• No se han encontrado resultados

SELVA CENTRAL: VIOLENCIA POLÍTICA Y VIOLENCIA DE

3.2 FEDERACIÓN REGIONAL DE MUJERES ASHÁNINKAS,

3.2.1 SELVA CENTRAL: VIOLENCIA POLÍTICA Y VIOLENCIA DE

departamento de Junín, y la provincia de Oxapampa del departamento de Pasco. La región de la Selva Central es el territorio tradicional de los pueblos Asháninka, Nomatsiguenga, Kakinte y Yánesha (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).

La región de Selva Central sufrió violencia política durante los años 80s y 90s, las más afectadas por el conflicto armado interno fueron las poblaciones indígenas, especialmente las asháninkas. La violencia política que vivió esta zona, aumenta la ya existente situación de exclusión y marginación que las poblaciones indígenas sufren desde tiempos de la colonización con el despojo de tierras y la sobreexplotación de recursos naturales a raíz de políticas neoliberales. Según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, (2003) de un aproximado de 55 mil Asháninkas, unos 10 mil Asháninkas fueron desplazados forzosamente en los valles del Ene, Tambo y Perené, 6 mil personas murieron y cerca de 5 mil personas estuvieron cautivas por Partido Comunista Popular-Sendero Luminoso (PCP- SL) y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). Se calcula que desaparecieron entre 30 y 40 comunidades Asháninkas a raíz del conflicto.

El origen del conflicto armado en la Selva Central se da en los años ochenta, cuando un numeroso contingente de PCP-SL que huía de la contraofensiva militar de Ayacucho ingresa a la zona por los ríos Apurímac y Ene. En un principio su presencia en la zona tenía como motivo el tránsito de provisiones y refugio de los grupos alzados en armas que actuaban en zonas andinas de Junin y Ayacucho, pero finalmente se establecieron en la zona. A mediados de los 80, también el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) comenzó a desenvolverse en la zona. Las provincias de Oxapampa y Chanchamayo eran controladas

mayoritariamente por el MRTA y la provincia de Satipo por el PCP-SL Sendero Luminoso (Villapolo, 2003).

La historia del conflicto armado es compleja, los abusos a los derechos humanos por parte del PCP-SL Sendero Luminoso y MRTA son incontables, incluso la respuesta de las Fuerzas Armadas también atropelló los derechos de los civiles. Villapolo (2003) hace una reconstrucción del conflicto armado interno y sus efectos en la población indígena de la Selva Central. La autora describe que en un principio los mandos senderistas realizaron asesinatos selectivos a personas en contra del partido e iniciaron con el adoctrinamiento a jóvenes indígenas que extraían de sus familias o de algún centro educativo (en muchas ocasiones contra la voluntad de los jóvenes y sus familias), ubicaban a los líderes de las comunidades para ganar simpatizantes con ofrecimientos de dinero y poder (promesas que generalmente no cumplieron). Para lograr el control de las comunidades, los senderistas utilizaban mecanismos de dominación y disuasión, como el miedo, que infundían a través de prácticas como la tortura, castigos y asesinatos a quienes no se sometían al partido. En la década de 1990, el PCP-SL Sendero Luminoso tenía bajo su control casi por completo toda la provincia de Satipo (Villapolo & Cornejo, 2005).

El Sendero Luminoso aisló a los asháninkas de manera física, teniendo el control de tránsito, y psicológicamente, a través de adoctrinamiento y manipulación (Villapolo, 2003). Con el tiempo las prácticas de dominación fueron más duras, debido a que los asháninkas querían escapar a toda costa del PCP- Sendero luminoso. Por ejemplo, a los “desobedientes” o “individualistas” se les castigaba o se les asesinaba, las amenazas orillaban a las personas a acusarse mutuamente para evitar castigos, hubo destrucción de lazos de parentesco y comunidad al obligar a personas a matar a sus familiares que intentaban escapar o desobedecer.

Villapolo (2003) reconoce recursos culturales tradicionales de afrontamiento que desenvolvieron los asháninkas en la situación de crisis y dominación que prevalecía, por ejemplo: conocimiento del medio ambiente, para sobrevivir en el monte; fidelidad étnica a su territorio; ritos culturales como la interpretación de los sueños, utilizaban este recurso para decidir cuándo escapar, callar o para hablar; sentido del humor, la risa como un medio de afrontamiento y expresión del sufrimiento (puesto que conductas como el llanto o cuando los asháninkas se mostraban pensativos eran castigados, pues se interpretaban como

disconformidad al partido y planeación de escape); la flexibilidad de su organización social; el idioma, como perpetuador de la identidad étnica; y estrategias de protección a la familia, como mandar a los hijos al monte y esconder comida para compartirles con el riesgo de ser descubiertas y torturadas (prácticas realizadas sobre todo por mujeres) (Villapolo & Cornejo, 2005). Posterior al conflicto armado, los recursos observados son: valores de vida, relacionados con la movilización, la autonomía y libertad; la tradición guerrera para la defensa del territorio; y una cosmovisión de relación íntima con el sistema ecológico y el ideológico (Villapolo, 2003).

Para el año 1991 se da el quiebre de la ofensiva senderista en la región. Las fuerzas Armadas, junto con la población Asháninka (organizada en rondas o comités de autodefensas) refuerzan la contraofensiva y el control del Sendero Luminoso comienza a decrecer. Los enfrentamientos cobraron muchas vidas, pero se comenzó con la recuperación de Asháninkas secuestrados(as). En la Selva Central, de manera oficial el proceso de retorno de familias desplazadas comenzó en 17 de septiembre de 1994, sin embargo no ha sido un proceso homogéneo, las comunidades estaban dispersas y las familias incompletas por la desaparición o fallecimiento de sus integrantes (Villapolo, 2003).

La huella que ha dejado la violencia política en las comunidades asháninkas, nomatsiguengas y katintes ha tenido repercusiones en la calidad de vida y la violencia de género en la zona, las huellas de la violencia política potencializan las condiciones de marginación y desigualdad. Cárdenas, Espinosa y Ruiz Bravo (2011) señalan que en el Informe sobre el Desarrollo Humano (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2010) las regiones donde la población tiene como lengua materna idiomas nativos, los menores valores en indicadores de bienestar pertenecen a las mujeres que residen en zonas rurales y fueron afectadas por el proceso de violencia política vivido entre 1980 y 2000. En el aspecto educativo, la Defensoría del Pueblo describe:

“La población estudiantil femenina de las áreas rurales enfrenta mayores dificultades de acceso y permanencia, lo que estaría asociado con aspectos socioculturales, pues a mayor edad las niñas y adolescentes mujeres asumen tareas vinculadas con el hogar y cuidado de la familia, limitándose sus posibilidades de desarrollo personal” (2010, p. 21)

En el ámbito laboral, la Defensoría del Pueblo (2010) evidencia la desigualdad entre géneros en cuanto a calidad en el acceso a puestos de trabajo. La población femenina es la que ocupa puestos de menor rango, productividad y remuneración (Cárdenas, Espinosa & Ruiz Bravo, 2011).

En el caso del departamento de Junin, según el INEI (2013) existe un alto nivel de fecundidad en las mujeres indígenas, aunando a esta situación la alta prevalencia de embarazos adolescentes, por ejemplo, en el caso de las mujeres de 15 a 19 años de edad, a nivel departamental hay una contribución de 54 hijos por cada 1000 mujeres de esta edad, sin embargo, para las comunidades nativas amazónicas la contribución es de 202 nacimientos por cada mil mujeres de esta edad. En las comunidades amazónicas el indicador corresponde a 6.86 hijos por mujer para las comunidades nativas amazónicas, mientras que para el departamento de Junin 2.45 por mujer (INEI, 2013). El acceso a la salud y el derecho a la planificación familiar se encuentran limitadas en el departamento de Junin.

La violencia de género en las regiones de Ayacucho, Puno y Junín se agudiza. Cárdenas, et al. (2011) suponen que se debe a la situación de doble o triple exclusión: por ser mujer, por residir en zonas rurales y por su condición de indígenas. Esta situación no es una novedad, los mismos problemas actuales de analfabetismo, mortalidad materna, precario acceso a la salud, violencia conyugal, limitado acceso a los espacios públicos y de poder, y el desamparo en materia de derechos laborales son problemáticas que persisten el día de hoy y a los que se enfrentan miles de mujeres no solo en el Perú, sino en el mundo.

3.2.2 FEDERACIÓN REGIONAL DE MUJERES ASHÁNINKAS,

NOMATSIGUENGAS Y KAKINTES

La Federación Regional de Mujeres Asháninkas, Nomatsiguengas y Kakintes o de manera abreviada y mejor conocida FREMANK, es una organización de mujeres indígenas que fue fundada en 1998 con la finalidad de “promover y defender los derechos de la mujer indígena” (tomado del Folleto informativo de la FREMANK).

La FREMANK está compuesta por mujeres de 131 comunidades de la Selva Central, de las etnias asháninkas, nomatsiguengas y kakintes. La organización se concentra en el trabajo de sensibilización sobre la equidad de género y la igualdad de oportunidades en el contexto, y orientado a la situación de la mujer indígena en la zona. Las temáticas en las que la organización contribuye al debate, visibilización, denuncia y capacitación son: violencia familiar, vulnerabilidad de la mujer en el contexto familiar, comunal y local (Ego-Aguirre, 2011).

La FREMANK percibe a las mujeres como agentes de cambio y motiva a las comunidades a valorarlas como tal, a través de la facilitación de capacitaciones como promotoras de salud, promotoras de justicia en el marco de la política de reparaciones, realización de talleres sobre temáticas como: identidad de género, participación política, violencia de género, desarrollo de capacidades, liderazgo y derechos humanos (Ego- Aguirre, 2011). Las mujeres que forman parte de la FREMANK por medio de su experiencia incentivan a otras mujeres de sus comunidades a participar dentro y fuera de sus comunidades.

3.2.2.1 Historia

La creación de organizaciones indígenas de mujeres y la participación activa de ellas en las organizaciones indígenas es un fenómeno que Cárdenas, et al. (2011) ubican como reciente. En la región de la Selva Central el antecedente histórico más relevante es la violencia política que enfrentaron las comunidades indígenas y la historia de reivindicaciones que las precede, lo que contribuye a la formación de organizaciones de mujeres indígenas. Las mujeres reaccionan ante la necesidad de resarcir el daño y a los cambios demográficos que ha dejado el conflicto armado, específicamente la disminución de hombres, niños(as) y adultos(as) mayores que no sobrevivieron (Villapolo, 2003). Estos cambios demográficos exigieron a la población femenina redefinir su papel dentro de sus familias y comunidades, e iniciarse en las dirigencias. Las mujeres asháninkas, nomatsiguengas y kakintes replantean los roles tradicionales asignados y acceden a las estructuras de poder (Ego-Aguirre, 2011).

Nidia Vílchez (política peruana que trabajó en el ministerio de la mujer y de desarrollo social) en el año de 1998 convoca a un congreso de mujeres indígenas y colonas en Satipo,

ahí se propone la creación de una confederación nacional de mujeres. Luzmila Chiricente, fundadora y presidenta de la FREMANK asistió al congreso, en ese entonces con el cargo de “secretaria de asuntos femeninos”. Las mujeres presentes evaluaron la proposición, sin embargo, acordaron que aún no estaban listas para formar una confederación, ellas mismas y sus comunidades acababan de salir de la violencia política. Aunque declinaron la proposición, esta situación quedó como antecedente y primera iniciativa, a partir de esa fecha Luzmila asiste a varias comunidades para visitar su Club de Madres y hacer talleres (Ego-Aguirre, 2011). En conjunto con el Ángel Novoa, presidente de la Central Asháninka del Río Tambo (CART en ese entonces) se realizaron talleres y se llevó a consulta la posibilidad de crear en la región una organización de mujeres. La propuesta fue aprobada y prosiguió a formar la junta directiva, hacer un plan de trabajo, establecer un marco normativo, inscribirse como organización en los registros públicos y sobre todo ganarse la confianza de sus comunidades con acciones que incidieran de manera positiva en ellas, pues habían sido golpeadas por la violencia política.

Es hasta el año 2002 cuando la organización de formaliza y consigue inscribirse en Registros Públicos y legalizar en la notaría sus libros de actas. Con el paso del tiempo y el constante trabajo las mujeres fueron ganando espacios de poder y dejaron de depender de los que tenían el poder en sus comunidades nativas. El comienzo de la FREMANK fue de incertidumbre para sus miembros, existían muchas dudas en torno al funcionamiento como organización, con el tiempo y el trabajo participativo, el apoyo de varias ONGs y la contribución de la Cooperación Alemana, la FREMANK se consolidó como una organización de mujeres indígenas comprometidas con las prácticas de relaciones igualitarias y de respeto a las mujeres (Cárdenas, et al., 2011).

A partir del año 2004, la organización pone especial atención y trabajo a temas de debate político con su participación en el proceso de descentralización en los procesos electorales. En el año 2005, la FREMANK se incorpora en la Mesa de Diálogo de la Mujer a nivel provincia (Satipo) y a nivel del Gobierno Regional de Junín. Participó en el proceso de reparaciones a las víctimas de la violencia desde el 2006 y Luzmila Chiricente asumió el cargo de representante de la sociedad civil en el Consejo Nacional de Reparaciones (Cárdenas, et al., 2011). Ego-Aguirre (2011) resume que la contribución de las mujeres dirigentas de la FREMANK son: las actitudes propositivas y el mantenerse atentas a las

decisiones que se toman que afectan a todas y a todos, la exigencia de la inclusión de la equidad de género en los proyectos, actividades y planes en los que participan.

3.2.3 LIDERESAS DE LA FREMANK

La FREMANK está compuesta por comunidades bases en comunidades nativas asháninkas, nomatsiguengas y kakintes. A partir de la convocatoria a congresos regionales es cuando de manera democrática se realiza la elección de las mujeres que formarán parte de la junta directiva y asumirán el cargo de “secretarias”. La elección se realiza en función de: experiencia y trayectoria como dirigentas; la capacitación y asistencia en talleres que le permitan desarrollar el cargo; y una buena reputación, evidencia de sus cualidades, como fidelidad, tranquilidad y ausencia de vicios (Ego-Aguirre, 2011).

El trabajo dirigencial que realizan mujeres indígenas miembros de la FREMANK ha iniciado un proceso de independencia en los cargos, conquistaron autonomía al decidir salir de sus comunidades sin depender económicamente de los presidentes de las comunidades, al asumir cargos que según la costumbre deberían ser ostentados por hombres. Lo anteriormente dicho se concretiza en sus planes de trabajo, las demandas y necesidades denunciadas en las asambleas y congresos, la formulación de la Agenda Política de la Mujer de la Región Junín 2011-2014 (Consejo Regional de la Mujer, 2011) y las conquistas de cargos, capacitaciones y talleres recibidos (Ego-Aguirre, 2011).

3<CAPÍTULO IV

ESTRATEGIA METODOLÓGICA

4. 1 OBJETIVOS

4.1.1 OBJETIVOS GENERALES

Comparar los motivos asociados a la participación colectiva de mujeres indígenas pertenecientes a dos organizaciones de derechos humanos, desde la perspectiva de género, a

4.1.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS

 Analizar los elementos que conforman el marco de injusticia en las participantes de las organizaciones Kalli Luz Marina A. C., y FREMANK.

 Analizar los elementos que conforman el marco capacidad de agencia en las participantes de las organizaciones Kalli Luz Marina A. C., y FREMANK.

 Analizar los aspectos que conforman la identidad colectiva de las participantes de las organizaciones Kalli Luz Marina A. C., y FREMANK.

 Analizar las emociones que inciden en la participación colectiva en las participantes de las organizaciones Kalli Luz Marina A. C., y FREMANK.