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SOBRE EL WU-WEI (NO HACER)

In document Tao Del Gung Fu - Bruce Lee (página 141-147)

Wu quiere decir “no” y wei significa “acción”, “hacer”, “tensión”, “es-

fuerzo” o “negocios”. En realidad, no quiere decir no hacer nada, sino de- jar libre la mente confiando en que trabaje por sí misma. Wu-wei en gung fu quiere decir acción espontánea o acción del espíritu, en el sentido de que la fuerza gobernante es la de la mente y no la de los sentidos. Duran- te el sparring el practicante de gung fu aprende a olvidarse de sí mismo y a seguir el movimiento de su oponente, dejando su mente libre para ha- cer su propio contramovimiento sin la interferencia de ninguna delibera- ción. Se libera de todas las sugerencias mentales de resistencia y adopta una actitud flexible. Sus acciones se ejecutan bien sin imponerse; deja que su mente permanezca espontánea y no asida a nada en particular. Si se de- tiene a pensar, su flujo de movimiento quedará alterado y será alcanzado de inmediato por su oponente. Cada acción, por tanto, debe ejecutarse “sin intención”, sin ni siquiera intentarlo.

Mediante el wu-wei se consigue una naturalidad reposada. Este logro pa- sivo, tal como señaló Chiang-tzu, liberará al practicante de gung fu de po- nerse en tensión y de efectuar esfuerzos excesivos.

Una voluntad dispuesta a ceder posee una naturalidad reposada, blanda como suaves plumas, una quietud, una apariencia de incapa- cidad de hacer. Plácidamente libre de ansiedad, se actúa en el mo- mento oportuno; se desplaza y gi- ra siguiendo la línea de la creación. No avanza, sino que responde a las influencias para encajar en ellas. No establece nada con respecto a sí mismo. Deja que las cosas sean co- mo son, se mueve como el agua, descansa como un espejo, respon- de como un eco, pasa rápidamen- te como lo no existente y está ca- llado como la pureza. Los que ganan pierden. No precedas a los demás; sígueles siempre.

El fenómeno natural que el practicante de gung fu considera que tiene el mayor parecido con el wu-wei es el agua:

“No hay nada más débil que el agua, Pero cuando ataca algo duro,

O resistente, entonces nada logra resistírsele, Y nada alterará su curso.”

Los pasajes anteriores del Tao Te Ching nos ilustran sobre la naturaleza del agua: Es tan sutil que resulta imposible coger un puñado; dale un golpe y no padecerá ningún dolor; apuñálala y no le causarás ninguna herida; córtala y no quedará dividida. No tiene forma propia, pero se amolda al receptáculo que la contiene. Cuando se calienta hasta conver- tirla en vapor, es invisible, pero tiene suficiente fuerza para partir una montaña. Cuando se congela, cristaliza y se convierte en una potente ro-

ca. Primero es turbulenta como las cascadas del Niágara y luego se cal- ma como un estanque tranquilo; es temible como un torrente y refres- cante como un manantial en un día caluroso de verano. Así es el princi- pio del wu-wei:

“Los ríos y los mares son señores de cien valles. Esto es así porque su fuerza radica en su humildad; son reyes de todos ellos. Igualmente, el maestro que desea liderarlos los sigue. Así pues, aunque está encima, los sigue. Por tanto, aunque está por encima de ellos, los hombres no lo perciben como una herida. Y puesto que no lucha, nadie lucha con él.”

El mundo está lleno de gente decidida a ser alguien o a causar problemas. Quieren ir adelante para destacar. Tal ambición no tiene ninguna utilidad para un practicante de gung fu, que rechaza todas las formas de domina- ción por su parte y también de competición:

“El que intenta ponerse de puntillas no puede permanecer mucho tiempo de pie. El que estira demasiado sus piernas no puede caminar. El que se anuncia demasiado es ignorado. El que insiste demasiado en sus puntos de vista encuentra a po- cas personas que estén de acuerdo con él. El que reclama de- masiado reconocimiento no obtiene ni siquiera el que se me-

rece. El que es demasiado orgulloso es pronto humillado. És- tos están condenados como extremos de codicia y actividad autodestructiva. Por tanto, quien actúa con naturalidad evi- ta tales extremos.

Los que saben no hablan; Los que hablan no saben.

Detén tus sentidos: deja que las cosas afiladas dejen de es- tarlo;

Los enredos resueltos, la luz templada,

Y el desorden dominado; puesto que hay una unidad místi- ca en la que el hombre sabio no es movido

Ni por el afecto,

Ni tampoco por la separación

Ni por las ganancias ni por las pérdidas Ni por el honor ni por la vergüenza. Por tanto, es tenido por todo el mundo En la mayor consideración.”

Un practicante de gung fu, si es realmente bueno, no es orgulloso en lo más mínimo. El orgullo es un sentimiento de valor que deriva de algo que no es parte orgánicamente de uno mismo. El orgullo pone énfasis en la importancia de la superioridad del propio estatus a los ojos de los demás. En el orgullo hay temor e inseguridad puesto que cuando alguien pre- tende ser altamente valorado, y una vez alcanzado este estatus, queda atrapado automáticamente por el miedo a perderlo. Entonces, la protec- ción de su propio estatus parece ser su necesidad más importante, y esto crea ansiedad.

Cuantas menos promesas y potencia en el yo, más imperativa es la nece- sidad de orgullo. Una persona es orgullosa cuando se identifica con un yo imaginario; el núcleo del orgullo es el autorrechazo.

Puesto que sabemos que el gung fu tiene por objetivo el cultivo de uno mismo y, por consiguiente, el yo interior es el verdadero yo; entonces pa- ra realizar el propio yo el practicante de gung fu vive sin depender de la

opinión de los demás. Puesto que es totalmente autosufi- ciente, no puede albergar ningún temor de no ser apre- ciado. El practicante de gung fu se consagra en ser autosu- ficiente y nunca depende de las valoraciones externas de los demás para su felicidad. Un maestro de gung fu, a di- ferencia de un principiante, es reservado, silencioso y modesto, sin el menor deseo de exhibirse. Bajo la influen- cia del entrenamiento de gung fu su pericia se hace es-

piritual y él mismo, todavía más libre gracias a su esfuerzo espiritual, se transforma. Para él la fama y el estatus no significan nada.

Así, el wu-wei es el arte de la naturalidad, el principio del no principio. Para decirlo en términos de gung fu, el genuino principiante no sabe na- da sobre el modo de bloquear y de atacar, y mucho menos de su preocu- pación por sí mismo. Cuando un oponente intenta atacarle, instintiva- mente desvía su ataque. Esto es todo lo que puede hacer. Pero tan pronto como inicia su entrenamiento, se le enseña a defenderse y a atacar, dón- de tener la mente y muchos otros trucos técnicos, lo cual hace que su men- te se detenga en varias coyunturas. Por esta razón, siempre que intenta atacar al oponente se siente extrañamente impedido (ha perdido total- mente su sentido original de inocencia y libertad). Pero a medida que van transcurriendo los meses y los años, a medida que su entrenamiento ad- quiere plena madurez, su actitud corporal y su modo de emplear la téc- nica le llevan hacia la no mente, lo cual se asemeja al estado de la mente que tenía en el mismo inicio de su entrenamiento cuando no sabía nada, cuando era totalmente ignorante del arte. El principio y el fin, por tanto, se vuelven hacia la puerta de los vecinos de al lado. En la escala musical, se puede empezar con la nota más baja y subir gradualmente hasta la más alta. Cuando se llega a la más alta, se ve que se encuentra junto a la más baja.

De modo parecido, cuando se llega a la fase más elevada en el estudio de la enseñanza del Taoísmo, el practicante de gung fu se convierte en una especie de inocentón que no sabe nada del tao, nada de sus enseñanzas, y que carece de toda sabiduría. Ha perdido la capacidad de hacer cálculos intelectuales y prevalece un estado de no mente. Cuando se llega a la per- fección última, el cuerpo y las extremidades ejecutan por sí mismos lo que se les indica que hagan sin ninguna interferencia de la mente. La habili- dad técnica está tan automatizada que se encuentra totalmente divorcia- da de los esfuerzos conscientes.

SOBRE LA HIGIENE ORIENTAL

In document Tao Del Gung Fu - Bruce Lee (página 141-147)