3. ANTECEDENTES CONCEPTUALES
3.4. Segunda línea: La sensibilidad ambiental en el campo de
Como se ha dicho, la necesidad de incorporar el medio ambiente a la elaboración de
PPP y de desarrollar instrumentos para ello (lo que luego se ha llamado EAE) surge ya a finales de los sesenta, al mismo tiempo que la EIA, y antecediendo a aquella, en razón de que las políticas, los planes y los programas preceden a los proyectos en la línea lógica del proceso general de toma de decisiones para el desarrollo.
El campo de planificación que mostró más y más temprana sensibilidad fue la ordenación del territorio, el urbanismo y, en general, las diferentes formas de planificación territorial, tal vez porque este tipo de planificación implica actividades muy visibles (cambios rotundos de uso del suelo, construcción de edificios residenciales, industriales, etc. grandes obras de infraestructuras de todo tipo) y ambientalmente agresivas; fueron estos profesionales quienes reclamaron la colaboración de titulados en ciencias de la naturaleza o afines (biología, geología, ecología, montes, agronomía, etc.), y más adelante, la de los expertos en medio ambiente. Estos titulados fueron los pioneros del medio ambiente en la época moderna (desde finales de los 60) y quienes aplicaron de forma natural el enfoque de planificación a la problemática ambiental así como la inserción de la sensibilidad ambiental a todos los instrumentos de planificación del desarrollo desde que se inicia su elaboración.
Tal inserción se hizo, fundamentalmente, a través de lo que actualmente se llamaría la “lectura del medio físico”, es decir el diagnóstico del medio natural en la forma en que se encuentra para poner de manifiesto los problemas y potencialidades que ofrece, las actividades que son “razonables” y, en función de ello, el estilo de desarrollo que sugiere. Se trata de un conjunto de técnicas de recogida, elaboración y tratamiento de la información relativa al entorno natural, que permiten su fácil uso en el proceso de planificación. Los objetivos que se pretenden con ello son los que describe la Figura 8.
Figura 34. Los elementos que conforman la lectura del medio físico en la parte sombreada. La parte inferior de la figura (blanca) prolonga lo anterior a la formulación de propuestas para un plan o proyecto
¿Cómo es? ¿Cómo ¿Cómo está?
funciona?
¿Qué recursos tiene? (Influentes y recepción efluentes)
¿Dónde está? Contexto en que se inscribe Identificación de unidades ambientales Valoración de unidades ambientales Prospección integrada del medio Determinaci Determinacióón n capacidad de capacidad de acogida acogida Vectores ambientales: Capacidad de Asimilación Procesos y riesgos activos Naturales, construidos y humanos Problemas, Debilidades, Fortalezas Oportunidades localización Oportunidades Amenazas Actividades potenciales Actividades potenciales que contempla PPP que contempla PPP Instrumentos de gestión disponibles Definición y análisis de objetivos
Imagen objetivo (alternativas/escenarios)
Medidas para avanzar hacia la imagen objetivo (generación y evaluación de alternativas) Instrumentación de las medidas: zonificación/normativa, programa de intervención y sistema de gestión
Evaluación Ambiental
Puesta en marcha, seguimiento y control Evaluación ex post
Los estudios integrados
Los más importantes precedentes son los estudios integrados, que enlazan la visión contemporánea del medio con la tradición naturalista del siglo XIX, incluso con una más remota antigüedad, adoptando una concepción sistémica del medio. Destacan los trabajos de la CSIRO: Commonwealth Scientific an Industrial Research Organization (Christian, C. S. 1958), que ideó un método para el reconocimiento de regiones científicamente inexploradas, prácticamente despobladas y a pequeña escala (1/1.000.000), consistente en conocer e interpretar el medio físico mediante un equipo multi e interdisplinar trabajando sobre fotogramas aéreos y recorridos de campo. Como resultado se obtiene la siguiente taxonomía:
− «Site»: unidad elemental relativamente homogénea en geomorfología, suelo y vegetación, con un ambiente característico que se repite en cuantas ocasiones vuelve a encontrarse un mismo «site».
− «Land unit»: conjunto de «sites» relacionados o asociados de una determinada manera y definido, básicamente, por criterios geomorfológicos.
− «Land system»: conjunto de «land units», que, por características geográficas y geomorfológicas, forman pautas repetitivas en el paisaje.
Los equipos de trabajo de la CSIRO, poco numerosos, estaban constituidos cada uno por un geomorfólogo, un botánico sesgado hacia la ecología y un edafólogo, a los que opcionalmente se incorpora un geólogo y un forestal o agrónomo.
En Europa los enfoques integrados suelen utilizar la noción de paisaje, como «unidad natural», caracterizada por una asociación de relieve, clima, vegetación y suelos, traducción del término alemán «landschaft». El concepto de unidad natural, está presente en la tradición naturalista rusa, cuyos científicos se interesaron en los procedimientos de la CSIRO, antes descritos, para la prospección de las grandes áreas inexploradas del Asia Soviética. Algo similar se hizo en Polonia y, sobre todo, en la República Democrática Alemana, cuyas publicaciones, desde 1962, se refieren a la «Landschaftsokologie» o ecología de los paisajes.
En Francia se elabora la llamada «Cartographie de Risques Ecologiques» en la década de los 70 del siglo pasado, para ser utilizada en los diferentes trabajos de planificación, y que representa una evaluación ambiental del territorio y de su fragilidad ante acciones humanas.
En Canadá se ha utilizado el mismo concepto (Hills, G. A., 1961) que actúa por divisiones sucesivas del territorio: primero en «zonas» a partir de semejanzas macroclimáticas, éstas en «subzonas» o «tipos de suelo» por criterios geológicos, morfológicos o hidrogeológicos; haciendo intervenir el clima local, divide las subzonas en «clases fisiográficas» y, por consideraciones de microforma, obtiene «tipos fisio- gráficos»; haciendo intervenir la vegetación pueden agregarse los tipos fisiográficos en «tipos totales»; ésta es la unidad que adopta para “leer” el medio físico.
En España, en los inventarios realizados para la redacción del Plan Espacial de Protección del Medio Físico de la región de Madrid (COPLACO, 1975), se hace también una prospección integrada del territorio, que se concreta en la definición y delimitación de unidades ambientales, definidas por «una síntesis de numerosas características y la relativa homogeneidad del sistema así constituido».
Otros enfoques se dirigen a la prospección independiente de cada uno de los factores del medio físico para proceder después a su integración. Esta aproximación se ha utilizado por autores que realizan la integración informática. Es el caso de Steinitz (1966) que desarrolló, en las décadas de los sesenta y setenta, técnicas automáticas para la ordenación del espacio en los que integra datos del medio físico.
Otros autores americanos han utilizado este enfoque, como Lewis (1964), que en los sesenta, introdujo el concepto de «pasillo ambiental» como estructura donde se con- centra la mayor parte de los recursos naturales importantes; McHarg (1969), elabora un inventario que consiste en la mapificación de factores, ligados por relaciones de causalidad, en este orden: clima, geología histórica, fisiografía, hidrología, suelos, flora, fauna y usos actuales del suelo. D.M. Johns (1973) realizó en la Universidad de Manitoba un modelo muy complejo en el que introducía el carácter dinámico mediante un análisis de la capacidad intrínseca del territorio y un estudio de los impactos que producirían las diferentes alternativas.
En Israel se desarrolló el programa LESA (Amir, S. 1976) que opera sobre un inventario por sectores que luego integra para establecer la sensibilidad del territorio ante proyectos concretos y, a partir de ella, orientar, enmarcar y definir las especificaciones para la elaboración de las evaluaciones de impacto ambiental que pueden exigirse a esos proyectos.
También son importantes los esfuerzos holandeses, motivados por lo limitado del país, para estudiar el medio físico, e incorporarlo a los planes. A partir de 1972 se desarrolló el modelo GEM (Maarel, E., y Vellena, D. 1975), encargado por la Agencia Nacional de Planificación Física, a un grupo de ecólogos, modelo que pretende establecer las bases ecológicas para un nuevo sistema de planificación física en todo el país.
Por último, se citan las aportaciones producidas en la elaboración de los Planes de Es- tructura ingleses (Coventry Solihull – Warwickshire, 1971. “A straqtegy for the subregion Coventry City Council”, Solihull County) que surgen al principio de los sesenta y que posterirmente se aplican en España, por ejemplo en el Plan Subregional del Corredor Madrid-Guadalajara (Menendez de Luarca, 1974), y definen sus alternativas de planificación a partir de la determinación de la capacidad relativa de cada punto del territorio para acoger las actividades y usos del suelo expectantes. En España, la inserción del medio natural en la planificación antes de los 70 se hace de forma sectorial: clima, geología, edafología, vegetación, topografía, hidrología, etc., y eran de difícil utilización en la toma de decisiones de equipos, los cuales, por otra parte, no aplican el enfoque interdisciplinar. A finales de 1971, la Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid (COPLACO) realiza estudios del medio físico para definir las zonas a proteger en diferente forma en el Esquema Director de la Región Central. Pero el primer intento metodológico hacia la consideración de la capacidad de acogida del medio físico en los trabajos de ordenación territorial lo realiza en 1971-73 el profesor González Bernáldez (1974) para ser integrado en el Plan Comarcal de Sevilla; su metodología comienza con una prospección integrada del territorio inspirada en la que se utilizó para el reconoci- miento del medio natural la Division of Land Research Organization (Australia) en 1960. El diagnóstico de las unidades de paisaje, y la evaluación de su capacidad de acogida, se realiza también de forma conjunta e integrada por los miembros del equipo de prospección, mediante el análisis de la reacción previsible del sistema frente a diversos usos del suelo o formas e intervención.
COPLACO, en 1971 y 1972, elabora el «Avance del Esquema Director de la Región Central», plan que incluía entre otros objetivos el «control del medio natural» y la «distribución de los asentamientos humanos en integración con el medio natural en todos sus grados». Ciertas críticas decidieron a COPLACO a elaborar una metodología y programa detallado para la redacción de los citados planes: Proyecto MYP: Metodología y Programación, que encarga el «Estudio Ecológico de la Subregión de Madrid» redactado durante 1973-74. La primera parte de este estudio corresponde al área denominada «Corredor Madrid-Guadalajara» y, tal como estaba concebido, se utilizó sin dificultad en el «Plan Subregional del Corredor Madrid- Guadalajara» (Menéndez de Luarca, op.cit). En este mismo plan se incluye un estudio
sobre el paisaje, este sí elaborado con una metodología que trata de objetivar la inventariación, cuantificación y evaluación de este importante parámetro, metodología que se inspira en el procedimiento utilizado en el Coventry-Solihull-Warwickshire Study (1971).
A partir del «Estudio Ecológico de la Subregión Central» se elabora en el seno de la COPLACO, el Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Madrid (COPLACO, 1975). Este plan, con el que quizás termina la primera generación de metodologías que trabajan sobre unidades ambientales a las que se les asocian matrices de impacto, marca un hito en el planeamiento del medio físico porque define con precisión, y utiliza, el concepto de capacidad de acogida, se convierte en documento vinculante de planeamiento y contribuye de forma definitiva a concienciar a urbanistas y planificadores en general sobre la importancia de incorporar el tratamiento científico del medio físico.
En 1974, ICONA encarga la ordenación integral de la comarca de Ayllón (ICONA, 1974), que, en lugar de integrar la información en unidades ambientales, trabaja con elementos del medio, realizando su integración para determinar la capacidad en una fase posterior mediante programas informatizados. El trabajo pretende asignar a cada punto del territorio el uso del suelo y actividad acorde con su vocación natural, buscando el aprovechamiento máximo sostenido de sus recursos. En 1977 se realiza otro estudio dirigido básicamente a la evaluación de la capacidad del territorio para la producción de bienes y servicios, en el Valle de la Liébana (Santander) (ICONA, 1977).
La importancia de la aportación que los estudios del medio físico hacen a la ordenación territorial, se va reconociendo ampliamente, y en 1976 la Diputación Provincial de Vizcaya encarga un estudio (Excma. Diputación Provincial de Vizcaya, 1976-77) con objetivos similares al Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Madrid: establecer la capacidad de acogida del territorio, pero ahora utilizando sistemas informáticos.
Con metodología similar a la del citado estudio de Vizcaya se realiza en 1978 otro trabajo «Estudio piloto para la Protección del Medio físico en una zona del entorno de Málaga» (ICONA y Dirección General de Urbanismo, 1978).
En 1982 Gómez Orea (1982) diseña el modelo MAUSAR : Modelo de Asignación de Usos del Suelo en Áreas Rurales, que permite integrar información y criterios de expertos trabajando cada uno de ellos desde su propio campo temático, para generar alternativas de capacidad de acogida.