24 U S VIEJAS COSTUMBRES
30 DE LAS SIETE COLINAS AL OREE
el gran historiador alemán, dijo: "Si a un ángel de Dios se le ocurriera comparar el territorio gobernado por Antonino Severo tal como era entonces y como es ahora, y decir en cuál de los dos períodos fue gobernado con más inteligencia y humanidad, y si, en general, han mejorado o empeorado la moral y el grado de felicidad desde aquellos días, es muy dudoso que el juicio fuera favorable para la actuali dad.” Gibbon ya había dicho algo semejante.
El siguiente fue un siglo de confusión, hasta que en el año 306 d. c. Constantino fue nombrado Empe rador, y Bizancio, con el nuevo nombre de Constan- tinopla —hoy Estambul— pasó a ser en el año 330 d. C. la capital de la mitad oriental del Imperio, de
donde surgió el Imperio Romano Oriental, heredero tanto de la tradición griega como de la romana.
b) DE LAS SIETE COLINAS AL ORBE ROMANO
.. .cantar un himno a tos dioses con quienes tas Siete Co
linas están en gracia. ¡Oh! Sol que todo alimentas, que con tu carro de fuego traes el día y lo escondes de nuevo y vuelves a nacer como otro nuevo día y sin embargo, el mismo, que nunca os corresponda ver nada más gran
de que esta ciudad, Roma. H oracio
Has hecho una ciudad de lo que antes era el orbe del mundo. r u u l io c lau d io n am acian o
Italia es una península montañosa, con la "espina dorsal” de los Apeninos más cerca de la costa orien tal que de la occidental, alcanzando a veces hasta el mismo mar. Los puertos están situados en el oeste y en el sur. Desde los Alpes hasta la punta de "la bota" hay tanta distancia como desde la isla John o Groats a la isla de Wight, es decir, unas 600 millas aproximadamente. El ángulo de la península es tal que el talón se encuentra 300 millas más hacia el este que la costa nordeste en Rávena. Desde el talón hasta Grecia hay unas 500 millas, v desde la punta occidental de Sicilia hasta Africa, sólo unas 100.
Si las montañas en Italia, con sus elevados valles, ricos en trigo, aceite y vino, tan apreciados siempre por los romanos, han cautivado el ámor de los siglos, hay también tres planicies que han »desempeñado un papel de no poca importancia en la historia. En el norte se extiende la amplia llanura del río Po (Pa
dus), que nace en los Alpes occidentales al sudoeste
de Turin (Augusta Taurinorum), y que, por tanto, atraviesa la península. Cuando los romanos llegaron por primera vez a esta llanura, la encontraron ocu pada por tribus galas, y desde entonces fue conocida por la Galia Cisalpina : Galia a este lado de los Alpes. En el centro de la costa occidental se encuentra la llanura del Lacio; a través de su extremo norte corre el Tiber, que nace al norte de los Apeninos y es el segundo río de Italia en longitud. Los barcos ligeros podían remontar su tramo inferior. La tercera lla nura es la planicie de Campania, más hacia el sur en la costa occidental; Neapolis (Nápoles) y Cumas fueron dos famosas ciudades que los griegos fun daron en la Antigüedad; el Vesubio ha amenazado constantemente esta llanura a través de los siglos.
Empezamos con la segunda de estas planicies. Te nemos que omitir todos los estudios que han hecho los arqueólogos para conocer el camino seguido por las tribus "itálicas” desde más allá de los Alpes. Comenzaremos con los Montes Albanos, al sudeste de la planicie latina y en la desembocadura del Tiber. Allí, en Alba Longa, se edificó la primera ciudad de los latinos, fundada, según la leyenda, por Ascanio, hijo de Eneas de Troya, en lo que los romanos ba saban su pretendida ascendencia troyana. Rómulo y Remo fueron sus descendientes. En este lugar se encontraba el santuario del dios de las aldeas veci nas, Júpiter del Lacio. Tenemos que figurarnos una continua "concentración” de aldeas reunidas por ne cesidades comunes de defensa, culto y comercio, y sin duda Alba Longa fue un ejemplo típico de esto.
Más tarde, estos mismos montañeses descendieron a las llanuras y se establecieron sobre las "Siete Co linas” de Roma. Eran un pueblo de pastores. Sus
primeros festivales estaban ligados a los intereses de los pastores; leche, no vino, fue la primera ofren da, y la riqueza se calculaba por el número de ca bezas de ganado; la palabra misma para "dinero",
pecunia (de aquí "pecuniario"), significa "cabeza de
ganado”. Encontraron otros hombres de una raza afín, sabélicos y sabinos, que se dirigían a la llanura y que se establecieron en terrenos más altos. La fu sión de estos grupos fue el origen de Roma. Desde su posición central los soldados de Roma podían di rigirse hacia el norte, hacia el este y hacia el sur; a lo largo de los valles hacia el norte y hacia el este, y por la llanura hacia el sur; pronto aprendieron el valor de las "líneas interiores". Desde luego, algunos historiadores han pensado que el emplazamiento de Roma fue escogido desde un principio como avan zada contra los etruscos en el norte. Y, por el mo mento, dejemos aquí a los romanos estableciendo contacto con los pueblos circundantes, dedicándose a las labores agrícolas y negociando con los mercaderes etruscos y griegos.
El imperio etrusco se extendía al norte del Tiber. Se supone que los etruscos fueron nómadas maríti mos, originarios posiblemente del Oriente, que ter minaron por establecerse en Etruria o Toscana. Crue les y despóticos, adoraban a los dioses sombríos del averno y adivinaban el futuro observando los órga nos de animales sacrificados. Construían murallas extraordinariamente sólidas para defender sus ciuda des, y comerciaban con las ciudades griegas y con Cartago en Africa, adquiriendo así elementos de otras civilizaciones superiores a la suya. Penetraron desde la costa hacia la planicie de Campania, y en el siglo vu intentaron avanzar hacia el sur con el fin de ocu parla, rodeando las colinas hacia el este para evitar los pantanos, apoderándose de algunas ciudades la tinas en las tierras altas.
Durante la época de la migración latina hacia las "Siete Colinas", los griegos dieron comienzo al largo proceso de ocupación de los mejores puertos de las costas meridional y occidental de Italia y de la parte