II. REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
2.1. APICULTURA EN MOZAMBIQUE
2.1.7. Sistemas productivos y de comercialización
La tecnología de la miel abarca todas las operaciones desde la elección del cuadro destinado a acumular la miel, la manera de extracción de los cuadros de la colmena y la miel del panal, hasta la elaboración y el almacenamiento.
Según Sporns (1982) y Piana et al. (1989) el uso del ácido fénico como repelente de las abejas en el momento de la recolección puede comunicar a la miel olores desagradables dada su volatilidad y además puede ser un producto cáustico y tóxico para el hombre, absorbible por contacto a través de la piel. Gyorik et al. (2003) usaron el método HPLC para la detección de residuos de fenol en la miel comercial con éxito.
Los principales útiles que debe poseer un apicultor para protegerse y realizar tareas apícolas con eficiencia son : el ahumador, careta y guantes, rasquetas, cepillo, extractor de miel, hojas de cera, cuchillos desoperculadores, rastrillo, escapes de abejas, recipientes filtradores, jaulitas y alimentadores.
Mutinelli (2004) considera que para conseguir productos libres de cualquier residuo es necesario reforzar las medidas de control, como el recambio de panales cada dos años, la eliminación de las colonias afectadas, quemar los panales afectados, desinfección de las cajas, y que una de las formas de desinfección más eficaces para el material, colmenas, y cuadros es la aplicación de radiaciones gamma que se han demostrado también eficaces contra otros agentes patógenos.
Por otro lado, la producción por parte de los apicultores de productos destinados a usos terapéuticos requiere el estricto respeto de una serie de normas higiénicas y de calidad mayores de las habituales, lo que implica ciertos cambios en las prácticas de manejo normales (Humbel, 2004).
Según Crespi (1987), la extracción es la operación por la cual se vacían de miel las celdas de los panales, en que hay que desopercular los panales y a continuación, disponer los cuadros en el extractor centrífugo, para proceder a la extracción de la miel. No es posible indicar con exactitud la época en que se debe proceder a la recolección de miel, puesto que varia según las regiones.
La recolección y extracción de panales de las alzas debe hacerse cuando estos se hallan repletos de miel, y operculados en más de un 75% de su superficie, lo cual nos revela la existencia de buena cantidad de miel madura (Pérez-Arquillué y Benito, 1985; Biri, 1988; Piana et al., 1989; Benedetti y Pieralli, 1990; Pajuelo, 2004). Los panales son retirados de la colmena para realizar la operación del desoperculado. La extracción de la miel se efectua por medio de una centrífuga que por rotación permite extraer la miel de los panales sin deteriorarlos. Los extractores más modernos y más indicados para grandes explotaciones son de tipo radial que permiten vaciar al mismo tiempo ambas caras del panal. La miel fluye, se somete a un filtrado y después se decanta y madura. Este proceso tiene por función depurar y decantar la miel y permitir una maduración completa, que dura de unos días a una semana. En las pequeñas explotaciones apícolas los extractores son cilíndricos provistos de un simple engranaje accionado por una manivela en los cuales el panal se vacía por un solo lado, después de algunas vueltas se invierten los panales para permitir la extracción de la miel de la otra cara.
Según Pérez-Arquillué y Benito (1985) la miel no cristaliza ni por debajo de 5ºC ni por encima de 25ºC. La temperatura óptima de cristalización es de 14ºC, por otro lado, mieles almacenadas a una temperatura de 5ºC y no sometidas a tratamiento térmico son más aceptables (Gupta et al., 1992).
Singh et al. (1998) y Visquert et al. (2004) consideran que el control de tiempo y de la temperatura a la cual está sometida la miel desde su recoleción por el apicultor, hasta las etapas finales de envasado, es de vital importancia para garantizar la calidad de la miel comercializada.
2.1.7.2. Producción de miel
Oficialmente no existen datos estadísticos sobre la producción de miel en Mozambique, a pesar del gran potencial existente para la producción apícola, en terminos de disponibilidad de recursos agro-ecológicos, cuya capacidad de producción se estima en 3.600.000 kg/año (Jooste y Smith, 2004), pero no se consigue debido a que las explotaciones en su mayoría son pequeñas y además algunos apicultores desconocen las técnicas y procedimientos adecuados.
2.1.7.3. Comercialización
Actualmente se perfila en el campo comercial de las mieles una tendencia hacia dos tipos de mercado paralelos: por un lado, el destinado a promover un buen alimento, susceptible de manipulaciones y que está disponible como producto de oferta a precios relativamente bajos y por otro un tipo de mercado, destinado a satisfacer a una clientela más exigente, con criterios más rigurosos y garantías para el consumidor en lo que respecta al origen y a la calidad del producto.
La mayoría de la producción de miel consumida en el mercado interno es vendida directamente por el productor, en tiendas de zonas rurales, supermercados, hipermercados y venta ambulante. También es significativo el autoconsumo como alimento y algunos productores la usan como pago en intercambio de servicios.
También es importante referir el papel de algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y de las cooperativas que tienen tiendas para promover la venta de miel de sus
asociados; (por ejemplo, la cooperativa de Maputo tiene una tienda que vende 75 a 100 kgs de miel mensualmente para el consumo local).
Todavía hay pocos comerciantes implicados en la comercialización de la miel, debido a la baja calidad, a la precariedad de los envases, a la necesidad de mejorar embalajes y la fragilidad de los contenedores de venta a granel.
2.1.8. Otros Productos Apícolas