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Recordemos que, como explicamos en la introducción, la expresión que conocemos hoy como las “Solas” aunque reúne el pensamiento reformado e lo más esencial, es una formulación de creciente creación (siglo XX). Estas son

Sola scriptura - Solo la Escritura

Sola gratia - Solo por gracia

Sola fide - Solo a través de la fe Solos Christus - Solo por Cristo

Soli Deo Gloria - Solo a Dios sea la Gloria

Lo que quizás es más difícil entender para nosotros los protestantes, es cómo la Iglesia Católica Romana ha introducido a lo largo de los siglos doctrinas para las que no existe un origen bíblico. Les comparto una sencilla explicación.

Para toda la Cristiandad (Católicos, Ortodoxos y Protestantes) la autoridad en materia de doctrina se sustenta en la autoridad apostólica. Es por esto que en la formación del Canon del Nuevo Testamento no se consideró libro alguno que no pudiera trazar su origen a alguno de los apóstoles, incluyendo por supuesto al Apóstol Pablo. En el caso del catolicismo se reconoce otra fuente de

Los católicos creen en la Biblia como Palabra de Dios y de ella derivan casi toda su doctrina, como el resto de la Cristiandad. Sin embargo, existe otra fuente de doctrina que, para fines de explicación,

llamaremos simplemente “La Tradición”. Para la Iglesia Católica

Romana existe un “Depósito de la fe”, el cúmulo de doctrina provisto por el mismo Jesús a los apóstoles, quienes a su vez la transmitieron a sus discípulos (Padres de la Iglesia), y así sucesivamente a través de los siglos.

¿Quién es responsable de cuidar este “depósito de la fe”? Este

depósito está bajo la custodia de la Iglesia Católica Romana que, de manera infalible, la va preservando, enseñando y desarrollando a través de los Concilios y declaraciones papales. Esto es tarea del “Magisterio”: Papa y obispos reunidos en Concilio, que únicamente puede establecer la interpretación del texto bíblico.

Magisterio - función y autoridad de enseñar que tienen el Papa y los obispos que están en comunión con él.

Magisterio - "El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de

Jesucristo" (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma." (nro 85). (Catecismo)

He aquí un extracto de Dei Verbum , CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN, del Papa Pablo VI sobre el papel de la tradición (noviembre 1965).

80 La Tradición y la Sagrada Escritura "están íntimamente

unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo

fin" (DV 9).

81 "La sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo".

"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por

Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación”.

82 De ahí resulta que la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación "no saca

exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así las dos se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción" (DV 9).

9. Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas

de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin…

10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura

constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia;…

Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo.

Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio

sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.

Las Escrituras en las Escrituras (la Biblia)

Los cristianos protestantes creemos que la única fuente de autoridad es la Biblia, la colección de 66 libros que reconocemos como

inspirados por Dios. Aunque la tradición que acompaña al estudio bíblico a lo largo de los siglos puede sernos útil, solo la Biblia es nuestra fuente de autoridad en materia de doctrina.

Para Jesús, sus discípulos y el Apóstol Pablo, las Escrituras constaban solamente de los 39 libros del Antiguo Testamento. (Por supuesto el Nuevo Testamento aun estaba por escribirse.) Por lo tanto cada vez que Jesús habla en los Evangelios sobre las “Escrituras”, se refiere a las escrituras hebreas, lo que llamamos el Antiguo Testamento. Este fue “la Biblia de Jesús y de los Apóstoles”.

¿Y quién decidió tal cosa? El pueblo judío, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, fue recibiendo este material a través de sus profetas. Constantemente leemos el “así ha dicho Jehová” (más de 2,000 veces). Profetas, y a veces su “secretario” (como el caso de Jeremías), fueron registrando sus mensajes al pueblo con la autoridad profética reconocida por el pueblo.

Ya para el siglo II a.C. los 39 libros que componen el Antiguo

Testamento habían sido reconocidos como inspirados por Dios. Otros escritos judíos que se produjeron posteriormente no recibieron tal reconocimiento aunque se les reconoció su valor histórico. Esos libros adicionales, son los que conocemos como Deuterocanónicos o la

Apócrifa.

Un capítulo poco leído (el Salmo 119) abunda en expresiones sobre la autoridad de la Escrituras y de la necesidad de leerlas, estudiarlas y obedecerlas. Por ejemplo:

9 ¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra.

18 Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley

103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca!

105 Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.

En estos y en tantos otros lugares se reconoce el origen divino del Antiguo Testamento y la necesidad del creyente a alimentarse de ellos.

A estos libros reconocidos como dados por Dios es a los que se refieren las siguientes citas en el Nuevo Testamento.

II Tim. 3:16

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, 17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

II Pe. 1: 20 - 21

Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. 21 Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.

La autoridad del Antiguo Testamento fue reconocida por Jesús. En Lucas 24:25 y 44 se refirió al “TaNaK” (Torah, Neviim y Ketuvim;

Torá, Profetas y Escritos) como Palabra de Dios. Jesús citó del Antiguo Testamento con frecuencia. Dos ejemplos muy particulares son en su encuentro con Satanás (Mateo 4 en donde cita Deuteronomio) y en la cruz (donde cita algunos Salmos).

Esa misma autoridad la reconocen los Apóstoles (ver las citas arriba) y…

Rom. 15:4

De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras,

perseveremos en mantener nuestra esperanza.

I Cor. 10:11

11 Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos.

¿Y qué del Nuevo Testamento? Primero tenemos, por supuesto, los Evangelios que nos proveen información sobre la vida y las

enseñanzas de Jesús. Temprano en el desarrollo de la iglesia se fueron reconociendo los escritos de los Apóstoles dándoles igual autoridad que al Antiguo Testamento. Por ejemplo, tenemos lo que Pedro comenta de los escritos de Pablo.

15Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e

inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. (II Pedro 3:15-16)

No pasó mucho tiempo para que la iglesia temprana reconociera los libros que consideraba inspirados. Los criterios principales fueron: autoridad apostólica, aceptación general y coherencia en sus

enseñanzas. Ya para finales del siglo I las lista (Canon) del Nuevo Testamento estaba finalizada. Otros libros y “evangelios” que se

escribieron más de 100 años después nunca fueron considerados y no llenaban los criterios ya mencionados.

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