Desarrollos posteriores
1.2. Sistemas autopoiéticos
En esta misma línea, son también de una gran influencia las ideas de los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela, quienes proponen que los seres vivos son sistemas
autopoiéticos, es decir, se producen continuamente a sí mismos y se constituyen como
diferentes del medio circundante por su propia dinámica. Estos sistemas poseen lo que llaman
clausura operacional en su organización: su identidad está especificada por una red de
procesos dinámicos cuyos efectos no salen de esa red. Es claro que estos autores se colocan en una perspectiva constructivista; sin embargo, no dejan de advertir en numerosos puntos de su obra contra una interpretación simplista de sus posiciones. Expresamente afirman que hay que aprender a caminar por el filo de la navaja evitando los extremos representacional (u objetivista) y solipsista (o idealista). Parecen haber adivinado que las interpretaciones de su obra con frecuencia preferirían el ancho y grosero camino del «no existe el mundo objetivo, todo es significado», que el incómodo filo que preconizan.
Señalemos que Varela, posteriormente, centr su atención en el campo de las ciencias cognitivas y la experiencia humana, específicamente en el tema de la inexistencia de un yo independiente, fijo y unitario dentro del mundo de la experiencia y las consecuencias de esta inexistencia. Su propuesta es acercarnos a esta cuestión desde el budismo, propuesta que parece haber sido recogida dada la implantación del mindfulness, que veremos enseguida, en algunas terapias actuales. Su libro De cuerpo presente, escrito con Thompson y Rosch, es un
interesante encuentro entre los modos occidental y oriental de tratar estas cuestiones.
1.3. Complejidad
Otra idea —en realidad solapada con algunos de los planteamientos que se acaban de presentar—, de entre las que conforman el pensamiento actual y que la psicoterapia también recoge, es la de complejidad. Desde el diagnóstico hasta las técnicas terapéuticas, desde la adscripción a una escuela determinada hasta la definición del rol del terapeuta, pasando por la definición de lo sano o lo patológico, la asunción de la idea de complejidad revoluciona, o debería revolucionar, también el campo de la psicoterapia. El asumir esta cuestión como propia pasa por la aceptación de que lo simple no existe: sólo existe lo simplificado. En determinados dominios es posible que no podamos proceder si no es simplificando, pero deberíamos saber que es esto lo que estamos haciendo. Edgar Morin, uno de los principales estudiosos de esta cuestión, señala, con esa rara mezcla de belleza y precisión que da la lucidez, que la complejidad está allí donde no podemos remontar una contradicción y aun una tragedia. La tentación de comprender (simplificando, claro) la psicopatología desde esa frase es grande, tan grande como la dificultad de aplicarla a nuestro saber y a nuestra práctica. El camino que se nos ofrece es de nuevo un filo de navaja: como señala Morin, cuanto más compleja es una organización, más tolera el desorden (digamos la incertidumbre, la contradicción), pero un exceso de complejidad es desestructurante. Recordemos aquí, uniendo esta vía de pensamiento con la tradición humanista, que Carl Rogers definía a la persona que se ha beneficiado de la terapia como aquella sin temor a sus contradicciones.
1.4. Narrativas
Una cristalización de estos conceptos que impregnan en buena medida el pensamiento psicoterapéutico actual ha dado lugar a la introducción de las perspectivas narrativas en psicoterapia. Como señala Bruner, la perspectiva narrativa aparece por oposición a la perspectiva paradigmática. Esta última trata de imponerse apelando al establecimiento de una verdad dada como real, categorizada, conceptualizada y formando un sistema. Propone conocer el mundo tal como es. La perspectiva narrativa, en cambio, enfatiza el sentido, los significados. Utiliza el tiempo como tiempo de cada uno, coloca los acontecimientos en un continuo que va del pasado al futuro y que por tanto aparecen vinculados significativamente. La construcción del sentido, la complejidad, la participación del observador en lo observado están incluidas en la perspectiva narrativa.
Como era de esperar, ya hay varias perspectivas en las perspectivas narrativas. Elegimos para ilustrar este enfoque una de las más conocidas, la psicoterapia narrativa de Efran. Este autor utiliza el concepto de Maturana y Varela de emparejamiento interactivo entre el narrador y el mundo. Se parte del relato del paciente considerando que el lenguaje que le ha permitido tener dominio sobre el mundo, al mismo tiempo, ejerce un dominio completo sobre él. Efran procede enfocando el mundo del paciente con conjeturas y abstracciones que suponen
seleccionar y reflejar la experiencia del paciente de un modo diferente a como lo hace él. El propósito es convencer al paciente de que debe examinar sus abstracciones y así desarrollar nuevas formas de comprensión de ellas. Efran privilegia este procedimiento frente al simple ofrecimiento de nuevos relatos o abstracciones. El éxito vendrá dado por el desarrollo de
metaabstracciones, es decir, de narrativas y abstracciones sobre la narrativa y la abstracción
de tal modo que al poder pensar sobre la naturaleza y las consecuencias de ellas se abra la posibilidad de cambio.
Generalizando el procedimiento del enfoque narrativo en la terapia, Óscar Gonçalves resume así el objetivo del terapeuta:
1. Ayudar a los pacientes a desarrollar sus habilidades narrativas. 2. Extraer un significado de sus narrativas.
3. Deconstruir y desarrollar significados alternativos.
4. Ensayar la viabilidad de esos significados, proyectando narrativas alternativas.
En general, la utilización de las narrativas en psicoterapia implica tanto la deconstrucción del relato como su reconstrucción, no sólo para ser entendido sino para promover un cambio.