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La segunda señora Schliemann

In document Muy Historia 2015 01-ADI-ARIT (página 40-42)

AIS

A

Sofía Engastromenos, la segun- da esposa del arqueólogo ale- mán, según un grabado de 1880.

H

arto de soportar a una pri- mera esposa que nunca le quiso –la estirada aristócrata rusa Ekaterina Lishin–, Schliemann de- cidió divorciarse por las nuevas leyes que lo permitían en el Esta- do de Indiana y buscar una com- pañera completamente distinta.

Hombre rico y mayor busca... Pa-

ra ello se puso en contacto postal con un antiguo amigo, un clérigo ortodoxo llamado Vimpo que se encontraba en Atenas, y le pidió que le buscara una esposa griega. Ella tenía que ser joven y hermosa, conocer a fondo los libros de Ho- mero y la historia de Grecia y estar dispuesta a entregar su amor a un hombre rico y mayor. El clérigo hizo

algunas indagaciones y le propuso a Sofía Engastromenos, que sólo tenía 17 años, adjuntándole una fotografía. Schliemann llegó a Ate- nas y, tras las presentaciones, le hizo un pequeño examen consis- tente en un recitado de Homero y algunas preguntas de Historia An- tigua que ella respondió muy bien. A partir de entonces, la joven Sofía permaneció a su lado codo con codo, participó de sus des- cubrimientos y le dio dos hijos. Por su parte, Schlie- mann la inmortalizó, re- tratándola con las joyas del tesoro troyano. Sólo tenía 38 años cuando enviudó y empleó el resto de su vida en preservar y divulgar la memoria de su marido.

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nes en Hisarlik, Schliemann cuadru- plicó voluntariamente el monto de la multa y regaló algunas piezas meno- res al Museo de Estambul.

Los trece años siguientes, conver- tido en una celebridad internacional, se dedicó a gozar de su fama y a exca- var en Micenas y Tirinto, además de continuar sus campañas en Troya. En Micenas consiguió otro gran triunfo a costa de destrozar el contexto. Se sabía dónde estaba la vieja ciudad, porque aún quedaban en pie su fa- mosa Puerta de los Leones y la tumba monumental conocida como Tesoro

de Atreo. Pero Schliemann hizo un descubrimiento trascendental: un gran círculo de piedra que rodeaba tumbas riquísimas, algunas de las cuales contenían casi medio millar de piezas preciosas. Sacó a la luz dia- demas, collares, sortijas, coronas, copas, peines, máscaras mortuorias y toda clase de objetos.

Luces y sombras. Con tanto éxito, a Schliemann empezaron a salirle crí- ticos. Ya se había dudado de la auten- ticidad del supuesto tesoro de Príamo –y con razón, ya que luego se supo que aquel tesoro era varios siglos anterior al Príamo homérico– y también de algunas otras afirmaciones suyas. Al- guien descubrió, por ejemplo, que su esposa Sofía no había podido acompa- ñarle el día del gran descubrimiento, como él sostenía, porque en esa fe- cha se encontraba en Atenas. Cuando le presentó al rey de Grecia la famosa máscara funeraria micénica que él lla- maba de Agamenón, corrió incluso el bulo de que había encargado a un joye- ro que le añadiese barba y bigote para que pareciese más auténtica.

En una de sus posteriores campa- ñas en Troya, la evidencia de nuevos hallazgos cerámicos bien datables le obligó a reconocer que la ciudad en

que había encontrado su gran teso- ro (Troya II) no podía haber sido la homérica, que las pruebas arqueo- lógicas situaban cinco ciudades más arriba, en el nivel VII. Y por lo mis- mo hubo de aceptar que el tesoro de Príamo no era de Príamo.

Sus últimos años discurrieron dis- frutando de su fama, su fortuna y su familia, pues había tenido dos hijos con Sofía a los que, como era previ- sible, impuso nombres homéricos: Agamenón y Andrómaca. Viajó, dio conferencias y recorrió el Nilo duran- te tres meses en un barco alquilado, sin más compañía que la tripulación. Volvió a visitar su querida Hisarlik, y poco después decidió operarse del oído (había padecido una grave in- fección). Tras la intervención, se dio de alta a sí mismo prematuramente y viajó hacia el sur. En Nápoles, ca- yó fulminado en medio de una pla- za. No podía hablar, de modo que lo condujeron al hospital, donde no fue atendido porque no llevaba dinero ni identificación. La infección había lle- gado al cerebro y Schliemann murió al día siguiente de Navidad, dos se- manas antes de cumplir 69 años. e Y después, Micenas. Convertido ya en una celebridad mundial tras el descubrimiento de

las ruinas de Troya, Schliemann se dedicó entonces a excavar en Tirinto y Micenas (arri- ba, ilustración), siguiendo su método habitual: cuanto más, mejor, sacrificando el rigor científico en el empeño. Dcha., máscara funeraria micénica llamada por él de Agamenón.

WEB

bit.ly/1xTDdqJ

En este enlace se puede consultar la entrada de Wikipe- dia relativa al Tesoro de Atreo, la mayor tumba abovedada de Grecia, que se halla en Micenas.

LIBRO

Autobiografía, H. Schliemann. Almuzara, 2010. La increíble vida del descubridor de las ruinas de Troya contada por él mis- mo: su terrible in- fancia, sus aventu- ras y aprendizajes, sus matrimonios...

ALBUM

AHU

ROCÍO ESPÍN

Una gigantesca trinchera. Schliemann ex- cavó y excavó hasta dar con sus tesoros (ya- cimiento de Hisarlik en un grabado, 1873).

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