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El sermón del claustro

In document El Padre Pío - Laureano Benítez (página 158-200)

Salvo una pequeña reflexión titulada La Agonía en Getsemaní de Nuestro Señor

Jesucristo y un breve comentario a la Noche oscura del alma de san Juan de la Cruz, el

Padre Pío no nos ha dejado ningún escrito. Sin embargo, mantuvo una abundante correspondencia epistolar, en su mayor parte con anterioridad a 1924, ya que desde esa fecha se le impusieron restricciones. Publicada en italiano en cuatro volúmenes[109]

, estas cartas, dirigidas a sus directores y a sus hijas espirituales, constituyen, junto a los testimonios de particulares que le conocieron, la más valiosa fuente de información sobre su vida y su pensamiento.

De entre esas cartas y testimonios hemos entresacado los siguientes pensamientos, que conforman lo que podríamos llamar el «sermón del claustro», parafraseando el «sermón de la montaña» que predicó Jesús, y donde hemos pretendido condensar lo esencial de su mensaje.

Dios

• Preferiría ser hecho mil pedazos antes que ofender a Dios, lo más mínimo, una sola vez.

• El peor insulto que se puede hacer a Dios es dudar de Él.

• No te afanes buscando a Dios lejos de ti: está dentro de ti, contigo, en tus gemidos; mientras le buscas, Él está como una madre, que incita a su hijo a que le busque mientras ella se encuentra detrás, y con sus manos le impide que llegue.

• Dios está en ti y contigo: ¿qué temes? El temor angustioso de haberlo perdido es un argumento cierto y evidente de que mora en ti.

• Que el mundo se trastorne de arriba abajo, que todo sea anegado en tinieblas... ¿qué importa?: entre los truenos y nubarrones, Dios está contigo.

• El buen Dios me encontró a mí, solitario y en oración. Llamó a la puerta de mi corazón y yo lo acogí, pensando que era un deber el hospedar al Señor que me había creado.

• ¡Problemas importantísimos son éstos de los últimos tiempos, tan pecaminosos y tan llenos de escándalos! Se vive como si Dios no existiese y aquellos que conocen la existencia divina intentan huir de la mirada de Dios, a fin de ahorrarse preocupaciones en la justificación de su conducta extraviada.

• Amar a Dios es complacerle, y no vale la pena preocuparse por el resto, sabiendo que Dios tendrá cuidado de nosotros más de lo que se puede decir o imaginar.

• ¿Qué teméis, hijos míos? Escuchad lo que el Señor dijo a Abrahán y, en él, a vosotros: «No temáis, soy vuestro protector». ¿No buscáis a Dios? Lo poseéis, no

miento. Se deben al demonio las perplejidades del espíritu que experimentáis. Dios las permite no porque os odie, sino porque os ama.

• Vengan cataclismos y se sumerja el mundo en tinieblas, humos y estrépitos... Dios está con vosotros.

• Si Dios nos quita todo lo que nos ha dado, quedamos sólo con nuestros harapos. • No dejo de recordar siempre que Dios todo lo ve y al final juzga.

• Es cierto que nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos... También es cierto que nunca sabremos lo que nos hemos perdido hasta que Él llega.

Jesús

• El corazón de Jesús sea el centro de todas tus inspiraciones.

• No, no temáis. Camináis por el mar entre los vientos y las olas, pero acordaos de que estáis con Jesús. ¿Quién puede temer? Pero si el temor os sorprende, gritad fuerte: «¡Señor, sálvame!». Él extenderá su mano: agarradla fuertemente, y caminad con alegría.

• Jesús, te quiero muchísimo; es inútil que te lo repita: te quiero mucho.

• Sé constantemente risueño en la abnegación y la inmolación, y Jesús te sonreirá siempre más.

• Pensemos en el amor que Jesús nos tiene y en su interés por nuestro bienestar, y estemos tranquilos, no dudando que Él, con cuidado paternal, nos asistirá siempre contra todos nuestros enemigos.

• No te pido otra cosa que tu Corazón para reposar. No deseo sino participar en tu santa Agonía. ¡Ojalá pudiera mi alma emborracharse con tu sangre y sustentarse con el pan de tu dolor!

• Jesús derramó y sigue derramando todos los días lágrimas de sangre por la ingratitud humana.

• Mi vida es Cristo: vivo para Jesús, para su gloria, para servirlo, para quererlo.

• Mi corazón es tuyo. ¡Oh, Jesús mío: toma, pues, mi corazón, llénalo de tu amor, y después mándame lo que quieras!

• Jesús, mi suspiro y mi vida, mientras hoy te elevo en un misterio de amor, te pido poder ser, para ti, un sacerdote santo y una víctima perfecta.

• ¡Cuántas veces me dijo Jesús: «Hace poco me habrías abandonado, hijo mío, si no te hubiera crucificado»!

• Las almas no se nos dan como regalo: se compran. ¿Ignoráis lo que le costaron a Jesús? Pues bien, siempre es preciso pagar con esa misma moneda.

• Te recomiendo insistir para hacer progresar el amor y la preocupación hacia aquel acto supremo del infinito amor que prodigó Jesús dándose a sí mismo, todo entero y sin límites, a las almas.

• Jesús está siempre contigo, incluso cuando te parezca que no lo sientes. Y nunca está más cerca de ti que en las luchas espirituales. Siempre está allí, cerca de ti, animándote a librar con valentía la batalla; está allí para parar los golpes del enemigo, a fin de que no te alcancen.

sagrario es la fuente de la vida! ¡Es sostén, paz, ayuda y consuelo de las almas fatigadas! • Se ha enamorado Él tanto de mi corazón, que me hace arder todo en su fuego divino, en su fuego de amor. ¿Qué es este fuego que me consume todo? Si Jesús nos hace estar así de felices en la tierra... ¿Cómo será en el cielo?

• Jesús sea el consuelo, la fortaleza y la recompensa en el tiempo y por toda la eternidad bienaventurada, no sólo para mí, sino también para todas aquellas almas a quienes yo quiero con ternura paternal.

• En todo pobre está Jesús agonizante; en todo enfermo está Jesús sufriente; en todo enfermo pobre está Jesús dos veces presente.

• Me pregunto cómo es posible que haya almas que no sientan quemar en su pecho el fuego divino, especialmente cuando se encuentran delante de Él en el Santísimo Sacramento.

• Tengo tanta confianza en Jesús que, si viera el infierno abierto delante de mí, no desesperaría, confiaría en Él.

• Mi corazón está rebosante de alegría y se siente cada vez más fuerte al encontrar cualquier aflicción, en caso de que se trate de obedecer a Jesús.

• Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le preguntes jamás «¿por qué?», aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche, no rehusemos las tinieblas.

• ¡Oh, si las almas conociesen bien y apreciasen el gran don de Dios que se quedó viviente en la tierra, cómo vivirían la vida de otro modo!

• El amor no se esconde sino para fomentar el amor. Jesús no pide imposibles. Dile: «¿Quieres que te ame más? Dame más amor y te ofreceré más amor».

• ¿Puede alguien sentirse infeliz, si Jesús se le ha dado en herencia?

• Lo que más me hiere es el pensamiento de Jesús sacramentado. El corazón se siente como atraído por una fuerza superior. Tengo tal hambre y sed antes de recibirlo, que poco me falta para morir de preocupación.

• En la vida espiritual, cuanto más se corre menos se nota el cansancio. Más aún, la paz, preludio del gozo eterno, nos inundará, seremos verdaderamente dichosos y fuertes a medida que, esforzándonos constantemente, dejemos vivir a Cristo en nosotros, despojándonos de nosotros mismos.

• Camina siempre bajo la mirada del Buen Pastor, y evitarás pastizales envenenados. • Sed constantes, permaneced en la nave en que os ha embarcado y, aunque vengan tempestades, Jesús está con vosotros, y no pereceréis.

• Hijos míos, Jesús sea siempre el centro de nuestras aspiraciones, nos consuele en las tristezas, nos sostenga con su gracia, ilumine nuestra mente e inflame nuestro corazón de amor divino: Esta es, en síntesis, mi asidua plegaria por vosotros y por mí ante Jesús. Él, con su infinita bondad, se digne escucharla y atenderla.

• Si nos sobreviene alguna languidez de espíritu, corramos a los pies de Jesús en el Sacramento, pongámonos entre los celestes perfumes y seremos, indudablemente, revigorizados.

preocupéis, porque Jesús está con vosotros y, donde Él está, no puede no encontrarse el reino de su amor. Para convenceros baste vuestro continuo aspirar a Él. ¿Es posible que Jesús esté lejos, mientras le llamáis, le rezáis y le buscáis? ¿Cómo es posible que el amor divino no esté en vosotros, mientras, como el ciervo sediento, corréis a la fuente eterna de agua viva?

Desechad, por lo tanto, toda duda. Calmad vuestras ansias.

• Repítele continuamente también tú al dulcísimo Jesús: quiero vivir muriendo, para que de la muerte surja la vida que ya no muere, y la vida resucite a los muertos.

• Confieso que para mí es una gran desgracia no saber expresar y explicar este volcán eternamente encendido que me quema, y que Jesús hizo nacer en este corazón tan pequeño.

• Sé que nadie puede amar dignamente a Dios, pero cuando alguien se esfuerza al máximo y confía en la divina Misericordia, ¿por qué va a rechazarlo el Señor? ¿No nos ha mandado Él amar a Dios como mejor podamos? Si le habéis entregado y consagrado todo a Dios, ¿por qué temer? ¿Tal vez por no poder amarle más? ¡Jesús no pide cosas imposibles! Por otra parte, decidle al buen Dios que supla Él lo que os falta, y sin duda le complaceréis.

• Las almas que aman a Jesús deben tratar de asemejarse a su eterno y divino modelo. Jesús llegó a sentirse solo. En su humanidad quiso experimentar la incomprensible pena de sentirse abandonado hasta de su Padre celestial.

• No temáis, Jesús es más poderoso que el infierno. Al solo recuerdo de su nombre, todos, en el cielo y en la tierra, caen de rodillas ante Jesús, consuelo de los buenos y terror de los impíos.

• Caminad entre vientos y mareas, pero con Jesús.

• Sed constantes en vuestros propósitos, permaneced en la nave en que os ha embarcado y, aunque vengan tempestades, Jesús está con vosotros, y no pereceréis. Él dormirá, pero en el momento de peligro se despertará y os calmará.

• Para revestirse de Jesús, es necesario despojarse de uno mismo. • Pon dulcemente tu corazón en las llagas de nuestro Señor. • Jesús conforta siempre al que confía y espera en Él.

• Jesús y tú, de mutuo acuerdo, tenéis que cultivar la viña: tú debes quitar y transportar las piedras, y arrancar las espinas; Jesús sembrará, plantará, cultivará, regará... También en tu trabajo colabora Jesús. Sin Él nada podrías hacer.

• ¿Os acongojáis si Jesús, para conduciros a la patria celestial, os hace caminar a campo traviesa o por desiertos, cuando por unos y otros conseguiréis igualmente la felicidad eterna?

• ¡Se debe ir a Jesús con verdadera fe, y no por rutina, como para olvidarlo cuanto antes! ¡Vivid de la fe, de aquella fe viva que eleva las almas a las cosas sublimes, en vez de sumergirse demasiado en la tierra!

• Si las almas no se acercan con frecuencia al fuego eucarístico, permanecen frías, sin aliento, tibias, sin méritos. Y ¿qué consuelo puede recibir Jesús de esas almas que no tienen la fuerza de volar sobre todo lo creado?

• Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle gracias; si se oculta a vuestra vista, dadle también las gracias. Todo esto compone el yugo del amor.

María

• Te recomiendo ocuparte actualmente de cómo poder honrar siempre más a la gran Madre de Dios y Madre nuestra.

• Oye, Madre, yo te quiero más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús, claro. Te quiero tanto... Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte... Sí, eres hermosa, Madre mía... Si no hubiera fe los hombres te llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol. Eres hermosa, Madre: ¡te quiero!

• Nuestro común enemigo sigue haciéndome la guerra y hasta la fecha no ha dado ninguna señal de querer retirarse y darse por vencido. Me quiere perder a toda costa, pero me siento muy obligado a nuestra Madre María al rechazar estas insidias del enemigo.

• En el cielo estoy en constante coloquio con Dios para salvar las almas, pero especialmente recurro a la Reina del Cielo y de la tierra, María. Junto a ella desempeño mi misión.

• ¡Implorad la protección de mi Madre y tened confianza en Mí!... Mi Madre os ha dicho que ella es la Mediadora de todas las gracias.

• Seamos inmensamente gratos a la Virgen: ¡Ella nos dio a Jesús!

• Te dejo, ¡oh, hermano!, este legado: el Crucifijo, la Eucaristía, el Corazón Inmaculado de María y las almas que hay que salvar.

• No os entreguéis de tal manera a la actividad de Marta que lleguéis a olvidar el silencio y la entrega de María. La Virgen, que tan bien encarna a una y a otra, os sirva de suave modelo y os inspire.

• ¡Que la Virgen, clemente y piadosa, os continúe obteniendo de la inefable bondad del Señor fuerza para afrontar hasta el final las pruebas de amor que os sobrevengan!

• ¡Amen a la Virgen y háganla amar! ¡Reciten siempre el Rosario!

• Si estuvieses en el cielo y vieras todo lo impuro que hay en el corazón del hombre, y cómo el hombre quisiera desbaratar los planes de Dios manifestados en la Redención humana por medio de María Inmaculada, desearías precipitarte, si te fuese posible, sobre la tierra, para manifestar al mundo la verdad infalible del Verbo Encarnado en el seno purísimo de la Virgen María, por obra y virtud del Espíritu Santo.

La Cruz

• La vida es un Calvario. Conviene subirlo alegremente. Que siempre seamos amigos de la Cruz, que nunca huyamos de Ella, porque quien huye de la Cruz huye de Jesús, y quien huye de Jesús nunca encontrará la felicidad.

• Ten sobre tu corazón a Jesucristo crucificado, y todas las cruces de este mundo te parecerán rosas.

• ¿No es acaso la Cruz la prueba infalible del gran amor de Dios a un alma?

sabiduría de la Cruz, tendremos esa otra gran cosa que sólo la Cruz da: la alegría de la Cruz.

• Si Dios nos somete a una Cruz muy pesada, y nos da la fuerza necesaria para soportarla con mérito, son signos inequívocos y únicos de su amor por nosotros. Esa Cruz muy pesada a veces pueden ser problemas de salud, problemas familiares... también pueden ser incomprensiones, tentaciones, o tribulaciones de distinto tipo... Nosotros debemos pedir esas cruces. Pensemos esto: son signos inequívocos y únicos de su amor por nosotros.

• Sigamos al Divino Maestro a lo largo de la cuesta del Calvario cargando con nuestra Cruz, y, cuando él crea conveniente clavarnos en la Cruz, démosle gracias, y considerémonos afortunados por tanto honor que nos ha sido concedido, sabiendo que el estar crucificado con Jesús es un acto mucho más perfecto que el simple contemplar a Jesús en la Cruz. Por eso, no hay que asustarse por la Cruz. Hay almas que no avanzan en la vida espiritual por miedo a la Cruz. Más aún, hay almas que retroceden, incluso hay almas que abandonan a Cristo porque tienen miedo a la Cruz.

• Que la Cruz no te asuste. La más grande prueba de amor consiste en padecer por el amado; y si Dios, por tanto amor, sufrió tanto dolor, el dolor que se sufre por Él se vuelve amable en cuanto al amor.

• Jesús nunca está sin la Cruz, pero la Cruz no lo está nunca sin Jesús.

• El madero no os aplastará: si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar.

• Yo amo la Cruz, la Cruz sola.

• La Virgen de los Dolores nos consiga de su santo Hijo la gracia de hacernos penetrar cada vez más en el misterio de la Cruz y asociarnos con ella a los padecimientos de Jesús.

• La más cierta prueba del amor consiste en padecer por lo querido y, después de que el Hijo de Dios padeció por puro amor tantos dolores, no queda ninguna duda que la Cruz, llevada para Él, se hace amable por el amor.

• Apelad a Dios cuando vuestra cruz os martiriza. Así imitareis a su hijo que, en Getsemaní, imploró algún alivio. Pero, como Él, estad dispuesto a decir: ¡Fíat!

• Perseverad hasta la muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.

• El Calvario es el monte de los santos, pero de allí se pasa a otro monte, que se llama Tabor.

• Gólgota: una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado Salvador.

• Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz: son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.

• No temas las adversidades, ya que ponen el alma al pie de la Cruz, y la Cruz nos pone en las puertas del cielo, donde se hallará Él, que triunfa sobre la muerte y te introducirá en el gozo eterno.

• Para crecer, necesitamos del pan básico: la Cruz, la humillación, las pruebas y las negaciones.

• Andas excesivamente preocupado en la búsqueda del Sumo Bien: verdaderamente lo tienes dentro de ti, y te tiene extendido en la desnuda Cruz, alentándote para que puedas resistir el inaguantable martirio e, incluso, para que ames amargamente el dolor.

• No te aplaste la Cruz: si su peso te hace tambalear, su potencia te sostiene. El peso te parece intolerable, pero lo sobrellevas porque el Señor, por amor y misericordia, te ayuda con su fuerza.

• Subamos al Calvario con la Cruz a cuestas. No dudemos. Nuestra ascensión terminará con la visión celeste del dulcísimo Salvador.

• Mi deseo es que lleguéis a expirar en la Cruz con Jesús, y con Él podáis dulcemente exclamar: «¡Consummatum est!» (Todo está cumplido).

• La Cruz es la bandera de los elegidos. No nos separemos de ella y cantaremos victoria en toda batalla.

• En la vida, cada uno tiene su Cruz. Tenemos que conseguir ser el buen ladrón, no el malo.

• Para llegar a nuestro último fin es preciso seguir al jefe divino, el cual no quiere llevar al alma por ninguna otra senda que no sea la que él recorrió, es decir, la de la abnegación y la Cruz.

• Sí, amad la cuna del Niño, pero amad el Calvario del Dios crucificado entre tinieblas. Apretujaos a Él, estad seguros de que Jesús se halla en vuestros corazones más de cuanto pensáis e imagináis. A esto os exhorto.

• Cuando notéis que aumenta el peso de la Cruz, insistid en la oración, para que Dios os consuele. Si os comportáis de esa manera no obráis en absoluto contra la voluntad de Dios, sino que acompañáis, para obtener alivio, a su mismo Hijo, que también oró a su Padre en el Huerto.

• Vivimos en un valle de lágrimas donde cada uno lleva su Cruz. No encontraremos la felicidad aquí en la tierra.

• Esta vida es breve, mientras que las recompensas que nos esperan en el ejercicio de

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