Psicoterapias humanistas y existenciales
6. Terminar: decidir el momento de terminar y entonces recibir (aceptar lo que ha venido),
agradecer (valorar los logros o incluso el proceso mismo de conexión) y proteger (de las
posibles críticas o minimizaciones de lo logrado).
Es interesante observar que el focusing no se presenta como una intervención universal, sino que señala características personales que hacen apropiada la técnica (capaces de focalizar la atención en sensaciones, responsabilizados de su propio proceso, la presencia de potencialidades de contacto íntimo, personas en crisis, personas con dolores) o la desaconsejan (muy racionales, necesitados de una intensa relación con el terapeuta, incapacidad de separar los problemas del sí mismo).
Finalmente, señalar que Gendlin concibe el focusing como una herramienta que puede ser integrada, con un incremento de la efectividad mutua, con otras orientaciones.
2.7. Análisis transaccional: Eric Berne
El análisis transaccional (AT) es una teoría que nace fuertemente entroncada con el psicoanálisis pero que se integra plenamente dentro del movimiento humanístico-existencial tanto por su concepción del ser humano como por el modo de plantear la terapia.
El AT parte del concepto de estado del yo: un sistema de emociones y pensamientos acompañado de un conjunto afín de patrones de conducta.
Hay tres estados del yo:
a) Padre o exteropsique: Interiorización de los modos de actuar y percibir la realidad de las
figuras parentales. Funciones crítica y protectora.
b) Adulto o neopsique: Captación objetiva de la realidad, situándose en el aquí y ahora.
Funciones analítica y racional.
c) Niño o arqueopsique: Deseos, sentimientos e instintos de origen infantil. Funciones de
expresión de sentimientos y deseos, intuición y adaptaciones básicas (sumisión y rebeldía).
Las patologías de los estados del yo son la exclusión, algún estado del yo queda excluido y la persona mantiene una actitud estereotipada y predecible, y la contaminación, los contenidos de un estado del yo invaden otro estado; típicamente el Padre contamina al Adulto (un
prejuicio se experimenta como una opinión objetiva) o el Niño contamina al Adulto (una ilusión se vive como un dato de la realidad externa). Berne utiliza el concepto de catexis en un sentido cercano al psicoanalítico para describir la activación de los estados del yo.
El estudio de los estados del yo de una persona y de sus funciones da lugar respectivamente al análisis estructural y al análisis funcional.
Cuando una persona se comunica con otra desde un estado del yo a otro, tiene lugar una
transacción. El estudio de sus tipos (complementarias, cruzadas, cerradas, ulteriores) es un
punto central del AT, además de dar nombre al sistema. Cuando se dan una serie de transacciones entre dos o más personas, que suceden siempre igual, que distorsionan la realidad y que dejan un sentimiento de malestar, estamos ante un juego y la acción terapéutica debe atenderlo.
Otra propuesta básica del AT es la de guión de vida o plan de vida de la persona, con elementos conscientes e inconscientes, decidido en la infancia como respuesta a la presión parental, entendida ésta como mensajes que los padres envían a sus hijos. Los guiones de vida
triviales y los de perdedor —por oposición a los de ganador— y en particular los hamárticos
(de final trágico) son objeto de la terapia.
Específicamente, la terapia transaccional trata de ayudar a la persona a restaurar o potenciar la posición existencial original, que es, según este enfoque, «yo estoy bien, tú estás bien». Así, el AT no sólo comparte el presupuesto básico humanista de confianza en la persona, sino que también explicita la consideración positiva del otro como perteneciente a la naturaleza humana.
En la terapia transaccional se comienza proponiendo un contrato, que es el acuerdo que establecen paciente y terapeuta en el que quedan clara y concretamente fijados los objetivos a perseguir y el modo de conseguirlos: compromiso de ambos, aspectos favorables y limitaciones, anticipación de posibles biocoteos, etc. Steiner describió cuatro elementos que debía incorporar un contrato terapéutico para ser válido:
1. Acuerdo mutuo: El terapeuta y el paciente, desde sus Adultos, establecen de común acuerdo y de forma clara y concreta el contrato. Uno de los objetivos de este punto es catectizar desde el principio el Adulto del paciente.
2. Retribución: Se especifica el intercambio entre los dos. El terapeuta aporta su tiempo, preparación y cuidado. A cambio el paciente le retribuye, usualmente con dinero.
3. Competencia mutua: Del terapeuta se exige capacitación, entrenamiento e idoneidad, y del paciente, el uso del Adulto para establecer un contrato y cumplirlo (los casos de minoría de edad o los estados de confusión en el paciente son excepciones a evaluar en cada caso).
4. Objeto legal: El contrato debe ser legal y no contrario a la prudencia y a lo socialmente establecido.
Una vez establecido el contrato, es también Steiner quien propone un marco general en el que debe desarrollarse la relación terapéutica para no fracasar: la evitación del juego de Rescate por parte del terapeuta. Este juego consiste en la adopción por parte del terapeuta del
rol de Salvador complementario al rol de Víctima del paciente. La evitación del juego de Rescate supone, por parte del terapeuta, seguir los siguientes pasos:
1. No iniciar la terapia sin contrato.
2. No suponer nunca de antemano que el paciente es indefenso. 3. Buscar y estimular el poder del paciente por pequeño que sea. 4. No hacer nunca más del 50 por 100 del trabajo de la terapia. 5. No hacer nada que uno realmente no quiera hacer.
Berne describió algunas intervenciones terapéuticas (operaciones terapéuticas las denomina él) con diferente finalidad, oportunidad y posibles efectos y contraindicaciones, que el terapeuta podría utilizar en la sesión. Son las siguientes:
Interrogación: Formular una pregunta con la finalidad de documentar puntos de
importancia clínica. Obligan al Adulto del paciente a pensar.
Especificación: Declaración del terapeuta en la que clasifica determinada información,
pretendiendo fijar esa información de tal modo que pueda ser utilizada en otro momento. Incrementan la catexia del Adulto.
Confrontación: Uso de información previa para desconcertar al Padre, Niño o Adulto
contaminado del paciente, haciéndole ver una incongruencia para catectizar la parte contaminada del Adulto. Se trata de aclarar y reforzar los límites del Adulto.
Explicación: Explicación de un hecho para recatectizar o descontaminar el Adulto del
paciente.
Confirmación: Confirmar el contenido de una confrontación para evitar movilizaciones del
Niño, que puede seguir en la incogruencia.
Interpretación: Interpretación psicodinámica para actuar sobre el Niño.
Cristalización: Enunciado que hace el terapeuta desde su Adulto dirigiéndose al Adulto del
paciente sobre la posición de éste. Se trata de conseguir que el paciente pueda ejercer una opción de cambio.
Junto a estas intervenciones, es frecuente que los terapeutas transaccionales utilicen técnicas y ejercicios de la terapia gestáltica para vehicular sus propios objetivos.
2.8. Psicodrama: Jacob Moreno
Se considera a Moreno el introductor del término «psicoterapia de grupo». Fue Moreno un adelantado en desplazar el foco de atención del individuo al grupo (él mismo reivindicó este adelanto incluso con respecto a figuras señeras dentro de este campo como Bion, Foulkes o Lewin) y subrayó la conexión entre su sistema —el psicodrama— y la psicoterapia de grupo.
El psicodrama es definido por Moreno como un método de investigación de la verdad a través de métodos dramáticos. La representación de roles no se entiende como imitación de la vida sino como su continuación. La catarsis, un objetivo de esta terapia, que sería la liberación
por repetición o descarga del episodio original, no se logra por mera descarga motora sino porque la acción ha asumido un significado psicológico para la persona.
Para Moreno, la patología viene dada porque la persona ha asumido roles rígidos y limitantes. La espontaneidad y la creatividad pueden ayudar a la persona a librarse de esos roles: el psicodrama es el espacio en el que creatividad y espontaneidad se pueden expresar. La terapia procuraría desarrollar la espontaneidad para liberar la creatividad y así aprender a crear nuevos roles y a abandonar los inadecuados.
Para lograr lo anterior, la técnica del psicodrama utiliza cinco instrumentos: el escenario, el
sujeto, el director, los yoes-auxiliares y el auditorio.
— El escenario es el espacio en el cual el sujeto es invitado a expresarse libremente. Se configura de acuerdo a los requerimientos terapéuticos concretos del caso.
— El sujeto, al que se invita a ser él mismo, en toda su complejidad y no sólo una parte de él.
— El director, que es el terapeuta, generalmente no se implica en la situación e interviene por medio de los yoes-auxiliares a quienes guía en la acción.
— Los yoes-auxiliares siguen las indicaciones del director e interpretan roles significativos para el sujeto. Pueden actuar espontáneamente de acuerdo a lo que en ellos suscita el sujeto.
— El auditorio, compuesto generalmente por miembros de la familia del sujeto o por pacientes con el mismo tipo de problema.
Una sesión de psicodrama tiene tres partes: preparación, acción y condivisión:
1. Preparación: Se trata de centrar la atención del grupo sobre un tema en común y encontrar un protagonista que lo interprete. Tanto el sujeto corno los yoes-auxiliares tienen una fase de calentamiento para entrar en situación.
2. Acción: Es la representación dramática por parte del sujeto. Su espontaneidad es favorecida por las técnicas del director y los yoes-auxiliares. Su importancia estriba en la capacidad de producir la catarsis.
3. Condivisión: Es la vuelta al grupo y la discusión. Se hace sentir al sujeto que no está solo, se le permite beneficiarse de las opiniones y experiencias de los otros y permite a éstos expresarse, facilitando la catarsis de grupo.
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