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Centros propios del Instituto de Salud Carlos III.

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6.2. Sobre los resultados de colaboración científica

La colaboración es básica en el desarrollo de una actividad científica productiva y de calidad, permite optimizar recursos, “constituye un aspecto esencial en la actividad profesional de cualquier investigador”(298) y según Qiaoli Zhu y cols.,(299) “desempeña un papel cada vez más importante en la investigación, que puede reflejarse en la cooperación entre instituciones o países”. En la actualidad, es prácticamente imposible que un investigador en las áreas de las ciencias naturales o de las ciencias biomédicas trabaje en solitario y no esté adscrito a un grupo o una red de colaboración. En biomedicina, la colaboración en red busca “fomentar la investigación cooperativa y favorecer la conexión entre distintos grupos de investigación, para conseguir resultados que alcancen un mayor impacto social y supongan avances en los problemas de salud”(300), para lo cual es necesario el “desarrollo de políticas de investigación coordinadas y redes integradas de investigación para alcanzar un mayor impacto en la producción científica”(301), y la colaboración científica entre “grupos de investigación básica y clínica” (302) para mejorar y/o redundar en una investigación que resulte verdaderamente traslacional, con un impacto real sobre el sistema sanitario y los pacientes a los que se pretende estudiar.

Por el contrario, en áreas afines a las ciencias sociales o humanidades, es más frecuente que muchos investigadores publiquen en solitario(303). Iniciativas como el Big Data(304, 305) aplicadas en el área de biomedicina(306), han incrementado esta tendencia permitiendo que miles de científicos de diferentes disciplinas, países e instituciones puedan trabajar en un proyecto común, abriendo el camino a descubrimiento inimaginables hace unos años. Varios estudios(307-310) han destacado la relación que existe entre la colaboración científica y el aumento de la productividad y visibilidad investigadora, donde se ha determinado a la colaboración como un fuerte predictor de la productividad científica(307). Asimismo, la colaboración podría estar relacionada con una

mejor actividad clínica por parte de los profesionales, ya que aquellos investigadores que buscan y trabajan en colaboración con otros, estarían más acostumbrados a trabajar en equipo, lo que podría facilitar y mejorar su labor asistencial.

En este estudio se ha determinado la colaboración desde dos perspectivas. Por un lado, la colaboración entre autores, a partir del índice de coautoría y por otro, la colaboración entre instituciones, y para ello se ha analizado el número y proporción de documentos realizados en colaboración por cada uno de los centros. El índice de coautoría de las instituciones estudiadas es de 3,91 autores por artículo. Podemos considerarlo un índice de coautoría medio bajo si se compara con el calculado en otros trabajos, como por ejemplo en el llevado a cabo por Irene Maseda(311) sobre el Análisis de la actividad científica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares a través de su producción científica entre 2002-2011, con una media de 7,6 autores por trabajo, o en el Informe IUNE 2018 de Carlos Zorita y cols.,(312) “a partir de los datos del Observatorio IUNE de Estudios Métricos de Información de la Universidad Carlos III de Madrid— en relación con el número de autores que firman los trabajos publicados por investigadores de al menos una institución universitaria española en el periodo 2007-2016”, donde el área de psiquiatría tiene un promedio de 7,4 autores por trabajo. Por otro lado, el estudio sobre las Redes de trabajo en drogodependencias y la colaboración científica a través de las publicaciones, llevado a cabo por Rafael Alexandre(313) pone en contexto los índices de coautoría de varias disciplinas biomédicas y estaría más en la línea de los resultados encontrados en el presente estudio. Este trabajo recoge un índice de coautoría de 3,7 autores por trabajo en el área de las drogodependencias, sin embargo, Alexandre(45) encuentra 6,1 autores en neurociencias, 5,9 autores en medicina o 4,6 autores en el área de genética, y concluye que un índice de coautoría más bajo estaría relacionado con una investigación de tipo más clínico, mientras que los más altos reflejarían una investigación básica. El menor número de investigadores encontrados en el área de psiquiatría estaría reflejando un tamaño más pequeño de los grupos de investigación, lo que puede estar relacionado con una menor interdisciplinariedad. Sin embargo, según Morillo(46) “a la hora de medir la interdisciplinariedad en un área científica, los métodos bibliométricos se muestran ineficaces por sí mismos y requieren ser complementados por otros métodos que pueden requerir un estudio más a largo plazo”(314).

En cuanto a la colaboración institucional, los resultados de este estudio ponen de manifiesto que los centros con una mayor proporción de colaboraciones científicas son los

que a su vez tienen una mayor producción científica, por lo que se establece una relación entre producción y colaboración. Varios estudios, como por ejemplo el de Zi-Lin He y cols.,(315) han verificado que la colaboración internacional esta positivamente relacionada con la calidad y los resultados de investigación. No obstante, hay que tener en cuenta que la mayoría de las publicaciones analizadas en este estudio (más del 90 %) han sido realizadas en colaboración nacional o internacional. También hay que señalar que “la colaboración entre países ha consolidado la internacionalización de la productividad científica”(290, 316) y que un mayor impacto de los trabajos en colaboración internacional ha motivado el desarrollo de estudios que analizan el visibilidad y efecto de este tipo de colaboraciones (290, 308, 317, 318). Además, una colaboración más eficaz entre los investigadores de las propias instituciones o a nivel internacional, dará como resultado una mayor productividad e impacto(307, 315).