ejemplo: un niño de cinco años que vuelve a chuparse el dedo ante la llegada de un hermano.

La anulación consiste en hacer lo opuesto de un modo real o imagi- 

nativamente al acto o pensamiento precedentes, con el fin de borrar mágicamente todo aquello que resulta molesto. Por ejemplo: una per- sona que se siente invadida por deseos sexuales hacia alguien y antes de que aparezca el pensamiento “perturbador” se persigna elaboran- do todo un ritual.

La negación expulsa de la conciencia del individuo un acontecimien- 

to negativo y actúa como si nunca hubiera ocurrido, mediante este mecanismo la persona niega la realidad de los hechos. Por ejemplo: un hombre afirma haber maltratado en una sola ocasión a su mujer negando un segundo episodio de maltrato.

La punición es un conjunto de conductas que intentan compensar sen- 

do de no hablarse con su madre, tras el reencuentro la sobreprotege de forma desmedida.

Ocurre que en ocasiones estos mecanismos fallan o el estímulo es tan

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