1. RESÚMENES
3.1 PODOLOGÍA Y SALUD: CONTEXTO HISTÓRICO
3.1.2. La salud como factor de equilibrio
El término salud proviene del latín salus - utis y significa el estado en el que el ser orgánico ejerce todas sus funciones.
La búsqueda del ser humano por ostentar la salud, ha sido una constante a lo largo de los siglos y durante un largo periodo su concepción ha ido ligada a la medicina y a la salud pública, aunque su visión fue variando en las diferentes civilizaciones debido al nivel de conocimientos, cultura, sistema social (Perea, 2005).
Así se conoce desde la era Hipócrática, la importancia del medio ambiente y de las relaciones sociales del ser humano con su entorno de salud. La repercusión de la Psicología de la salud, se ha puesto de relieve en la actualidad como consecuencia de la morbilidad y mortalidad, por patologías crónicas y los hallazgos epidemiológicos de su origen multicausal (Simón & Amenenedo, 2001).
Por lo tanto, según Godoy (1999), podemos afirmar que la salud va a constituir uno de los aspectos más importantes de las personas, de ahí que se inviertan grandes esfuerzos científicos, asistenciales y políticos en la promoción de la misma, para así erradicar la enfermedad.
Al ser una responsabilización del Estado en el abordaje de la atención a la salud, queda explicitado en la Constitución y en la Ley General de Sanidad Española (Simón & Amenedo, 2001).
Para poder entender el concepto de salud actual, implica sin lugar a dudas, el análisis de las más relevantes acepciones a lo largo de la evolución social, del patrón epidemiológico del momento y de las repercusiones reales y potenciales que dicha situación tendrá sobre la comunidad.
Si nos remontamos a siglos pasados, la concepción de la salud se ha ido estratificando en la mente del hombre mediante un proceso ligado a la cultura, a sus creencias, a sus valores y al desarrollo de la ciencia y la tecnología, estructurándose alrededor de 4 dualidades básicas: la magia y la ciencia o la razón; la población y el individuo; el espíritu y el cuerpo y el holismo frente al tecnicismo (Alfonso & Álvarez- Dardet, 2000).
Y es a lo largo de cada uno de estos paradigmas propios de épocas históricas diferentes, como han surgido numerosos intentos por conceptualizar la salud, dejando sentir en cada uno de ellos el reflejo de las características propias de las personas de cada momento de la evolución del hombre.
No sería hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando en el año 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS), promulgue en su Carta Magna la definición de salud. Según la cual, “La salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Este concepto de salud fue perfectamente recogido por la propia OMS, dos años más tarde, en la “Declaración Universal de los derechos humanos” en su artículo 25, como un derecho humano básico, siendo imprescindible para el desarrollo económico y social de cualquier pueblo.
Por consiguiente, la salud debe ser considerada como un recurso más de la vida cotidiana y no como un objetivo de la vida, es una condición positiva que tiene en cuenta a la persona en su totalidad y unidad. La implicación de este concepto positivo y relativo de salud, es que todos, prescindiendo de las condiciones económicas o de edad, puedan conquistar un estado de bienestar haciendo pleno uso de sus capacidades funcionales.
Así es como se entiende por salud un estado de “bienestar” que concierne a la persona en su concreción físico-psíquica; un bienestar que no contempla al sujeto de manera estática y fija, sino como equilibrio que siempre se encuentra relacionado con las diversas condiciones de vida, de trabajo, de tiempo que transcurre, de peligros que deben afrontar, de riesgos, de tensiones que inevitablemente atraviesan el camino de su existencia humana (Gómez, 2005).
En los últimos tiempos, atestigua Simón (1999), que las características y el modo de desarrollar los contenidos y las actividades en el ámbito del cuidado de la salud y de todas las ciencias relacionadas directa o indirectamente con ella, han permitido una nueva conceptualización de la salud constatando la importancia en el surgimiento de la Psicología de la Salud.
Y a pesar de existir una creencia generalizada de que la salud estaba determinada fundamentalmente por la asistencia sanitaria, existen abundantes referencias históricas que demuestran que dicha afirmación no es del todo exacta.
Recordar que a nivel de la asistencia sanitaria, los factores sociales o económicos, la biología humana (carga genética), el medio ambiente o la conducta y los estilos de vida desempeñan un papel tanto o más importante que los propios servicios sanitarios, ya que los diferentes hallazgos epidemiológicos propios de cada época, han puesto de manifiesto una importante asociación entre los niveles de salud de la comunidad y las mejoras en las condiciones de saneamiento y en la alimentación.
Por lo tanto, según Godoy (1999), la definición de salud contempla un proceso de relaciones dinámicas y bidireccionales entre dimensiones y competencias individuales (biopsicosociales) y características ambientales (biofísicas, sanitarias, socioeconómicoculturales) cuyo resultado es un estado caracterizado por el equilibrio y el correspondiente bienestar biopsicosocial, siendo la enfermedad la pérdida momentánea o duradera, de dicho equilibrio dinámico, acompañada de los correspondientes trastornos, síntomas discapacidades o necesidades físicas, psíquicas y/o sociales.
Esto implica la responsabilidad de actuar en aquellos factores determinantes que influyen en la ausencia de salud, que cada sociedad evalúa en virtud de las influencias de los individuos y de los grupos que la conforman y de la influencia de cada uno de ellos en el total (Gil, 2001).
En 1978, la OMS elabora una estrategia denominada ‘Salud para todos’, cuyo objetivo esencial era conseguir la igualdad en salud, que ‘todos los habitantes del planeta tuvieran un nivel de salud que les permitiera desarrollar una vida social y económicamente productiva’, gracias a un abanico de indicadores cuantitativos que se propuso recoger cada tres años se pretendía evaluar la salud, si bien uno de los mayores inconvenientes en este punto resultó ser el sistema de información y recogida de datos (Alvarez-Dardet & Peiró, 1999).
Este interesante debate propició importantes reflexiones sobre las intervenciones que debía garantizar el Estado, en un contexto de crisis y después de desarrollar un modelo de bienestar que había invertido en la cobertura de necesidades, demandas, derechos, consumo y satisfacción (Galbraith, 1992), dirigiendo hacia la igualdad la mayoría de sus políticas sociales y por ende sanitarias.
A principios de los 90, desde la oficina regional de la OMS, se elabora un informe que trata de los conceptos y principios de igualdad y salud, los cuales forman parte de los discursos y documentos, si bien hasta entonces la enfermedad y los indicadores de morbi-mortalidad eran los datos que justificaban la intervención. En un contexto de control del gasto, los conceptos definen la realidad y los límites.
De manera que, el informe de la OMS definirá la desigualdad en salud considerada en su dimensión ética y moral, y no, exclusivamente, estadística, ya que para caracterizar una situación como desigual ha de examinarse y juzgarse la causa como injusta, en el contexto de lo que está ocurriendo en el resto de la sociedad.
En el informe titulado: “Conceptos y principios de igualdad y salud”’ (Whitehead, 1990), se plantea su definición bajo dos coordenadas distintas y supone una estratégica forma de separar lo que muestran los indicadores de las intervenciones.
La distribución de la salud y sus problemas mediante estudios epidemiológicos y estadísticos, muestran lo que se ha decidido observar, construyendo una imagen de la salud compuesta de relaciones y porcentajes que revelan por una parte las desigualdades que se producen en el nivel y calidad de la salud, es decir el estado de salud de los ciudadanos, y por otra parte se consideran las desigualdades relacionadas con la provisión y distribución de los servicios
Esta tendencia que se impone sigue estos parámetros, de manera que se observan los problemas y a cuantas personas sobre el total afectan y posteriormente, se diseña la intervención desde el sistema sanitario enmarcada por las estrategias para la acción en el marco internacional que define la OMS, con herramientas asistenciales y educativas.
El problema está en que se pierde el trasfondo social, al tiempo que se enfoca hacia el diagnóstico y tratamiento médico - farmacéutico con una clara tendencia a la culpabilización explícita del individuo.
La OMS (1990), indica en el informe las situaciones que se consideran injustas, a partir de la interacción de diversos factores que se concretan en siete determinantes de la salud:
1) Variación natural biológica que hace diferentes a los individuos y que no se considera desigualdad.
2) Comportamiento perjudicial para la salud identificado en el estilo de vida que al ser elegido ‘libremente’ tampoco se considera desigual.
3) ‘Ventaja sanitaria’ que se refiere a la adopción de comportamientos saludables por parte de un grupo, frente a otros que no las adoptan a pesar de tener la oportunidad. Esta última situación tampoco se considera indicativa de desigualdad.
Los cuatro restantes sí se identifican como generadores de desigualdad en la salud y son:
4) Comportamientos que atenten contra la salud y no dependan de la elección del individuo, ya que su capacidad está restringida.
5) Exposición a condiciones de vida y trabajo poco saludables y estresantes. 6) Falta de acceso a la sanidad y otros espacios públicos básicos.
7) Selección natural o movilidad social relacionada con la salud, que provoque la tendencia de las personas con disminución o discapacidad a perder nivel social.
La definición de igualdad que se desprende implica que todo el mundo debería tener la oportunidad de realizar su máximo potencial de salud a partir de la creación de una igualdad de oportunidades y la reducción de las diferencias sanitarias. Esta afirmación abre el paso a la intervención desde la perspectiva de la igualdad, en la asistencia sanitaria (acceso y tratamiento). Igualdad que significa un uso igualitario y justo de los recursos lo cual puede oscilar entre dos argumentos extremos.
Desde el punto de vista del gasto, la igualdad se entendería como una igual distribución geográfica del gasto per cápita y desde el punto de vista del estado de salud se pretendería igualar sus indicadores o reducir las distancias entre grupos y
Los objetivos de salud deberían dirigir la acción hacia:
1) El establecimiento de políticas de igualdad que promuevan la mejora de las condiciones de vida y trabajo.
2) La procura que las personas adopten estilos de vida más saludables. 3) La ayuda de un verdadero apoyo a la descentralización del poder y de las tomas de decisión, instando a la participación en cada etapa del proceso de elaboración de políticas.
4) La evaluación del impacto sanitario junto con acciones intersectoriales.
5) La preocupación mutua y el control en el ámbito internacional.
6) La igualdad en la atención sanitaria, basada en el principio de accesibilidad y de alta calidad para todos.
7) El diseño de políticas igualitarias basadas en la investigación (magnitud real del problema), el seguimiento y una evaluación apropiada.
Finalmente, remarca que igualdad no significa que todo el mundo tenga igual estado de salud o que se deba consumir la misma cantidad de recursos sanitarios y que debe definirse con más precisión el objetivo de igualdad.