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Reforma Protestante 2 ÍNDICE. Bienvenida 3. I. Reforma Protestante: Introducción. 4. II. Precedentes III. Antecedentes.. 13

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ÍNDICE

Bienvenida ……… 3

I. Reforma Protestante: Introducción ……….…… 4

II. Precedentes .……….. 9

III. Antecedentes .………. 13

IV. Mar?n Lutero .……….……….. 16

V. La Sra. Katerina de Lutero ……….………. 27

Solas VI. Sola Scriptura .……… 29

VII. JusIficación ………. 37

VIII. Sola GraIa………..……… 44

IX. Sola Fide ………..…..… 49

X. Solus Christus ………..……….. 57

XI. Soli Deu Gloria ……….… 61

Apéndices #1 Cronograma ……….……… 68

#2 Lugares de importancia ……… 70

#3 Los pecados de Lutero ………. 71

#4 Las 95 Tesis ………..… 72

#5 Reforma y Biblia en España ……….. 77

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#7 JusIficación en Gálatas ……… 95

Bienvenida

Bienvenidos a este maravilloso viaje.

Juntos tendremos el privilegio de visitar los lugares clave en el inicio de la Reforma Protestante y en la vida de su más conocido

protagonista, Martín Lutero.

Nuestro deseo es aprovechar las visitas a los lugares históricos para no solo revivir los acontecimientos, sino también para reflexionar sobre su significado y sobre la correlación de algunos principios bíblicos con la increíble historia de la Reforma Protestante.

A la misma vez, los Pastores Moisés Román y José Martínez (bajo el siempre hábil liderazgo del Pastor y Gerente Jesús Rivera) queremos considerar junto a ustedes, aunque sea brevemente, las enseñanzas de la Palabra de Dios que la Reforma “rescató”.

Este sencillo panfleto es un intento de hacer la experiencia de nuestro viaje más fructífera para todos.

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I. La Reforma Protestante: Introducción

No muchas veces tenemos la oportunidad de participar en la

celebración del quinto centenario de un evento, menos aun de un evento como la Reforma Protestante. Para los cristianos evangélicos nos debe resultar obvia su importancia. No así para el pueblo en general.

Por supuesto, para los cristianos protestantes el resultado más importante de la Reforma del siglo XVI es lo que en materia de

doctrina aclaró, defendió y trajo al centro de la palestra pública y de la historia: El mensaje cristiano tal y como expresado por los

apóstoles del siglo primero. Una forma breve de resumir el significado teológico de la Reforma es a través de las cinco “solas”, donde sola enfatiza la exclusividad de uno de cinco elementos.

Sola scriptura Sola gratia Sola fide

Solos Christus Soli Deo Gloria.

Estas frases latinas sirven hoy a modo de resumen y de estandarte de la esencia teológica de la Reforma Protestante y significan:

Solo la Escritura Solo por la gracia

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Solo a través de la fe Solo por Cristo

Solo a Dios sea la Gloria.

Estas frases, presentadas todas y en conjunto es producto del siglo XX no del XVI. Por supuesto que estas frases aparecen en los escritos de los Reformadores, pero de forma separada y nunca la lista

completa. Las ideas, sí; la frase no. En el 1916, y presentadas por diferentes teólogos, primero aparecen solamente Sola scriptura, Sola

gratia y Sola fide. De aquí en adelante se añaden a estas Solo Christus y Soli Deo Gloria, presentándose en diferente número y

combinaciones. La primera aparición tal y como la tenemos hoy se la debemos a Johanh Baptiste Metz quien en su libro The Church and the

World (La iglesia y el mundo) publicado en 1965, adapta las cuatro ya

utilizadas por Emil Brunner. Sus significados los exploraremos más adelante.

Vamos ahora a la importancia de la Reforma Protestante ya que aun entre los cristianos no entendemos la gran importancia de la figura de Martín Lutero y de la reforma que provocó. Una breve lista de alguno de sus efectos nos ayudará a verlo más claramente.

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1. La Reforma Protestante ayudó a marcar el fin de la Edad Media. Como parte del Renacimiento comenzado años antes, la Reforma Protestante culminó la “Edad Oscura” y marcó la diferencia entre el pensamiento en la Edad Media y lo que más adelante se llamaría la Modernidad.

Durante los diez siglos que duró la llamada Edad Media o Edad Oscura, la Iglesia Católica Romana mantenía un poder absoluto en Europa. Un proyecto que inició con la buena intención de tener un gobierno cristiano en el siglo IV con Constantino, degeneró en una sociedad religiosa corrupta en todas las áreas (religiosa, política y moral) y a todos los niveles (desde el monje más humilde hasta el mismo Papa).

En toda la jerarquía católica se hizo obvio el declive de la iglesia. Su íntima asociación con la política y su obvio interés por lo material la convirtieron en un triste ejemplo del cristianismo. Su control de la educación resultó en un pueblo mayoritariamente analfabeta. La

insistencia en mantener el rito romano de la misa (en latín) acrecentó la distancia del clero con el pueblo, resultando en abuso de poder.

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2. Uso de la imprenta

El efecto explosivo de la Reforma no hubiera podido darse sin el acceso a las Escrituras bíblicas y a los escritos de Martín Lutero y de otros reformadores. Para cuando nace Martín Lutero, se acababa de inventar la imprenta de tipo movible (1440) capaz de imprimir unas 250 hojas por hora, y que facilitó enormemente la publicación de libros y otros escritos.

Esto ayudó, por ejemplo, a que apenas dos semanas después de que Martín Lutero hubiera presentado sus 95 tesis, copias de estas, ya traducidas del latín en que se había escrito, habían llegado a toda Alemania y, poco más tarde, a Inglaterra, España y al resto de Europa.

3. Educación

Desde sus inicios el movimiento luterano (que aun no se llamaba “protestante”) promovió la educación para todos, incluyendo las mujeres. Su énfasis en que todo creyente leyera la Biblia ayudó a combatir el analfabetismo.

4. La traducción de la Biblia

Una de las primeras grandes obras de Martín Lutero fue traducir el Nuevo Testamento al alemán (1522) haciendo accesible por primera vez la Palabra de Dios a su pueblo en un lenguaje entendible. Ya años

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antes, y a pesar de las amenazas de la “Santa Inquisición” se había traducido la Biblia al inglés (1382) y al español (1511). Las corrientes reformistas continuaron provocando que siguieran surgiendo

traducciones de la Biblia a diferentes idiomas.

5. La Biblia vuelve al centro

Aunque a esto tendremos que volver más adelante, baste enfatizar por ahora que la doctrina católica romana no dependía

exclusivamente de la Biblia. La tradición, entiéndase los

pronunciamientos de concilios y papas que se suponía reflejara la transmisión verbal de los primeros apóstoles, tenía autoridad superior a la de la Biblia.

Con la Reforma se presenta al mundo la realidad de que la fe cristiana está basada en la persona de Jesús y que su doctrina está

determinada por lo revelado por Dios en las Sagradas Escrituras.

6. La Justificación al centro de la doctrina.

La idea de cómo el ser humano pecador se puede relacionar con un Dios santo, sufrió una transformación enorme gracias a la Reforma. Antes, a los fieles creyentes se les enseñaba que su salvación

dependía de las obras que hicieran, o de las indulgencias que

compraran. La Reforma revivió el concepto bíblico: la salvación es por gracia y a través de la fe.

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La importancia de la doctrina de la justificación en el Nuevo Testamento y la experiencia personal de Lutero, hicieron que la justificación por gracia y a través de la fe pasara a ser el eje central del movimiento reformista.

II. Precedentes

Los grandes sucesos históricos no surgen en un vacío y la Reforma Protestante no es una excepción. Veamos ahora varios elementos que nos ayudan a entender por qué, bajo la soberanía de Dios, la Reforma Protestante surgió en este preciso momento de la Historia (siglo XVI).

1. Situación de la Iglesia Católica Romana

Aveces suena como difamación o cuentos de camino, pero, como

dijimos antes, la realidad espiritual dentro de la institución católica tal y como comprueba la historia, se hallaba terriblemente deteriorada.

Por siglos el poder político estuvo en manos del Papa y la influencia política de la Iglesia sobre los asuntos de los gobiernos europeos era innegable. Era el Papa quien tanto investía al emperador en los

tiempos del Sacro Imperio Romano como quien podía excomulgarlo.

El interés del clero durante este tiempo por las cosas materiales y por el dinero es bien conocida. La cantidad de propiedades, terrenos, obras de arte y dinero propiedad de la Iglesia se hacía cada vez

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mayor, todo esto producto de las ofrendas del pueblo, de los

donativos considerables ofrecidos por los nobles ricos a cambio de ganar el favor de Dios o un puesto político, y de la venta de

indulgencias. Cuando repasemos la biografía de Martín Lutero

veremos el asunto de las Indulgencias y cómo esto movió a Lutero a plantear sus famosas 95 tesis.

Las posiciones dentro del clero se adjudicaban por intereses políticos y económicos, más que por vocación o preparación. Es bien sabido que muchos de los sacerdotes que oficiaban en las iglesias de

entonces carecían de preparación teológica (y académica).

Para mayor vergüenza, los pecados sexuales se hicieron frecuentes, dentro del clero católico romano. Hasta obispos y Papas tuvieron hijos.

Estas y otras situaciones venían aumentando la preocupación entre muchos fieles y pensadores, y no faltó quienes intentaron hacer volver al camino de las Escrituras y de la santidad a los líderes del catolicismo en la Edad Media, a veces a costa de su vida.

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2. Construcción de la Basílica S. Pedro e Indulgencias

Para el tiempo de Martín Lutero la construcción de la basílica de San Pedro estaba en todo su apogeo. Por supuesto estas obras de

construcción se hacían con el dinero que el pueblo ofrendaba. Para aumentar los recursos se vendían indulgencias, documentos en los que el Papa ofrecía perdón de pecados y reducción en las penas del Purgatorio a cambio de dinero.

Las indulgencias no eran un elemento nuevo en la doctrina católico-romana. Ya existían desde las cruzadas. Sin embargo, con una bula del S. XIII el Papa de entonces declaró doctrina el concepto del “depósito (almacén) de méritos”. Esto significaba que la abundancia de méritos de Jesús, María y los santos estaba disponibles para ser otorgados por el Papa. Esto aplicaba no solo a los vivos, sino también a los muertos. La compra de indulgencias proveía el perdón de

pecados aun sin contrición o arrepentimiento.

El proceso de venta de indulgencias se vio favorecido en el área de Sajonia cuando un noble alemán consiguió la autorización papal para aumentar los recaudos en su zona, a cambio de dar el 50% para la construcción de la Basílica. Aunque parece ser que las indulgencias no llegaron a venderse en Wittenberg (el pueblo en que, para esta fecha, vivía Martín Lutero), sí se promovieron en localidades cercanas que estaban bajo su supervisión pastoral desde el 1515.

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La situación empeoró y llegó al punto de que se ofrecían indulgencias plenarias que garantizaban el perdón total y absoluto de todo pecado y para toda la vida. Peor aún, se comenzó a enseñar que a través de la compra de estas indulgencias se podía conseguir el perdón de los pecados de los ya difuntos y con ello adelantar su salida del

purgatorio.

Un conocido promotor de Indulgencias, Juan Tetzel, animaba a comprar indulgencias en favor de los muertos que estaban en el Purgatorio con una pegajosa frase (traducida y adaptada):

Tan pronto cae la ofrenda en el envase Salta el alma que del Purgatorio sale.

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III. Antecedentes

Es un error pensar que la Reforma Protestante comenzó con Martín Lutero. Los desmanes y desmadres de la iglesia habían provocado críticas en muchos sectores. Los siguiente dos hombres son

indiscutiblemente precursores de los eventos del 1517.

1. Juan Wycliff (aprox. 1330–1384)

Wycliff fue un clérigo inglés crítico de la condición de la iglesia y del Papado, entre otras cosas. Fue profesor en Oxford hasta el 1381

cuando finalmente se le expulsó. Wycliff fue responsable de la primera traducción de la Biblia al inglés, por lo que sufrió persecución.

A sus seguidores, que continuaron aun después de su muerte, se les llamó “Lolardos”, un término despectivo que significaba algo como “gente que parlotea sobre la Biblia sin saber”, “murmuradores”). Al principio se contaba entre ellos a los educados alumnos de Wycliff pero eventualmente se convirtió en un movimiento de pueblo.

Eventualmente Wycliff y sus seguidores fueron declarados herejes y muchos murieron. Cuando más de un siglo después llega la Reforma, encontró en los Lolardos un terreno fértil.

Por todo esto a Wycliff se le conoce como la “estrella de la mañana (del amanecer) de la Reforma”. No era para menos. Entre las

enseñanzas de Wycliff se encontraban la crítica a la iglesia por sus riquezas, la Biblia como regla de fe, el sacerdocio de los creyentes, la

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eliminación del papado y la doctrina de la transubstanciación. Para hacer el parecido aun mayor con Lutero, también estuvo en contra de las indulgencias y del culto a los santos.

2. Juan Hus (c. 1372–1415)

De Bohemia, la República checa. Fue influenciado por las enseñanzas de Wycliff y compartió muchas de ellas.

Hus estaba contra las indulgencias, contra el papado y a favor de las Escrituras, que fueron traducidas al checo. Sin embargo, y contrario a Wycliff, su interés primordial fue no tanto en la doctrina sino en la reforma moral y ética de la iglesia y del clero.

En 1410 Juan Hus desobedeció una convocatoria para que diera cuenta de sus enseñanzas en Roma, razón por la que fue

excomulgado. Al final, aceptó acudir al Concilio de Constanza (1415) con la promesa del Emperador de que su seguridad y su vida estaban garantizadas. De poco sirvieron las supuestas garantías pues Hus fue declarado hereje en este concilio y quemado en la hoguera. En

ocasión de su juicio, él dijo:

—Apelo a Jesucristo, el único juez todopoderoso y totalmente justo. En sus manos pongo mi causa, puesto que El ha de juzgar a cada cual, no a base de testigos falsos y concilios errados, sino de la verdad y la justicia.

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Eventualmente sus seguidores, los husitas, tuvieron que seguir su vida cristiana en secreto. Cien años más tarde a Lutero se le acusó de ser “husita”.

3. Desiderio Erasmo de Rótterdam (aprox. 1466-1536)

El conocido humanista produjo el primer Nuevo Testamento en griego, que se publicó en el 1516. Fue este el Nuevo Testamento usado por Lutero en su traducción, aunque nunca se conocieron personalmente.

Sobre la influencia y relación de Erasmo y Lutero con respecto a la Reforma Protestante, alguien escribió: “Erasmo puso el huevo y Lutero lo empolló”.

Erasmo, sin embargo, no vio bien el cisma provocado por el alemán y le criticó duramente en algunos puntos, especialmente entre los años 1520 y 1525. Luego de la publicación de un libro contra la posición de Lutero y en defensa del libre albedrío (1524), Lutero respondió con su libro “The Bondage of the Will” (1525). En medio de esta trifulca

teológica a la distancia, Lutero, que no medía sus palabras, escribió de Erasmo:

Me parece escandaloso exponer material de tan baja calidad entre los adornos de tan rara elocuencia. Es como usar platos de oro o plata para servir basura del patio, o excremento.

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IV. Martín Lutero

Martín Lutero nació el 10 noviembre de 1483 en un hogar religioso en Eisleben, Sajonia, parte del Sacro Imperio Romano (para esta época también conocido como “el Sacro Imperio Romano de la Nación

Alemana”. Recibió la enseñanza católico-romana hasta los años de su juventud. Su padre trabajaba como administrador de minas de plata lo que suplió sustento para la familia, pero nunca riquezas.

En la zona de Mansfeld, adonde su padre había movido su familia para trabajar en la minería, pudieron vivir holgadamente. Sin embargo, el negocio minero decayó significativamente en años posteriores.

La educación básica de Martín Lutero comenzó allí, en Mansfeld, donde aprendió latín. A los 14 años (1497) comenzó a asistir a la escuela en Magdeburg, pero en el 1498 pasó a Eisenach, el pueblo de la familia de su madre donde vivió por 4 años.

En 1501, cuando tenía 19 años, entró a estudiar en la Universidad de Erfurt de donde se graduó en el 1505 como “Master of Arts” y se esperaba que luego, seguramente inducido por su padre, estudiara leyes.

Sus biógrafos mencionan tres eventos que cambiaron el rumbo de su vida ese año: la muerte de un amigo estudiante, una herida auto-infligida accidentalmente en una pierna (con su propia espada) y que

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casi le cuesta la vida y, tercero, el mejor conocido incidente de la tormenta.

En el 1505 Martín Lutero regresaba a caballo desde Mansfeld a la Universidad de Erfurt en medio de una terrible tormenta. Martín se sintió aterrorizado de morir y, por sobre el rugir de los relámpagos, se escuchó su voz: “Ayúdame Santa Ana (la matrona de los mineros), y me haré monje”.

Dicho y hecho. El día 17 de ese mismo mes de julio (1505) ingresó al Convento Agustiniano en Erfurt, una institución conservadora con

vínculos a la universidad de la ciudad. Erfurt contaba con unos 24,000 habitantes.

La vida en el convento era dura y desde temprano en su carrera monástica se notó en Martín una gran dedicación y una muy afilada conciencia. Practicó la auto-mortificación, lo que llegó a afectar su salud.

Lutero visitaba demasiado frecuentemente el confesionario. Johann von Staupitz, su Confesor y mentor por muchos años, trató de

enfocar la atención del joven monje no tanto en sus pecados, como en los méritos de Cristo. Esta conciencia tan sensible le llevó

eventualmente al extremo de, como él mismo admitiera posteriormente, odiar a Dios.

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A pesar de esto, Martín Lutero fue ordenado al sacerdocio en 1507. Sus capacidades administrativas le llevaron a viajar a Roma (1510) donde observó deficiencias de las prácticas religiosas y en la vida y servicio de los sacerdotes.

Ya en el 1508 su mentor lo invitó a enseñar Teología por un año

(1508-1509) en la Universidad de Wittenberg, recientemente fundada (1502) por el propio Staupitz a donde volvió Lutero en 1511.

Staupitz animó a Martín Lutero a hacer estudios doctorales en esta ciudad, los que culminó en 1512, a los 28 años. En esta misma Universidad de Wittenberg pasó el resto de su vida académica.

Ya para los años 1515 al 1517 Martín Lutero fue nombrado vicario distrital (la supervisión de los 11 monasterios de su orden en Sajonia y Turingia) y comenzó a moverse y a ser conocido en los círculos económicos y políticos de importancia en Wittenberg, que tendría para este entonces 2,000-2,500 habitantes.

Entonces, la Teología era conocida como la “Reina de las ciencias”. Como Profesor de Biblia , Lutero enseñó en la universidad Salmos, Gálatas y Romanos. Con las clases que dictaba, su contacto con la Biblia crecía y en los debates con sus estudiantes fue presentando algunas de las ideas que serían más adelante parte de la Reforma.

A pesar de esto, las luchas espirituales de Martín Lutero se hacían cada vez mayores. El concepto de las exigencias de Dios a la

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humanidad so pena de condenación eterna le aplastaban el alma. ¿Qué clase de Dios era este? ¿Un Dios que exige cumplimiento de sus leyes a sabiendas de la incapacidad humana de hacerlo? En la misma línea, veía que la Biblia hablaba de unas “buenas noticias” que no parecían tales. ¿Qué de buenas noticias puede haber en el castigo asegurado de parte de un Dios airado?

Ante los ojos de Lutero Dios fue convirtiéndose en un monstruo

implacable. Para esta fecha, Lutero escribió: He perdido contacto con

Cristo el Salvador y Consolador, y lo he hecho carcelero y verdugo de mi pobre alma

Fue poco tiempo más tarde cuando, enseñando la Carta a los Romanos en la universidad, que Martín experimentó un poderoso

choque entre su sensible conciencia y la severa justicia de Dios, como él la entendía. Un verso en particular le acosaba:

17 De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios,…

Fue considerando este verso que Lutero enfrentó la crisis final de su alma. La enseñanza teológica (en la tradición de Tomás de Aquino) en la que Lutero había sido enseñado, interpretaba “la justicia de Dios” como el castigo administrado por Dios contra el pecador, pensamiento que le llenaba del más profundo terror. Parecía no haber “buenas

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Rabiando y confundido, Lutero fue finalmente iluminado para

entender que el significado de Romanos 1:17 era otro. Estas fueron sus palabras:

“la justicia de Dios es aquella justicia por la que, a través de la gracia y de la absoluta misericordia de Dios, Dios nos justifica a través de la fe. Inmediatamente me sentí renacer y

traspasar a través de las puertas al paraíso.”

En lugar de encontrarse con la severa justicia de un Dios cruento, Martín Lutero encontró a un Señor generoso, amoroso y perdonador. Después de esto, entendió la “justicia de Dios” como la justicia de Cristo que Dios decidió aplicar “por gracia y a través de la fe” al pecador. ¡Eso sí son buenas noticias! Tiempo más tarde Lutero

escribió: ”La Ley dice, ‘haz esto’ y nunca queda hecho. La Gracia dice, ‘Cree en esto’ y ya todo está hecho.”

Para esta época la venta de indulgencias que ya mencionamos estaba en todo su apogeo en las comarcas vecinas y Martín Lutero creyó que era el momento para expresarse contra esta práctica. Siguiendo la costumbre de la época clavó un documento en las puertas de la iglesia en Wittenberg y envió copias a diversos teólogos. El documento, conteniendo lo que conocemos como “las 95 tesis”, constituían una invitación de carácter académico a la discusión en torno al tema de las indulgencias. Era el 31 de octubre de 1517.

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De Wittenberg a Worms

Estas 95 tesis (o planteamientos) se distribuyeron ampliamente, primero en latín y luego en alemán. En dos meses habían alcanzado toda Europa.

La intención de Lutero jamás fue la de provocar un cisma en la Iglesia Católica Romana. El pensaba que la situación de las indulgencias

había llegado demasiado lejos y que el daño espiritual al pueblo era considerable. No había para él forma de armonizar este instrumento con lo que la Biblia decía.

Pero el resultado no fue el esperado. Las autoridades eclesiales, primero en Alemania y eventualmente en la misma Roma,

reaccionaron vigorosamente contra el documento, pidiendo a su autor que se retractase.

Los siguientes 4 años estuvieron llenos de intrigas, amenazas, debates y, finalmente, un encuentro en Worms ante el Emperador.

El primer debate de importancia ocurrió en la ciudad de Leipzig en abril de 1518 entre un reconocido y hábil debatiente (Johann Maier von Eck (también conocido simplemente como John Eck) y, por el lado luterano, Andreas Karlstadt, estrecho colaborador de Lutero, y luego el propio Martín.

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El resultado de estas discusiones fue que las posturas del Reformador contra Papa, Iglesia y Concilios se hicieron evidentes. La pírrica

victoria de Eck no duró mucho. Los siguientes años, escritos de Eck por un lado y de Lutero y Melanchton (otro colaborador y Reformador) por otro, se cruzaron hasta que resultó evidente la victoria de las

posiciones reformadas. Fue este mismo Eck quien más tarde sirvió de mensajero papal, trayendo desde Roma la Bula que declaraba

heréticas algunas de las enseñanzas de Martín Lutero; y esto luego de infructuosos intentos de obligar a la Santa Inquisición a actuar contra Lutero. Lo que sí consiguió eventualmente fue el Edicto de Worms.

El 15 de junio de 1520 el Papa León X emitió la bula Exsurge Domine, la que trajo Eck desde Roma, dándole sesenta días a Lutero para retractarse o ser excomulgado. Al no retractarse, Lutero fue

oficialmente excomulgado por la bula papal Decet Romanum

Pontificem (enero de 1521). En abril de ese mismo año Martín Lutero

fue citado para comparecer ante el Emperador Carlos V en la Dieta de Worms.

Es interesante notar en este punto que todas estas reuniones oficiales en las que se juzgaban las ideas de Lutero se celebraron en Alemania. Esto seguramente salvó la vida de Martín Lutero. Dadas las

circunstancias podría haber resultado peligroso (y hasta fatal) para él salir de Alemania y del territorio controlado por el Príncipe Federico, uno de los siete Electores del Imperio, y benefactor de Lutero.

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Federico el Sabio, como se le conoce, veló por la seguridad de Lutero y le salvó la vida, aunque sus motivaciones, más que espirituales, seguramente eran políticas. Se vivían tiempos en que el poder del Emperador (que era español) era resentido y el sentimiento

nacionalista alemán estaba en crecimiento. Seguramente favoreció a Lutero el hecho de que el Secretario y Confesor de Federico, Jorge Espalatino, era amigo de Martín Lutero. (Espalatino era su seudónimo derivado del lugar de su nacimiento, Spalt, cerca de Nuremberg

(Alemania).

Durante los años 1516-1521 Martín Lutero había escrito una serie de libros donde sus inquietudes iniciales sobre las Indulgencias fueron ampliadas para incluir críticas directas contra el Papa, la doctrina Católico-Romana y el poder de los Concilios para establecer doctrinas sin respaldo de la Biblia. Estos libros, ya con el beneficio de la

imprenta, se distribuyeron rápidamente por todo el Imperio.

La Dieta de Worms (1521) fue el evento decisivo en toda esta trama. Hasta este momento Lutero se había negado a retractarse de sus

posturas por lo que el Emperador Carlos V convocó a la reunión donde se daría la última oportunidad al Reformador.

La llamadas “Dietas” era eventos políticos, de gobierno. Eran

reuniones en las que el Emperador convocaba a los siete príncipes del imperio para tratar asuntos de importancia. La de Worms era

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sido declarado hereje por el Papa. El Emperador tenía el poder para declararlo delincuente y hacerlo candidato a la hoguera.

En el ambiente tenso en el que se desarrolló la Dieta, llegó el

momento en que se atendería el asunto del hereje y Martín Lutero fue confrontado sobre el contenido de sus libros, contenido sobre el cual se reafirmó. El momento crítico llegó cuando se le pidió retractarse de sus posturas reformadoras. Su vida dependía de lo que contestara.

Martín Lutero expresó su contestación en la famosa frase que la historia (correctamente o no) ha registrado así:

"Si no se me convence mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón - porque no le creo ni al papa ni a los concilios ya que está demostrado que a menudo han

errado, contradiciéndose a si mismos -, por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi

conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable. No puedo hacer otra cosa. En esto me afirmo. ¡Dios me ayude, amén!"

Ante la negativa de Lutero a retractarse, el Emperador Carlos V

promulgó el “Edicto de Worms” en el 25 de mayo de 1521. En este le declaraba hereje y prófugo y en el que se prohibía al pueblo la

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Rápidamente y disfrazado, Martín Lutero fue rescatado por los hombres de Federico el Grande que le “secuestran” al castillo del Príncipe, librándole de este modo de una muerte segura a manos de la Inquisición. Fue allí donde, durante los meses que siguieron, Lutero tradujo el Nuevo Testamento del griego (el preparado por Erasmo) al alemán. De aquí en adelante el movimiento reformista creció

rápidamente, y se extendió a buena parte de Europa. Martín Lutero continuó como líder principal del esfuerzo desde la seguridad de

Wittenberg, que junto a otras ciudades había abrazado la fe luterana. En Wittenberg permaneció Martín Lutero hasta hasta su muerte. Los años y décadas que siguieron vieron surgir nuevos reformadores (Phillip Melanchton, Zwinglio, Juan Calvino, entre otros).

Contrareforma

La respuesta oficial de la Iglesia Católica Romana al movimiento luterano no llega sino hasta el 1563 cuando finalizó el Concilio de Trento que había comenzado en el 1545. Las conclusiones de este Concilio condenaron las posturas de Lutero, declararon anatema las creencias luteranas y establecieron la posición oficial de la Iglesia Católica Romana sobre la justificación. Algunos de los acuerdos fueron:

Sesión IV: Celebrada el 8 de abril de 1546. Aceptación de los Libros Sagrados y la Tradición Apostólica. Se declararon la Tradición apostólica y las Sagradas Escrituras como las dos

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fuentes de la revelación. La Vulgata se consideró la traducción aceptada de la Biblia.

Sesión VI: Celebrada el 13 de enero de 1547. Decreto de la Justificación en 16 capítulos (se reafirmó el valor de la fe junto al de las buenas obras). Cánones sobre la justificación. Ésta fue la sesión más importante del primer período.

Sesión XXV: Celebrada los días 3 y 4 de diciembre de 1563. Decreto sobre el purgatorio. Se reafirman la existencia del purgatorio y la veneración de los santos y reliquias.

Lutero nunca vio la conclusión del Concilio, pues murió en Eisleben, el mismo pueblo en que nació, en el 1546.

El tema de la Reforma y del cisma provocado por ella ha continuado siendo tratado durante los pasados cinco siglos de nuestra época. En décadas recientes, particularmente después del Concilio Vaticano II, teólogos Protestantes y Católicos han continuado la discusión y

recientemente emitieron una declaración conjunta sobre la justificación.

Para los observadores protestantes conservadores no se han dado cambios sustantivos. Queda por ver si es posible para la Iglesia

Católica Romana corregir su doctrina o si, como la describiera alguien,

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V. La Sra. Catalina de Lutero (Catalina de Bora;

Katharina von Bora)

Catalina nació en 1499 y tomó sus votos como monja a los 16 años. La Reforma corría su curso y ella aceptó sus postulados por lo que tuvo que huir a Torgau escondida entre barriles para evitar la muerte.

Se casó con Lutero en el 1525 y probó ser una excelente compañera y administradora de su casa donde no faltaban estudiantes ni visitantes de todo tipo. En los tiempos de plaga también cuidó de los enfermos.

Juan Federico I, el hijo de Federico el Sabio y también protector de Lutero, les obsequió como regalo de bodas el edificio del monasterio agustino de Wittenberg.

El tema del matrimonio de Martín Lutero podría haber sido delicado, dada su fama y su importancia en el movimiento. Pero ya él había promovido el matrimonio de otros monjes del movimiento.

Tuvieron seis hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro y adoptaron otros 4 niños.

La situación financiera de ella se complicó con la muerte de Lutero hasta que, nuevamente, Juan Federico I de Sajonia la ayudó.

Murió en Torbau el año 1552 como resultado de una fractura de pelvis producto de un accidente en la carreta a las puertas de esa ciudad.

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Algunas frases simpáticas de Martín Lutero sobre su esposa y su matrimonio.

Si yo puedo soportar conflicto con el diablo, el pecado y una mala conciencia, seguro que puedo soportar las irritaciones de Katy von Bora.

Mi matrimonio… ”agradará a mi padre, irritará al Papa, causará que los ángeles se rían y que los demonios lloren”.

El matrimonio es una escuela de carácter.

Hay mucho a lo que adaptarse en el primer año de matrimonio. En la mañana uno se encuentra con dos trenzas sobre la

almohada que antes no estaban.

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VI. Sola Scriptura

Recordemos que, como explicamos en la introducción, la expresión que conocemos hoy como las “Solas” aunque reúne el pensamiento reformado e lo más esencial, es una formulación de creciente creación (siglo XX). Estas son

Sola scriptura - Solo la Escritura

Sola gratia - Solo por gracia

Sola fide - Solo a través de la fe Solos Christus - Solo por Cristo

Soli Deo Gloria - Solo a Dios sea la Gloria

Lo que quizás es más difícil entender para nosotros los protestantes, es cómo la Iglesia Católica Romana ha introducido a lo largo de los siglos doctrinas para las que no existe un origen bíblico. Les comparto una sencilla explicación.

Para toda la Cristiandad (Católicos, Ortodoxos y Protestantes) la autoridad en materia de doctrina se sustenta en la autoridad apostólica. Es por esto que en la formación del Canon del Nuevo Testamento no se consideró libro alguno que no pudiera trazar su origen a alguno de los apóstoles, incluyendo por supuesto al Apóstol Pablo. En el caso del catolicismo se reconoce otra fuente de

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Los católicos creen en la Biblia como Palabra de Dios y de ella derivan casi toda su doctrina, como el resto de la Cristiandad. Sin embargo, existe otra fuente de doctrina que, para fines de explicación,

llamaremos simplemente “La Tradición”. Para la Iglesia Católica

Romana existe un “Depósito de la fe”, el cúmulo de doctrina provisto por el mismo Jesús a los apóstoles, quienes a su vez la transmitieron a sus discípulos (Padres de la Iglesia), y así sucesivamente a través de los siglos.

¿Quién es responsable de cuidar este “depósito de la fe”? Este

depósito está bajo la custodia de la Iglesia Católica Romana que, de manera infalible, la va preservando, enseñando y desarrollando a través de los Concilios y declaraciones papales. Esto es tarea del “Magisterio”: Papa y obispos reunidos en Concilio, que únicamente puede establecer la interpretación del texto bíblico.

Magisterio - función y autoridad de enseñar que tienen el Papa y los obispos que están en comunión con él.

Magisterio - "El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de

Jesucristo" (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma." (nro 85). (Catecismo)

(31)

He aquí un extracto de Dei Verbum , CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN, del Papa Pablo VI sobre el papel de la tradición (noviembre 1965).

80 La Tradición y la Sagrada Escritura "están íntimamente

unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo

fin" (DV 9).

81 "La sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo".

"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por

Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación”.

82 De ahí resulta que la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación "no saca

exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así las dos se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción" (DV 9).

9. Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas

(32)

de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin…

10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura

constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia;…

Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo.

Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio

sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.

Las Escrituras en las Escrituras (la Biblia)

Los cristianos protestantes creemos que la única fuente de autoridad es la Biblia, la colección de 66 libros que reconocemos como

inspirados por Dios. Aunque la tradición que acompaña al estudio bíblico a lo largo de los siglos puede sernos útil, solo la Biblia es nuestra fuente de autoridad en materia de doctrina.

(33)

Para Jesús, sus discípulos y el Apóstol Pablo, las Escrituras constaban solamente de los 39 libros del Antiguo Testamento. (Por supuesto el Nuevo Testamento aun estaba por escribirse.) Por lo tanto cada vez que Jesús habla en los Evangelios sobre las “Escrituras”, se refiere a las escrituras hebreas, lo que llamamos el Antiguo Testamento. Este fue “la Biblia de Jesús y de los Apóstoles”.

¿Y quién decidió tal cosa? El pueblo judío, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, fue recibiendo este material a través de sus profetas. Constantemente leemos el “así ha dicho Jehová” (más de 2,000 veces). Profetas, y a veces su “secretario” (como el caso de Jeremías), fueron registrando sus mensajes al pueblo con la autoridad profética reconocida por el pueblo.

Ya para el siglo II a.C. los 39 libros que componen el Antiguo

Testamento habían sido reconocidos como inspirados por Dios. Otros escritos judíos que se produjeron posteriormente no recibieron tal reconocimiento aunque se les reconoció su valor histórico. Esos libros adicionales, son los que conocemos como Deuterocanónicos o la

Apócrifa.

Un capítulo poco leído (el Salmo 119) abunda en expresiones sobre la autoridad de la Escrituras y de la necesidad de leerlas, estudiarlas y obedecerlas. Por ejemplo:

(34)

9 ¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra.

18 Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley

103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca!

105 Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.

En estos y en tantos otros lugares se reconoce el origen divino del Antiguo Testamento y la necesidad del creyente a alimentarse de ellos.

A estos libros reconocidos como dados por Dios es a los que se refieren las siguientes citas en el Nuevo Testamento.

II Tim. 3:16

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, 17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

(35)

II Pe. 1: 20 - 21

Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. 21 Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.

La autoridad del Antiguo Testamento fue reconocida por Jesús. En Lucas 24:25 y 44 se refirió al “TaNaK” (Torah, Neviim y Ketuvim;

Torá, Profetas y Escritos) como Palabra de Dios. Jesús citó del Antiguo Testamento con frecuencia. Dos ejemplos muy particulares son en su encuentro con Satanás (Mateo 4 en donde cita Deuteronomio) y en la cruz (donde cita algunos Salmos).

Esa misma autoridad la reconocen los Apóstoles (ver las citas arriba) y…

Rom. 15:4

De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras,

perseveremos en mantener nuestra esperanza.

I Cor. 10:11

11 Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos.

(36)

¿Y qué del Nuevo Testamento? Primero tenemos, por supuesto, los Evangelios que nos proveen información sobre la vida y las

enseñanzas de Jesús. Temprano en el desarrollo de la iglesia se fueron reconociendo los escritos de los Apóstoles dándoles igual autoridad que al Antiguo Testamento. Por ejemplo, tenemos lo que Pedro comenta de los escritos de Pablo.

15Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e

inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. (II Pedro 3:15-16)

No pasó mucho tiempo para que la iglesia temprana reconociera los libros que consideraba inspirados. Los criterios principales fueron: autoridad apostólica, aceptación general y coherencia en sus

enseñanzas. Ya para finales del siglo I las lista (Canon) del Nuevo Testamento estaba finalizada. Otros libros y “evangelios” que se

escribieron más de 100 años después nunca fueron considerados y no llenaban los criterios ya mencionados.

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VII. Justificación: ¿Qué clase de salvación tenemos?

A. ¿Cuál es el problema?

El Apóstol Pablo dedica a esto los primeros tres capítulos de Romanos, culminando con el conocido 3:23: “pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios…”

En la Carta a los Romanos el apóstol Pablo, inspirado por el espíritu, escribe a una iglesia que no le conoce personalmente. Sus planes de llegar hasta España dependían del respaldo que pudiera recibir de sus hermanos en Roma y la carta ayudaría a mostrar la correcta doctrina del apóstol.

En los primeros tres capítulos de Romanos el apóstol desarrolla

magistralmente la idea de que todos nosotros, la humanidad, somos pecadores (judíos y gentiles).

B. Romanos 1-3 Todos pecadores

El pecado de gentiles… En Romanos 1 se enseña como la Creación es suficiente evidencia como para obligar al más pagano de los paganos a considerar la existencia de un Dios creador, así como “su eterno poder y su naturaleza divina”. La humanidad no hizo caso de ese mensaje de la revelación natural y terminó “rindiendo culto a las criaturas antes que al creador” y, haciéndolo, se sumergió en las cuevas más oscuras del pecado degenerado.

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- “Cascada”: idolatría - sensualidad - mente reprobada (1:24, 26, 28)

- 1:21 No le glorificaron como a Dios

- 1:25 Cambian la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador.

- 1:28 Estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios.

Ante ese pecado se revela la “ira de Dios” (malas noticias) y entra en acción “la justicia de Dios” (1:17; 3:21: ¿malas noticias también?).

1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. 18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda

impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;…

3:21 Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios,…

El pecado de los judíos… En Romanos 2:17-3:8 se enseña que los judíos, a pesar de ser custodios de La Ley, exhiben la misma conducta que el pueblo sin Ley. Gentiles y judíos quedan descritos en estas

poderosas citas del Antiguo Testamento (Salmos, Eclesiastés, Isaías) que pintan un tétrico cuadro:

(39)

Rom. 3:9 ¿A qué conclusión llegamos? ¿Acaso los judíos somos mejores? ¡De ninguna manera! Ya hemos demostrado que

tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado. 10 Así está escrito:

«No hay un solo justo, ni siquiera uno; 11 no hay nadie que entienda,

nadie que busque a Dios. 12 Todos se han descarriado, a una se han corrompido.

No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»l

13 «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.»

«¡Veneno de víbora hay en sus labios!»

14 «Llena está su boca de maldiciones y de amargura.» 15 «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; 16 dejan ruina y miseria en sus caminos,

17 y no conocen la senda de la paz.»o

18 «No hay temor de Dios delante de sus ojos.»…

3:23 todos pecaron y están privados de la gloria de Dios.

¿Qué esperanza puede existir para una humanidad tan rebelde y pecadora?

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C. ¿Cómo puede un ser pecador enfrentarse al Dios Santo? ¿Qué le puede cualificar?

¿Un cordero sacrificado en el altar? ¿Una Ley? ¿Una moralidad? ¿Una religión? ¿Unos dogmas? ¿El perdón? ¡Ninguno de estos!

Algunas de estas cosas pueden borrar el pecado, pero no

desarraigarlo; limpiarnos, pero no eliminar la maldad de nuestra naturaleza, maldad de la que está consciente el salmista.

Salmos 24:3 ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?

4 El limpio de manos y puro de corazón…

¿Quien puede cumplir semejante requisito?

De la contestación a esta pregunta es que trata la doctrina cristiana de la justificación.

La salvación en la fe cristiana no se limita al perdón de los pecados, sino que de una manera increíblemente abarcadora arropa todo lo que

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tiene que ver con la relación entre el Dios Santo y el ser humano pecador. Salvación incluye toda la obra restauradora de la condición humana y de la relación de esta con su Creador.

D. ¿Qué esperanza puede existir para una humanidad tan rebelde y pecadora? (Rom. 3:9-18, 23) ¿Qué clase de salvación tenemos? Dentro del fenómeno de lo que llamamos salvación se

incluyen varias acciones de Dios en favor del arrepentido y convertido.

En el momento de nuestra salvación, Dios…

1. Provee el pago y la satisfacción de su ira por nuestro pecado. 2. Nos perdona

3. Nos regenera

4. Nos reconcilia con Él. 5. Nos adopta como hijos. 6. Nos justifica.

Todo esto por la obra de Cristo, por su muerte en cruz y su resurrección de entre los muertos.

De todas estas, podría identificarse fácilmente a la justificación como la principal y más importante doctrina de la Reforma. Ser justos

delante de Dios es algo que, por supuesto, los sacrificios del Antiguo Testamento (que tampoco quitaban los pecados) podían lograr.

(42)

libertad de culpa. Por el contrario, el injusto es el pecador, separado de la persona de Dios.

Habacuc 2:4 “El insolente no tiene el alma recta”

Salmo 14:1 Dice el necio en su corazón: «No hay Dios.»

Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno!

2 Desde el cielo el Señor contempla a los mortales,

para ver si hay alguien que sea sensato y busque a Dios. 3 Pero todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!

Estos versos son citados con este mismo sentido en Romanos 3, así como en Gálatas y en Hebreos (Gal. 3:11-12; Heb. 10:38).

La justificación del pecador por parte de Dios, gratuitamente y a través de la fe, fue uno de los puntos cruciales en los debates que siguieron por varios años en los tiempos de la Reforma.

E. Definiciones y distinciones

El término “justificación” proviene del ámbito judicial. En el contexto de la enseñanza del Nuevo Testamento, según el consenso de la mayoría de los expertos protestantes, significa la declaración de “no culpabilidad”, de absolución de los cargos del acusado por parte del juez.

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Recientemente se ha abierto una interesante discusión en término de qué es y de cómo se adjudica al creyente la justificación. ¿Se nos declara justos o se nos hace justos? Esta “justicia” se nos imparte por la justicia de Jesús o se declara porque la pena ya ha sido pagada por él?

Lo más importante, y que debemos recordar, es que por gracia y a través de la fe en Cristo, somos declarados justos, vistos como justos delante de Dios.

Romanos 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual

estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios

Esto significa que esta obra increíblemente maravillosa de la justificación solo puede recibirse:

Gratuitamente: como un regalo de Dios, sin méritos de nuestra parte.

A través de la fe: No son necesarios los méritos de las obras para salvarnos, solo tenemos que tener fe, esto es, creer en lo que Dios ha dicho y confiar en lo que Dios ha hecho.

(44)

VIII. Sola Gratia

Que la salvación sólo puede ser conseguida por la acción de Dios mismo es una enseñanza muy clara en el Nuevo Testamento. Que la salvación pudiera conseguirse a través de las obras y méritos propios, está claramente explicado como un gran error.

¿Por qué es necesaria la gracia para la salvación? ¿Por qué es que la salvación no puede alcanzarse por obras humanas? La Biblia nos explica que el problema del pecado se hace enorme

(inconmen-surable, sin medida) cuando recordamos que constituye la acción de desafío y rebeldía de las criaturas pecaminosas contra el Dios grande y perfectamente santo. Lo inmensamente malo del pecado estriba en que la parte "ofendida" por el pecado humano es el perfecto Creador del universo. No existe obra o mérito humano que pueda hacer

desaparecer esto.

Jer. 2:22

Aunque te laves con lejía, y te frotes con mucho jabón, ante mí seguirá presente la mancha de tu iniquidad —afirma el Señor omnipotente—.

Jer 13:23

23 ¿Puede el etíope cambiar de piel, o el leopardo quitarse sus manchas?

¡Pues tampoco ustedes pueden hacer el bien, acostumbrados como están a hacer el mal!

(45)

La condición de maldad en nosotros es grave y afecta todo nuestro ser, como lo ilustran estas palabras en Isaías:

Isaías 1:6

6 Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones, y llagas abiertas, que no les han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite.

Aun lo mejor de nuestra obras morales y religiosas son incapaces de curar esta condición.

Isaías 64:5

5 Somos como impuros todos nosotros,

como paño inmundo todas nuestras obras justas. Caímos como la hoja todos nosotros,

y nuestras culpas como el viento nos llevaron.

Antes de terminar esta sección es necesario dejar claro dos

importantes puntos. Primero, que esta fe no puede ser considerada como una “obra” de nuestra parte. La fe solo puede surgir en el corazón humano por la obra de Dios. Ocurre en el corazón humano que responde a la invitación de Dios. El Espíritu Santo redarguye al no creyente de su pecado. El no creyente, porque ahora lo desea y por la ayuda del Espíritu Santo, responde con su arrepentimiento (cambio de mente) y conversión (cambiar de rumbo).

(46)

Segundo, que esta fe que conduce a la salvación siempre será una fe que se muestra a través de las obras. Los cristianos evangélicos

creemos que no somos salvos por las buenas obras sino que somos salvos para buenas obras. De la misma manera que amigos católicos no pueden concebir una salvación sin obras, nosotros los evangélicos no debemos aceptar una fe que no produzca obras. El cristiano que no muestra la evidencia de su salvación a través de sus obras debería dudar de su salvación. Los siguientes versos aclaran este punto.

Santiago 2

14 Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? …17 Así

también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.

Efe. 2:10

10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

La carta a los Gálatas se escribió precisamente para aclarar esto, que la gracia en Cristo es suficiente. Los hermanos de la iglesia en Galacia (tanto judíos como gentiles) estaban buscando en los “principios” de su pasada creencia para sustituir o añadir al Evangelio de Cristo. Pablo enseñó con claridad que el Evangelio de Cristo no necesita

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aditivos. El sacrificio del Hijo de Dios en la cruz es suficiente para el perdón de nuestros pecados.

Gálatas 2:16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo,

Estos versos, seguramente los mejor conocidos sobre este tema por nosotros los cristianos protestantes, dejan fuera toda duda.

Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Tito 3: 4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

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Para reflexión

1. ¿Qué en la naturaleza humana nos estorba para creer y recibir

la salvación por gracia?

2. Si la salvación no se nos ofreciera por gracia, ¿de qué otra

manera podríamos ser salvos?

3. ¿Qué senImiento debería producir en nosotros el saber que

somos salvos solo por gracia?

4. ¿Qué efecto en nuestra relación con otros debería producir el

saber que somos salvos por gracia?

(49)

IX. Sola Fide

Si la salvación no puede ser conseguida a través de nuestro esfuerzo, pero se nos ofrece gratuitamente, entonces ¿cómo hacernos con esa salvación que se nos ofrece?

Aquí es donde entra el tema de la fe. La salvación cristiana es una que se obtiene por gracia y a través de la fe. Nuestra fe es la que hace posible que un regalo disponible para todos sea aplicado solamente a los que creen.

Antes de explicar brevemente el significado de esta fe, es importante aclarar un punto muy debatido y que ya comentamos anteriormente. Esta fe de la que hablamos sólo puede producirse en respuesta a la iniciativa divina cuando el Espíritu Santo “convence de pecado”. Esta fe de la que hablamos no puede ser considerada como una obra en sí misma. Aunque nuestra fe es la respuesta adecuada a la invitación de Dios, no es una fe que pueda producirse humanamente. Por lo tanto no puede considerarse una “obra” para salvación..

Una vez que Dios por su Espíritu redarguye nuestro corazón del pecado que nos domina, nos presenta la oportunidad de creer. Cuando la voluntad del pecador está inclinada a recibir el regalo de Dios, es Dios mismo quien suple esta fe. De manera que no hay mérito alguno de nuestra parte. De la misma manera, sin embargo, es "nuestra fe" la que obtiene la gracia ofrecida.

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Pero, ¿qué es fe? Para explicar de manera sencilla qué es la fe de la que hablamos, podemos visualizarla como una acción de nuestro corazón en el que pueden identificarse dos elementos. Primero,

creerle a Dios, creer lo que él ha dicho. La fe de salvación es aquella que acepta como cierta la oferta de perdón y salvación por venir de un Dios que es verdadero y que pronuncia palabras de verdad. Cuando Dios en su palabra nos asegura que hay perdón y salvación para los que se arrepienten de sus pecados y se convierten a Cristo, nosotros le creemos. Así que fe es creer lo que Dios ha dicho.

Pero fe es también, y este es el segundo elemento, confiar en lo que Dios ha hecho. Que el sacrificio del Dios-hombre en la cruz es

suficiente para limpiarnos de pecado y para hacernos justos delante de Él es un misterio insondable. No que no pueda explicarse, porque se puede explicar con las palabras de las Escrituras. Pero, ¿entenderlo cabalmente?

Lo que significa esa muerte y su efecto en nosotros va más allá de nuestra capacidad de entender plenamente. Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros y nosotros confiamos en Él.

El Señor ha hecho lo que nosotros no podíamos, y nosotros confiamos en ello. El dice cómo obtenerlo, y nosotros le creemos.

(51)

Creer lo que Dios ha dicho y confiar en lo que Dios ha hecho.

Hechos 26:18… a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados.”

Romanos 5:1 En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos

firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.

Gálatas 3:26 Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús,

Fil. 3:9 …No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.

(52)

Fe y Justificación

En el Nuevo Testamento, especialmente en las Cartas a los Romanos y a los Gálatas se presenta clara y contundentemente que la

justificación (de la que hablamos antes) es nuestra por la fe. En estas cartas se contrasta repetidamente que es “por fe” pero no “a través de la Ley”. Expliquemos brevemente este importante asunto.

En Romanos y Gálatas se nos explica que La Ley (los mandamientos dados a través de Moisés) es buena. Los mandamientos reflejan el carácter de Dios y es Su guía para que podamos tener “la mejor de las vidas”. Pero hay un gran problema. Nadie es capaz de cumplir esta ley cabalmente por lo que no llenamos la medida que Dios espera.

Pero ¿no sabía Dios que no podríamos cumplir la Ley? Entonces, ¿por qué darla?

Porque es la forma que Él ha escogido de que podamos ver la

magnitud de nuestro pecado y nuestra incapacidad para eliminarlo por nuestra propia cuenta. Impotentes, nos volvemos a Quien únicamente puede resolver nuestro problema: al Dios Encarnado que, como

hombre, cumplió la Ley perfectamente y que, como Dios, se ofreció como el sacrificio suficiente para limpiarnos de nuestro pecado, quitar nuestra culpa y presentarnos justos ante Dios (por su propia justicia) a la misma vez que, por Su Espíritu, nos da la capacidad sobrenatural para obedecerle.

(53)

Aquí algunos de los versos más importantes sobre este tema. Rom. 3:20

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Rom. 3.24

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

Rom. 3.28

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Rom. 4.5

mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Rom. 4:25

el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom. 5:1-2

En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor

(54)

tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos

firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.

Rom. 5:18

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

Rom. 8.33

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

1 Cor. 6.11

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Gál. 2.16

…sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

(55)

Gál. 3.5

Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Gál. 3.11

Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;

Gál. 3.24

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

Tit. 3.7

para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

(56)

Para reflexión

1. Es común que los crisIanos definamos fe usando Hebreos 11:1

y 6. ¿Qué significa el verso y como armoniza (o no) con la

definición de fe que hemos presentado aquí (“creer lo que Dios

ha dicho y confiar en lo que Dios ha hecho.”)?

2. Comenta sobre el debate (entre calvinistas y arminianos) sobre

si la fe debe ser considerada una “obra” para salvación o no.

3. Mira Efesios 2:1. Si estábamos muertos en pecado, ¿cómo fue

posible que surgiera fe en nosotros?

(57)

X. Solus Cristus

¿Y cómo es que sólo el sacrificio de Jesús puede ser eficaz para perdón y salvación?

Ya habíamos hablado que en la expresión cristiana basada en las Escrituras nuestra ofensa a Dios por nuestro pecado representa un problema inmenso, gigantesco, el más grande de los problemas. Por lo tanto, sólo un sacrificio igualmente inmenso, el más grande de los sacrificios, puede proveernos la Salvación.

La inmensidad del sacrificio de Jesús se debe a que en Él, de una

manera misteriosa para nosotros, habitan dos naturalezas: la humana y la divina. En su naturaleza humana, puede representarnos y, por no haber pecado, puede representarnos como el sacrificio perfecto que nosotros nunca podríamos ofrecer. En su naturaleza divina, Como Dios-hecho-hombre, presenta un sacrificio inmenso, conmensurable con la inmensidad de nuestro pecado. El único sacrificio posible fue provisto por Dios mismo en su hijo, el sacrificio del Dios-hombre.

Estos textos enseñan con claridad esta doctrina:

Juan 3:16-18, 36

16 »Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.

(58)

18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.

Juan 14:6

6 —Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.

Hechos 4:12

De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual

podamos ser salvos.

I Tim. 2:5

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 quien dio su vida como rescate por todos.

Hebreos 7:23-25

23 Ahora bien, como a aquellos sacerdotes la muerte les

impedía seguir ejerciendo sus funciones, ha habido muchos de ellos; 24 pero como Jesús permanece para siempre, su

(59)

sacerdocio es imperecedero. 25 Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos.

I Juan 5:11-12

11 Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.

Resumimos: No hay mérito, ni acción ni persona que pueda

ayudarnos en la salvación. Porque es sólo por gracia, y a través de la fe en Cristo, en la muerte y resurrección del Dios-encarnado, Jesús.

Para reflexión

1. ¿Qué es lo hace de Jesucristo el único posible medio de

salvación?

2. Explica cómo las dos naturalezas de Jesús son “indispensables”

para la eficiencia de su sacrificio?

a. ¿Por qué tenía que ser hombre?

b. ¿Por qué tenía que ser Dios?

(60)

3. En el AnIguo Testamento el Sumo Sacerdote era el

intermediario entre Dios y la humanidad. Ahora, ¿quién lo es?

¿Qué significa eso para nosotros? (Ver Hebreos 4:15-16.)

4. Hoy nuestra sociedad enfaIza mucho la tolerancia y el ser

políIcamente correctos. ¿Es posible para el crisIano llenar estas

expectaIvas al hablar de Jesús?

(61)

IX. Soli Deu Gloria

Solemos decir que la evangelización es la razón de ser de la Iglesia. Estamos equivocados.

Por supuesto que llevar el Evangelio de Cristo a todo el mundo es la tarea principal de la Iglesia de Cristo. Somos nosotros los que

tenemos el privilegio de, habiendo experimentado la salvación, ser socios con Dios en su misión, privilegio negado a profetas y a ángeles.

Hablar de nuestra razón de ser como Cuerpo de Cristo es más difícil que hablar de nuestra misión. La misión es algo concreto con

instrucciones claras y un resultado a veces cuantificable. El “ser” de la iglesia, su razón de ser, es otra cosa. El tema nos parece demasiado abstracto y místico. Pero es vital. Ser es más importante que hacer.

La razón de ser

La razón de ser del cristiano y de la iglesia es un tema profundo y abarcador. Comprenderlo, aunque sea superficialmente, nos obliga a remontarnos a “antes que el tiempo fuese”, a la eternidad.

Debemos preguntarnos, ¿cuál es el propósito más excelso de la

creación? La creación existe para traer gloria al Creador. El cristiano y la Iglesia somos creación de Dios y existimos para Su gloria. Así lo expresa la primera pregunta del Catecismo de Westminster, uno de los resúmenes de doctrina más antiguos del protestantismo.

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P. 1. ¿Cuál es el fin principal y más noble del hombre?

R. El fin principal y más noble del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre.

Cuando decimos que nuestra visión como denominación en Puerto Rico es ser una “Iglesia … para gloria de Dios", de eso es de lo que estamos hablando.

Gloria

Además de lo insubstancial que nos pueda parecer el concepto de la razón de ser de la iglesia, tenemos otra dificultad; cuando hablamos de gloria no sabemos de qué estamos hablando. Usamos la palabra gloria con muchísima frecuencia, pero sin comprender su significado. Damos gloria Dios, reconocemos su gloria, cantamos de su gloria. Decimos que la gloria cae, se mueve, se manifiesta. Como expresión de alegría santa decimos “¡gloria a Dios!”. Y así un larguísimo

etcétera. La palabra es muy usada. ¿Entendemos qué significa?

Cuando se nos pide que definamos “gloria” o que expliquemos lo que significa “la Gloria de Dios” nos percatamos, quizás por primera vez, que al hablar de gloria nos referimos a un término tan abstracto que se nos hace imposible definir. Y, como alguien ha dicho certeramente, si no podemos definir algo, no sabemos lo que es. Y esto con una palabra que aparece cientos de veces en la Biblia.

Referencias

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