Un día cualquiera, cuando de repartir trabajos para la Monografía del Centenario de Urrao se trataba, la Junta respectiva tuvo el candor de acordar que escribiera yo Sinopsis Diferencial, uno de los temas escogidos para la obra, y como quiera que ese llamamiento debo responder, he decidido trazar estas líneas para establecer diferencia sobre lo que fue esta sección del Departamento en 1834, y lo que es en la actualidad; más como noto que tal diferencia habrá de ser poco menos la que pudiera resultar de cero a uno, hago caso omiso de lo diferencial para concretarme a lo sinóptico, al compendio o suma de nuestros progresos alcanzados en el siglo.
Pocos, no sólo en cantidad, sino en calidad, van a aparecer en el tablero nuestros progresos municipales, si se les compara con los de otras secciones del país, que han logrado la simpatía y la gracia de todos los gobernantes, pero son muchos, sí se tiene en cuenta que lo existente es obra del esfuerzo colectivo de sus hijos, con una ayuda tan ínfima del Departamento, que pudiéramos calificar de miserable y sin aporte alguno por parte de la Nación. Seguramente, en esto estriba principalmente el orgullo con que hoy nos presentamos a examen.
Principió por el ramo que más hace progresar a los pueblos, y que por ello quizá, se lleva todas mis simpatías:
VIAS DE COMUNICACION
Sólo tres caminos tenía Urrao en 1834. El primero y más importante de ellos, por tratarse del intercambio comercial en mayor escala, era una pésima trocha que de la cabecera conducía al caserío de Bebará, situado éste a diez o doce kilómetros del Atrato, y que era sólo transitada por peatones que portaban a espaldas carne salada, quesos, cebollas, borraja y otros artículos que se producían en pequeña escala, para ser cambiados por oro, telas, vasijas de hierro y de loza, y otros efectos necesarios a los colonizadores de estos territorios, y cuyo recorrido, de ida y regreso, se hacía regularmente en quince o diez y seis días. La segunda, que era considerada también como de mucha importancia, pues que por ella se hacía algún pequeño comercio, amén de que por allí debían hacer sus visitas periódicas a este valle algunos dueños de grandes extensiones de terreno, y los clérigos que por épocas venían a ejercer su ministerio, era también una trocha penosísima, transitable apenas a lomo de buey, que unía la cabecera con la ciudad de
Antioquia, a la cual pertenecía y perteneció en lo civil hasta hace poco tiempo. La tercera vía conducía a la salina de San Mateo, por la Quebradona, y su importancia era casi nula. Hoy, es éste el Municipio de Antioquia que tiene vías de construcción más deficientes, y con un sostenimiento notoriamente descuidado, y cuenta con doscientos kilómetros de caminos departamentales, ciento sesenta y seis municipales, ochenta y cinco que mide el que va al Atrato, dado en privilegio, pero sostenido por el Distrito, tres vías fluviales, cuya extensión es de 20 kilómetros las del río Arquía, 30 la del Murrí y 80, próximamente la del río Atrato; y por último, un campo de aviación. Estamos comunicados hoy con todos los Municipios circunvecinos, y más de una vez, en épocas normales, se ha viajado a la capital del Departamento en una jornada de quince horas, cuando antaño eran menester hasta cuatro días para hacer ese recorrido.
La suerte de Urrao está pendiente de una vía carreteable de 180 kilómetros que lo una con la bahía de Cupica en el Pacífico, y a la vez por al Atlántico por el gran canal del Atrato; vía que no sólo interesa a Urrao, sino al Departamento y a la Nación, la vía natural de Antioquia para comunicarse con los dos mares nada menos, la que no ofrece dificultades, la que servirá a los urraeños hasta para darse con frecuencia un baño de agua salada, en la que hasta ayer no se había pensado, no sé si por ignorancia de la geografía o por consigna de algunos centralistas, que ha temido esa vía como ventajosa competidora del ferrocarril de Antioquia.
INSTRUCCIÓN PUBLICA
En 1796 los Jueces pedáneos Cayetano Orrego y don Pedro Vallejos, con la aprobación eclesiástica, hicieron nombramiento del primer maestro de San José de Urrao, en la persona de José María Aguirre y Mena, que ejerció con mucho tiempo con interrupción de meses y hasta de años, unas veces reemplazado y otras no. Como al menos por épocas los padres de familia tenían que pagar la educación de sus hijos, llegó el año de 1834, sin haber logrado que a ramo tan importante se le diera impulso que merecía, y así, por mucho tiempo vivió en el abandono, pues apenas a mediados de 1856 doña Micaela Campillo, como primera maestra, ejerció su ministerio en la educación de la mujer y solamente en 1898 se creó una segunda sección en la escuela urbana de niños, y en 1903 la de niñas. Hoy, sin que nos consideremos muy favorecidos por el Gobierno, pues faltan escuelas para educar quinientos niños cuando menos, tenemos un colegio de señoritas, con sección infantil, que cuenta con once Directoras y doscientas dos educandas; escuela urbana primaria y complementaria de niños, con cinco maestros y trescientos cincuenta y cinco discípulos; urbana de
niñas, que tienen cinco Directoras y doscientos cuarenta discípulas; y veinte escuelas rurales, entre ellas dos privadas, con igual número de maestros, y mil trescientos cuarenta educandos.
Comparto con muchos individuos el concepto de que hay que dar preferencia a la enseñanza primaria, pero como desde hace tiempo se hace necesario un centro de segunda enseñanza en este Municipio, para varones, debemos trabajar por implantarlo, regido por competentes pedagogos, y no por religiosos.
OBRAS PUBLICAS
En 1834 no tenía Urrao sino la iglesia, que prestó servicio hasta 1908, en el costado occidental de la plaza, y en ésta, al frente de la misma iglesia, el cementerio parroquial. No tenía edificios para escuelas, oficinas públicas y cárcel; carecía de matadero, no había un puente siquiera sobre los ríos Urrao, Pavón y Penderisco; aún no se había establecido el mercado público semanal, y este estado de cosas hace pensar que si todavía hay gentes en la capital del Departamento, que preguntan ¿qué importancia tiene Urrao y cuál es su situación topográfica, cuál sería el conocimiento que se tuvo de la región cuando nació a la vida municipal?
Hoy podemos exhibir: un templo, que si no es un monumento del arte, es al menos presentable; el cementerio, que si es verdad ha perdido mucho de su gran belleza natural, la mano del hombre le ha puesto obras de ornato; alumbrado eléctrico con fuerza suficiente para el presente; hospital de caridad en condiciones aceptables; matadero público que responde a los mandatos de la higiene, casa consistorial con capacidad para cárceles y diez oficinas; escuela modelo, suficiente para setecientos educandos y presentables en cualquiera población del país; un edificio para escuela urbana de niñas; otro, donde han funcionado algunos colegios, y catorce más para la enseñanza rural; veintiún puentes sobre los ríos y arroyuelos de importancia, fuera de varias alcantarillas en corrientes menores; servicio de agua potable, para mucha parte de la población, con fuente pública y varias alcantarillas que al menos por un tiempo prestarán su servicio; plaza de feria con coeficiente de seguridad por un 50 por 100 de servicio del que presta en la actualidad; casa cural; mercado muy surtido en la plaza principal, fundado en el 65 por el Alcalde de entonces, don José Ignacio Palacio; plazuela con jardín, que lleva el nombre de Uribe Uribe, por estar destinada a levantar allí un monumento en honor de sus méritos; coliseo edificio destinado para representaciones teatrales. En otros campos hemos hecho adquisiciones de importancia, tales como Juzgado del Circuito, Alcaldía y establecimiento penal, Telegrafía, Notaría y Oficina de Registro. Nuestro
comercio de importación y exportación es de bastante importancia. Tenemos hombres que pueden representar el Municipio en todas las actividades; una educación aceptable y un carácter independiente y luchador.
POBLACION
En 1826 tenía Urrao, son contar a Noque, que entonces le pertenecía, 984 habitantes y sesenta y tres edificios urbanos con techos cubiertos de paja; el censo de 1843 sumó 2.115 habitantes, contando el partido de Noque, y con estos datos podemos darnos cuenta lo que pudo ser el Distrito de 1934. Hoy cuenta la ciudad con más de seiscientos edificios, y aproximadamente 18.000 habitantes. Nuestro poblado no es algo que pueda mostrarse por lo moderno, pero sí cuenta con buenos edificios, con calles bien delineadas y macadamizadas, y con una situación topográfica envidiable.
INDUSTRIA PECUARIA
En 1826 tenían los colonos de este valle 370 reses vacunas y 211 caballares, las cuales pasaban en los rastrojos que quedaban después de recolectadas las cosechas de maíz, y en la actualidad no es aventurado afirmar que poseemos más de 50.000 cabezas de ganado vacuno y caballar, y 6.000 cerdos. Fundo esta afirmación en que las estadísticas comprobadas por medio de censos, dan un total de 44.262 cabezas de la primera clase, y 5.526 de la última, y que al menos un 15 por 100 dejaron de inscribirse o contarse, bien por impericia de los encargados de levantar los censos, o por malicia de los poseedores que toman esos empadronamientos como algo que les perjudica para efectos de las contribuciones.
AGRICULTURA
Se tiene noticia de que a mediados de 1830 la agricultura de la región consistía en el cultivo de maíz y frisoles, y producía 1826 cargas de ocho almudes del primero y 150 del último. No obstante el poco desarrollo de la agricultura, debido a que nuestros productos no pueden ir a competir a otros mercados por las pésimas vías de comunicación, en 1933 produjo el Distrito 26.932 arrobas de café de superior calidad, 285.063 arrobas de panela, 30.000 cargas de maíz, 6.000 de frisoles y 8.000 arrobas de cacao. Además se cultivan muchas clases de frutas, legumbres y hortalizas, pero apenas lo necesario para el consumo local.
PRESUPUESTOS
Ninguna comparación se puede hacer en esta materia, pues en 1834, en pocas partes del país se hacían presupuestos. El de 1932 montó la suma de $26,533-47, cantidad respetable si de tiene en cuenta la época de angustia que atravesaron y atraviesan aún todos los Municipios.
Todo se ha modificado, hasta las costumbres; sólo nos resta abolir ciertos prejuicios coloniales, y en ello debieran tomar parte las autoridades.
Estas son las obras que exhibe Urrao en un período de cien años, pero que sin faltar a la verdad, han sido llevadas a cabo en su mayor parte después de la última guerra civil. Podéis presentarlas con orgullo, noble pueblo urraeño, porque ese es el conjunto de vuestro esfuerzo, el producto de vuestras contribuciones; no creáis que ellas son fruto del Concejo, del Cura o de otras Juntas Directivas, porque esas entidades no son más que vuestros intermediarios, la parte pensante; vosotros sois el brazo que ejecuta, el escuadrón que gana la batalla.
J: Emilio Escobar
Urrao, abril 23 de 1934.
SOCIAL.
Celebra Urrao el primer centenario de su erección en entidad municipal, es decir, su iniciación en la vida política entre las poblaciones de Antioquia.
Ninguna efemérides en la moderna historia de las fundaciones de los grandes núcleos de colonización antioqueña que, como ésta, revista los más nítidos y destacados caracteres de una evolución social completa de su iniciación, desarrollo y finalidades.
La situación geográfica, la topografía de los terrenos, valles y cumbres enclavados en los Andes occidentales, en el lejano oeste antioqueño, donde se recogiera un grupo de empecinados montañeses que en dispersa peregrinación había llegado del oriente, del centro y occidente de Antioquia, en el completo aislamiento de sus montañas, olvidado –por muchos años del apoyo oficial- cuando éste sólo atendía a los intereses de las regiones del sur, o de las vías hacia el río Magdalena que pusiera el centro en comunicación con la capital y la Costa Atlántica, Urrao surgía vencedor de la selva virgen, de las tierras bajas y húmedas, al esfuerzo silencioso fecundo de una colectividad anónimo y fuerte.
Porque Urrao, afirmación hoy de aquel triunfo de inmigrantes abnegados y humildes, no tendrá por qué erigir, en sus plazas y paseos, índices personales de bronce que simbolicen los fundadores de pueblos o sus dioses tutelares. El máximo esfuerzo en la lucha contra la naturaleza bravía, el éxito de la solidaridad social en la empresa, serían ciertamente la alegoría tangible en la piedra que glorificara a los fundadores de la ciudad de Urrao. Grandioso tributo a la verdad y a la justicia históricas, cuando aquel pueblo quiera recordar a los demás de la República su origen y su arranque primordiales.
Hoy, los habitantes de la ciudad fuerte rica y culta, volverán sus miradas hacia ese no lejano pasado, para rememorar, analizar los factores étnicos, morales y materiales que lograron triunfar en tan desesperada lucha, y cumplir al través de cien años de existencia la más eficaz e instructiva evolución social.
Consignemos algunos modestos sobre este tema que, muy respetuosamente, sometemos a los descendientes de aquellos bravos pionerrs, sobre cuyas cenizas se yerguen hoy las grandezas de la ciudad y de las campiñas.
La conquista, como en todos los lugares de la América que recorriera con sus crueldades y destrucciones, marcó roja huella de sangre y de lágrimas sobre el valle de Urrao. La tradición ha recogido con ecos de romance el sacrificio heroico del soberbio y bravo cacique del Barroso, sacrificado con su familia por la soldadesca del Capitán castellano Gómez.
Después de la epopeya, los lugares abandonados por los conquistadores durmieron el sueño de la selva milenaria enseñoreada por la soledad y el silencio.
Sólo un guión, estrecha y larga trocha que partiendo de las orillas del Atrato terminaba en la capital de Antioquia, pasaba al través de los montes de las regiones urraeñas.
Azarosa comunicación sólo empleada por los más audaces monteros y por uno que otro correo real en circunstancias bien especiales.
Pero un día las narraciones de los aventureros buscadores de guacas, las oscurecidas tradiciones de la existencia de amplios valles en que solían encontrarse trozos de praderas vírgenes, movió lenta pero continuamente una inmigración compuesta de gentes humildes que luchaban por su independencia económica a brazo partido, en las múltiples actividades de la agricultura, la ganadería, la minería y la
guaquería.
Ante la lucha larga, empecinada y silenciosa de aquellos hombres, la selva se rindió, abatida; entregó su seno ubérrimo al colono, y la tierra domeñada fue esclava del cultivador.
Cuando aquellos emigrantes pudieron contemplar satisfechos y altivos, desde los lindes de la labranza, los techos grises que acariciaba la neblina de los valles humedeciendo las tejas de roble de sus casas, que representaban el supremo esfuerzo de su bienestar; cuando los escasos ganados pastaban en los prados limpios de maleza, y cuando los fuertes y ágiles caballos les servían sobre esas rutas de lodo y de ásperas trochas, fue cuando de la ciudad de Santafé de Antioquia llegaron los señores portadores de títulos de esas tierras, mucho tiempo hacía adjudicadas por la Corona de España o por los libertadores de la República.
Es innegable que a pesar de que los nuevos poseedores de las tierras traían un sentimiento de inconformidad por parte de los colonos, su aporte de capitales, de cultura y de no desmentida benevolencia, lograron suavizar el inevitable encuentro.
La evolución social se cumplía a pesar de todo; el tercer período de esa existencia de trabajo, de aislamiento, de incomodidades, se llenó cuando a su turno llegaron los nietos, de aquellos primitivos taladores de las selvas del Penderisco, del Pavón y del Urrao, provistos de una educación y cultura avanzadas, y tomaron la dirección y la preponderancia sociales.
Los abuelos habían domado la naturaleza ruda y virgen de esas tierras; los padres emplearon los modestos haberes acumulados en la larga y penosa brega rural de enviar a sus hijos a educarse, ilustrarse, en los colegios de Antioquia y Medellín. Ahora son estos últimos los que, dueños de una instrucción y cultura superiores, readquieren esas bellísimas propiedades en donde los abuelos levantaron la primitiva choza; los padres ganaron el rescate moral de sus hijos, y huellan victoriosamente esa senda que ahondó el paso conquistador de sus antepasados.
Cuando son éstos los antecedentes y características del surgimiento de un pueblo a la vida social, no podrá dudarse de que no tendrá obstáculos posibles en su progreso y civilización futuros.
Urrao da un alto ejemplo en estos días de rememoraciones de lo que pueden las iniciativas, la tenacidad en el trabajo, las aspiraciones elevadas y la alteza de sentimientos.
R. Botero Saldarriaga